GILIPOLLAS

¡Que paren las rotativas! ¡Let Me Out de Dover ha sido elegida la mejor canción en la última gala de los Premios Ondas!” Ésa sin duda sería una las frases más repetidas ayer en las redacciones de los medios más importantes de este país, aunque seguramente luego las volvieron a poner en marcha tras considerar que no estaba bien meterse con unos colegas y abrir al día siguiente con un titulas similar a “El Grupo Prisa se cree que los españoles somos gilipollas”. Ya sabéis, hoy por mí, mañana por ti.

El caso es que esto de Dover, que parece una chorrada, es buena prueba de cómo el sistema y sus actores nos tratan a los ciudadanos de a pie. Exactamente no sé qué intereses pueden tener en el Grupo Prisa para que el nuevo álbum del grupo de las hermanas Llanos no sea un fracaso (que sí, que están en los primeros puestos de la lista de ventas, pero lo que ahí se cuenta son los álbumes que colocas en las tiendas, no los que vendes), pero desde que salió la campaña que le están haciendo es impresionante.

Yo personalmente no he escuchado Follow The City Lights, aunque la unanimidad –sólo rota por Rafa Cervera (carga con tu pena) de EP3 calificándolo como “su mejor álbum en años” (¿todos los que han guardado silencio?)- de la prensa generalista y especializada es aplastante al calificarlo como poco de jugada lamentable. Pero como han ganado el Ondas a la mejor canción, pues sí que puedo desahogarme. Porque ya escuché Let Me Out cuando quisieron meterla como sintonía del Carrusel Deportivo –ante la negativa de Pepe Domingo Castaño, lo cuál ya es el colmo- de la Ser y ya entonces me pareció una vulgaridad, además de sorprendente el hecho de que la quisieran promocionar ahí. De ese hecho hasta el premio de ayer -que otorga Radio Barcelona de la Cadena Ser- tan solo ha pasado un mes o poco más, pero ha sido tiempo suficiente para que por todos los canales del grupo mediático se le diera una cancha impresionante y que haya sido elegida la canción del año en sus premios.

Lo lamento por Dover, porque ellos sólo son culpables de haber parido –al menos- un mal tema, pero su aceptación de la jugada, de cabo a rabo, les hace partícipes de la mentira y la manipulación que vivimos constantemente en este país. ¿ Qué los Ondas son una mierda de premios? Seguro, y si no lo parecían, la estafa de este galardón a Dover se extiende al resto de premiados a partir de ya. Pero lo lamentable del asunto no es el premio, la canción o el grupo, lo verdaderamente triste es lo que decía al principio, que nos toman a los ciudadanos por gilipollas, entregando y publicitando actos de chusca manipulación cuyo fin, como en este caso, es únicamente lograr unos pequeños beneficios. Si la gente sólo tragáramos con esto y no con todo lo demás…

 

RESPETO

Para que nadie confunda de qué va esto, lo primero que haré será plasmar aquí mi felicitación a Fito Cabrales por el éxito que disfruta en la actualidad al frente de su encarnación como Fito & Fitipaldis. Pero no sólo por eso, sino también por su recién publicado Por La Boca Muere El Pez, que considero ahora –quizás cambie de opinión, pero no creo- el mejor de sus trabajos en solitario hasta la fecha. Además, aunque estoy seguro de que no me recordará, en nuestros encuentros, bien en la trastienda de algún concierto o en la relación artista/periodista, no puedo olvidar que su trato siempre fue especialmente cordial y cercano cuando coincidimos más a menudo, y yo no lo olvidaré. Es para mí, el mejor músico que he conocido nunca.

Digo todo esto porque ahora, cuando el éxito abraza a Fito hasta unos límites que a priori podrían resultar inimaginables, uno, en lugar de sentir alegría por ello, nota un sabor agridulce. Y no es que no me guste que el rock triunfe, sino que deseo que el rock triunfe, y lo que percibo me indica todo lo contrario. Ahora todos los medios y sus periodistas de postín se ponen a los pies de Fito y le muestran su devoción (la entrevista que le realizó Angels Barceló en la Ser hace unas semanas fue lamentable por lo empalagoso, y más teniendo en cuenta que la catalana pasa por ser la periodista que con más desprecio trata el rock en sus comentarios tangenciales), pero lo hacen omitiendo su pasado, un pasado que seguramente desconocen y que pasa por formar parte (si no liderar) la mayor banda de rock de la pasada década en nuestro país.

¿Qué periodistas son estos que pierden el culo por los Rolling Stones o Bruce Springsteen en cada una de sus visitas y al tiempo, para nombrar una banda de rock estatal, se han de remontar a Héroes del Silencio, La Frontera, Loquillo o sucedáneos? Son los que tenemos, pero que a su vez aceptamos, como si tuviéramos que conformarnos forzosamente con ellos. Unos periodistas a veces rancios de convicción –de estos hay a montones- y otras tantas rancios e ignorantes de corazón, aunque disfrazados de progres, lo que los hace aún peores. Todos ahora abrazan a Fito, pero omiten su pasado, un pasado en el que Platero y Tú llegaron a mover a tanta gente como el cantante en su última gira, con una banda que facturaba cada vez álbumes mejores y cuyo legado, sinceramente, creo que Cabrales difícilmente podrá igualar en su actual andadura.

Y ahí llega mi pena. No sé qué truncó la carrera de Platero ni me importa, es algo del pasado. Pero no puedo dejar de pensar que no sólo su música merece un respeto (y aquí se puede sustituir la de Platero por la de Barricada, Barón Rojo, Extremoduro, Marea, la de los los Sangre Azul en los que militó Carlos Raya y que ahora tampoco nadie recuerda cuando cita su biografía, etc.), sino que también lo merecemos todos los que la amamos, los que entonces asistimos a sus conciertos (cuando a penas llegábamos a un par de cientos en las capitales porque sus canciones nunca sonaban por la radio) y los que, en el caso de Fito, fuimos los primeros en comprar los discos de sus Fitipaldis, cuando todavía nadie le ponía en la radio, ni salía en los papeles; cuando él, como Platero, y como los miles y miles de sus seguidores, no éramos nadie para los que ahora le alaban. Por eso, cuando éstos le ponen un micro delante y no hay un recuerdo para Platero, su pasado o sus seguidores, algo me duele dentro. No obstante, no pierdo la esperanza.

 

HUELEN MAL

Cuando pasan cosas como ésta intento contenerme, frenarme antes de venir aquí corriendo a descargar mis demonios en unas líneas, pero más tarde me arrepiento porque pasan los días y los acontecimientos se suceden eclipsando los nuevos a los anteriores en una espiral de despropósitos en la que lo peor parece ser el silencio. Es como en el famoso verso que empieza “cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas guardé silencio, porque no era comunista”; al principio parece que los sucesos no van a tener consecuencias sobre ti, que se van a frenar por sí solos debido a su incoherencia, pero lo cierto es que se convierten en bolas de nieve que crecen llevándose a los inocentes como sus primeras víctimas.

Lo sucedido con Pepe Rubianes la pasada semana me lo recordó, y la noticia con que desayuno esta mañana –la transcripción de la conversación de los Trashorras (padre sufrido por lo que le ha tocado e hijo terrorista entre rejas) aceptando el soborno de un periódico para que cante la información tal como la dirección de éste la quiere manipular- me confirma una sensación nada nueva, pero sí muy inquietante: la resurrección de un sector hambriento y amante del poder absoluto dispuesto a llevarse a cualquiera -empezando con la verdad y la libertad- por delante, para hacerse con él en este país. Todo vale.

Y eso es lo peor, que es en este país, una España en la que cada uno cuida de los suyos y el verso antes citado no puede ser más cierto. Pero no por los imbéciles que contemplan el espectáculo sonriendo desde la barrera –me refiero a los que, por poner un ejemplo, sin ser miembros del PP o beneficiarios de sus enchufes (en la comunidad que yo vivo, la valenciana, hay una larga nómina de estos últimos) les ríen las gracias o se hacen eco de sus consignas, por burdas o falaces que sean a todas luces, o aunque tengan como objeto a víctimas inocentes, ya sean del atentado del 11M o de la negligencia del metro de Valencia-; sino por los que ponen ahora la voz en grito cuando la marea alcanza la orilla de un colega, como es el caso de Pepe Rubianes, pero escondían la cabeza o se hacían los sordos, con la complicidad que eso conlleva, cuando la misma confabulación de ultraderecha se llevaba por delante a Soziedad Alkoholika o boicoteaba al ViñaRock atacando a sus patrocinadores.

Es ahora cuando se hace más necesario no callarse y señalarles con el dedo por lo que son, no demostrarles ningún miedo antes de que se crezcan o estaremos perdidos. Todavía estamos a tiempo porque es obvio que son unos cobardes: se meten con Soziedad Alkoholika, con Rubianes, Leo Bassi o los seguidores de todos ellos, gente pacífica que saben que no les va a responder de un modo agresivo; pero no lo hacen en cambio con gente como el etarra Iñaki Bilbao o su entorno -¿por qué no van a boicotearle la vida a su casa o a la de sus cómplices?-, aunque quizás no sea por miedo, sino porque en el fondo la existencia de éste y los suyos es su única coartada para conseguir ignorantes adeptos.

Sea como sea, lo cierto es que no podemos callarnos y que tenemos que empezar con señalarlos sin ningún rubor. El mismo Pepe Rubianes lo hacía brillantemente en una de sus últimas obras, en la que analizaba al público de teatro y más concretamente al que iba a verle a él. Citaba con humor muchos grupos: las “señoras” que decían que Pepe era “majo, pero un poco malhablado”; los jóvenes que iban a escuchar sus “barbaridades”; ni siquiera faltaban los críticos, esos “invitados desagradecidos”; aunque había otros cuya descripción era más simple. Decía Rubianes de ellos algo así: “Y luego están los que huelen mal. ¿Nota usted señora que el que está sentado al lado de usted huele mal? ¿Así como podrido? Pues ese es un facha. ¡Si hay alguno que huela mal que se marche de aquí! ¡No queremos fachas aquí!” Pues eso.

 

EN VIEJAS MANOS

A mí me pilló a mitad camino y allí me quedé, en Alicante, escuchando en la radio cómo también el concierto de los Stones en El Ejido se suspendía. Sin embargo no me sentí tan herido como muchos de los seguidores cuya indignación seguimos a través de todos los medios. Era algo que tarde o temprano iba a suceder: si depositas la fe en ídolos mortales es inevitable que el tiempo acabe pasándoles factura.

Porque dejando al margen el hecho de que la afección de Jagger fuera más o menos grave y la obviedad de que para la banda hay conciertos de segunda (Valladolid, El Ejido) y citas imperdonables (su Londres natal), el declive de estas leyendas era esperado en cada una de sus anteriores visitas, que se anunciaba como posiblemente la última, hasta el punto de que su pinchazo cuádruple en nuestro país ha sido anunciado ahora con regocijo por buena parte de los medios, que tras vender la imagen de los Stones como la encarnación del rock n' roll, hacen de él la metáfora de la defunción del género.

Y por eso precisamente, pasado un tiempo, me duele menos y me siento menos identificado con la gente abatida por el pinchazo de los Stones: porque esto sólo sería una tragedia si verdaderamente hubiera muerto el rock. Pero es que precisamente este verano he podido ver a los Who, otros músicos británicos y añejos, rockeando muy fuerte, aunque llegaran a suspender dos de sus cuatros conciertos en nuestro país más que posiblemente por la escasa venta de tickets (¿quizás porque no fardas igual en el apartamento diciendo que has visto a los Stones que a los Who?). Y dentro de nada otros viejos ingleses como Iron Maiden lanzarán un nuevo álbum atrayendo para sí a nuevas hordas de jovenzuelos para demostrar que ellos sí puede que sean la mayor banda de rock de la última década (el que crea que no que cite a una banda de las grandes que gane año tras año tantos adeptos teenagers como los de Harris) para disgusto de la prensa erudita.

Pero no sólo por eso, sino porque me alegro de ver que hay más bandas bregando por hacerse un hueco a través de esta música que con cualquier otra; porque cada año salen grupos nuevos que vuelven a hacerme estremecer y me hacen sentir que el mensaje y la música que siento siguen vivos; porque de rock se publican discos por los que vale la pena pagar. Yo no puedo evitar estar con ellos, con los que van a los Who o pillan el disco de Maiden, pero especialmente me identifico con la pasión de los chavales en su local de ensayo y con aquellos que van todas las semanas a la tienda de discos para ver qué hay de nuevo en la estantería o si han bajado el precio de una disco de catálogo para añadirlo a su colección. Creo que por vivirlo así no me siento herido por el plantón de los Stones y determinadas actitudes hasta me hacen gracia (en Valladolid hubo gente que amenazó con ir al Ejido para tratar de entrar con su entrada, lo que implica no sólo su falta de respeto y solidaridad con los que iban a ir pacíficamente a ese concierto, sino que se trataba de individuos que no ha ido a un concierto en su vida).

Sí, creo que por eso no me duele. Porque mi fe desde hace tiempo no está depositada en los músicos, sino en el rock. Así que si eres uno de los que todavía está ofendido o triste por el pinchazo de los Stones tu problema tiene fácil solución, coge el dinero de la entrada y apuesta por cuatro o cinco discos de las bandas que aparecen por estas páginas; seguro que recuperarás la fe. Si no es así, creo que nunca te gustó el rock n' roll.

 

DE VUELTA

· No, por suerte para nosotros ningún miembro de Rock Trip viajaba en el vagón de metro que sufrió un terrible accidente el pasado mes –aproximadamente cuando hicimos la última actualización en la web- en Valencia, la ciudad en que vivimos algunos de nosotros. El motivo de nuestra desaparición fue el trabajo, que en un momento álgido nos impidió disponer de tiempo libre para hacer esto. Ahora cuando tenemos más, regresamos, y esperamos que también sigáis todos con nosotros, aunque con nuestra vida en manos de políticos como los de Valencia –ciudad y Comunidad- a veces no dependa de uno. Al menos espero que esta desgracia sirva para que fuera de aquí sepáis cómo es de verdad esta ciudad (algo que no creáis, hasta sus propios habitantes a veces no alcanzan a ver): una especie de sandía lustrosa a base de darle brillo con artificios, pero totalmente podrida por dentro.

· Ha sido un tiempo el que no hemos andado por aquí, que a buen seguro habrá brindado alguna buena noticia en lo que al rock se refiere, pero también un momento en el que todas estas banalidades quedan empañadas por tragedias como la que se está produciendo en Oriente Medio. Una tragedia que supone la última ratificación de la barbaridad que supuso hace ya más de medio siglo, arrancar por la fuerza a una gente de sus tierras, para poner a otros que decían ser sus legítimos pobladores por origen divino (aunque su antiguo país sólo existió como mucho dos siglos y desapareció aproximadamente el 130 DC). Esto, que no se lo toleraríamos a ningún grupo religioso (al que tacharíamos de inmediato de integrista), se le permitió tras la Segunda Guerra Mundial a los judíos (que desde principios de siglo ya habían ido asentándose con fuerza en la zona comprando a la armada británica las tierras que estos expropiaban por la fuerza a los palestinos) con el amparo –o por imposición- de los EEUU, y con ellos del mundo occidental. Desde entonces (esa fue la primera agresión, el punto de partida) los judíos –como seguidores de una religión- campan a sus anchas en la zona exterminando a sus vecinos de otras creencias y a los expulsados de sus territorios, tachando de terrorista a cualquiera que responda a sus ataques.

Es lo que tiene ser el amo de los medios, que uno pone el nombre que quiere a las cosas (acudiendo al ejemplo más claro de la manipulación israelí, llamar “plan de paz” a aceptar mis órdenes para acusar de “romper el plan de paz” a quien no lo haga). Y como en éste escribo yo, pues me permito el lujo de contaros que respeto por igual a todas las religiones mientras éstas respeten los valores humanos, y al igual que condeno las amenazas de muerte de los integristas musulmanes a quien ose, por poner un ejemplo, dibujar a su profeta; también condeno a los judíos que expulsan y aniquilan a un pueblo porque su dios les dice que esa tierra es suya. Es la misma barbaridad y fanatismo, y hacer la vista gorda a unos (bien individualmente o bien a través de nuestros representantes que, lo queramos o no, son los políticos) porque son ricos y occidentales, mientras a los otros se les vigila con lupa por motivos xenófobos, es algo vergonzoso y nos convierte en cómplices. Yo no quiero serlo.

· Y mientras el mundo se derrumba otros se ocupan de asuntos más triviales, como servir a sus amos. Y con ellos acabo, que es más divertido. Fue en Telemadrid, la pasada semana, donde Curri Valenzuela –¿qué currículum tiene esta mujer para ostentar semejante posición privilegiada?- utilizó la plataforma que Esperanza Aguirre le brinda en la emisora a través del programa Alto y Claro , para tratar de ensuciar el nombre de la Ministra de Cultura Carmen Calvo a raíz de unas declaraciones de la misma en que citaba a Lujuria como una de sus bandas favoritas. Y es que, según la presentadora, la ministra no sólo pecaba de aficionada al rock duro, sino que además simpatizaba con una banda que animaba a la “pedofilia” en sus letras, poniendo como ejemplo el tema Dejad Que Los Niños Se Acerque A Mí. Lamentablemente para la Valenzuela, además de proferir injurias contra la banda, también quedó como una analfabeta, pues no entendió que el mensaje de los segovianos es una clara denuncia de los casos de abuso de menores que tan a menudo se producen en el seno de la iglesia y que la institución eclesial no condena. Curri tampoco. Ella prefiere matar al mensajero, si eso sirve para que su “jefa” arañe unos votos. No obstante no creemos que Esperanza Aguirre sea de las que ampare con los impuestos de los madrileños a injuriosos analfabetos como la caduca (mental) presentadora o intente hacer de Telemadrid un medio propagandístico al más puro estilo goebbelsiano –aunque en cutre- del que Valenzuela ha hecho gala. Seguro que toma medidas en breve.

 

GRACIAS LORDI

Pasaban las diez y media de la noche cuando mi móvil empezó a sonar. Primero un mensaje, poco después otro… Al tercero ya me levanté, al fin y al cabo ya sabía quién era el malo de El Nombre De La Rosa. “Lordi está arrasando” decía uno; “Lordi, Lordi!!” arengaba otro, y entonces lo recordé. Lordi estaba participando en Eurovisión y seguro que iba a ganar. Por suerte, no pasaron más de unos minutos antes de que llegaran los anuncios de la película (por cierto, ¿cómo quieren en Cuatro que me haga una videoteca –que es como se llama el espacio dedicado a poner buenas películas del canal- si las interrumpen con interminables anuncios y al final no dejan ni dos segundos de los títulos de crédito? Otros hipócritas) y cambié a TVE donde Lordi ya encabezaban el ranking de más votados del patético concurso.

No obstante no era ninguna sorpresa. Lordi no son nada del otro mundo, pero sí son conocidos más o menos por toda la parroquia rockera europea. Para qué engañarnos, no pasan precisamente desapercibidos. De ese modo era fácil deducir que, motivados por la peste que supone un concurso como Eurovisión –joder- o por ser seguidores de la banda –animar-, Lordi iban a recibir a buen seguro muchos votos. ¿Y por qué ganar? Porque –como dice la abuela de un amigo-, “quieras que no, los rockeros también son personas”. Así que cómo ahora los votos se pagan, pues muchos votaron por sms a lo largo y ancho de toda Europa a la única opción que les representaba –los bobos tenían muchas más opciones-. Y así, entre risas y mensajes, Lordi se erigieron como los vencedores de la noche con su Hard Rock Hallelujah.

Fueron momentos divertidísimos, pero lo mejor fue la estupefacción de los comentaristas, durante y después del suceso. La Pecker, la que muchos años atrás en Rockopop anunció la muerte de Slash –siempre tuvo muy buenas fuentes- y ahora es la presentadora del festival de Eurovisión (y dicen que en TVE no sobra gente), tiraba de folio para argumentar las posibles causas de la cada vez más aplastante victoria de los fineses –conspiración, campaña, etc.- aunque no daba una. Eso sí, sus argumentos ocupaban el tiempo que no empleaba para comentar la lamentable participación -¿cuántas van ya?- de la representación española. Y nunca mejor dicho está eso de la representación española, porque eso es lo se envía desde aquí con mucho apoyo desde todos los medios para que luego, en un festival de mediocres, nos aclaren desde fuera lo que es: una mierda.

Así es amiguitos. Sin embargo desde ese ya histórico sábado 20 de mayo de 2006, todavía no hemos escuchado una valoración correcta y sincera de lo que pasó en ningún medio español de información general. Es más, vimos al capullo del presentador del telediario de fin de semana de TVE poner cara de compasión tras dar la noticia de la victoria de Lordi –cuando seguro que días antes animó con todo entusiasmo a Las Kepchut (por Dios, ¡qué vergüenza!)-; o también escuchamos en la SER -donde también se entrevistó sin ningún ápice de crítica a las mencionadas “artistas”- decir ayer lunes que la canción de Lordi era mala, que no se había premiado “la calidad”. Y si estos son los “progres” del resto ni hablamos. No obstante es lo bueno que tiene este país, que un día pasaría esto y veríamos cómo se lo tenían que comer. Así que seguir riendo mientras dure y tratar de sacaros de la cabeza, si podéis, eso de “Rock 'n roll angels bring thyn hard rock hallelujah”. Amén.

 

NUNCA MÁS

Dejemos las cosas claras para no engañar a nadie. Durante años trabajé en la organización del festival Viña Rock, concretamente en sus ediciones del 2000 al 2002, año tras el que abandoné la empresa, entre otros motivos, por lo que en ocasiones se define ambigua y amablemente en el mundillo como “diferencias musicales”. En resumidas cuentas, me pueden no gustar cosas que se hacen de puertas para adentro, pero eso sí, me gusta, me entusiasma, lo que el Viña Rock simboliza, algo de lo que –a pesar de que a alguno le pueda parecer pretencioso- me siento partícipe.

Porque pese a ser, al fin y al cabo, el negocio de una empresa privada, Viña Rock se convirtió, en un momento de su historia, en una manifestación de unos jóvenes distintos que querían una sociedad distinta, unos jóvenes que se manifestaban de modo pacífico y festivo al asistir a los conciertos de unos grupos musicales que, como ellos, no tenían eco en los grandes medios, pero sí que tenían la fuerza de la palabra.

Viña Rock no recibía ni recibe –a nivel mediático- el respaldo de nadie, pero paradójicamente eso le hizo cada vez más fuerte, pues su público nunca falla: “hay que demostrar que somos más”. Y así, año tras año se sumaban adeptos a la manifestación, hasta el punto de que a los medios cada vez les cuesta más mirar hacia otro lado: los jóvenes españoles no sólo quieren escuchar la nueva bazofia de La Oreja De Van Gogh, algunos, muchos, tienen inquietudes, quieren cambiar pacíficamente su sociedad.

Pero claro, eso molesta a otros, a los que les incomoda la paz, la democracia y la libertad. Y éstos, la pasada semana, dieron un paso. Así, diversas organizaciones reaccionarias, respaldadas por medios de tendencias dictatoriales, comenzaron a presionar a los patrocinadores del festival para que retiraran su apoyo económico argumentando que en Viña Rock va a actuar Soziedad Alkoholika, una banda que, aunque no se ha podido condenar en los tribunales españoles con el derecho que a todos nos ampara (incluso a los fascistas como ellos), ellos se empeñan en criminalizar. Esa es la excusa, el fin que todos callemos.

Y así está la situación. Coca Cola, Caja Castilla La Mancha, Ron Barceló, Cutty Sark y Jack Daniels se han acobardado ante las presiones de los grupos fascistoides y han dejado de patrocinar el festival a pesar de que una institución democrática como el Ayuntamiento de la localidad de Villarrobledo, como es lógico no se haya amedrentado ante las presiones de estos medios y organizaciones retrógradas.

Y es por eso fácil de intuir que a vosotros os suceda lo mismo que a mí. Que igual que antes acudía al Viña Rock sintiendo que manifestaba mi libertad y mis opiniones de un modo pacífico, ahora también me manifieste dejando de adquirir los productos de Coca Cola, Ron Barceló, Cutty Sark y Jack Daniels o sacando todo mi dinero de la Caja Castilla La Mancha, de empresas que se pliegan ante los caprichos de los que prefieren su tiranía a la democracia; la muerte, a la paz; el miedo, a la libertad. ¿Qué puede suponerles al año dejar de vender cocacolas a las 60.000 personas que acuden el festival, los que sin acudir se solidarizan con ellas, y los familiares de todos ellos? Eso es libertad, no comprarles nunca más.

 

VACUNADOS

No hay que ser muy espabilado para darse cuenta de que Dogfight y Avenged Sevenfold son dos de los grupos cuyos álbumes –salvando las distancias estilísticas, pues cada uno es de una naturaleza distinta- más me han gustado del pasado año. De los primeros puedo decir que su Sayin' And Doing es uno de los discos cuyos estribillos más he coreado durante los últimos meses. De los norteamericanos hay poco que me quede por decir. Sólo puedo reiterar que City Of Evil es para mí ya un clásico a la altura de The Number Of The Beast o Master Of Puppets . Tiene una calidad, potencia y melodía que lo hacen inmortal.

Los dos están ya a la venta –el último desde hace menos tiempo- pero no he visto a la gente enloquecer, a los punk rockers esperar con ansias el paso de Dogfight por su ciudad o a los heavies y hard rockers alzar la cabeza orgullosos por el potencial de las nuevas generaciones. No lo veo y ¿sabéis qué? Creo que sé por qué. Porque los rockeros de este país están vacunados contra la emoción. Obviamente no se debe a que el rock esté muerto, porque si no estos dos ejemplos demostrarían que no lo está y unificarían a todos los seguidores del moribundo estilo, convirtiéndose en sus nuevos dioses. Y eso no pasa. Otros, en cambio, dirán que sus propuestas se diluyen en medio de una inabarcable oferta, y su teoría irá más bien encaminada.

¿Y cómo encaja ahí lo de la vacuna? En el hecho de que la vacuna se la ponemos nosotros, los que, como yo, opinamos de música o supuestamente lo hacemos. ¿Para qué estoy aquí si no es para destacar la calidad de un artista o señalar la injustificable compra de una obra mediocre? Si nuestra labor estuviera bien hecha, el lector, dependiendo de la afinidad con su crítico de cabecera, acudiría a la tienda a hacerse con un disco o descartaría su compra, afinando su colección de un modo, si no quirúrgico, sí bastante certero. El aficionado no desperdiciaría uno solo de sus euros y los buenos vencerían. El rock tendría nuevos héroes.

¿Pero por qué no pasa eso? Porque no nos cree ni dios. Y nos lo tenemos bien merecido. Si decimos que Dogfight es un buen grupo, para acto seguido dedicar el mismo espacio a una banda de chicha y nabo -¿se dice esto también por tu tierra?- sólo por el hecho de que son colegas de un amigo, me han puesto un anuncio cuatro páginas más para allá, tengo que descubrir más grupos que la revista o la web de la competencia, o el de la discográfica no me enviará el disco que quiero si no le pongo éste de puta madre, ¿cómo coño queremos que alguien nos crea luego?¿Qué favor hacemos a Dogfight o a quien corresponda?¿Qué estamos haciendo por el rock más que matarlo poco a poco? Imagínate que un chaval que sólo tiene 15 pavos al mes se compra el disco malo en lugar del de Dogfight porque los pav@s de la foto son más guap@s. Al mes siguiente se pagará una tarifa plana, dirá que el rock apesta y los críticos aún más. La vacuna ya circula por sus venas.

El pasado mes de marzo, Rock Trip, cumplió cuatro años, y si alguna vez te hemos vacunado, te ruego que nos disculpes, porque te garantizo que no era nuestra intención. Y si mis palabras ya no te valen, pégale una escucha a Avenged Sevenfold o Dogfight. Con su CD dando vueltas en tu reproductor es imposible no recuperar la fe en el poder del rock.

 

HAY FUTURO

La convención nacional del PP del otro fin de semana me metió la idea en la cabeza. Ya antes de que se iniciara, desde la organización del partido se decía que se iban a tratar “los problemas que realmente importan a los ciudadanos”, sin que nadie les dijera a qué habían dedicado previamente su tiempo, siendo como parece que la labor de todo político es ésa precisamente. Pero bueno, a lo que yo iba no era a eso, sino a la consigna, al poner nombre a las acciones o las intenciones aunque finalmente el nombre poco tenga que ver con ellas.

Entendámonos, como en el PP saben que un informador no puede resumir todo lo que se va a hablar, directamente le fabrican una consigna/resumen que parece facilitarle las cosas, aunque realmente lo que están haciendo es meterle la cuña. Eso, efectivamente, no es algo que hayan inventado en el PP. Célebre y tremendamente conocido es, por poner sólo un ejemplo, el caso del “Plan de Paz” propuesto por Israel a Palestina, bautizado así con el beneplácito de la Casa Blanca, y que en el fondo en lugar de paz lo que proponía era la claudicación del pueblo palestino. Eso sí, como sucedió en su momento, no era más que una encerrona, pues si los palestinos lo aceptaban firmaban su sometimiento definitivo, mientras que si lo que repudiaban, lo que rechazaban era la “oferta de paz” israelí. Así, de cara a la opinión pública, los palestinos siempre perdían.

Yo en cambio, cuando recordé este arte propagandístico, no pensé en utilizarlo para tan horrendos fines, sino para extender el buen gusto musical que nos une a ti, querido lector, y a mí, con el rock. Habría que pensar en un eslogan que al mismo tiempo que ennobleciera nuestros gustos, vilipendiara y sometiera al resto. Sí, algo así se extendió en su día por nuestro país y todavía hoy muchos se atreven, en su ignorancia más osada, a afirmar que les gusta toda “la buena música”, termino que ante la petición de aclaración, el usuario habitual atribuye hoy a Melendi y mañana a Coti –por no remontarnos al anteayer de La Unión- para terminar delimitando que, básicamente la “buena música” es toda menos “la máquina y el heavy”.

Y así llevo ya unos días, preparando el contraataque y exprimiendo el coco en busca de una consigna de fácil asimilación que todos quieran aceptar si no quieren enfrentarse al rechazo social de quedar al margen de ella. Ya puedo verlo: Sería una consigna que, después de tantos años de marginación, acabaríamos empleando con rabia para alzarnos como la elite cultural. Con ella marginaríamos a aquellos que prefieran seguir gozando con la música escupida por unas radiofórmulas que serían cada vez más minoritarias. Incluso nos permitiríamos bromas privadas y elevaríamos a bandas como Manowar, Europe o Hammerfall al nivel de iconos máximos cuyo valor debería ser reconocido por todos. Sí, como tituló el PP su convención, “hay futuro”. Se aceptan sugerencias.

 

COMO UN BOMBO

La página en blanco. Vaya un tópico, el miedo a la página en blanco. Parece un convencionalismo inventado por Stephen King para que lo padezcan todos los escritores que protagonizan sus novelas. Pero no, existe, y lleva un tiempo afectándome. Y no es porque no tenga cosas agolpándose en mi cabeza, presionando insistentemente en busca de una salida, pero no consigo ordenarlas de un modo lógico en mi cerebro para que fluyan con naturalidad.

Por poner un caso. A mediados de diciembre la Ministra de Cultura Carmen Calvo entregó a Mägo de Oz un disco de oro por las ventas de Gaia II . Parece lógico porque es la “ministra heavy”, pero resulta que todo lo que tiene de heavy parece no tenerlo de cultura, o de asesores que le aconsejen que hacerse fotos con heavies está bien, pero no con los que plagan sus discos de faltas de ortografía. La noticia me conmocionó por la oportunidad desperdiciada para dotar de algo de dignidad al género (yo que sé, la ministra podía haber intervenido en un homenaje a Barricada, darle la medalla de oro al trabajo a Barón Rojo, o invitar a Audioslave o System Of A Down a la Moncloa, por ejemplo) pero se eligió la peor opción. Habría hecho el mismo favor al heavy metal darle un disco de oro a Gigatron.

Pero a lo que iba, contar todo esto me costaba un montón. Igual que lo de buena parte de la clase política de nuestro país. ¿Cómo va a tener uno la cabeza si no como un bombo cuando, al despertarse, lo primero que escucha en la radio todos los días son opiniones sobre el Estatut de Catalunya? Y lo peor es que realmente no se trata de opiniones, sino de eructos en forma de palabra. ¿Qué sino un inculto es Francisco Hernando, presidente del Tribunal Supremo, que se atreve a comparar la lengua de un pueblo con un baile regional? Y al margen de eso: ¿A mí qué más me da que se quiera llamar nación la inmensa mayoría de los catalanes? Dice la tercera acepción del diccionario de la RAE –tan válida como el resto- que una nación es el “conjunto de habitantes del mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. ¿Supone eso un peligro para España? De dolor de cabeza generalizado sí, tal como lo utilizan algunos para beneficiarse calentando el ambiente. Con un poco más de cultura a nivel general estos temas se zanjarían antes. Tome nota Ministra, por la parte que le toca

Y todo eso por no hablar de lo de Mariano Rajoy, que a estas alturas aún se sorprende de lo que muchos piensan del partido que preside, cuando los ciudadanos todavía estamos a la espera de su repulsa a las insinuaciones de alzamiento militar del destituido teniente general Mena. Eso sí, no dejamos de padecer como Vicente Martínez Pujalte contamina el ambiente haciendo chistes con los muertos, en un ejemplo que recogen discípulos aventajados como el del senador popular por Melilla Carlos Benet. La tontopolítica al poder. O mejor, a la oposición.

Y es una cosa más que no sé contar, que chirría en mi mente. Como cuando me sorprende escuchar en un programa de la radio de máxima audiencia un tema de Iron Maiden. Pero "¡Ah! ¡Es para hacer una broma!" Angels Barceló lo ponía de ejemplo de una canción que nunca podría servir de sintonía para la sección de un invitado. Lo gracioso es que el invitado, un reputado chef, dice que le gusta, que The Trooper era el himno que compartía hace años con uno de sus pinches. De nuevo la incultura. Angels, eres una inculta hija, qué quieres que te diga. Y tu estulticia, ejemplo del nivel de este país, se amontona en mi cabeza.

Pero hace un rato decidí que debía dejar a mis pensamientos salir, al menos a los malos, o a parte de ellos, aunque fuera a empujones. Y aquí están. Espero que os sienten bien. Por cierto, feliz año.

 

NO ENTIENDO NADA

La pasada semana un compañero del trabajo se vio, sin comerlo ni beberlo, de patitas en la calle. Bueno, realmente casi no le había dado tiempo de ser compañero de trabajo, porque todavía no había transcurrido el conocido mes de prueba que las empresas ahora se toman como margen para confirmarte en tu nuevo puesto con un contrato ligeramente más extenso (todas las facilidades para el empresario, ninguna para el empleado, que quizás abandonó un puesto más seguro en otra empresa para probar en ésta).

No cumpliría las expectativas pensaréis. Pues no precisamente. Era y es un tipo muy educado y respetuoso, y además, francamente bueno en lo suyo. No era un virtuoso, pero era lo suficientemente bueno como para ser mejor que su jefa de departamento, y a pesar de no demostrarlo y obedecer las órdenes de aquella en todo momento, ésa fue la causa de su despido. Ella, pese al respeto y obediencia que él le mostró en todo momento, ocultó al responsable último las cualidades de su trabajo y no titubeó a la hora de decir que no era digno del puesto. Ya sabéis, ser mala persona no es óbice para llegar a ser jefe de departamento. Mi compañero, con la habitual cortesía de la que hizo gala durante su breve estancia en la empresa aceptó su despido y abandonó la oficina.

¿Qué podía haber hecho si no? ¿Armarla? ¿De qué le habría servido? Su pequeña historia sucedía al tiempo que en otro punto del país centenares de terratenientes se mezclaban entre masas de agricultores para reclamar más subvenciones. Sus terrenos, además del valor que de por sí tienen, deben darles una renta extra con subvenciones a cultivos que no llegan ni a salir al mercado. Que vendieran sus terrenos a quien quiera trabajarlos, al que verdaderamente viviría de su trabajo, sería un drama. Entendámoslo, son su herencia, están acostumbrados a poseerla y ostentarla.

Y también días antes sucedía otro drama: la muerte de dos joyeros en un atraco en su comercio. Fue un verdadero drama, y sus compañeros de gremio no tardaron en salir a las calles a pedir más protección pública a sus comercios. Los que se manifestaban no eligieron, pudiendo haberlo hecho, ser panaderos. Es, claro, un trabajo que exige madrugar y que además rinde menos beneficios, de modo que se hicieron joyeros. Entendámoslo, su importante servicio social requiere que destinemos los esfuerzos de nuestra policía a vigilar en especial sus comercios.

Y qué decir de los taxistas de mi ciudad. Muchos de ellos pagaron cifras millonarias por su licencia y ahora, con la subida del gasóleo, los beneficios no son tan espectaculares como pensaban, de modo que hace un mes amenazaron con huelgas hasta conseguir que el Ayuntamiento les permitiera subir sus tarifas. Entendámoslo, sufrirían mucho si el negocio no les saliera redondo.

¿Que qué tiene que ver todo esto con lo que le sucedió a mi colega? Pues francamente no tengo ni idea. La única relación quizás sea que no entendí que él se fuera a la calle a pesar de ser un buen trabajador, y que tampoco entiendo cómo protestas como las otras suceden semana tras semana a nuestro alrededor sin que nadie parezca señalar la cara dura que tienen algunos de sus protagonistas. Cualquier día, si mi ex compañero se queda sin dinero para pagar una de las imposibles hipotecas de los pisos actuales, se planta delante del Ministerio de Vivienda a ver si se hacen cargo de la cuenta. Y lo peor es que igual se la pagan. Estamos perdidos.

 

HOMENAJE

Fue hace unos días, pero todavía no me he recuperado del shock. Era en Sol Música donde lo pillé ya empezado y no sé por qué aguanté viéndolo un buen rato. Se trataba de un documental sobre Los Ronaldos, imagino que el contenido en el reciente recopilatorio Guárdalo Con Amor, y contaba, a través de imágenes de archivo y declaraciones actuales de la gente que trabajó con ellos en su momento, lo "grandes" que éstos habían sido y su "enorme aportación" a la música española. Bueno, creo que sí sé porqué me quedé pegado a la pantalla, para ver si mis recuerdos eran erróneos y con lo que me contaban debía reconstruir el archivo de mi memoria.

Pero no fue así. Coque Malla "cantaba" igual de mal, las canciones seguían siendo tan mediocres como antaño, y además, las imágenes plasmaban lo que recordaba: que tampoco en su día fue para tanto. Así, no es de extrañar que el mentado Guárdalo Con Amor y la consiguiente gira de reunión de Los Ronaldos hayan constituido un sonoro batacazo. ¿Pero por qué nos hacen esto? ¿Por qué nos quieren decir que Los Ronaldos eran cojonudos? ¿Lo maravillosos que fueron los ochenta españoles? ¿La deuda que tenemos todos con Mecano?

La TVE de Caffarell recupera en la madrugada de La2 los "mejores momentos" del programa de los ochenta La Edad De Oro, el espacio que en su día mejor reflejó "la movida". Con el PP resucitaron a Hombres G. ¿Por qué ahora los sociatas nos tienen que recordar lo "buenos" que fueron los tiempos en que ellos eran jóvenes? ¿Nos merecemos esto? ¿Por qué en lugar de reescribir la historia contándonos mentira, ni unos ni otros se dedican a hacer historia? ¿Por qué no hacen un nuevo La Edad De Oro en que ni Bisbal, ni Carlos Baute, ni siquiera Juanes, por no decir El Canto Del Loco, El Sueño De Morfeo, La Oreja de Van Gogh y un larguísimo etcétera, no tengan cabida? ¿Por qué no fomentan a creadores de la calle a los que su arte les salga del alma y no de pensar en la moda del momento o los convencionalismos culturales?

Son preguntas cuya respuesta no alcanzo a comprender. Eso sí, una cosa tengo clara: la aportación artística y cultural de Los Ronaldos, Hombres G, La Unión, Comité Cisne, Almodóvar & McNamara, Tam Tam Go, Objetivo Birmania, Los Rebeldes, Gabinete Caligari, Tenesse, Duncan Dhu, Kaka de Luxe, Olé Olé, Modestia Aparte, Ciudad Jardín, Danza Invisible, La Dama se Esconde, La Guardia, Los Limones, Miguel Bosé o Mecano, por citar sólo a unos pocos, fue, es y será -a menos que suceda un milagro- pura mediocridad. Yo los vi y escuché y puedo dar fe de ello, y seguro que tú también, así que dilo siempre que alguien pregunte. Además de hacer justicia a la historia y poner tu granito de arena para que se eche un poco de tierra sobre las vergüenzas patrias, verás que a gusto te quedas.

 

CUESTIÓN DE HUEVOS

Antes de irme de vacaciones y olvidarme de todo el circo del rock por una temporada aún tuve tiempo de leer unas declaraciones que Bruce Dickinson realizó a la revista Metal Edge en las que poco más o menos decía que el público norteamericano era autocomplaciente, mientras en el resto del mundo sus seguidores eran más participativos y valoraban a Iron Maiden como un ente vivo y no como un mero espectáculo; y que, como artista, no le agradaba ser observado como un simple entretenimiento. Estas declaraciones me llamaron la atención en un principio, aunque no supe por qué hasta darme cuenta de que lo que me sorprendía era que Dickinson las realizara justo antes de enfrentarse al público norteamericano durante su participación en el Ozzfest.

Ahora, tras desaparecer del mapa por una temporada, me sumerjo de nuevo en las noticias para volver a ponerme al día de lo que ha sucedido y me encuentro con la noticia de que Iron Maiden vieron boicoteada su última actuación en el Ozzfest, en una esperpéntica jugada perpetrada por la misma organizadora del festival, la popular esposa y manager de Ozzy Osbourne, Sharon Osbourne. Los detalles de lo sucedido son de sobra conocidos por todos, pero en resumidas cuentas el boicot se debió a que, según Sharon -algo que Zakk Wylde corrobora-, Dickinson ofendió con sus comentarios, durante los conciertos y fuera de ellos, a los estadounidenses y a los Osbourne, por lo que ella respondió organizando el lanzamiento de huevos a la banda durante su actuación al tiempo que les cortaba una y otra vez el sonido.

Pero toda esta explicación no la hago para concluir señalando el irresponsable y bochornoso comportamiento de Sharon -que creo que junto a los dos hijos menores que tuvo con Ozzy se ha convertido en el personaje más odioso del mundo del rock-, sino porque me llama la atención el hecho de que, aunque la mayoría -me refiero de nosotros- coincidamos en despreciar el comportamiento de la Sra. Osbourne, no me extrañaría que muchos pensaran que el vocalista se lo buscó. Yo, ya digo, fui el primero en sorprenderme de las declaraciones de Bruce antes de viajar a los States, pero me sorprendí por su honestidad. Da igual que tuviera o no razón, es lo que él pensaba, y que un artista, que un rockero diga lo que siente en una entrevista, es algo a lo que no estamos últimamente muy habituados.

Y que porque Dickinson diga entre canción y canción que está en contra de la intervención bélica en Irak se afirme que el vocalista está "ofendiendo a los americanos" es completamente ridículo. ¿No es eso lo que manifiestan sus canciones? ¿No es eso lo que dice la letra de War Pigs de Black Sabbath que Ozzy cantaba día a día mientras tenía garganta? ¿No son las letras parte fundamental y hecho constitutivo de lo que es el rock? A mí no me ofende que Sharon Osbourne estafara al público impidiendo que disfrutara en libertad lo que había pagado por ver; lo que me ofende es que se crea que el público que sigue a su marido y a otros como él es gilipollas, que le da igual que Hallowed Be Thy Name sea una canción contra la pena de muerte o The Trooper una mirada trágica al papel de un vulgar soldado en el frente de batalla; ella cree que para nosotros no son más que excusas para dar cabezazos.

Y como yo no pienso lo mismo, como para mí hablamos de arte, aprecio las palabras de Bruce Dickinson, sus declaraciones en el filo de la navaja, su esfuerzo en cada entrevista y en cada concierto por demostrar la respetabilidad que merece su carrera y su obra, todavía en líneas generales ignorada y menospreciada por la gran mayoría de la población, aunque a veces para ello tenga que decir cosas en las que parece que infravalore a parte de su audiencia. Eso es valiente y es lo que necesita el rock.

Pero, "qué pasa con las ofensas a Ozzy" os preguntaréis. A parte de meterse con los reality shows y la MTV no creo que dijera nada que aludiera directamente al madman en los shows, o al menos no se ha dado a conocer ninguna cita textual de un comentario despectivo, por lo que los insultos pueden estar más en la mente enferma de Sharon que en la boca de Dickinson. Sin embargo, el vocalista sí que realizó recientemente a la revista Kerrang británica las siguientes declaraciones en relación a cómo llevaban sus hijos el que su padre fuera una estrella del heavy metal: "En el colegio algunos compañeros los mirarán como si tuvieran dos cabezas, pero mis hijos saben cuidarse muy bien. Imagino de todos modos que les habría ido peor si su padre hubiera descabezado un murciélago de un bocado." Sin duda, y a las pruebas me remito, no se equivoca.

 

CON LA MIEL EN LOS LABIOS

A mí me pusieron la miel en los labios ya de pequeño y ahora estoy demasiado acostumbrado a ella para poder quitarme el vicio. Cómo renunciar a tus discos, a la película del fin de semana, a la salida a cenar con tu pareja, si es lo único que te satisface de todo el círculo en el que estás metido precisamente para mantener esos placeres.

Pienso en ello mientras todavía resuena el eco de las bombas en el Londres olímpico, un eco que rebota en las paredes ya castigadas de la estación de Atocha ganando así fuerza para sacudir con más fiereza nuestro corazón. "¿Cómo alguien puede perpetrar tal barbarie?" me pregunto mientras escucho, intercaladas entre las informaciones que aportan nuevos datos del suceso, las primeras opiniones de los políticos.

Y a medida que pasan los minutos crece el posible número de víctimas con la misma intensidad que la insensatez con que, en muchos casos, estos políticos interpretan los atentados. Algunos, arrastrados por la emoción del momento, hablan de "lucha de civilizaciones", aunque pronto son corregidos por otros colegas que no quieren aceptar que, aunque el ataque no venga de una civilización sino de un grupo de desalmados, sí es nuestra civilización la atacada. Otros, los más rastreros, aprovechan la coyuntura para tratar de sacar tajada política. Estos dicen con su manido discurso que no hay que buscar las razones de los terroristas para cometer actos de este tipo, que no hay buscar explicaciones a los atentados, sino condenarlos.

"Cómo les gusta esa palabra: condenar", pienso, y eso me lleva a la idea de que no hace falta condenarles, sino que es posible que ya estén condenados, y que día a día sigamos condenándoles. Condenándoles poniéndonos medallas al decir sin sonrojo en el G8 -no estamos como país, pero sí como cómplices- que se va a tratar de condonar la deuda de los países pobres; una solución que no es tal, cuando el problema está en las infranqueables fronteras arancelarias que interponemos entre nosotros y ellos para que no puedan vender sus productos más baratos en nuestro mercado, para que no puedan competir y con ello, tengan la posibilidad de ganar en alguna ocasión.

No, eso supondría que, por poner un ejemplo, nos tragaríamos -pero no literalmente- el producto de nuestra agricultura, porque no podría competir con sus bajos precios. Y así llegaría el dinero de verdad a África, con consecuencias devastadoras para nosotros. Imaginaos lo que harían con dinero, podrían desarrollar su industria y, en el peor de los casos, habilitar sus playas todavía vírgenes, no como las nuestras, para llevarse a nuestros turistas y con ellos nuestra principal fuente de ingresos.

Pienso en ello. ¿Podemos permitir eso? Su pobreza garantiza la estabilidad de nuestro sistema, y esa estabilidad, que podamos grabar y comprar discos, hacer y ver películas, y hablar de todo ello en nuestro tiempo libre en la terraza de un bar. Ayudarles de verdad supondría, irremediablemente, renunciar a todo lo que tenemos, y yo, personalmente, estoy demasiado acostumbrado a la miel que pusieron en mis labios para ahora renunciar a ella.

Y entonces reconozco mi culpa. Así de fácil, así de cruel, pero así de sincero. No espero, porque sería esperar en vano, que llegue el día en que un mandatario occidental se enfrente, por seguir con el mismo ejemplo, a los agricultores de su país negándoles las subvenciones que hacen su producto competitivo, y se sincere así con su población diciéndole que ése es el camino y el sacrificio que todos debemos hacer para que el mundo sea mejor para todos. Pero sí espero de esos mandatarios, que ya que aprietan con nuestro consentimiento el cuello de muchos países del tercer mundo para que nosotros tengamos nuestra miel, no se escuden en ello para cometer nuevas barbaries como la de Irak que sólo obedecen a sus oscuros intereses. Con ello encienden la mecha de un barril que todos, mucho tiempo atrás, empezamos a cargar de pólvora. Entiendo que muchos prefieran condenar al tiempo que miran a otro lado, porque si se fijan, el sabor de la miel se torna bastante más amargo.

 

CÓMO SER BRUCE DICKINSON

No era la primera vez que me pasaba. Ya con trece o catorce años era mi ídolo y quería ser como él; incluso durante un tiempo imité sus poses y traté de emularle con muy mala fortuna en diferentes bandas que nunca llegaron más lejos del circuito de pubs local de mi época teenager. Sin embargo, la enorme diferencia entre el original y la copia me frustró de tal modo que hasta el otro día en Lorca había olvidado lo que durante un tiempo fue mi obsesión: quería ser Bruce Dickinson.

Quizás en mi etapa más pueril (y digo el más porque creo no haber superado la etapa del todo) lo que más me llamaba la atención de él era su potencia vocal, absolutamente por encima de la práctica totalidad de sus colegas; pero también sus pintas -era la encarnación absoluta de cómo debía ser un heavy, con sus pantalones prietos, sus melenas con flequillo tocapelotas y el resto de parafernalia habitual en forma de cinturones, muñequeras o camisetas de malla- y especialmente su capacidad de movilizar al público como nunca había visto hacer a otro cantante o músico.

Esos eran mis argumentos y todavía me parecen en buena parte aplastantes. El tío era lo mejor en los suyo -¿no es eso lo que queremos todos?- aunque eso sí, su profesión tenía el aliciente de que le permitía ligar a mansalva. Además, el tipo imponía con sus pintas cierto respeto, algo que también deseas cuando eres un crío. Por eso no entiendo ahora como han cambiado los papeles con los chavales. Antes o eras heavy, punk, hippie o algo por el estilo, o no eras nada, y estos últimos eran los menos. Ahora en cambio, o van por ahí de Simple Plan por la vida, con la pinta de merluzo y el poco respeto ajeno que ello conlleva; o les va el reaggeton y su sueño es tunear su futuro coche, con lo que sí les perciben con más temor, pues su escaso poder de discernimiento les hace imprevisibles. El resto son la masa habitual, que no cambia, pues ahí siguen los 40 Principales y similares para lanzar referentes vacuos.

El caso es que me considero afortunado por haber tenido un referente como Dickinson. Y el otro día volví a sentirme orgulloso de ello. Ahí estaba Bruce, como el líder de opinión más brutal que he visto nunca; haciendo gritar a la gente cuando él quería y tantas veces como él quería; manejando a una gente que en su día le rechazó y que ahora está de nuevo a sus pies; sabiendo que es la pieza fundamental de una banda que creyó poder prescindir de él y tuvo que retractarse; saltando y corriendo por el escenario y cantando mejor de lo que nunca lo ha hecho; y compaginándolo todo con su función de locutor de un programa semanal en la BBC y sus vuelos esporádicos como piloto profesional. Y ahí abajo seguía yo, que lo más cerca que estoy de cantante depende de la fila del concierto en que me coloque, sudando, desfallecido y obedeciendo con gusto las órdenes que un pletórico Dickinson nos lanzaba del escenario entre sonrisas. Qué injusta es la vida, pero gracias de todos modos.

 

NEGRO

Yo soy de la opinión de que uno está predestinado. No influido en el sentido supersticioso del asunto -no creo en la influencia de los astros, los horóscopos, ni nada por el estilo-, sino por tu entorno, tu educación, tu manera de adquirir tus primeras concepciones de la realidad. Todo eso te influye y, llegado un momento, se convierte en una necesidad a la que no puedes renunciar.

Algunos -y me refiero a los psicólogos- le podrán dar una explicación con un breve comentario; a otros les parecerá una niñería, algo que no me distingue de los chavales que ahora se cortan el pelo a lo "mullet" porque es lo que está de moda; pero cuando recordé hace unos días el momento en que a mí me sucedió, volvió a fascinarme, como una pieza de mi vida sin la cual el resto no tendría sentido. Porque, si no, ¿por qué motivo iba a ser algo fundamental para un niño vestirse de negro?

No, no creo que fuera algo enfermizo, no me dio por ir de gótico por la vida (a lo que no me opongo, allá cada uno), sino que simplemente necesitaba, a los once o doce años, llevar mi camiseta o mis pantalones negros. Quizás fuera hasta ridículo y nadie más que yo le diera importancia, pero en cuanto lo llevé encima sentí una paz en mi interior que todavía recuerdo.

Luego no sé si una cosa llevó a la otra, pero lo cierto es que antes llegó a mí el negro que el rock, y entonces éste puso letra a lo que yo sentía. Muchos años más tarde me enteraría de que Black Sabbath vistieron de luto su música en contraposición al mensaje floral de sus coetáneos; y yo, que prefería su mensaje y el de sus discípulos, a la actitud confiada, complaciente y pasiva de la mayoría de la música popular, entendí que había cierta relación entre una cosa y la otra.

No obstante, creo que con el negro quise dar la razón a mi padre, asumir mi papel de oveja descarriada, ofrendar -al que quisiera verlo- mi negativa hacia su modelo de sociedad y mi disponibilidad a luchar por ello. Luego, el rock me hizo sentirme menos solo y, a veces al contrario, mucho más fuerte. Y doy gracias a Dios por ello, por haber tenido la suerte que muchos no tienen, de escuchar la música que mejor acompaña mis sentimientos. A un Dios que, por cierto, en mi capilla Sixtina particular -que nada tiene que ver con la de Ratzinger-, también viste de negro. Amén.

 

DESCANSE EN PAZ

Mientras escribo estas líneas, la radio y la televisión no paran de hacerse eco de la noticia: ha fallecido Joaquín Luqui. A los no españoles eso no les dirá nada, pero a los que somos de aquí, ya seamos mayores o pequeños, es fácil que la nueva nos haya afectado de un modo u otro. Porque aunque la música no fuera tu mayor pasión; aunque, en el caso de que lo fuera, no buscaras su voz en el dial o la televisión; cuando en nuestro país había que hablar de música popular, siempre se le acababa preguntando a él, y todos terminábamos, voluntaria o involuntariamente, escuchándole y conociéndole como profesional.

Ahora el locutor acaba de fallecer y, como es habitual, sus amigos le honran y le recuerdan. Sin embargo, como también es frecuente en nuestro país, y más en este tipo de ocasiones, se confunde la amistad y la calidez de la persona con su profesionalidad. Y se enfatiza lo buena persona que era el fallecido, lo amigo que era de sus amigos, para pasar inmediatamente a afirmar que era el mejor en lo suyo. Lo malo, es que eso muchas veces no es así.

Joaquín Luqui sería, no lo pongo en duda, una excelente persona. Sólo una vez coincidí con él en un espacio y fue amable con todos aquellos -y fueron muchos- que se acercaron a él para pedirle autógrafos o fotos. Eso le honra. Pero tampoco hay que poner en duda otra cosa: que si la cultura musical en nuestro país es tan pobre, es en parte gracias a él. Porque la trayectoria de Luqui siempre estuvo ligada a la de la cadena 40 Principales, la principal lacra musical de España, de la que el locutor navarro se convirtió en orgulloso portavoz.

Él tenía un estilo propio y lo que no sabía de música -célebres e innumerables son sus gazapos, resultado en la mayoría de ocasiones de la ignorancia acerca de lo que hablaba- se suplía con el dictado de la emisora: si el sello discográfico ponía dinero, y emisora y sello se podían lucrar a costa del pardillo de turno, Luqui saldría y diría sin rubor que podría ser "tres, dos o uno". Lo dijo de artistas como Modestia Aparte, Mecano, Hombres G o Greta y Los Garbo, y los chavales, hipnotizados por la voz que salía de las ondas, lo creyeron en su mayoría a pies juntillas. Así nos fue. Y nos va.

Luqui ha fallecido y nadie habla de todo esto, de la manipulación en la que participaba y que suponía la realidad diaria de su trabajo, y lo entiendo. Pero me parece inconcebible que nos cuenten en cambio lo amigo que era de los Beatles -de cuyos célebres conciertos en España en 1965 dijo, en dos diferentes documentales grabados con varios años de diferencia, en una ocasión lamentar no haber podido asistir, para en el otro decir que uno de ellos era el mejor concierto al que había ido en su vida- o de los Rolling Stones, algo tan cierto como válido era su criterio musical. Ya está bien de mentiras. Digamos que Joaquin Luqui era un buen tipo. Y que descanse en paz.

 

CUENTO DE INVIERNO

Para poder contarles lo que quiero, he de empezar confesando que mi caso confirma el dicho de que detrás de todo crítico musical -si se me permite calificarme como tal- hay un músico frustrado. Sí, yo en mi tierna juventud traté de emular a mis ídolos con desigual fortuna cantando en varias formaciones. No les contaré mis desventuras, pues no vienen ahora al caso, aunque sí que en mi peripecia me encontré con tipos de todo pelaje y condición.

De eso hace ya muchos años y uno tiende a olvidar. Por eso, cuando el otro día me crucé con uno de mis ex-colegas en una cafetería, tardé en reconocerle. Fue en un local cercano a mi lugar de trabajo, no muy formal, que suelen frecuentar lo que un compañero y yo llamamos vividores, aunque ellos se consideren a sí mismos como modernos bohemios. Nuestra presencia en la cafetería es casual, aunque la parroquia allí presente es siempre la misma, da igual la hora que sea del día.

Por eso, al cruzarme con mi ex-colega no le reconocí, aunque he de decir a mi favor que me lo puso difícil. Cuando hace ya muchos años él aterrizó en el grupo adoraba a Héroes Del Silencio -no sé ni cómo le dejamos atravesar el umbral de la puerta con semejante gusto-, iba siempre acompañado por una rubia oxigenada aspirante a gogó de discoteca de barrio, lucía un corte de pelo militar y trataba de calzar sus rancias baladas de cosecha propia en nuestro repertorio. Sin embargo, ahora una braga cubría su larga cabellera que, en forma de rastas, conseguía asomarse ligeramente detrás de su oreja. El resto lo pueden imaginar; alguna "grapa" en la ceja y bastantes talegos en ropa nueva con aspecto viejo. Él sí me reconoció, y me contó, con el mismo orgullo con que antaño se atribuía falsamente la autoría de todos nuestro temas, su participación en la organización de una futura "rave" en la capital.

En su mirada noté cierto orgullo, como si él hubiera logrado su objetivo en la vida, o al menos andara por el buen camino, y yo no. Y quizá fuera así desde su punto de vista. Entonces y ahora él quería ser aceptado, gustar a muchas chicas, y como si del Zelig de Woody Allen se tratara, cambiaba de opinión, gustos y pinta para conseguir integrarse en la sociedad. Yo, con el mismo aspecto que entonces pero más deteriorado por el paso de los años, era a sus ojos un completo fracasado.

No obstante, a mí me dio por acordarme de los ordenadores de la policía, en esos que utilizan para ver cómo sería una persona tras el paso de los años. Y pensé que quizás cogiendo una foto mía de entonces podrían haber deducido como sería mi cara ahora, pero dudé que pudieran haber sacado la de mi ex-colega. Porque un ordenador, con toda su lógica, sería incapaz de comprender la tontería que afecta al mundo, un mundo en el que cada día intenta integrarse mi ex-colega. Una pena.

 

PEOR QUE TONTO

Primero fue un mensaje en el móvil por la mañana. "Han disparado a Dimebag Darrell de Pantera" decía un mensaje. Después la terrible confirmación de boca de un amigo antes de entrar a ver a Sebastian Bach. Darrell había sido víctima de un chiflado de esos que parecen tener Made In USA tatuado en la nuca, que pistola en mano descargó su frustración sobre el guitarrista y varios asistentes a un concierto de Damageplan, la banda en la que ahora militaba.

La digestión lenta y el no conocerlo de mano de un medio de confianza provocaron en mi que no fuera hasta la mañana siguiente, cuando me encontré ante el periódico, me lanzara directamente en busca de la noticia. Y fue El Mundo, para mi desgracia, el diario que cayó en mis manos. Porque no, no os penséis lo habitual, que sería que nuestro país, cuya media de cultura general es tan baja que no llega a reconocer no sólo la existencia de una banda como Pantera -por no decir Led Zeppelin-, hubiera simplemente ignorado que el músico fallecido no era un cualquiera, sino una verdadera figura con su instrumento. Lo que encontré fue algo peor.

Porque sí, los responsables de difundir información general en nuestro país olvidaron decir -por un desconocimiento injustificado para su profesión, especialmente en el caso de los periodistas musicales de los medios generalistas- que Dimebag Darrell era, junto a Zakk Wylde, posiblemente el guitarra más innovador e influyente de la pasada década. Lo que no era tan previsible es que esta desgracia fuera utilizada por un periodista, respaldado por el medio en el que escribe, para arremeter contra un estilo musical y sus seguidores.

"Los viejos rockeros morían de sobredosis. Dimebag, de cuatro tiros. Quien a hierro toca, a hierro muere." Así, como justificando el asesinato de Darrell por tocar heavy metal, empezaba el artículo que Vicente Mateu escribía para la sección Obituario del diario El Mundo. Pero no nos debemos molestar, simplemente es una chanza del "periodista" a costa de la víctima de un asesinato. A partir de ella lo que sigue es toda una muestra de estilo de cómo desprestigiar una música -o cualquier cosa- a base de acompañar su denominación de toda una retahíla de adjetivos negativos, tanto a nivel semántico como fonético ("brutal", "rabioso", "ruidoso" no fueron adjetivos elegidos gratuitamente).

Pero los únicos que salen desprestigiados son él y el periódico que lo ampara. Él, por ignorante primero -no tiene ni puta idea de qué y de quién escribe-; y por idiota segundo -porque peor que ser tonto es ser tonto y tratar de ir de listo-. Y su periódico, primero por no tener a un periodista lo suficientemente informado como para saber la relevancia de la noticia y de su trágico protagonista; y segundo porque en su lugar tiene contratado a un patán al que permite bromear con víctimas de asesinatos como sujetos de sus chistes. Patético y tercermundista.

 

REFLEXIONES EN CALIENTE

Por tercera vez, me asomo -Juan E. Tur- personalmente a esta ventana común de los que firmamos por aquí, para comunicar lo que se me pasa exclusivamente a mi por la cabeza. Y lo hago porque vengo caliente, caliente de ver como sólo poco más de un millar de personas acudimos a ver a The Darkness en mi patética ciudad, pero sobre todo caliente de escuchar las mismas argumentaciones baratas que muchos esgrimen para excusar un comportamiento que no liga con la imagen que tratan de vender por si mismos.

Estoy seguro que para la mayoría resultaré una persona un tanto enfermiza por preocuparme de estupideces como éstas, pero realmente son cosas que me afectan y que, además, me parecen realmente misteriosas. Por ejemplo, ¿por qué tengo que aguantar a tipos quejarse de que no vienen grupos a su ciudad y cuando vienen son ellos los que no van a los conciertos? Dicen que no van -caso del concierto de The Darkness- porque las entradas son caras. El problema es que tampoco van a los conciertos que son baratos porque, evidentemente, no conocen a los grupos. Vamos que no van a ningún concierto. ¿Por qué entonces tengo que aguantar su quejumbroso ronroneo continuo y su autoafirmación de que son los más rockeros cuando realmente son unos hipócritas y unos plomazos?

Y ése es sólo un espécimen. Hay otro que es el del "erudito", el del que sí va a los conciertos, pero se cuida de manifestar en cada ocasión la opinión que considera que le va a resultar más favorable para dar una imagen elevada. Es el típico tío insufrible al que nada le parece lo suficientemente bueno, con lo que cree dar la imagen de tipo "enterado." Paradójicamente es el que más sandeces dice a oídos de cualquiera que tenga un pensamiento o una opinión propia de algo, porque la del menda se cae por su propio peso y su incoherencia. Estos son fáciles de localizar; por ejemplo ahora mismo les oiréis decir que el disco de Velvet Revolver suena a grunge (algo que ya dijeron del Carnival Of Souls de Kiss, por poner un ejemplo, cuando ni entonces ni ahora tienen ni puta idea ni pueden explicar qué coño es eso del grunge) o que The Darkness son un chiste. Lo más gracioso es que, aunque pretendan todo lo contrario, finalmente sus argumentos se acercan hasta casi encontrarse con los de tipos como Joaquín Lucky, y hacen más daño que bien a aquella música que dicen amar.

Y hay muchos más. Desde el gilipollas que se congratula de tener cientos de discografías bajadas de internet y se cree un musicólogo, hasta el que afirma que sólo apoya el rock en español, algo que podría convertirle en el perfecto Ministro de Cultura si algún día Rajoy pisa la Moncloa. Mi ciudad está plagada de gentuza del palo. Y me revientan. Y cuando, entre unos y otros, pasan cosas como el pinchazo del otro día en el concierto de The Darkness, por un momento me alegro de que todos tengan finalmente su merecido, o lo que es lo mismo, nada, aunque otros como nosotros salgamos perdiendo. Si en tu ciudad también hay de estos, yo de ti me andaría con cuidado.

 

PANORAMA REVUELTO

Está el mundillo del rock un tanto revolucionado. A nivel internacional porque se empieza a sentir que el rock puede ser la tabla de salvación de una industria en horas bajas. En el nacional, porque los cimientos de las promotoras de conciertos no parecen ser todo lo sólidos que sería deseable.

Empezando por el final, en las últimas semanas hemos visto como primero fallaban nuestros pronósticos respecto al cartel del Festimad -que vuelve a ser tan pretencioso e incoherente como de costumbre-, el Metal Mania dejaba atrás sus ambiciones de grandeza europea para pasar a una única jornada, y nuestro entrañable Serie Z, al menos en su cara visible que es su website, se encuentra en paradero desconocido.

Del Z poco podemos decir, ninguna de las conversaciones mantenidas en los últimos meses con sus organizadores nos hace presumir que finalmente no tenga lugar, pero el silencio que le rodea y los sucesivos cambios que se han producido en su cartel y fechas no suponen un buen augurio a sumar a la caída de su web. También el silencio envolvió al Metal Mania desde que supimos que ya estaba firmado el acuerdo para que se celebrara en el Circuito de Cheste -semanas después de que también supiéramos que existía tal posibilidad, aunque evidentemente no lo hicimos público por la posibilidad de entorpecer las negociaciones-, pero primero el fallido anuncio de la inclusión en su cartel de Twisted Sister y el final desenlace con el comunicado que dejaba el festival en una sola jornada, no hace suponer un futuro al alza para la que se suponía la apuesta más fuerte por tener un gran festival de heavy metal en nuestro país.

El resto sigue igual. La gente del Derrame no se ha venido abajo y este año el festival volverá a celebrarse de 1 al 3 de julio, aunque esta vez en Pravia (Asturias), al igual que el Lorca Rock, aunque sigue sin dar más nombres para su cartel al margen del de Europe (y el de unas poco atractiva Kissexy). Lo del Medina Classic Rock no se sabe si crecerá o seguirá como está, mientras que el Azkena volverá a ser una especie de Festimad pero en rockero, o lo que es lo mismo, mezclando rock puro y duro con bandas elitistas que parecen escogidas de cara a la galería.

Pero todavía no está todo por decir en la mayoría de ellos, como sucede con el rock a nivel general. Por todos lados se respira una contenida euforia que habla de vientos de cambio, de fin de la época de sopor instituido que todavía vivimos y que se borraría de un plumazo con un solo guitarrazo de Slash y sus Velvet Revolver. Puede ser, o al menos es la primera impresión que te viene al ver el video de Slither, pero nosotros ya hemos visto editarse decenas de discos geniales -dos de Slash sin ir más lejos- que no han causado ningún cambio por no haberse vendido lo suficiente.

The Darkness o Jet ya han puesto -a nivel popular- una pica a favor de la rentabilidad del rock, y la industria parece preparada para asaltarnos a lanzamientos (hace poco hablábamos de los futuros lanzamientos de bandas como Silvertide que se empiezan a promocionar con fuerza) en cuanto la cosa empiece a funcionar. Pero para ello debe "empezar a funcionar" y eso sí parece no haber cambiado mucho. Ahí están discos como los de Monster Magnet, Scorpions, Black Label Society, Tesla o Young Heart Attack, que, pese a su inmensa calidad, no acaban de despegar. Cada uno pensará lo que quiera, pero a la industria sólo hay una manera de ponerla del lado de uno.

 

CALENTANDO MOTORES

Si aquí usáramos los tópicos empleados en las crónicas futbolísticas, para hablar de los festivales que se empiezan a preparar para este 2004 diríamos sin duda que "las espadas están en alto". Es más, en algunos casos, especialmente en el de los más rockeros Serie Z y Azkena, se podría afirmar que esas espadas están haciendo casi blanco. Esta contienda al margen, lo cierto es que unos y otros empiezan ya a enseñar sus cartas, y nosotros, estúpidos apasionados del rock, a preparar una agenda imposible que nos permita perdernos los menos posibles.

El primero en poner la carne en el asador ha sido, como siempre -beneficiado además por ser el más tempranero-, el Viña Rock. Y el resultado, también como es habitual, no acabamos de saber si es espectacular o un tanto decepcionante. Y decimos esto, no porque la reunión de nombres no sea espectacular, que lo es, sino porque vuelve a reincidir en su principal defecto: la reiteración. Claro, los organizadores serán los que mejor conocerán la fórmula que les dé el éxito económico, pero algunos que sólo pensamos en lo musical creemos que la apuesta por nuevos valores en el evento es menor cada año que pasa, a pesar de que la oferta de nuevas bandas en el panorama estatal vaya en aumento. En ediciones anteriores actuaron casi como desconocidos grupos como Marea, O'Funk'Illo o La Fuga y salieron reforzados regresando posteriormente como cabezas de cartel. ¿Por qué entonces no se da la oportunidad, como decimos en la sección de noticias, a bandas como Airless, Sol Lagarto o Doble Gota que apuntan muy alto en sus diferentes estilos? El hecho de que las bandas hard rockeras estatales (a excepción de los Beethoven R. de los viejos tiempos, no recordamos otra que haya pasado por allí) parezcan vetadas en el evento también es un misterio. Ellos sabrán.

Tampoco veremos casi con toda seguridad a ninguna banda hard rockera en el
Festimad, aunque eso nos extraña menos, pues su apuesta siempre ha sido más decididamente estética -por la supuesta parte "moderna" del rock- que estrictamente musical. Su apuesta fuerte por ahora, una reunión de los Pixies que les brindará el beneplácito de la prensa más complaciente. Eso sí, viendo la coincidencia de fechas entre el Festimad y el Rock In Rio de Lisboa, que nadie descarte que la nueva encarnación de Guns N' Roses se sume a su cartel (acordaos de dónde lo habéis leído, por si acaso). Sería sin duda el festival mediático del año.

Porque a pesar de su empuje, sobre todo tras el fichaje para su segunda edición de Judas Priest, el que ha perdido un poco de fuelle a nivel de expectación ha sido el Metal Mania, sobre todo tras conocerse que los británicos también actuarán en España al margen del evento. Eso, unido sus incómodas fechas y a la que parece una estricta política de apoyo exclusivo al heavy metal más encorsetado -sospechamos que será difícil ver tampoco a una sola banda de hard rock- no favorece mucho al hecho de que reciba un gran respaldo, aunque poca falta le hará si sigue sumando a bandas de la calidad de Anthrax o Queensrÿche.

Ya más lejos quedan el emblemático Serie Z y el euskaldún Azkena, imbuidos en una extraña disputa por una parcela tan extensa como la del rock n' roll. No haremos fuego aquí ni confesaremos nuestras simpatías por ahora, esperando que ambos lleguen a buen puerto. La incógnita está en Lorca y en Moncofar. ¿Habrá este año Lorca Rock? ¿El Rock Machina está definitivamente muerto? El Derrame parece haber pasado, si nadie afirma lo contrario, a mejor vida y el Espárrago se toma un descanso, al menos, hasta el 2005. Son éstas quizás las víctimas de un negocio que ha estado en alza en los últimos años y que alimenta nuestros sueños de rock n' roll, aunque tras su escena parezcan librarse batallas cruentas. Seguiremos al tanto.

 

UN AÑO MÁS

Se fue el 2003 y seguimos aquí. Igual con menos regularidad que cuando el año empezó, pero con el mismo entusiasmo cada vez que nos sentamos frente al teclado. Por eso permitidnos que nos felicitemos esta vez a nosotros mismos. Sí, lo cierto es que no nos parece tan difícil, por la música de la que hablamos y con la que compartimos nuestra pasión con vosotros, no parece que seamos de esos que se dejan llevar por las modas, por lo que en nuestro caso esto puede durar toda una vida.

Así, sacando horas de donde no las hay, todavía encontramos un momento al regresar a casa después de trabajar para seguir sacando
Rock Trip adelante. Y quizás eso, el hacer esto por puro hobby, sea nuestro secreto. Empezamos poniendo nuestro dinero y nuestro tiempo sin pedir nada a nadie, y seguimos del mismo modo (lo que no quita que, si se diera el caso, aceptáramos donaciones sin más contraprestación que la ubicación de un especio publicitario). Mientras, otros aparecen y desaparecen (el dinero es lo que les importa por lo que no nos apena), otros se mantienen, pocos crecen, y otros tantos ven brillar cerca de sus cuellos el filo de la navaja. El tiempo nos seguirá ubicando a todos en nuestro lugar.

De todos modos no nos colguemos todas las flores: no somos los únicos que funcionamos así. Sin ir más lejos, algunos de los escriben en Mondosonoro (no los que mandan, seguro) también lo harán por amor al arte. Un ejemplo sería el de Toni Castarnado (en nuestra línea habitual de mala educación, seguimos señalando con el dedo), encargado de hacer la crítica del concierto que The Darkness realizaron el pasado 15 de diciembre en Barcelona. Leído lo leído (pincha aquí para ver su crónica) es obvio que este tío no cobrará un duro, porque parece que ni siquiera estuvo allí. El sentirse cómico intelectual ("hacía mucho tiempo que no había tanta expectación para ver a un hype de estas características"), la osadía de poder hablar de cosas de las que no tiene ni puta idea ("a mediados de los ochenta The Darkness no hubiesen pasado de ser unos simples teloneros para la mitad de los grupos de hard rock de la época"), y el recibir palmadas en la espalda de otros tipos tan ignorantes como él, son suficiente pago para él.

Si a eso se le suma la lista de los mejores discos del año -es gracioso ver como en la publicación publican noticias de todos los estilos para sacar pasta con publicidad, pero luego en su lista sólo tienen cabida algunos- confeccionada por los miembros de la revista (no tiene desperdicio la gratuidad con la que hablan de rock para describir la música de determinados grupos, como podréis comprobar pinchando aquí) está claro que los que en ella escriben también lo hacen para darse el gusto; como el colega Castarnado. Y si ellos lo hacen, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros? Así que a seguir. Que este 2004 todo nos vaya mejor.

 

UNA HISTORIA DE ROCK N' ROLL

Esa noche tocaban Deep Purple en Murcia, pero si decidimos sacar nuestros culos de la triste ciudad de Valencia y dirigirnos al sur, no fue para ver a Gillan y compañía, sino para cumplir una promesa hecha en una noche jerezana. Allí, en medio del paraíso del rock n' roll que suponía el marco del Serie Z, prometimos a unos nuevos amigos, cuya banda nos resultaba totalmente desconocida, que cuando tocaran en directo acudiríamos a presenciarlo. Y así es como, sin haber escuchado siquiera una tímida nota de su música, nos chupamos los más de doscientos kilómetros que separan nuestra ciudad de Alacant Rock City.

Del Z hasta esa noche habían tenido programado un concierto pero había caído a última hora, y si ahora tocaban en la sala Stereo, era porque la banda que tenía reservada la noche les había invitado a tocar con ellos para reforzar el cartel. Así nos lo comentaron Lockio y Suzuki -dos grandes nombres para dos grandes tipos-, bajista y teclista del grupo, cuando nos los encontramos en las inmediaciones del recinto. Lo sorprendente era que esa banda, cuyo nombre no citaremos, les emplazó a ellos a ser los últimos en tocar porque, según lo que ellos nos contaban, "les habríamos barrido del escenario".

Así, entre las risas y el escepticismo de rigor y después de tomar unas cervezas, accedimos a la sala a tiempo para ver como los primeros atacaban con discreción sus últimos temas, momentos en los que a alguno nos cruzó por la cabeza lo que podríamos estar viendo si nos hubiéramos desviado a Murcia antes de entrar a Alicante. Pero entonces llegó su momento. El escaso centenar de espectadores se agolpó ante el escenario, sonaron las primeras notas, y allí estaban Gang Bang 66. Con una base rítmica sólida, una guitarra prodigiosa y un hammond que parecía abrir grietas en el suelo para que saliera desde el mismísimo infierno su enloquecido y carismático vocalista, se situó ante nuestras caras el grupo estatal más imponente que habíamos visto en muchísimo tiempo.

Backdoor Man de The Doors, Love Removal Machine de The Cult y un Highway Star que haría ruborizarse a los Purple que esa noche actuaban a un puñado de kilómetros de allí fueron los únicos temas que reconocimos de su repertorio, pero no por ello dejamos de disfrutar de sus propias composiciones. Su virtud, ser unos increíbles músicos y realizar una puesta en escena demoledora; su "desgracia", haber nacido en el perdido pueblo de Ibi en lugar de en Madrid o, qué coño, en Memphis.

Por desgracia, pocos estábamos allí para verlo, quizás porque los rockeros alicantinos no se enteraron del concierto, o quizás porque el "excesivo" precio de los tres euros de la entrada les disuadió de darles una oportunidad. Esa es una historia que se repite todos los fines de semana, días en los que los bares en que se repiten hasta la saciedad los clásicos de Iron Maiden y Metallica están abarrotados de "rockeros" mientras el único futuro de nuestra música se sube a las tablas de cualquier maldito escenario ante un pequeño puñado de curiosos. Nuestra noche tuvo a Gang Bang 66 como protagonistas (seguro que el tiempo hará justicia a su increíble calidad), pero si os dais una vuelta por los garitos de vuestra zona, tarde o temprano acabaréis dando vosotros un nombre diferente a esta historia.

 

ROCK JUSTO

Ya lo hice una vez y vuelvo a hacerlo de nuevo. Y es que para poner lo siguiente hay que dar la cara. Cuando decidí poner en marcha esta web -yo, Juan Enrique Tur- lo hice para dar rienda suelta a mis gustos, a mi manera de entender el rock, y compartirlos y dárselos a conocer a aquél que estuviera interesado. Año y medio después de su nacimiento, Rock Trip funciona bien; lo cierto es que recibir 6.000 visitantes al mes es algo que sólo podía soñar cuando me puse manos a la obra. ¿Podría ganarme la vida con ello? No lo sé. ¿Me gustaría hacerlo? Seguro. Puede que no sea muy bueno, pero creo que esto es lo que mejor sé hacer, y qué manera mejor de vivir, que hacerlo gracias a lo que te gusta. Pero, ¿desvirtuaría aquello en lo que creo para lucrarme? Quiero pensar que no, que si tuviera que hablar bien de aquello en lo que no creo, dejaría de gustarme lo que ahora realmente me importa.

¿A qué viene todo esto, os preguntaréis? Pues bien, hoy recibimos un correo electrónico en cuyo texto se comentaban muchas cosas que yo también pienso, a pesar de que en él se citaban, con nombres y apellidos, a bastantes "colegas". Una vez, un periodista veterano me comentó que nunca hablara mal de un compañero en uno de mis textos, que las cosas se podrían volver en mi contra. Pero qué queréis que os diga. Si no lo publicara aquí me sentiría sucio, cómplice de lo que en el texto se denuncia. De todos no será a mí a quien tendrán que responder, sino ante todos vosotros, a los que, al fin y al cabo todos nos debemos.

Finalmente he de señalar que el e-mail, remitido bajo el alias de "Rock Justo", no ha sido firmado por su autor o autores. Nosotros se los hemos solicitado por si querían salir de su anonimato. Pese a ello, y leyendo lo escrito, salta a la vista que su realizador es conocedor del "mundillo" y, más que posiblemente, forme parte de una discográfica independiente, por lo que ha preferido mantener su anonimato para no dañar a su empresa y a sus artistas. Dicho todo esto, lo único que nos falta es reproducir el texto. Sacad vosotros vuestras propias conclusiones.

DENUNCIO LA MANIPULACIÓN Y LA CORRUPCIÓN DENTRO DEL ROCK ESPAÑOL.

Después de mucho tiempo siendo testigo de como se desarrolla y maneja la escena de rock (rock, metal, hard rock, etc) en este país, y de presenciar asqueado las maniobras de manipulación de diversos medios e individuos en general, me he visto obligado a expresar y denunciar por este medio mi pensamiento con respecto a esto con el fin de crear conciencia entre los miles de "fans" que, como yo, a diario nos vemos expuestos a dicha manipulación, y si es posible cambiar algo con esto al menos hacerles ver a "ellos" que nos damos cuenta de su sucio juego, que no estamos ciegos y que, al estar seguro de que no soy el único, llegará el momento en que pierdan por completo su credibilidad (si es que les queda alguna) y se les acabará la mina de oro que han construido gracias a los engaños perpetrados contra la ilusión de miles de personas que aman esta música y que lo único que desean es descubrir y disfrutar de música de calidad.

Estoy harto de leer editoriales pseudo-furiosos de revistas como la Heavy-Rock, Kerrang, Metal Hammer o Rock Hard en las cuales sus directivos se quejan constantemente de la marginación del rock dentro del panorama nacional, de la manipulación de los medios masivos, del gobierno y de miles de historias, y me da rabia porque es mera propaganda para quedar como los buenos de la historia, cuando ellos llevan a cabo las mismas prácticas dentro del rock, de su pequeño feudo. Denuncian que no hay grupos de calidad en los medios, que sólo ponen a los que pagan, etc, etc. Y me pregunto yo como son tan sinvergüenzas de escribir esas líneas sabiendo que ellos hacen exactamente lo mismo, manipulando la escena del rock como a ellos se les antoja. Revistas como las antes mencionadas, y en menor medida pero de igual forma alguna que otra página web de "profesionales" como Rafa Basa y locutores de radio como Muniesa o "el Pirata" son los capos del rock. Ellos deciden qué grupo es bueno y cual no, ellos deciden quien tendrá éxito. ¿Y en qué basan esto? Pues nada más y nada menos que en lo mismo de lo que se quejan: el dinero. Así es, estos "medios" van deambulando por sellos y distribuidoras pidiendo que se les coloque publicidad con cuotas desorbitadas e inauditas las cuales son imposibles de pagar para la mayoría de ellos, y más cuando el mercado discográfico está tan mal y es imposible recuperar la inversión de esa publicidad que, en la mayoría de los casos, no vale de nada. ¿Y todo para qué? Para conseguir que te hagan el favor de reseñar un disco o hacer alguna entrevista, cosa que deberían hacer, ya que se supone que ellos son los mecenas y los conocedores y defensores del rock. Sin embargo no es así, sólo lo hacen con los que les pagan, vendiéndonos en muchos casos a grupos de pésima calidad, como las nuevas estrellas del rock nacional, y, sin embargo, dejando a un lado a muchos otros de calidad claramente superior por no haber entrado en su juego.

Tenemos una escena de mucha calidad en estilos ajenos a los que ellos promueven y sin embargo no hablan apenas de ello y lo ignoran totalmente, cegando al público y cerrando así las puertas a la calidad y a la libertad de gustos y estilos simplemente porque a ellos no les gusta. Ejemplos: la escena de "metal extremo" española tiene grupos de nivel internacional y que en muchos casos tienen mucho reconocimiento en otros países, y sin embargo aquí ni se habla de ellos. Ya se sabe que nadie es profeta en su tierra, pero señores, esto es el colmo, ahí tenemos a Finlandia o Suecia en donde se apoya la verdadera calidad resultando en una cultura musical excelente y en ventas altas de buenos grupos como Children Of Bodom, In Flames, Soilwork, etc. Sin embargo en España muy pocos habrán escuchado a Avulsed, Asgaroth, The Heretic, Numen y muchos más; casi nunca se les reseña en condiciones y jamás se les ve en una buena entrevista y, mucho menos, en una portada. También tenemos dentro del hard rock a bandas excelentes como 91 Suite, Golden Farm, Nexx, Airless y muchos otros que inlcuso han sido editados en Japón y otros países con gran respuesta. ¿Y aquí qué?

Del otro lado tenemos por ejemplo a Amset, cuidado, nombre sagrado para estos individuos, ya que gracias a ellos, o más bien a su descabezado progenitor, se les ha salvado el año a todos ellos, contratando toda la publicidad posible. Quién sabe cuanto les habrán cobrado por todas las contraportadas del año, pero seguro que les ha salvado el pellejo a más de uno. Si la contraportada de la Heavy-Rock vale 1600 euros al mes y la de Kerrang, 1200, haced cuentas. También al Pirata convirtiéndose en presidente de su sello y a los decadentes Obús. Entre todos se han repartido el pastel y han querido engañarnos de la forma más vil; y lo siguen intentando, en una misma revista noticias, directo, disco, curiosidades, contraportada y todo lo posible de dicha banda. Es ridículo cuando bandas como las antes mencionadas y muchas más no tienen ni un mínimo espacio teniendo mucha más calidad en todo sentido que ellos. Pobres chavales, al final nos desquitamos con ellos que no son más que una banda de garaje, pero es que no se puede ser tan sinvergüenza señores; vosotros debéis vivir de la venta de vuestras revistas informando y dando oportunidad a los verdaderos valores de nuestro país, ¿o es que acaso ya no vendéis nada y tenéis que usar estos sucios trucos para vender vuestros últimos números? De ser así sería mejor que nos dejarais en paz y os retirarais mientras aun tengáis un poco de respeto, por vuestro bien y el de toda la comunidad rockera española. También nos habéis intentado vender la "vuelta a sus raíces" de Bon Jovi con cada nuevo disco, de Metallica lo mismo, y así miles de veces. Mariskal, criticas a las multinacionales y luego les besas el culo poniéndoles en tus CD´s recopilatorios que, todo hay que decirlo, deberían prescindir de esos comentarios tan estúpidos y ridículos que incluyes. Cómo poder escribir el último editorial de Kerrang, que poca vergüenza: "Hablan y escriben para los que pagan y ese es su calvario. Creen estar descubriendo constantemente la nueva tierra prometida, y así les va, creando ídolos de barro que se pierden con el tiempo como luces de bengala." No se si reírme o llorar.

Gracias a Dios, aún tenemos alguna gente con conciencia, sentido común y sinceridad que hace su trabajo sin engaños ni intereses. A todos ellos larga vida, y a todos los que como yo hayan visto este sucio juego, espero alguna palabra vuestra. Y a los que no lo hayáis visto aún, abrid los ojos y no dejéis que estos sinvergüenzas os manipulen más.

 

LARGA VIDA AL SERIE Z

Tan sólo han pasado siete días y parece que haya sido una eternidad. De todos modos, cuando revisas las fotos que te hiciste con los colegas, con los que por allí conociste, con alguno de tus ídolos, no puedes evitar esbozar una sonrisa. Ya lo decía alguno de los nuestros que anduvo por allí el año pasado, y éste lo decimos prácticamente todos: va a ser difícil vivir algo parecido a lo vivido el pasado fin de semana en el Serie Z.

Sí, en lo superficial poco le distingue del resto. La acampada será para valientes, la bebida, cara, y la posibilidad de verlo todo, prácticamente imposible. Pero eso sí, hay bastantes cosas que lo convierten en algo único. Y es que el Z para empezar es un festival de música, y concretamente de Rock. Si te gusta el rock, sin complejos, sin etiquetas, no pasará por el escenario una sola banda que te deje indiferente, a pesar de que no la hayas escuchado antes en tu vida.

A partir de ahí empieza todo. Desde el hecho de que los músicos disfruten tanto del festival como el público, hasta el de que los primeros se paseen por el recinto mezclándose con la gente de tú a tú (alguno se atrevía incluso a pedirles bebida con la ya mítica frase "free beer"), todo denota un espíritu diferente. Y si eso os parece poco, el organizador del evento no presenció los shows desde un lado del escenario ni desde el foso, sino que se le vio en más de una ocasión encima de los hombros de algún colega o cantando entre el público, como un espectador más.

Efectivamente, ese exceso de pasión y riesgo le trajo este año sus complicaciones. Cayeron bandas, sobre todo aquellas que, como Rock City Angels o Warrior Soul, se reunían exclusivamente para el festival. Sin embargo, para los que amamos el rock y pensamos que nunca veríamos a un determinado sector de grupos que por su integridad difícilmente serán conocidas o respaldadas por el gran público, es ese riesgo y esa pasión la que está consiguiendo que algunos de nuestros sueños se conviertan en realidad.

Por eso, y también por la posibilidad que nos da el festival de encontrarnos con gente tan freak como nosotros (ha sido un placer conocer a la gente bandas prometedoras como Gang Bang 66, a peña tan enrollada como los "turbojugends" burgaleses de la carpa after show, a los colegas del programa Grande Rock de Radio Topo y reencontrarnos con Chema o Héctor "Lagarto", o con Jorge y Vicente del Popu, por citar sólo a algunos), no podemos más que dar las gracias a sus responsables. Ya estamos contando los días para la próxima edición. Larga vida al Serie Z.

 

UN "DURO" NEGOCIO

Se aproxima el final del verano y con él, el de nuestra -e imaginamos que también vuestra- peregrinación por los diferentes festivales en busca de rock n' roll. Así somos de idiotas, en lugar de salir de este país o perdernos en alguno de sus parajes más recónditos, veraneamos en casa y asomamos la cabeza sólo para subir al coche y, tras una buena dosis de carretera, aterrizar en un recinto vallado con la intención de disfrutar de una nueva dosis de la música que más nos gusta. Y ahora -con permiso del Azkena y del Serie Z-, ya de vuelta a casa, uno no sabe bien qué balance hacer de lo vivido.

Si a cualquiera de tus colegas le dijeras que este verano has visto a Iron Maiden, a Motörhead, a Steve Vai o a Scorpions, te diría a buen seguro que eres un afortunado. Y por una parte no dejaría de tener razón, pero al mismo tiempo no es esa la sensación que a nosotros nos ha quedado en el cuerpo. Realmente todavía queda por ver -faltan, como decíamos, el Z y el Azkena-, pero los que se presentaban como los festivales del verano (si bien no por su contenido, sí por la promoción recibida en la prensa "especializada") nos han dejado un sabor de boca que, si no es malo, sí que es al menos un tanto alarmante.

Y es que en ellos, aunque de maneras bien distintas y con diferentes resultados, se ha hecho palpable una vez más el hecho de que lo que importa para los organizadores es que salgan bien las cuentas, y que la música, sea cuál fuere, es sólo un pretexto para multiplicar los dividendos que el público proporciona. ¿Cómo si no se entiende que la misma empresa que organiza el Viña Rock pueda por un espectáculo similar, en este caso el festival Metal Manía, pedir al público tres veces lo que cuesta la entrada del anterior? ¿Por qué en uno se concentran más de sesenta grupos en sólo dos jornadas y en el otro una veintena de bandas se reparten en tres días? Y que nos llamen pejilleros, pero tras debatirlo bastante, pensamos que la mayoría de la gente concluiría que, de todo el cartel, quizás la mitad de bandas merecían la pena mientras el resto eran más de lo mismo. No obstante, la jugada les salió redonda y pocas voces disonantes se han escuchado entre nuestros "colegas".

Peor lo han pasado los organizadores del Lorca Rock. Sin acobardarse ante el gigante que suponía este año el Metal Manía (actitud que ha sentenciado a muerte a propuestas como el Rock Machina, que despareció del mapa este año sin más explicaciones) sus organizadores tuvieron la habilidad de encontrar para su cartel a unas estrellas que la gente deseaba ver, unos Scorpions cuya presencia habría justificado la sustitución del medio cartel mediocre de su máximo competidor. Sin embargo, a pesar de juntarlos con otra triade de grupos ligeramente menos atractivos, su organización no se conformó con realizar un gran evento de una sola jornada, sino que tuvo la genial idea de combinar el metal y el rock de corte clásico con un puñado de bandas de punk y rock urbano. O lo que es lo mismo, trató de mezclar el agua con el aceite. Y de ese modo se configuró un cartel de tres días que, bien mirado, no había por donde cogerlo. Los peor parados fueron los amantes del rock estatal, ya que para ellos fueron las horas de calor insufrible, mientras que los que optaron por el rock duro de este cartel tuvieron que permanecer tres jornadas para ver a los pocos grupos que les atraían. El resultado de la ecuación, por desgracia para su organización, no fue el deseado, y la asistencia no superó en ninguna jornada los cinco mil asistentes.

¿Quiere decir eso que la gente no picó en su propuesta mientras que sí que aceptó la del Metal Mania? Queremos pensar que no, que realmente unos y otros están forzando a la gallina de los huevos de oro -o sea, nuestra paciencia y el límite de nuestros bolsillos- y que, si bien ésta no aguantó el envite de los dos festivales, es más que posible que, como no cambien las cosas, la gallina decida otro año irse a Milán. Que se lo vayan pensando.

 

ROCKEROS POR UN DÍA

"Esto suena a lata." Esas más o menos fueron las palabras que pronunció Iñaki Gabilondo cuando, obligado por la circunstancia de que Metallica ocupaba el segundo puesto en la lista de ventas de la AFYVE, se vio obligado a que el tema St. Anger sonara en su programa Hoy Por Hoy, en lo que constituye para muchos de nosotros (no todos) el acto más rockero que han generado los de San Francisco -involuntariamente, claro está- en muchos años. Este imborrable y cómico momento, que más de uno esperábamos desde tiempo atrás, ha sido sólo uno de las decenas que estos últimos meses hemos presenciado con estupefacción en este también cómico país.

Un país que se ha vestido de rockero por unos días debido a la visita de los Stones y Bruce Springsteen pero que sigue igual de monolítico que siempre. Ya lo decía el Editorial de la edición valenciana del Mondosonoro: en los últimos meses han salido -de los medios- rockeros de debajo de las piedras, pero rockeros para los que ir a ver a Springsteen es un acto de rebeldía mientras que asistir a uno de Marilyn Manson es digno de chanza en sus informativos.

Pero no hay que cebarse en los pobres Gabilondo, Buruaga y compañía, pobres hombres necesitados de poner un poco de sal en su vida. Peor es lo de Fernando Martín, un tipo al que no sabemos cómo le dejan pisar la redacción de El País, un periódico que se ceba con Tamayo y Sáenz y que parece emplear los mismos chanchulleos para contratar a algunos de sus redactores. Porque si no, no entendemos como se explica que un tipo con una ignorancia musical tan manifiesta como el tal Martín firma críticas de conciertos. El caso más reciente de su flagrante incompetencia fue su crónica del concierto de Metallica en Madrid, una crítica en la que el plumilla de medio pelo cometía errores para justificar sus argumentos (afirmaba por ejemplo que In Flames es un grupo de "metal progresivo" sólo para poder añadir después que "el metal no es un estilo que destaque precisamente por progresar") sólo antes de llamar "energúmenos" a todos los que asistieron al show. Vamos, digno del Pullitzer.

Pero es la historia de nunca acabar. El último fenómeno es de las pobres Las Niñas, un grupo de cuya valía nunca dudaremos pero que ahora suenan a todas horas en la Cadena Ser. Como en su tema Ojú hablan de Gescartera, el Prestige, "la guerra" y demás, y al parecer los tontos de TVE les han vetado la canción (si es que hay algunos a los que en seguida se les ve el plumero, aunque otros se empeñen en afirmar que aquí no hay censura), pues en la citada radio les ha faltado tiempo para pincharlas y entrevistarlas a todas horas. Ahora resultará que todos son unos modernos y les gusta el hip hop, la fusión o como queráis llamarlo. Y eso pasa tan sólo unos meses después de que, tras preguntar Gemma Nierga a Rodríguez Zapatero cuál era el último disco que había comprado y éste le respondiera que el último disco de Mägo de Öz para su hija, todos en el programa creyeran que le había comprado la banda sonora de la película. Esperemos que la cosa no pare. A falta de otra cosa, nosotros nos seguiremos muriendo de la risa.

 

TIEMPOS OSCUROS

Corren, como dicen unos colegas, tiempos oscuros. A priori nada ha cambiado. Así a bote pronto podemos recordar que el Viña Rock volvió a arrasar hace unos días (no, esta vez desgraciadamente no estuvimos allí) y no lo vimos reflejado en los "mass media"; los peperos siguen tratando de hacer la vida imposible a Soziedad Alkoholika y a Su Ta Gar (con el beneplácito de fascistas recalcitrantes y trasnochados como Alfonso Ussía)... Aunque hay señales de que esto se está poniendo peor. Que Hombres G lancen un nuevo disco sólo puede significar una cosa: el regreso a las cavernas.

Alguno se lo tomará a cachondeo, pero cosas como esa acojonan. ¿Os imagináis que vendieran más de mil copias? Eso supondría que nuestro país no ha avanzado nada en los últimos veinte años. Pero eso no es todo. Ahí tenemos a La Loca María versioneando La Vida Sigue Igual de Julio Iglesias. Que gente con propuestas como esas se atreva a asomar su cabeza sólo tiene una lectura, que vivimos en una sociedad idiota. ¿No lo creéis? Hace unas semanas que no nos asomábamos por aquí y es que es bastante triste y deprimente ponerse a escribir para hablar de cosas vergonzosas que suceden a nuestro alrededor o denunciar obviedades, pero luego los acontecimientos nos obligan de nuevo a hacerlo.

Estas líneas se configuran mientras escuchamos en la radio los resultados de las elecciones autonómicas y municipales, justo en el momento en el que José María Aznar (como otros personajes célebres como Franco, Mussolini, Castro, Stalin* o Hitler, por citar sólo algunos ejemplos que gustaban de realizar este tipo de actos con asiduidad) se asomaba al balcón de la sede de su partido en la calle Génova para darse un baño de masas ante miles de personas pertrechadas de los signos que a él más le gustan: las banderas de su partido y las de España, constitucionalistas y no (las del pollo, ya se sabe, no le desagradan).

Después de chapapotes, de asesinatos fuera de nuestras fronteras, y de demostraciones de autoridad absolutistas -y de muestras de desprecio a todo el que piense diferente a ellos- dentro de ellas, el Partido Popular vuelve a "ganar" las elecciones. Y va entre comillas porque han perdido fuerza, pero ni una décima parte de la que deberían haber perdido después de tanta desfachatez. Ni ellos, que ni tenían preparada la fiesta que celebraron en Génova, se esperaban el resultado. Pero que nadie se confunda, eso no significa que aquí queríamos que ganara el PSOE, ni mucho menos, sólo que lo lógico, lo razonable, es que el PP hubiera casi desaparecido del mapa. "No me llames iluso", que dice aquél. Lo gracioso es que la gente de por aquí se burle de los argentinos cuando votan a Ménem. Al que se ría habría que abofetearle.

Tiempos oscuros, sí señor. Son los que corren y parece que seguirán corriendo bastante tiempo. Al final conseguirán que nos alienemos. Pero bueno, si sólo podemos contentarnos con el opio del pueblo, lo haremos. Al menos el fin de semana nos dejó algo bueno. ¿Qué no sabéis con quién jugamos este año? Está claro. Bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi, Real!!!!!!

*Fidel Castro y Stalin han sido añadidos a la lista de amantes de los baños de masas propagandísticos para evitar herir susceptibilidades. De todos modos, el que quiera, puede seguir sin entenderlo.

 

GRACIAS

Esta vez no encontraréis aquí una de nuestras habituales y sanas descargas de ira, y no es que no haya motivos para tenerla. Lo que sucede es que esta semana se cumple un año desde que empezamos esta aventura que se llama Rock Trip, y, aunque no nos guste hablar de nosotros mismos, tampoco queremos pasar la oportunidad de agradeceros el apoyo que vosotros, los que nos visitáis con mayor o menos frecuencia, nos habéis brindado.

Y es que, al igual que nuestros editoriales, Rock Trip nació de un arrebato incontenible, el de hablar de la música que nos gusta del modo que creíamos apropiado. Teníamos que hacerlo y, luego, el tiempo diría. Queríamos hablar del rock desde su perspectiva más épica y romántica, un aspecto que creíamos que en la mayor parte del periodismo musical especializado de nuestro país -que no en todo- se había perdido. Del mismo modo, no queríamos discriminar estilos. Evidentemente, como a todo el mundo, algunos nos gustan más que otros, pero pensábamos que separar a Platero Y Tú de Tesla, a Slayer de Hellacopters, o a éstos de Iron Maiden, no sólo hace gala de una visión errónea del rock contemporáneo, sino que ejerce en él un daño irreparable, inflingido además -en la mayoría de los casos- por los mismos que se vanaglorian de defenderlo. Finalmente, la consigna final, era plasmar todo ello desde un punto de vista serio, que no pusiera en duda la inteligencia del lector, y al tiempo directo, huyendo de parecer pretenciosos.

Que lo hayamos conseguido, en mayor o menor medida, es algo que nosotros no podemos juzgar, aunque estamos seguros de que el camino no está del todo recorrido. Sin embargo, son vuestras visitas anónimas, vuestros mails, y el percibir vuestra presencia día a día, lo que nos anima a seguir. Por eso os queremos dar las gracias. Por aguantar nuestros errores, por compartir nuestras pasiones, por hacernos sentir que no somos los únicos que entendemos el Rock de esta manera. Hace ahora un año de aquel primer arrebato y esperamos que el espíritu de aquel momento, y también vuestro apoyo, nos sigan acompañando. Que siga el viaje.

 

NUEVOS FASCISTAS

Anónimos inocentes asesinados, dinero de por medio, líderes políticos que gobiernan a espaldas de su pueblo, disolución de manifestaciones pacíficas a golpe de porra y pelota de goma, fotos para la historia... de la vergüenza. Todo tiene un tufillo podrido de algo que parecía propio del pasado, pero que aflora ahora por capricho de tres o cuatro estúpidos con ansias de inmortalidad. Personajes cuyo escaso intelecto les impidió sin duda destacar por virtudes propias, pero cuya ambición les condujo a trepar hasta lo más alto, a buen seguro, arrollando y engañando a su paso. Características todas que les relacionan con los fascistas más célebres de la historia: estúpidos y sanguinarios.

"Decid la verdad, sigue habiéndolos, y ahora mandan los alumnos de aquél dictador," decían
Reincidentes hace unos años en su tema Gracias Por Venir, en una clara alusión que no cabe explicar. Y aunque sospechamos que la mayoría de nosotros lo teníamos claro ya entonces, ahora esos fascistas se han quitado definitivamente la careta para que no le quepa una duda a nadie, riéndose de todos nosotros, los que le votaron y los que no, cada vez que se reúnen en el parlamento.

Pocas horas después de que una fila de ninots con la cara de
José María Aznar y vestidos de soldado nazi saludando con la mano alzada a su fuhrer, ardieran en el infierno de llamas de una falla; de que la gente gritara "no a la guerra" mientras sonaba el himno nacional durante la cremà de la falla de la plaza del Ayuntamiento de Valencia -algo que trató TVE de silenciar con escaso éxito durante su retransmisión del evento-; el fuego inocente y festivo de una fiesta se convirtió a miles de kilómetros en el fuego de la barbarie.

Las bombas arrasan ahora el suelo de Irak en una guerra que no se puede ganar. Sí, derrocarán a Sadam, se harán con su petróleo, pondrán al gobierno que les venga en gana... pero las guerras no se ganan ya en el campo de batalla. La gente sin esperanza nos enseñó hace ya tiempo (con más o menos motivos) que había nuevos métodos de morir matando. Y para esa guerra nuestros gobiernos no están preparados. De todos modos, cuando un agredido decida de nuevo sacrificar su vida para acabar con un puñado de las de los demás, ellos, los fascistas que nos gobiernan dentro y fuera de nuestras fronteras. ya tendrán lo que querían: su poder, su petróleo, su foto y su nombre en las páginas más macabras de la historia. La sangre de las víctimas, como ahora, no salpicará la fachada de sus casas.

 

UN VISTAZO GENERAL

"¿No puedo hablar aquí? A ver si no voy a poder hablar aquí. Ale a la mierda, joder. Estoy hablando con el ministro y no con ustedes. Ustedes están habituados a hablar siempre porque ustedes han controlado el poder toda la vida. Y ahora les fastidia que vengamos aquí las gentes que hemos estado torturadas y censuradas por la dictadura. Eso es lo que les jode a ustedes. Ésa es la verdad. Ale a la mierda." Qué grandes palabras proferidas el pasado miércoles 5 por José Antonio Labordeta, parlamentario por la CHA en el congreso, a los miembros del Partido Popular que le interrumpían en su turno de la palabra. Eso es rock n' roll. Y nos sirve de excusa para escribir de nuevo algunas líneas por aquí después de unas cuantas semanas.

A parte de esta muestra de realidad, el resto ha sido surrealista. La guerra ha eclipsado a todo lo demás, y no es para menos. Al margen, lo más importante de lo sucedido ya en el terreno musical, ha sido la presentación del cartel del Viña y el goteo de grupos en el Derrame, Festimad y Serie Z, siendo en estos dos últimos donde hemos encontrado las sorpresas más gratificantes. En lo negativo, la peor noticia fue la tragedia sucedida durante el último show de Great White. No obstante, en los States ya ha habido gente que ha buscado la gracia a la noticia. La mítica compañía norteamericana T-Shirthell ha sacado ya su camiseta conmemorando el evento (la podéis ver pinchando aquí). El texto que figura en una especie de portada de periódico dice así: "Trangedy ensues as 80's metal band Great White loses every single one of its 97 fans" (la traducción sería "Como resultado de una tragedia la banda de metal de los 80 Great White pierde a cada uno de sus 97 seguidores"). Bromas al margen, a más de uno se nos han revuelto las tripas pensando en la cantidad de conciertos con pirotecnia que hemos visto en salas mal acondicionadas.

Pero la vida sigue. Llega el buen tiempo y con él los conciertos. Estas fechas son un goteo constante de confirmaciones y todos cruzamos los dedos para que caiga por aquí el gordo. De momento, como decíamos, ya se han empezado a confirmar los carteles de los diferentes festivales. Y la reacción ante los más destacados a nivel de convocatoria en nuestro país como podrían ser el Viña y el Derrame, ha sido bastante fría. Quizás porque se han repetido bastantes nombres en los carteles y faltan algunas nuevas bandas que merecen darse a conocer mayoritariamente en este tipo de eventos. Esperaremos resultados y deseamos éxito, aunque, ya se sabe, si no se renueva gradualmente el material, a todo le llega su fecha de caducidad.

 

ALGO DIGNO DE SER DESCRITO

Hemos dejado pasar unos días en los que hemos meditado la conveniencia o no de hablar de ello, porque, ya sabéis, en estos momentos cualquier manifestación sensata, por lógica que sea, puede ser tachada de demagógica. De todas las maneras hemos concluido que no podíamos pasar esto por alto. Y es que nosotros también estuvimos allí, y fue algo digno de ser descrito.

Sólo el hecho de salir del portal de casa un sábado por la tarde y ver tu calle en la periferia de la ciudad plagada de gente te hizo sentir que algo estaba sucediendo. Como te dijo un amigo, vestías de un modo discreto, porque como él afirma "no debe parecer a los reacios a tu causa que la protesta sea tu profesión." De todos modos ese día hubiera dado igual que hubieras salido desnudo. El metro estaba imposible, con la gente llenando los andenes de tal modo que lo normal hubieran sido las avalanchas y los enfrentamientos, pero en su lugar reinaba la camaradería y el respeto. Era algo increíble, la gente hablaba en voz alta y se sonreía con complicidad cuando escuchaba un diálogo con el que coincidía, se cruzaban miradas constantemente, incluso las que nunca en otra situación se hubieran encontrado. La ciudad latía al mismo ritmo, como nunca antes habías sentido.

Después la comunión fue total. "Punkies talegueros" andaban hombro con hombro con matrimonios de la tercera edad, universitarios y obreros caminaban juntos, y los políticos no podían más que tomar el tercer plano al que les relegaba el pueblo. Da igual que no se pudiera avanzar, que hubiera algunos -los menos- que sólo estuvieran preocupados por salir bien en la foto, que las cosas finalmente pudieran no suceder del modo que impone la lógica. Lo importante fue expresarse; sentir la libertad en común como nunca antes la habías sentido. Tu voz, que en muchas otras ocasiones se había perdido en la inmensidad, se hizo esta vez oír. Y se hizo oír de tal modo, que ahora sobran las palabras. Simplemente cabe decir que valió la pena.

 

UN APLAUSO PARA EL CINE ESPAÑOL

Era sábado por la noche, pero en lugar del tedio y la caspa habitual del programa de José Luis Moreno TVE se convirtió en un medio libre por primera vez en mucho tiempo. Los funcionarios de la televisión pública, con el guión en sus manos desde hace un par de semanas, no pusieron ninguna traba a su emisión, y así, lo que tan sólo debía ser una burda copia de la ceremonia de los Oscars a la española, se convirtió en la única muestra que se ha visto en el ente público, del malestar que vive el pueblo español y la diferencia de pareceres que le distancia de sus gobernantes.

Tachados por el hecho de manifestar libremente sus ideas contrarias a las del gobierno (y mucho más razonables y lógicas que las de éste) de deslealtad respecto al mismo -algo de lo que si quieren pueden tacharnos también a nosotros- por la Ministra de Cultura Pilar Del Castillo, los actores aprovecharon la oportunidad que se les brindaba de aparecer en vivo y en directo en la televisión portavoz del gobierno para manifestar sus ideas y también las nuestras. No fue algo premeditado, aunque sólo el balance final de los films galardonados brindaba el mismo resultado: daba igual que la factura de Los Lunes Al Sol fuera o no mejor que la del resto, los académicos premiaron la película que habla de uno de los peores dramas que vive nuestro país cuando este vuelve a aflorar con fuerza, pese a que el yugo censor de los grandes medios de comunicación lo quiera ignorar.

Ya una semana antes el gremio teatral se había sumado a la repulsa de la guerra acordando que se leería un texto contra la guerra al final de cada representación que se hiciera en el país, pero nada se ha sabido de una actitud similar por parte del gremio de la música. Claro está, éste no existe como tal. Lolita, ganadora del Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación decía textualmente en la trastienda de la ceremonia que "a ver cuándo las galas de premios de la música aprendían de las de cine", e imaginamos que no lo decía porque debían de premiarla a ella, sino porque en el mundo del cine existe un sentido de seriedad y compromiso, inexistentes en el mundo de la música.

Sí, pasado mañana saldrá Ramoncín -no es por fijación, sino porque siempre tiene un micro en la boca-, Ana Belén o Alex Ubago, manifestándose en el mismo sentido que los actores, que la mayor parte de la sociedad, pero para nosotros no sólo ya será tarde, sino que no tendrá el mismo sentido. Porque mientras en el mundo del cine o el teatro coexisten las comedias con los dramas y los sainetes con los temas de realidad social, para al final todos actores, directores y demás, tener la misma voz; en el mundo de la música de este país, los que cantan de temas banales no se codean con los que cantan de temas sociales, y consienten los primeros la discriminación de los segundos, y recogen unos premios obtenidos con el silencio y la tibieza, a pesar de disponer también ellos de muchos minutos en los medios públicos y privados. Ahora se apuntarán al carro y los medios les reirán la gracia, pero no será, ni mucho menos, lo mismo. Quede aquí nuestro aplauso, por todo, para el cine español.

 

EL CIRCO

Pasó el 30 de enero, Día Mundial De La Paz, sin que tuviéramos noticias de ella. Todos los años se celebra la misma fecha, aunque ayer ningún noticiario se hiciera eco de dicha festividad y sí de la carta que nuestro Presidente cofirmó junto a algunos de sus colegas explicando el porqué de la alineación de nuestro país con la política exterior de los EEUU en su contienda contra Irak. "Peace Sells, But Who's Buying?" que decían Megadeth en uno de sus más celebrados temas. Por nuestros lares no encontramos manifestaciones de ese tipo, aunque nos distraemos viendo cómo personajes disfrutan sus últimas horas de poderío tratando de pasar a la historia del modo que sea, aunque fuera con su cabeza muy cerca del trasero de George Bush Junior. Sin embargo y por mucho que les pese, su cara no aparece ni en las caricaturas críticas que los propios norteamericanos hacen para denunciar la estupidez de la contienda (valga ésta como ejemplo de las muchas que podemos encontrar en la genial www.toostupidtobepresident.com)

Aquí nos divertimos con otras cosas. Se acaba Operación Triunfo II y cuando la cosa se normaliza y pasa por antena sin pena ni gloria (en muchas comunidades autónomas aunque no en toda España la serie CSI supera en audiencia al engendro musical) irrumpe Arnaldo Otegui afirmando que Ainoa, la ganadora del concursito, ha sido elegida a dedo por el mismo gobierno por su condición euskaldún para que los vascos apoyen a España en Eurovisión. Los medios de comunicación, que por prescripción gubernamental (sean privados o públicos) ya no deben hablar del chapapote ni de la guerra, señalan a Otegui como el enemigo público número 1 (parecía cosa de ciencia ficción ver como los contertulios de Protagonistas de Onda Cero editorializaban indignados acerca de estas declaraciones en lugar de hablar de problemas verdaderamente importantes). Evidentemente Otegui se equivocó. Se equivocó al pensar que los ciudadanos somos estúpidos: Sólo recordando como el pasado año se eligió la sandez de Europe Is Living A Celebration como tema representante de los valores patrios y la vinculación de OT al ente gubernamental -todo un NODO de nuestros días- habría bastado.

Nuestro país es un circo, un circo en el que la mayoría de espectadores no se quejan por no recibir nada a cambio de lo que les ha costado la entrada, un circo en el que incluso algunos aplauden a payasos que no hacen nada de gracia. Pese a todo ello dicen que España es uno de los países europeos que menos respaldan la guerra de Irak. Lo que seguimos sin entender es como un 24% de la población está a favor de que muera gente. Lo que estaría bien es que, si el fatídico día llegase, ese 24% estuviera en primera línea de frente. Lo malo es que una bomba no discrimina a nadie, algo que, pese a las pruebas recientes, no parecen entender.

TENER AMIGOS PARA ESTO

Decía el Señor Lobo en una de las escenas más celebradas de Pulp Fiction que no había llegado el momento de "chuparnos las pollas." Pues bien, si la película se hubiera hecho en España lo que tendría gracia o sería chocante sería que hubiera dicho algo como "seamos éticos", porque por estos lares eso no abunda y sí el mamoneo al que recientemente hacía alusión Rosendo en su último trabajo. Aquí la norma es el peloteo, el enchufismo, el hoy te doy yo y tú me das mañana.

Los "famosos" Premios Amigo que la AFYVE (asociación Fonográfica y Discográfica Española) entregó esta semana en su sexta edición es la prueba más palpable de ello. El despropósito de tales galardones no es sólo mayúsculo por su misma naturaleza, sino que resulta mas bochornoso por el eco que reciben en los medios de comunicación. Partiendo del hecho de que son las mismas discográficas las que proponen sus artistas, uno se hace a la idea de que poco tiene que ver la calidad a la hora de salir victorioso, pues si una multinacional propone sólo uno de sus artistas para una categoría primará sin duda al que quiera comercializar independientemente de su calidad. Así pues el objetivo es mercantilista, por lo que la categoría no debía ser "Mejor Álbum", sino "Álbum Más Vendible." No obstante, y aquí seguimos con una de las principales lacras de nuestro país, los periodistas elegidos (críticos eruditos y miembros destacados de la prensa cultural y de entretenimiento) reciben una lista que no hay por donde cogerla y, en lugar de devolver el sobre a su destinatario empleando el mismo modo en que devolveremos al gobierno sus cartas explicando la catástrofe del Prestige, marcan cruz aquí y cruz allá una quinela para estúpidos.

El resultado final es evidentemente lamentable. Para empezar el listado se divide en dos bloques, Españoles y Latinos. ¿Cuáles son los artistas latinos? ¿Los que cantan en lenguas derivadas del latín o aquellos cuyas fotos podemos visitar en las páginas eróticas de Internet? Al disparate se suma que, a excepción del flamenco (aquí somos muy nuestros, sólo falta la zarzuela), ningún estilo musical se diferencia. ¿Debemos juzgar a Rosendo con el mismo rasero que a David Bisbal y Alex Ubago? ¿A Barricada con el mismo que a Las Ketchup o El Canto Del Loco? Imaginamos que no, pero motivos y argumentos como estos no se les pasan por la cabeza no sólo a los organizadores de los premios sino tampoco a la pléyade de periodistas baratos que año tras año votan los ridículos galardones y luego se hacen eco de ellos.

El colmo del cuento es que son tan burros los organizadores del evento que, preparando la lista de los candidatos se les pasa por alto la lista de candidatos que presentaba Virgin y los artistas de estos quedan fuera de la patraña. ¿Y qué sucede? Pues en lugar de menospreciar los premios Virgin decide impugnarlos y ruega que se repitan, pues sus Amarales y sucedáneos han quedado fuera del timo, noticia de la que nuestros amigos de los mass media se hacen eco con gran indignación. Eso, evidentemente, sólo pasa en nuestro país. No hace falta nombrar a los ganadores de la farsa aquí porque son los de siempre, y tampoco hace falta recordaros que cualquier país occidental considera a estilos como el rock o el hip hop en sus diferentes premios. Pero ya sabéis como es España. Será de ahí de donde viene lo de "tener 'Amigos' para esto"...

 

MÚSICA BAJO EL FUEL

Se fue el 2002 y lo que en él sucedió ha quedado cubierto por un negro velo. Prueba de ello son vuestras numerosas respuestas coincidentes en señalar la catástrofe del Prestige (en muchos casos acompañadas de nombres de politicastros de nuestro país) como lo peor sucedido en los últimos doce meses. Y la verdad, para qué negarlo, así fue. Destacar cualquier otra anécdota al margen de ello resulta banal, pero nuestras lágrimas no pueden empañar lo que aquí nos concierne, que es la música. Y en lo musical el 2002 ha sido bastante intenso.

El 2002 ha sido el año de Operación Triunfo, que la única alegría que nos brindó fue la derrota estrepitosa de Rosa en Eurovisión (cuántos cantamos aquella noche con júbilo por primera y única vez el Europe Is Living A Celebration tras conocer la noticia). También fue, hasta lo del Prestige, el año en que los más conservadores salieron del armario con la camisa azul (y nueva) tratando de restaurar la censura persiguiendo a grupos como Soziedad Alkoholika o Narco. Claro, si eran capaces de silenciar sin rubor toda una huelga general eran capaces de todo.

Pero también vivimos grandes cosas. Nació el Serie Z, creció el Viña Rock y se consagraron el Lorca Rock y el Rock Machina, dejando claro una vez más cuál era la audiencia consciente y fiel a una música. En tan solo doce meses Manowar bajaban al infierno para remontar de nuevo hacia su particular olimpo mientras bandas como Dream Theater o The Hellacopters demostraban con sus nuevas obras que están un poco más allá del resto, que para ellos esto del rock es algo muy sencillo. Mientras, en una reducida península del hemisferio norte, legiones de guerreros sustituían a sus reyes por nuevos guerreros como Warcry, Airless o Centinela, al tiempo que otros lloraban la pérdida de unos Platero y Tú -que no aguantaban como grupo el ritmo trepidante de colegas veteranos como Rosendo o Barricada-, con los ojos puestos en promesas como Rip KC o Sol Lagarto. El mundo entero lloraba también las pérdidas de John Entwistle, Randy Castillo, Joe Strummer, Dee Dee Ramone, Paul Samson, Robbin Crosby o nuestro Fernando Murua.

Cada uno tendrá su propia versión de lo sucedido. Lo único cierto es que el fuel todavía baña nuestras playas y que hay 110.000 parados más que el pasado año. Si eres un afortunado mañana volverás a ir al trabajo a soportar a tu jefe y a algún compañero que no podrá separar la lengua de su culo, convivirás con tu pareja o irás en busca de ella, tendrás tus tiras y aflojas con la familia... pero la música no dejará de acompañarte. El 2003 ya ha empezado y nosotros, si queréis, seguiremos aquí para contároslo.

 

CON LAS BOTAS PUESTAS

Al contrario de lo que muchos pensarán, la culpa de lo que pasa en este país no es de la derecha. No nos equivoquemos, cada uno tiene derecho de hacer lo que quiera y si uno prefiere velar por sus propios intereses y los de los suyos, en lugar de buscar un bienestar general que reduzca el límite que podría alcanzar su comodidad, es libre de optar por esa opción. El verdadero problema que tenemos nosotros es que nadie respalda nuestra opción.

Esto, que puede parecer una enmarañada reflexión, reflota en nuestras cabezas a partir de nuevo de una pequeña anécdota, la suspensión en Telecinco del programa Caiga Quien Caiga. ¿Esta es la alternativa mediática al resto de canales televisivos conservadores? ¿Quitar el único programa que repartía caña y hacía mínimamente pensar de la televisión estatal? "Habrá que eliminarlos porque estos también dan palos al PSOE" pensaría la lúcida mente de alguno de los jerifaltes de la cadena, interesada en este momento en hacerle la corte al partido político que nos venden como única alternativa de los conservadores "cazadores" de la derecha. Y al igual que en el campo de la política en el que intentan instaurar el bipartidismo, en el campo mediático sólo nos dan dos opciones: ver televisión conservadora o conservadora disfrazada de progre.

Porque eso es Telecinco, un canal desde la pasada semana ya totalmente en manos del neofascista Berlusconi que disfraza de progresismo un menú hecho con los mismos ingredientes que sus colegas. Y de un tiempo a esta parte no es ni eso. "Si en TVE hay Operación Triunfo nosotros engendramos Popstars, y como en El Informal se empiezan a pasar de ácidos, lo quitamos y metemos de nuevo Gran Hermano y rellenamos el resto de la parrilla de casquería y programas para "maquinolos" como A Tu Lado y Crónicas Marcianas, que para programas prestigiosos ya tenemos a María Teresa Campos" pensarían. Pues me parece que no les va a funcionar el invento. Sí, igual muchos maquinolos y marujas que seríen con sus Crónicas Marranas y su nuevo Bazofia Original acabarán votando sociata, pero sabemos de muchos que, al igual que no sintonizaban Antena 3 en sus televisores, van a acabar haciendo lo mismo con su canal. Caiga Quién Caiga se fueron igual que llegaron, repartiendo y además tocando Rock N' Roll (Aqualung, The Boys Are Back In Town o Smoke On The Water fueron algunos de los temas que el Reverendo y compañía tocaron entre sus últimos reportajes), una música y una actitud no muy bien vistas en este mediocre país. Para empezar, el próxima 25 de diciembre hay mucha gente que en señal de protesta no piensa poner Telecinco, aunque nuestro deseo para el próximo año es que, si las cosas no empiezan a cambiar, no pongamos ningún canal.

UNA ÚLTIMA GOTA DE HUMOR (NEGRO)

Hace unas semanas nos encontramos con este anuncio (pincha en el enlace para verlo) del canal musical de cable Sol Música. Otros que tal. En el anuncio en cuestión los publicistas van de graciositos y crean un comic cuya historia narra que nuestro país se ve afectado por la amenaza de un "Supervillano Thrash-Heavy Metal" que nos atormenta con su música y planea destruir su canal. Sin embargo ahí aparecen Fangoria en plan superhéroes y acaban con él. Según reza el anuncio "ni nada ni nadie podrá impedir que la buena música -imaginamos que encarnada en Fangoria- llegue a los hogares". Si nosotros fuéramos de graciosos (ya sabéis, podríamos empezar diciendo que Alaska no podría jamás levantar del suelo su culo gordo para ser superhéroe o que no podrían tampoco volar en sus tablas porque resbalarían de ellas con el aceite que pierde su mediocre música, por poner tan solo dos ejemplos) nos tacharían de cualquier cosa. Por eso no diremos más que una cosa: Si alguno de vosotros planea apuntarse a un canal digital de televisión, que lo haga en uno en el que el canal musical sea VH1 (ahí sí que hacen buenos programas y ponen rock) y no en el que esté la bazofia de Sol Música. Ya veréis qué gracia les hace, nos vamos a reír todos mucho...

 

CUANDO SUBE LA MAREA

Ahora estamos todos compungidos por la catástrofe. Nosotros mismo no parábamos de ver rondar la idea de escribir sobre ello en este Editorial, porque nada había más importante que mostrar nuestra indignación y nuestra solidaridad con todos aquellos afectados por el vertido petrolífero del Prestige en las costas gallegas, tanto con aquellos que han visto sus trabajos y tranquilidad sesgadas por la desgracia como con aquellos que sufrimos y sufriremos con una de las lacras que está dejando nuestra sociedad en letal herencia a las generaciones futuras. Queríamos mostrarlo con sobriedad, sin acudir al tópico o la ira, pero es un suceso de los que te hace gritar a la tele, insultar a gente que no te puede ni quiere escuchar. Y eso dejó muda esta sección durante semanas.

Ahora, cuando las manchas negras todavía salpican los inmaculados y caros trajes de nuestros gobernantes y riegan irremediablemente las costas de la península contaminando el patrimonio de todos, asomamos tímidamente nuestra palabra y no para hablar mucho más del tema. Si lo hacemos sólo es para lanzar un mensaje: el de no olvidar. Ahora, como apuntábamos, la indignación es generalizada, pero eso no durará eternamente. Y no lo decimos para incidir en la idea de que se borrarán primero las manchas de los trajes antes mencionados que las de las nuestras costas, sino para que pongamos lo que esté en nuestras manos para que nuestra indignación nos acompañe, que sirva de motor de reacción constante, al igual que ahora ha servido para que muchos pusieran sus propias manos en la labor de una limpieza interminable.

Porque cuando para los medios, los políticos o la solidaridad oportunista no sea rentable hablar del chapapote (es odioso ver como la prensa emplea palabras para focalizar temas sin ni siquiera definirlas, como si la audiencia fuera imbécil), el problema seguirá ahí, y si no tiene el nombre del Prestige* tendrá otro, al igual que una vez liberada Safiya Hussaini nos encontramos con el caso de Amina Lawal** para el que ni siquiera se han recogido un tercio de las firmas condenatorias obtenidas en el anterior. El morbo de la noticia, la jugada que se podía sacar de ella, ya se explotó por parte de los de siempre, pero nunca debería ser pasada por alto por nosotros. Son sólo dos ejemplos, pero sirven para que nos demos cuenta de que no podemos reaccionar sólo cuando sube la marea. Si lo hacemos siempre acabaremos, al menos, mojándonos los pies.

* Puedes firmar una carta manifestando tu indignación por la catástrofe del Prestige en este enlace de WWF/Adena.
** Puedes manifestar tu repulsa hacia la lapidación de Amina Lawal en este enlace de Amnistía Internacional.

 

EL ROMANTICISMO QUE SE PERDIÓ

Surgía en el foro la idea y las declaraciones de Slash para MTV.com que recogemos en la sección de noticias han despertado nuestra reflexión. Decía Slash que Axl sólo necesitaba una serie de factores en un contexto para armarla (como hizo suspendiendo el primer concierto de la gira nortemericana de Guns N' Roses). Con su acción, los Gunners -sí, no son los de antes, pero muy pocas cosas son como eran antes- volvieron a aparecer en todos los informativos alrededor del mundo. Muchos lo verán como una niñería, se tachará de desfasado, pero a nosotros nos gustó, porque resulta difícil recordar cuando fue la última vez que una banda de rock apareció en un telediario.

Y eso es destacable, porque aunque parezca una tontería, hay muchos nuevos seguidores del rock que ya no lo entienden como lo hacemos nosotros. Los mayores crecieron escuchando a muchos músicos hablar de lo que sucedía a su alrededor, pero los nuevos ídolos, la nueva imagen que se vende como músico de rock, está muy alejado de aquello. Los más jóvenes, admiradores de bandas como Stratovarius, Rhapsody, Hammerfall, no los verán nunca vetados en determinados países por sus ideas o su temática como en su momento lo fueron Iron Maiden; los seguidores de The Hellacopters o Gluecifer, no verán a sus ídolos armándola en televisión como nuestros mayores vieron a los Stones; o los de Boikot o Reincidentes no sufrirán los linchamientos policiales que en su día sufrieron asistentes a conciertos de Barón Rojo o Barricada. De Limp Bizkit y demás es mejor no hablar...

Y es que siempre podremos decir que los medios generalistas no nos prestan atención, pero también debemos afirmar que cuando nuestros artistas tienen la oportunidad, por pequeña que sea, de expresar sus ideas al margen de la música no lo hacen como antaño. Desde luego el factor de que la vertiente metálica haya derivado hacia temáticas fantásticas no favorece en absoluto la comunicación entre los músicos y los fans, pues no les une más que su pasión por unos mundos ficticios pero no un ideario moral o ético, por lo que cualquier mente conservadora puede disfrutar de buena parte de la música facturada por las nuevas bandas de heavy metal (célebre es la reproducción de letras de Tierra Santa o Avalanch en websites de temática neonazi como ejemplo de los "valores patrios").

Sin embargo en lo que respecta a bandas de rock estatal, la cosa no le va a la zaga. Sí, existe una temática letrística más comprometida, pero la serie de tópicos que manifiestan en entrevistas, huyendo del compromiso, de decir su propia opinión sin temer a las consecuencias, cumpliendo sólo con lo que el público espera escuchar de ellos, ha hecho perder la sorpresa, la confianza, la admiración. Y lo mismo sucede con las bandas de rock n' roll. Nunca hemos escuchado a Nicke Royale de The Hellacopters -por citar un ejemplo al que profesamos la mayor admiración- decir una palabra por encima de la otra. El romanticismo se perdió.

Ejemplos contrarios siempre hay. Ahora mismo en nuestro país podemos ver a Marea como una de las bandas que se expresan con mayor libertad, saliéndose -aunque ligeramente- de los marcos establecidos por las bandas del estilo; o a unos Backyard Babies a los que es difícil controlar delante de una grabadora; pero son los menos. Algo ha cambiado en el mundo del Rock para que ya no sea como antaño y muy posiblemente se deba a este factor. Algunos no lo han vivido nunca y otros estamos a punto de olvidar que el rock no sólo hablaba en las pistas de un CD o en los surcos de un vinilo. El rock era más, era poder identificarte en las palabras o en los actos de una persona que podía ser como tú pero que había obtenido la celebridad a partir de la música, y la empleaba para decir públicamente lo mismo que tú pensabas. Ahora, eso no está bien visto, ya no existen las estrellas del rock, porque las que lo son no deben comportarse como tal. Eso es al parecer lo que marcan los nuevos tiempos y muchos pensarán que es mejor así. Nosotros no.

 

LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE

Si esto fuera un espacio dedicado a la crítica tendríamos que decir que Manowar realizaron ayer un buen concierto; que con un montaje de luces espectacular y un sonido excepcional los norteamericanos actuaron en Valencia (ahí es donde hemos podido verlos dentro de su gira española) y convencieron al millar de seguidores que se acercó a verlos a la sala Repvblicca de que son los "Reyes del Metal" -como se autodenominan- con un concierto de 90 minutos en el que desgranaron con precisión y contundencia buena parte de sus clásicos entre el delirio colectivo de un público entregado. Así es, eso deberíamos decir si esto fuera una crítica; pero no lo es.

Esto es una sección de opinión y Manowar vuelven a ser sus tangenciales protagonistas después de que protagonizaran el pasado verano un Editorial titulado El Gran Timo Del Rock N' Roll. Y fue quizás por aquel texto por lo que algún amigo nuestro, devoto de los Kings Of Metal nos buscó por la sala para echarnos en cara nuestra falta de fe. Allí estábamos, con ellos y muchos más, disfrutando (aquí no nos avergonzamos por ello pues nunca hemos dicho que no lo hiciéramos) de los viejos y no tan viejos clásicos de Manowar. Pero eso no nos condujo ni mucho menos al entusiasmo, porque la cosa no fue para tanto.

Y es que detrás de ese espectacular show se esconde de nuevo lo peor del rock n' roll. Para empezar, aquí el que más y el que menos ha disfrutado de conciertos de más de dos horas, y el que los neoyorquinos desplegaron fue de hora y media; pero claro, acostumbrados durante años a verlos en shows cortos plagados de sandeces y poca música, algunos creían presenciar ayer una aparición milagrosa, una especie de resurrección. Pero en absoluto fue así, Manowar han tenido que hacer dos últimas giras flojas por la península y un concierto lamentable este verano para hacer el mínimo que se exige a una banda: tocar. Y eso hicieron, no más; apelando además durante su show a aquellos que les creyeron cuando en medio de su bochornoso concierto del festival de Lorca anunciaron que su próxima gira sería espectacular. Vamos a ver, ¿tenemos que admirarles por ello? ¿Qué pasa con toda la gente que ha pagado sus entradas durante los últimos años esperando ver un concierto y que poco a poco ha ido dejando de creer en la banda? ¿Son unos falsos como los llamarían Manowar? No, aquí los únicos estafadores son Manowar, que ayer (sin demasiados esfuerzos, no nos engañemos) hicieron lo que se espera de una banda con nueve álbumes de estudio comprados religiosamente por sus seguidores, y que, a buen seguro, volverán a dormirse en los laureles con la fama recuperada hasta que de nuevo vean peligrar sus ingresos por tanta tontería.

Nosotros, desde luego, no pondríamos la mano en el fuego por ellos. Pero que nadie se equivoque, esto no es una fijación; tampoco la pondríamos por músicos punks declarados -cuyos nombres no vamos a citar- que luego no abandonan sus trabajos paralelos ni siquiera el día de huelga general; ni tampoco por discográficas que argumentan que parte de lo que cuesta un CD está destinado a su promoción cuando nuestros discos no reciben publicidad alguna y no por ello valen más baratos. Y es que una cosa es disfrutar de un concierto, seguir a un artista o coleccionar música, y otra bien distinta es no llamar a las cosas por su nombre.

 

PALABRAS HUECAS

Un Editorial es una columna de opinión que, aunque suele acabar escribiéndola una sola persona, acostumbra a englobar el parecer de todo el equipo de la publicación en la que aparece. Sin embargo, en esta ocasión no será así, y no porque mis compeñeros no compartan mi opinión -algo que yo, Juan Enrique Tur, desconozco -, sino que para ser explicada requiere mi experiencia personal. Y viene a cuento por la noticia que aparecía en Manerasdevivir.com, el portal dedicado al rock estatal que cientos de veces os hemos recomendado desde aquí por su dedicación y gusto a la hora de transmitir lo que sucede en el mundo del rock hecho aquí.

La noticia decía así: "Un día como hoy del 2001 aparecía en el Evasión (suplemento de El Correo Español del Pueblo Vasco) una entrevista a Mojinos Escozíos (la hemos visto hoy). El personaje que la realiza se llama Josu Olarte y abre el asunto con esto: '[...]Historietas en clave de jevilón rock calimochero con letras como la lija y un humor grueso y cazurro que se solaza en la escatología y el sexo bruto. Todo muy al gusto de la España menos sutil, que se ríe con El Jueves, Los Morancos y Torrente o que disfruta, litrona en mano, en el Viña Rock [...]'". Los comentarios acerca del periodista en cuestión sobran por evidentes. Y es que no hace falta que te gusten Mojinos Escozíos (a mi personalmente me desagradan), ni ser heavy, ni asistir al Viña Rock, ni disfrutar semanalmente de El Jueves, para mostrar tu repulsa hacia un texto tan despectivo como desconocedor de las realidades de las que habla.

No obstante esto no parece patrimonio exclusivo del tal Olarte. Sin ir muy lejos un servidor, antes de trabajar en Rock Trip, hizo muchas cosas, entre ellas escribir en un diario de gran tirada de la ciudad de Valencia. Entre las anécdotas que recuerdo de mi estancia allí me viene a la memoria la de un redactor de cuyo nombre no quiero acordarme que, dedicado a la crítica de "Pop/Rock" (qué gran definición), pedía a toda prisa por la redacción un recopilatorio de Van Morrison, al que no había escuchado en su vida. Tres días después de hacerse con él escribía en la crítica de su concierto frases del estilo de "Van Morrison nos hizo por momentos recordar los tiempos de tal o cuál disco" en lugar de confesarse con el lector y expresar lo que el músico verdaderamente realizó. Menos alejada en el tiempo se centra la anécdota de su otro compinche en el asunto musical para el mismo tabloide que, en una sección de entrevistas titulada Vis a Vis, fingía una entrevista con Backyard Babies. Evidentemente el tipo se las daba de haber hablado con Dregen, su guitarrista, y como tal cobraría a fin de mes, aunque lamentablemente, al copiar las respuestas de internet o cualquier otro lado, no se dio cuenta de que el artículo tenía al menos cinco años de antigüedad y que las respuestas que otorgaba al músico nada tenían que ver con la realidad actual de la banda.

Para ellos lo importante es la palabrería barata, ir de listos y encontrar la complicidad de otros ignorantes que también se las dan de sabios, mientras que para el periódico lo fundamental parece ser llenar las páginas. Lo que a un amante de la música -y aquí me refiero a la música en general- le molesta es que ésta reciba ese trato. Si para escribir de cine los periódicos y revistas se cuidan de no colocar a cualquier pintamonas sin más referencia que ser hijo de fulanito o de menganita (y digo cine por no hablar de la sección "Nacional"), porqué para hablar de música vale cualquier indocumentado. ¿Es eso lo que la mayoría de los medios desean para una parte tan importante de la realidad cultural? Yo siempre lo dije, "quiero ser periodista para que no haya otro de los que hay". Por suerte hay gente con ilusión y pasión como los artífices de Manerasdevivir, o periodistas que se la juegan infiltrando de tapado músicas que se salen del dictado del pensamiento único en sus programas de radio de cobertura nacional, e incluso raros casos (pero que muy raros) de periodistas que saben de lo que hablan y se sinceran con su público, sin estridencias, con respeto.

 

DIOS SALVE A LA RED

Ya hemos hablado de pirateo en anteriores ocasiones y nuestro punto de vista lo conocéis. El rock no sufre por el pirateo, es más, quizás disfruta gracias a las nuevas tecnologías de una segunda juventud. Evidentemente algunos de los responsables de la industria y de pequeñas independientes no coincidirán del todo con la anterior afirmación y tendrán razón. Ésta sería del todo cierta si los rockeros fueran responsables y se dieran cuanta de que las que más sufren son las compañías independientes, porque el comprador, si baraja entre dos opciones de compra, apuesta muchas veces empujado por la inconsciencia por el artista de más renombre que, regularmente, pertenece a una gran compañía.

No obstante es innegable que la red ha puesto la música al alcance de todos y que aquí no existen monopolios que valgan, pues el sistema es lo más democrático que existe hasta la fecha. Nadie podrá dictarte tus gustos porque podrás acceder a tu propia opción e incluso, como intentamos hacer nosotros, apoyarla libre y abiertamente. De ese modo, mientras la gran mentira pierde (quién va a pagar 15 euros por un disco del que sólo le gusta un tema, sabiendo además que éste estará pasado de moda en apenas unas semanas) la verdadera música como cultura, sea del género que sea, gana.

Prueba de ello es la reaparición en las tiendas de discos de álbumes que habían desaparecido literalmente del mapa y que son ahora redescubiertos por nuevas generaciones mediante el poderoso arma de Internet. Evidentemente, muchos de los que bajan estos mp3 no acudirán a las tiendas, pero muchos otros no podremos resistir la oportunidad de rastrearlas en busca del único trabajo de McQueen Street o el debut de Sleeze Beez que descubrimos a partir de una página web y bajamos en uno de los numerosos programas P2P.

Pero no es sólo eso. Las páginas y sus foros aglutinan a seguidores que se conocen y comparten sus gustos y discusiones y los programas P2P te permiten disfrutar de videos descatalogados desde tiempo atrás, de actuaciones televisivas míticas sólo accesibles a través de un pirateo que sí lucraba económicamente al pirata. Así ves por primera vez en directo a Cinderella o consigues aquel video que marcó tu juventud cuando Headbangers Ball era la referencia del metal televisivo en la MTV.

Todo eso no tiene precio y seguiremos dejando el ordenador encendido noche y día para conseguir los preciados videos, quedaremos y discutiremos a través de los foros, o es más, chequearemos los álbumes, eso sí, antes de ir a comprarlos. Incluso, desde la más pura legalidad, cualquiera podrá bajarse temas desde secciones legales de descarga como la que nosotros abrimos la pasada semana. Mientras, el hijo del Fary seguirá denunciando la piratería, creyendo absurdamente que su álbum, sin ella, habría vendido más de un puñado de copias.

 

UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA

Escribir sobre música sin restringirse necesariamente a ella es difícil. Por eso este espacio del Editorial permanece a veces transmitiendo el mismo texto durante semanas. Sin embargo, en ocasiones, una pequeña anécdota revuelve nuestra ya de por sí agitada cabeza y hace que las palabras fluyan rápidas -y por ello muchas veces trastabilladas- con la intención de transmitir una idea o un conjunto de ellas. La última ha sucedido esta misma tarde.

Escuchábamos
La Ventana (el espacio radiofónico vespertino de la cadena Ser presentado y dirigido por Gemma Nierga) que, salvando el manifiesto servilismo de la gran empresa a la que pertenece, supone un pequeño oasis cultural en el monótono paisaje mediático estatal. En esas estábamos cuando de repente irrumpen Estopa en el programa. No habrá que señalar que los catalanes no son santos de nuestra devoción pero, para que negarlo, merced a algunas referencias en sus letras y otras tantas declaraciones discordantes al pensamiento único vertidas por sus dos componentes, han conseguido en ocasiones hacernos sonreír y ganarse un poco nuestra simpatía. No obstante no hacía mucha falta ser fanático de la banda para pegar la oreja a la radio, porque no llevaban dos minutos en antena cuando ya estaban arremetiendo contra todo y contra todos.

Desde Escrivá de Balaguer a Operación Triunfo todos pasaron por la piedra en menos de diez minutos. Llegó un momento en que, atacando al bodrio musical perpetrado en Televisión Española y a sus participantes, las piedras que lanzaban caían en su propio tejado. No son unos lumbreras, y ellos son los primeros conscientes de ello, y parece ser precisamente eso lo que hacía que les diera igual atacar indirectamente a parte de su público llamándolos borregos (como denominaban a los seguidores de Operación Triunfo) o hablar medio en serio medio en broma de su afición a las drogas blandas. En un momento armaron una gorda y no se cortaban a la hora de decir que, si bien el rollo blandengue de Operación Triunfo, no era un invento del Gobierno, sí le venía a éste de puta madre tanto soserío. Evidentemente Aznar no llevaría a su hija y a su yerno a un concierto de estos tipos.

La lastima es que muchos de sus seguidores no las pillen al vuelo, no lleguen más allá. Estopa no son rockeros, pero lo de esta tarde nos gustaría vérselo hacer a alguno de los nuestros. Evidentemente no tenemos a nadie en este momento (Rosendo quizá sea la excepción) al que le dejen ponerse delante de un micro en la Ser o en similares. Mientras, la legendaria rojeras Ana Belén pone su cara para vender el destrozado y vergonzoso Madrid de Álvarez del Manzano, porque, ya se sabe, el color de la camisa se lava con dinero. Y también llaman cantautor a Álex Ubago, cuando ese término estaba reservado antaño a los que componían las letras que cantaban pero al mismo tiempo manifestaban unas ideas de progreso o cambio, no sensiblerías vacuas como las de éste. Nosotros miramos desde un lado. Pero, aunque parezca que no, la cosa también va con nosotros.

 

UN CURSO MÁS

Empieza una nueva temporada para Rock Trip. Apenas llevamos seis meses funcionando y ya hemos superado un lento y árido verano para enfrentarnos de nuevo al desenfreno del ritmo habitual. Con la sensación del estudiante que, después de años de empollar, retoma una carrera universitaria a la que parece no ver el final, nosotros empezamos nuestro particular curso.

Como el que se encuentra con el profesor que le tiene manía, nosotros tendremos que bregar con aquellos que nos entorpecen a la hora de haceros llegar la información, eso sí, siempre sin hacerles la pelota. Tropezaremos en este mundo del rock con aquellos que viven de él y no por él como el estudiante que tiene que sortear una asignatura que no tiene sentido, y deberemos ponernos las pilas para estar al tanto de todo lo que sucede, de cada cambio, para que no nos quede ninguna asignatura pendiente.

No obstante también volveremos a reencontranos con todos los amigos que hicimos el curso pasado (la gente de Maneras de Vivir, En Los Límites De La Realidad, Rock Estatal y muchos medios y grupos más que harían la lista imposible de citar) y con la esperanza de conocer a mucha gente más en un aula que cada día se hace más grande. Igualmente, aunque la cosa se ponga por momentos difícil, seguiremos luchando con la fe de saber que estamos estudiando la carrera correcta.

Por eso seguiremos aquí. Por todos vosotros a los que os hemos ido encontrando por unos pasillos en los que nos habéis transmitido ánimos, y por todos los que todavía encontraremos, seguiremos aquí. Si os apetece nos encontramos en el bar y hablamos de música un rato. Hasta ahora.

 

FENÓMENOS EXTRAÑOS

En Valencia -donde se realiza este website- suceden fenómenos extraños y uno no sabe bien si en el resto de España o Sudamérica ocurre lo mismo. Un ejemplo de estos sucesos que resume perfectamente al resto está teniendo curso en este mismo momento. Todo empezó la pasada semana cuando se celebró en Alaquás la octava edición del FRA, un festival gratuito que responde al nombre de Festival de Rock de Alaquás aunque más de la mitad de grupos que integran su cartel nada tengan que ver con el rock. Pero bueno, a caballo regalado... Así que hacia allí nos dirigimos para presenciar las actuaciones de la Jon Spencer Blues Explotion y The (International) Noise Conspiracy. Para la ocasión casi diez mil personas se reunieron en el recinto del parque La Sequieta donde el evento tenía lugar.

Y sucedió lo que esperábamos. Valencia, una ciudad en la que no se celebra un concierto de rock que congregue a más de dos millares de espectadores desde hace un lustro, lleva al festival a casi diez mil personas. Allí, entre todas ellas, podías distinguir sin problemas a cientos de individuos que has ido conociendo durante años vagando por los bares de tu ciudad. Allí se mostraban devotos entusiastas de ambas formaciones y lucían su cuidada imagen de nuevo rockero mientras mostraban una irónica cara de asombro por coincidir en el concierto contigo. Aunque la cara asombrada debería ser la tuya al ver como, tras asistir únicamente tres centenares de personas a ver apenas cuatro meses antes a la Rollins Band o otros tantos a ver a Gluecifer un año atrás, ahora eran casi diez mil los que acudían a la llamada de grupos similares. Efectivamente, de todos ellos podríamos eliminar a la mitad que estaban exclusivamente por la fiesta, pero la masa compuesta por nuestros "amigos" constituía la otra mitad. A ellos les habías escuchado a lo largo de los años criticar la "mediocridad" de la música que escuchas y allí estaban ahora, más papistas que el Papa, en un concierto de rock. Eso sí, "estos grupos no son como los que tu oyes" argumentan con la misma facilidad que afirman que no asistieron a ver a la Rollins Band "porque era un domingo" o a Gluecifer "porque era caro".

Lo cierto es que ellos no han escuchado la música que tú escuchas, ni tan siquiera a los grupos que han ido a ver esa noche, pero a estos sí que los respetan porque han leído que son buenos en cualquier revista barata (o gratuita, como el concierto). Están allí para desfilar, para mostrar su entereza como rockeros de pura cepa e intercambiar palmaditas en la espalda con otros de su especie. Conclusiones forzadas diría alguno de los lectores que se irritaron por nuestros últimos Editoriales. Lo cierto es que un fin de semana después, Diamond Dogs tocaban en Alicante y allí nos dirigimos de nuevo. Esta vez el concierto no era gratuito pero casi (entre la entrada y el viaje nos gastaríamos 24€), pero ninguno de ellos viajó hasta la capital del Benacantil a ver a los suecos. No obstante, aunque ellos no estuvieran, poco cambiaron las cosas. En Alicante, quizás afectados por el mismo fenómeno, sólo dos centenares de personas pagaron los seis euros de la entrada al show. Mucha imagen se veía entre la escasa concurrencia pero cuando las notas empezaron a sonar a penas dos decenas conocíamos los temas. Lo gracioso es que, cuando los Diamond arremetieron con una desconocida versión -al menos nosotros la desconocíamos- anunciada desde el escenario por Stevie Classon la audiencia se alborotó. Y la gracia no reside en que la gente bailara el tema, sino en el hecho de que cuando la banda regresó en los bises para tocar Dead Flowers y Route 66 de los Rolling Stones -aunque esta vez no las presentaran porque los Rolling no necesitan presentación- fuéramos de nuevo los mismos veinte de antes las que las corearan.

Uno no sabe ya qué hacer, si darles las gracias por ir a figurar a un concierto permitiéndonos a los que somos sus verdaderos seguidores poder a su vez presenciar la visita de unas bandas que por desgracia todavía no tiene una gran audiencia, o darles un capón por ser tan lamentablemente falsos y cretinos (bailar o cantar algo que desconoces para ir de listo es la imbecilidad más grande del mundo). ¿A quién quieren engañar? Realmente a nosotros no, aunque quizá su conciencia sea tan limitada como para no darse cuenta y viven tranquilos en su mentira. Quizá somos nosotros los que, como dice la canción de Backyard Babies resumiendo bastante bien el tema "somos demasiado duros para hacer amigos". Lo cierto es que la semana que viene, cuando los mismos Backyard Babies visiten Valencia y el concierto no sea gratuito, uno cree que serán de nuevo unos pocos centenares los que se acercarán al show. Decíamos al principio que estos eran fenómenos extraños, pero lo cierto es que tienen una explicación bastante sencilla. ¿Sucede lo mismo en vuestra ciudad?

 

UNA ETERNA POLÉMICA ZANJADA

Hace más o menos 35 años se produjo lo que los historiadores han venido a denominar la revolución hippie. En aquel movimiento el rock jugó un importante papel como aglutinador de ideas y de masas y, para los que sacaron provecho del golpe de efecto de aquella "revolución", ese factor no fue pasado por alto. Una pequeña parte de todos aquellos jóvenes, sobre todo en los EEUU, accedió entonces a las grandes empresas y a partir de ahí fue subiendo en la escala de poder. Bill Clinton, no lo olvidemos, fumaba porros sin tragarse el humo y, si hiciera falta, hasta el mismísimo José María Aznar afirmaría que él corrió delante de los grises.

Dejando esto último de lado y volviendo a aquella época, los pocos privilegiados que se despojaron de sus prendas multicolores para abrazarse a sus nuevos empleos lo dijeron por primera vez: "el rock ha muerto". Fue entonces cuando la frase sonó por primera vez. No eran tontos los chicos, la música había hecho que muchos otros lucharan por ellos y una vez que habían accedido al poder contra el que supuestamente combatían, lo mejor era deshacerse de ella. Así se las apañaron desde entonces para que se hablara de sus dorada revolución y del rock como algo que nunca volvería a producirse del mismo modo. Es más cuando se habló de rock, siempre con su permiso desde aquel momento, nunca fue del rock como se entendía antes de su llegada al poder, sino de cualquier cosa que no afectara su actual estatus y el de los suyos, ya fuera un Bob Dylan descafeinado desde 1970 o unos U2 más mediáticos que efectivos. Para todos aquellos que siguieron haciendo rock persiguiendo un nuevo cambio se inventaron otras palabras, subgéneros que para nada servían antes ni deberían servir después pues el rock siempre había sido un todo. Así se habló de "heavy metal", de "glam", de "punk", de "hip hop", de "hardcore"... Cualquier denominación era buena excepto la que le correspondía a esa música, un "rock" que se había convertido ya en una palabra de prestigio.

Viene esto a cuento por el pequeño revuelo que ha causado nuestro anterior Editorial (consultar abajo en "anteriores") y la vuelta de la eterna discusión sobre lo que es el rock. Que quede claro que desde aquí no afirmamos que el que no escucha rock es un niño de papá ni que por el mero hecho de escucharlo se puede dejar de ser un cretino. El rock no es un título que otorgue al que lo disfrute ningún privilegio. Eso sí, a uno le puede gustar comer hamburguesas en Mc Donalds y no por ello ha de decir que se trate de un restaurante de cinco tenedores. Del mismo modo a uno le pueden gustar Björk o Muse, pero eso no supone que sean rock. Nosotros conocemos a un gran número de personas encantadoras que disfrutan de esa música sin complejos -no tienen por qué tenerlos- y nunca les hemos escuchado decir que lo que escuchan es rock. Sin embargo, sigue habiendo gente dispuesta a perpetuar la discusión. "Integrados" que (temerosos quizá de serlo, de haber bebido demasiado de los medios del sistema e investigado muy poco por su cuenta) siguen haciéndole el juego al sistema, utilizando sus nombres, sus géneros, denominaciones, para los demás, mientras se guardan de que el rock cobije sus gustos tutelados desde arriba.

Son esos, los que dicen ser abiertos, tolerantes, al mismo tiempo que dicen que "Supergrass tocan rock pero Iron Maiden hacen heavy", los que perpetúan la polémica. Y son por lo general más fáciles de ver, pues buscan la confrontación allá donde no la hay con tal de reafirmar algo que ni ellos acaban de creer. Desde aquí una vez más, nuestro respeto a todos los músicos sea cual sea el género que practiquen, ya que se tratará de cultura al fin y al cabo. Eso sí, que nadie se engañe, mientras Rock Trip sea un website de rock (sólo dejará de serlo cuando deje de existir) sólo de él se escribirá aquí. El resto de grupos y artistas ya tendrán su cabida en la televisión, la radio o dónde sea, y allí, que Joaquín Lucky les llame como quiera.

 

SOMOS MENOS

Parece que siempre le estemos dando vueltas al mismo tema y seguro que a algunos les parecerá incluso que le damos más importancia de la que tiene. No obstante el martilleo constante de la misma idea bien merece nuestra respuesta, por pequeña que sea, ya que si renunciamos a la réplica la mentira acabará convirtiéndose en verdad.

Decía Màxim Huerta, el presentador que ha buscado Telecinco para presentar entre semana sus informativos veraniegos -quede aquí manifestada nuestra sorpresa ante la elección de este maniquí por la cadena privada cuando se trata del más impersonal imitador del ruín Ernesto Sáenz de Buruaga, líder del conservador canal de la competencia-, que el Festival Internacional de Benicàssim reunió este año a "35.000 personas, convirtiéndose en el festival que más público congregaba en el Estado". Su afirmación, a todas luces falsa como todos sabéis, se revistió del disfraz de la verdad que proporciona la caja tonta y se confirmó en los diferentes medios (radios, periódicos, etc.) que, como cada año, cubrieron el evento con gran despliegue.

Ese es un ejemplo más de la imagen que se quiere dar de los jóvenes de este país. Da igual que su perfil no coincida con el de ni siquiera la mitad de las personas comprendidas entre los 16 y los 35 años, ellos tienen el beneplácito del sistema y de sus medios, y con ellos, de la sociedad en general. Nosotros, aunque las cifras digan lo contrario, somos menos. Somos menos los que no nos gastamos 120 euros en unos pantalones; los que decimos las cosas como las sentimos en lugar de disfrazarnos de lo que no somos; los que trabajamos si es necesario antes que poner la mano para que nos la llenen nuestros padres; los que vamos a cines, teatros, museos o conciertos por el hecho de que nos gustan y no para que se vea que estamos allí.

Nosotros, los menos, vamos a festivales o a conciertos para cantar las canciones que sentimos, que hablan de nosotros, no vamos a comprar ropa, ni a ponernos piercings o tatuajes, algo que hacemos cuando nos viene en gana; nosotros compramos discos que nos acompañarán eternamente y llenamos cada concierto que viene a nuestra ciudad; y no necesitamos que nadie ponga la palabra "cultura" delante de la música que nos gusta porque sabemos que en el rock hay un peso que nadie nos puede quitar. Nosotros, no obstante, somos los que protagonizamos las imágenes de la noticias del botellón; los que tenemos unas abuelas que creen que tomamos éxtasis aunque por lo que nos gusta seamos precisamente los que menos lo consumamos, los que son calificados en los medios al mismo nivel que los nazis, todo en una clara campaña de desprestigio.

Dicen que somos los menos, y aunque no fuera así, no nos ven con miedo. Porque creen que son su hijos, aquellos a los que les dan 900 euros para que pasen un fin de semana en Benicàssim, los que ocuparán el poder que ahora ellos ostentan. Nosotros no acabamos de creerlo así, pero por ahora ellos tienen la palabra y se la creen. La respuesta sigue estando en nuestra mano.

 

DE INTEGRISMO, TÓPICOS Y OTRAS LACRAS DEL ROCK

Con la resaca habitual que resta en tu cuerpo tras haber sacado de él más de lo que podías durante dos intensos días, uno se sienta delante del ordenador para tratar de hilvanar las ideas que rondaron a trompicones por su mente durante las 48 horas del pasado festival Rock Machina. Sin embargo estas no tienen que ver con lo musical del evento, con lo tácitamente ofrecido por el festival, para eso ya habrá espacio en un posterior reportaje. Las ideas que se cruzan por nuestra cabeza tienen más bien que ver con lo que el ambiente nos transmitió.

Una sonrisa se esboza en nuestro rostro cuando recordamos los cientos de anécdotas vividas en el festival y en sus prolegómenos o las caras de los amigos reencontrados después de meses de ausencia. Realmente lo hemos pasado muy bien un año más en Moncofa. El festival ha consolidado lo ofrecido en su pasada edición y en lo musical, incluso podríamos decir que se ha mejorado. Sin embargo, buena parte de lo vivido no te invita precisamente al optimismo en lo que al rock se refiere. Para empezar, la asistencia, de alrededor de diez mil personas aseguró la continuidad del festival, aunque la presencia de artistas como Angra, Savatage, Suicidal Tendecies o Bruce Dickinson no sirvieron para incrementarla.

Algo extraño sucede. ¿De quién es la culpa de que el público que acude con asiduidad a ver a Biohazard o Soulfly en Valencia no acudiera a ver a Suicidal Tendencies (una banda que las rebasa sobradamente en calidad) en el Rock Machina? ¿Cómo un evento al que acuden músicos de la talla de Bruce Dickinson, Duff McKagan con sus Loaded o Savatage no recibe el mismo tratamiento en los medios que otros festivales? Ambas preguntas tendrían fácil respuesta: por un lado, buena parte la gente que acude a ver a Biohazard o Soulfly lo hacen por formar parte de una moda, sin saber en la mayoría de los casos que estos músicos son deudores de la música de Suicidal Tendencies, conocidos sobradamente por la gente del rock y cuyo trabajo con toda seguridad nunca será igualado por el resto; por otro, la respuesta sería similar a su predecesora, los medios de comunicación no reaccionan a lo que no les venga ya digerido y es menos llamativo un festival contracultural al que acuden diez mil personas que otro lleno a reventar por pintamonas que guiarán el futuro de nuestro país.

No obstante echar las culpas a los demás es muy fácil y aunque ambas respuestas escondan una parte de verdad, el problema de la actual situación del rock no reside siempre en los demás. Así, haciendo un poco de autocrítica y basándose en las mismas preguntas bien podríamos llegar a otra conclusión. Para empezar no se reconocerá la calidad de Bruce Dickinson o Duff McKagan -gente que individualmente ha aportado y conseguido en la música más que todo el cartel del Festival Internacional de Benicàssim junto (sí, con The Cure, Belle & Sebastián, Radiohead y los 176 grupos restantes incluídos)- mientras estos compartan cartel con Sodom y la gente que acuda al festival meta a unos y otros en el mismo saco. La autocrítica es necesaria y si el público aplaude la comparecencia de unos mediocres Sodom sólo por el hecho de llevar el pelo largo -aunque su música y su concierto sean mediocres- no debe extrañarse de que luego no presten al rock ninguna atención o el mínimo respeto. Lo mismo sucede cuando uno lee complacido en el libreto del festival frases del tipo "al loro con" o "son flipantes" en lo que, más que un lenguaje especializado, parece una falta de confianza en el nivel intelectual del lector.

Demasiadas preguntas y respuestas para dos días de fiesta. Nosotros lo pasamos realmente bien en el Rock Machina. Sí, todavía es un festival de serie B, pero un futuro con varios escenarios a los que se unirían el incremento sustancial de los atractivos que ya vamos percibiendo cada año podrán llevarlo sin duda a la primera fila. Sin embargo, bajo toda esa diversión sigue quedando en nosotros ese poso. Hay gente, rockeros, a los que les gusta que el rock sea un gueto, sentirse especiales por el hecho de escucharlo y que nadie les entienda. Nosotros creemos en su mensaje -evidentemente, si se trata de buena música- y creemos que todo cambiaría si nosotros mismos miráramos para adentro y, quitándole de encima los tópicos marginales y los integrismos, simplemente apoyando lo bueno viniera de donde viniera y apartando lo malo por muy bien disfrazado que se nos vendiera, consiguiéramos darlo a conocer a los demás. Quizás así cambiasen las cosas.

 

EL GRAN TIMO DEL ROCK N' ROLL

Corrían las cinco y media de la tarde y un tercio de los aproximadamente 15.000 asistentes a la quinta edición del Lorca Rock todavía permanecía fuera del antiguo cuartel de la Guardia Civil de la localidad murciana. Intentaban acceder al paradójico recinto (para un concierto de rock) mientras una Doro entonaba un All We Are que sonaba en esta ocasión gracioso, pues buena parte de su público -la que se encontraba en la calle- no podía decir que su letra fuera completamente cierta en ese preciso instante. Fue ese el único pero a poner a la organización de un evento que crece de una manera espectacular. Bebida barata, un buen cartel y buena gente, para disfrutar de una noche de verano que se antojaba impresionante.

Con unos Mägo de Oz a punto de irrumpir en escena accedemos por fin al recinto y nos damos cuenta de la que hay montada. Desde luego habrá que cambiar de ubicación, allí no cabe ya ni un alfiler y el espacio no está acondicionado para albergar a tal gentío. Y sin tiempo a ubicarte los madrileños empiezan el asalto. Saben que tocan ante la parte más exigente de sus aficionados y plagan su set list de sus piezas más contundentes. Y, aunque buena parte de los seguidores que les auparon a su actual posición les dan ahora la espalda, salvan la papeleta con creces. No era ése su día pero habían aguantado el chaparrón de salir a plena luz del día y siendo unos meros invitados a una fiesta que tenía otros anfitriones.

Tras un largo parón Kai Hansen y los suyos hacen acto de presencia en el inmenso escenario. Con ellos cambia la historia, aunque se hayan prodigado en los últimos años por las salas hispanas, nadie deja pasar la oportunidad de disfrutar una vez más de los temas del padrino del metal alemán. Desbordando simpatía y buen hacer Gamma Ray convencen a propios (la mayoría) y extraños y dejan el pabellón bien alto hasta su visita otoñal. No obstante tampoco eran ellos las estrellas del festival. Ahora era cuando llegaba el momento de la verdad.

Si tuviéramos que hacer una apreciación, dos terceras partes del respetable esperaban con impaciencia la salida de Manowar, mientras que Slayer habían llenado de sus fanáticos a un tercio del aforo. Pero eso poco parece importar e Tom Araya y los suyos. Ellos son unos profesionales y poco cambiaría su actitud si pasaran a ejercer de teloneros de Julio Iglesias. Sobrios, aplastantes, impresionantes, Slayer descargaron todo su armamento pesado, desde Mandatory Suicide hasta Angel Of Death, pasando por Chemical Warfare. Y no se largaron de allí a pesar de que algún cretino se atreviera a lanzar una botella que impactó en la cara de Araya o que sufrieran el maltrato de los técnicos de iluminación durante toda su actuación. ¿Alguien estaba interesado en joderles la actuación? Es posible que sí, pero desde luego no pudieron hacerlo.

Fue tras su salida cuando empezó el show. Una hora de tuvieron Manowar esperando a sus seguidores para terminar de ultimar todos los detalles de su actuación. Unos Manowar que se habían negado a dejarse fotografiar por esos mismos seguidores que se agolpaban a las puertas de su hotel y cuyos líderes se habían negado a ser entrevistados por la prensa (excepto, claro está, los de siempre). De ese modo, con todos los mismos del mundo, Manowar se presentaron por fin en escena.

Cinco años habían pasado desde que tuviste la última oportunidad de ver a Manowar en tu país. Tus recuerdos de aquel concierto no son positivos pero renuncias a fiarte de ellos, sin embargo al minuto y medio de actuación se agolpan de nuevo en tu mente. ¿Estos son los "Reyes del Metal"? En nuestra vida habíamos visto algo más patético subido a un escenario. Más preocupados de sonar alto que de sonar bien, Eric Adams y los suyos posaron más que los cientos de músicos que han criticado toda su vida en setenta minutos de actuación de los que las canciones apenas supusieron treinta y cinco. Canciones mal tocadas por un batería al que parece faltarle riego, un bajista que da más vueltas que una bailarina de ballet y un cantante gesticulante y con las facultades vocales más menguadas que nunca. Si a ello le sumas solos ridículos (para que Joey DeMaio sea el mejor bajista del mundo tendría que desaparecer buena parte de la población del globo), parlamentos patéticos y, lo peor de todo, un solo de castañuelas, no es de extrañar que la gente te señale por la calle riéndose al identificarte con semejante pandilla de tarados.

Qué queréis que os digamos, nosotros también hemos disfrutado de sus discos, pero hasta los mismísimos Beatles dejaron de tocar en directo el día que se dieron cuenta de lo mal que sonaban. A ellos les sobraba toda la honestidad que les falta a estos cuatro tipejos a los que imaginamos descojonarse en el camerino mientras cuatro gatos seguían aplaudiéndoles entre el gentío que abandonaba el recinto con un mal sabor de boca que el festival no merecía. The Bon Scott Band cerraron el evento pero pocos quedaban con ánimo de verles después del show de unos Manowar que, visto lo visto, dejan en ridículo el documental The Great Rock'n'Roll Swindle de los Pistols. Si hay un gran timo del rock n' roll, ese es Manowar. Sin duda.

 

UN SÁBADO CUALQUIERA

Ayer te acostaste tarde y buena parte de la bebida que disfrutaste mientras veías con tus amigos viejas cintas en el vídeo es ahora un eco no deseado aunque inevitable. En las cintas Barricada arrasaban (más que tocaban) con toda naturalidad ante cientos de miles de personas en el concierto homenaje a Tierno Galván que se retransmitía desde la televisión pública. Su viuda saludaba a los rockeros que su marido había sabido tratar con respeto desde su alcaldía, y no pasaba nada. Segundos después la cinta regresaba a Tocata con Obús como protagonistas, para dar paso después a unos Poison desparramando en el mismo espacio los temas de Look What The Cat Dragg In, el álbum que revolucionaba el mercado estadounidense ese mismo año; entonces llegábamos a Rockopop y regresaban de nuevo Barricada...

No sabes por qué, quizás por el calor, pero no aguantabas más en la cama y te has levantado relativamente pronto. Las 13:00 horas de un sábado ya con resaca. De la cama al sillón y, de nuevo con el mando en la mano, al televisor. Música Sí se llama ahora el programa musical del fin de semana, pero por mucho que estés delante de él no hay ningún vestigio de rock. Amaral, Bunbury, Juanes, Bisbal... pero ni rastro de Korn, Manowar, Hamlet o cualquiera de los álbumes de rock que ocupan tus días. Ni rastro de la realidad. Nada parecido a lo que viste anoche y viviste años atrás. Para más INRI, en un descanso del programa anuncian un programa, la gala de bienvenida al verano. ¿Los artistas? Cómo no, los mismos. Necesitas una dosis de realidad...

Por suerte la encuentras y después de media hora de entretenimiento inteligente acabas convencido de que Homer sería el mejor presidente para tu país. Más aún cuando, sin cambiar de canal, ves como la noticia que abre el informativo es la siguiente: "Chenoa recibe amenazas de radicales tras anunciarse que su actuación sustituirá la de un conjunto abertzale en las fiestas de Vitoria". Con gesto compungido Pedro Piqueras da la noticia, al tiempo que anuncia que el grupo abertzale es Su Ta Gar. Según sus palabras, todos los españoles deben mostrarse ofendidos por el hecho, aunque en la noticia ninguna fuente confirma que la cantante haya recibido tales amenazas, sólo que el concierto se ha suspendido. ¿Se supone que te tienes que molestar porque a tus colegas euskaldunes les priven en sus fiestas de ver al que posiblemente es el mejor grupo de metal del Estado para sustituirlo por una pedorra cantamañanas que por sí misma debería ver que aceptando ir allí está ofendiendo a un pueblo? Si aún te dijeran que Su Ta Gar han sido sustituidos por Oskorri para darle un aire más popular a la fiesta, como haciéndola para todos los públicos, sí que te sorprendería que la gente se molestara o pudiera increparlos, pero así, lo que te da la noticia es asco.

Cambias de canal, dormitas. De repente un sonido familiar te devuelve a la realidad. La televisión escupe un anuncio de Informe Semanal, el que fuera el mejor y más independiente programa de la televisión estatal, anunciando con Hombres G como música de fondo, el siguiente reportaje: "Esta semana un concierto en Madrid con Mikel Erentxun, Los Secretos, Enrique Urrutia y Hombres G rememoró la década dorada del pop español. Con su ayuda recordaremos aquellos maravillosos años". Eso ya es el colmo. La más clara muestra del retraso cultural de nuestro país en los ochenta recuperada para gloria del pensamiento único. Un pensamiento que quiere desligarse de sus ancestros fascistas pero que reivindica toda la mediocridad que anule cualquier avance progresista que se haya generado entre la elipsis comprendida entre la dictadura de sus padres y su actual gobierno, ya sea en la música o en cualquier otra faceta de nuestra realidad. No lo aguantas más, tras comer a desgana, intentas volver a dormir aunque te resultará difícil. Ha sido hoy, pero sucede lo mismo un sábado cualquiera...

 

EXAMENES FINALES

Con el Dime de Reincidentes cerrábamos nuestro último Editorial. Y todavía seguimos dándole vueltas al tema en la cabeza. Ni las frases de la canción, ni las que llenan estas páginas, son verdades absolutas, pero mucho de lo que dicen es cierto. Viene esto a cuento por las fechas en las que estamos y en cómo la canción, y sobre todo la frase "estudiar, pa que sirve", ha rondado nuestra cabeza cuando hemos visto durante estas últimas semanas a algún amigo destrozado por lo exámenes. La canción, cantada a grito pelado en decenas de conciertos o en la soledad de tu habitación, acudía a nuestra cabeza con la misma facilidad que nuestros recuerdos de estudiantes.

Para qué sirve. Pues efectivamente, no podemos decir que no sirva para nada. Gracias a los estudios amigos nuestros se convirtieron en profesores de escuela o esclavizados en un periódico; acabaron trabajando en lo que querían. Pero lo cierto es que por cada uno de ellos que está trabajando en aquello que estudió, conoces a diez que no lo hacen. Ingenieros trabajando en restaurantes de comida rápida, abogados doblando ropa en tiendas de moda, licenciados durmiendo en el Metro de Madrid... La frontera es mínima. ¿Para qué sirve estudiar? Si sólo pudiéramos dar una respuesta, ésta sería clara: para distraer la atención.

Nuestra sociedad, empeñada en el triunfo, se ha empecinado en menospreciar el trabajo, fomentando la competencia y vendiendo la imagen de que el estudiante universitario, cuando finalice su carrera, triunfará (véase trabajar poco y ganar mucho). Lamentablemente la realidad nos ha demostrado lo contrario y no sólo un titulado universitario de los miles que aparecen cada año en nuestro país acaba trabajando casi siempre en un empleo ajeno a sus estudios, sino que también, si acaba haciéndolo, en muchos otros casos su remuneración es inferior a la de un trabajador no cualificado (atención a la terminología: ¿"No cualificado" para qué?, estará cualificado para lo que trabaja, supongo). Pero como suele suceder con la realidad, muy pocos le prestan atención.

Así nuestros padres se empeñan en que estudiemos y hay plazas universitarias para todos. Y es que el fin es tener a la gente distraída. Mientras los jóvenes estudien no estarán en la cola del paro y además sus padres estarán satisfechos porque aquello que en sus tiempos no estaba al alcance de cualquiera ahora si lo está disfrutando su hijo. Mientras, las carreras no enseñan lo que el alumno necesitará saber cuando entre en el terreno profesional, y se llenan de asignaturas que no serán más que difíciles trámites para que la obtención del título no sea tan asequible en la misma proporción en que se alejan del modelo platónico de lo que debía ser la Universidad. Al mismo tiempo, una persona deja de adquirir un conocimiento práctico en un estudio de formación profesional desprestigiado por nuestra sociedad pero que, posiblemente, pudiera abrirle muchas más puertas.

Las caras de muchos amigos estudiantes durante estos días, reflejan el desánimo, el agotamiento. Las de muchos de los que estudiaron, y que antes mencionábamos alejados del trabajo con el que soñaron, sólo reflejan frustración. ¿Hasta cuándo durará esta mentira? Uno recuerda cómo una profesora universitaria dando una asignatura inútil (tan inútil como la docente que nunca había ejercido la profesión que enseñaba) le dijo una vez en su clase que allí se iba a aprender, que el que hubiera acudido allí únicamente para obtener el título que le permitiera trabajar debería avergonzarse. El resto de sus compañeros callaron y bajaron la cabeza...

 

MÚSICA PARA UNA HUELGA

Ya en 1982 Los Suaves lo decían claro en Sin Empleo. Su letra era dramática y sin embargo las cosas por aquél entonces, andaban mejor que ahora. Es cierto que en aquél año el número de desempleados era mayor que ahora aunque ligeramente -hay que recordar que desde el año de Naranjito hasta el 99 esta no bajó del 15,6%- pero por aquel entonces no existían mil trabas para formar parte de las listas de parados, con lo cuál la cifra real de estos en aquella época sería, con las normativas actuales, muy inferior a la presente.

Lo que sí ha cambiado desde entonces hasta ahora es el modo de tratar las cosas. Lo que antes Los Suaves reflejaban como un dramático diálogo empresario trabajador ("Del despacho baja el amo, dice: 'Hijos míos, no hay trabajo. No hay pedidos, tengo que cerrar, nada os oculto, me vienen a embargar mañana'") ahora ha mutado en una relación en la que el diálogo no existe y el equilibrio de balances macroeconómicos justifica lo injustificable (véase el cierre de la fábrica de Fontaneda en Aguilar de Campoó).

Pero eso no es lo único que ha cambiado. El 20 de junio de 1985 se realizaba la primera huelga general de la Democracia para protestar contra un recorte en las pensiones de jubilación y la delicada situación de la Seguridad Social, aunque serían las dos que le seguirían las que alcanzaran las más altas cotas de participación. El 14 de diciembre de 1988 los ciudadanos dejaban las calles vacías para protestar contra la Ley de Empleo Juvenil y el contrato basura y el 27 de enero de 1994 millones de ciudadanos salían a la calle para protestar por el abaratamiento del despido, la congelación salarial en la enseñanza pública y la congelación en la oferta pública de empleo. Evidentemente (y lamentablemente) el gobierno no dio un paso atrás en unas reformas que todavía sufrimos.

Entonces cambió el partido en el gobierno y con él cambiaron los métodos. Todas las promesas preelectorales cayeron -como era de esperar- en el saco del olvido y pasamos de estar mal gobernados por un partido político a estar mal gobernados por una agencia de marketing. Todas las medidas tomadas en años anteriores y que propiciaron la realización de huelgas generales siguieron en pie y sólo se realizó una reforma laboral para empeorar la situación del trabajador (presente o futuro) en detrimento del empresario. La huelga no se hizo esperar materializándose el pasado día 20 de este mismo mes.

Pero nuestro país esta ahora mucho más atontado. ¿Cómo se puede entender que si uno se manifiesta en años anteriores contra unas medidas, cuando estas se empeoran, no salga de nuevo a manifestarse y en mayor número? Los que hacemos Rock Trip, que no es más que un modesto medio musical, no podemos callarnos lo que hemos visto y escuchado durante las últimas semanas. ¿Cómo se puede equiparar el derecho a huelga con el derecho a trabajar como se ha pregonado desde los medios de comunicación (de derechas) de nuestro país? Eso sólo sería equiparable si el que se manifiesta un día de huelga general no perdiera su salario de esa jornada; en el caso que nos ocupa el único que pierde sus derechos es el manifestante, no el que va a trabajar. Y es más, entrando ya en el terreno ético ¿cómo un trabajador llano puede convencerse a sí mismo de que no acude a la huelga porque pierde ese salario de un día para alimentar a su familia? ¿No sería más lógico gastar ese salario de un día por el bien común en el que se incluye el de su familia por el resto de sus días?

Las tonterías que se han llegado a oír estos días previos y posteriores a la huelga han sido impresionantes (el tratamiento informativo sesgado dado por Antena 3, RTVE, Onda Cero, El Mundo, ABC y La Razón -más si cabe cuando ellos mismo apoyaron huelgas generales anteriores- no tiene nombre) y sólo son posibles en una país como el nuestro en el que la política se toma como un partido de fútbol: 'yo soy de este equipo y -aunque juegue fatal- somos los mejores'. Así de idiotizada camina España, más pendiente de once tipos pegando patadas a un balón que de su realidad social que, al igual que su equipo de fútbol, sigue siendo mediocre y se derrumbará tarde o temprano.

Desde Rock Trip nuestro aplauso a todos los ciudadanos que se solidarizaron con su pueblo el pasado 20 J (y el 19 en el caso de los periodistas que, sobre todo en los medios antes mencionados, se atrevieron a plantar cara a sus conservadores jefes) manifestándose a lo largo y ancho del país. Nuestra determinación no será tan drástica como la del parado de Sin Empleo ("La madre calla, abre el gas, ojos secos, se sienta a su lado. Es el fin, todo ha acabado. Os miráis con espanto. La máquina callada, los puños apretados, pensando... pensando"). Si a lo que pasa nuestro alrededor hubiera que ponerle música y letra quizás la del Dime de Reincidentes sería la más apropiada: "Estudiar pa que sirve, trabajar es imposible, protestar es de otro tiempo que pasó. Eres victima de un suicidio, del silencio colectivo, el luchar es otra idea que fracasó. Tanta pasividad..."

 

SHOW BUSINESS

Que nadie lo dude, la música es un negocio. Lo es para las discográficas, para los músicos y para todos aquellos que les rodean, y el rock no queda al margen. A pocos o ningún músico conoceréis que no reciba -o al menos desee hacerlo- lo mismo que invierte en hacer su música, y aunque sean menos los que lo confiesen, el sueño de todos ellos es un reconocimiento musical indisolublemente unido al éxito económico. No supone para nosotros eso ningún problema. Ellos llenan de música nuestras vidas y en muchas ocasiones nos hacen partícipes de sus sueños, de la ilusión de participar, en el caso del rock, de la lucha por una causa común.

Viene esto a cuento por varios motivos: el primero, el hecho de la salida de Backyard Babies del Festival Serie Z para participar en el Festival Espárrago; el segundo, el tan cacareado Día Sin Música. La caída de los Babies en el Serie Z ha vuelto a demostrar hasta que punto el rock no es ajeno al negocio. No obstante el asunto tiene una fácil explicación. El modesto organizativamente Serie Z Festival -lo realiza una pequeña promotora privada- irrumpía en el circuito festivalero de nuestro país realizando un cartel basado en la calidad, la coherencia y el amor por la música, pero lo hacía en el terreno que hasta ese momento ocupaba el Festival Espárrago, un evento hecho a fuerza de talonario por un grupo empresarial (Prisa) y de una calidad sólo avalada por la maquinaria mediática de sus organizadores. El peligro pues para estos últimos era que el Serie Z les pisara el terreno en su mismo campo. La solución, levantarles a uno de sus grupos estrella a fuerza de uno de sus contratos de exclusividad acompañados de un cheque lleno de ceros. Evidentemente la compañía de management de la banda aceptó el contrato y los Babies pasaron a engrosar el esperpéntico cartel del Espárrago. La organización de este festival con su contrato de exclusividad (una práctica muy habitual entre nuestros festivales y promotores que les obliga a pujar muy alto por los grupos para que sólo actúen donde ellos les indican) acababa de contribuir a que nuestro país sea uno de los que más pagan a los artistas internacionales.

El otro hecho que nos lleva a centrar en el negocio musical el tema de nuestro Editorial es el Día Sin Música. Suenan Diamond Dogs en nuestros altavoces mientras escribimos estas líneas la mañana del martes 11 de junio, fecha elegida para que los medios se solidaricen con el Día Sin Música, evento perpetrado a medias por SGAE y las multinacionales de nuestro país para denunciar la piratería y el hecho de que mucha gente compre CD's pirateados antes que los originales. Las radios y televisiones no emitirán entre las 12 y las 14 horas de hoy la música que suelen poner en sus programas en ese fragmento horario para dar voz a los actos que protagonizarán Rosana, La Unión, Miguel Ríos, Niña Pastori, Clara Montes, Sergio Dalma, Javi Cantero, Carlos Jean, María Jiménez y María Dolores Pradera entre otros para dar fulgor a tan señalada jornada.

Lo que estos no saben es lo mismo que no saben por ejemplo los organizadores del Espárrago. Y es que a nosotros no nos engañan, que lo que ellos ven exclusivamente como negocio es para nosotros un sentimiento. Así podrán llevar a los Babies -ya los veremos otro día- o a Iggy Pop, porque un evento protagonizado por Bunbury, Amaral o Antonio Orozco poco puede tener de interés para un rockero (y menos el mismo día que actúan Slayer y Manowar a poco más de 300 km.). Lo que no saben tampoco es que el pueblo en general no es tan tonto como se creen. Por eso la gente ahora, después de ver como lo que esas multinacionales fabrican cada temporada son productos de consumo rápido y calidad escasa que acaban a los cuatro meses en las cajas de saldos de los hipermercados por 3 €, han decidido comprarlos directamente a ese precio en el top manta, total en cuatro días no los van a querer para nada. Lo que les sucede ahora, la causa de los problemas de SGAE y multinacionales es la propia política que han aplicado durante años de apoyar la mediocridad y ejercer el colegueo. Nosotros, mientras, seguimos escuchando a Diamond Dogs, algo que nunca oímos sonar por radio o televisión. Si todos los días fueran el Día Sin Música, personalmente, nos daría igual.

 

EL VERANO NO ES LO QUE ERA

Todavía no es verano pero estas fechas, la subida de las temperaturas, el sol en el cielo hasta bien entrada la tarde, consiguen llevar a tu memoria tardes inolvidables. Y es que los meses de mayo y junio eran sinónimo de la llegada de las más importantes bandas internacionales. Fue por estas fechas cuando AC/DC llenaban el Palau Sant Jordi y Las Ventas hasta reventar en cinco shows históricos, cuando Guns N' Roses hacían que el rock reinara también en nuestro país, cuando Metallica, todavía como unos "Four Horsemen," no se desprendían del negro en sus vestiduras por mucho calor que hiciera, o cuando Bon Jovi empezaban a hacer sonar las notas de Livin' On A Prayer en el Estadio Olímpico de Barcelona cuando desparecía el último rayo de sol.

Algunos dirán que ahora sucede lo mismo, pero no es así. Un único concierto de Red Hot Chili Peppers en todo un verano es un verbena comparado con la visita de las que por entonces eran las bandas más punteras del mundo. La entrada, comprada muchos meses antes de presenciar la actuación era un preciado tesoro para aquellos que se aventuraron a hacerse con ella nada más salir a la venta, y los días previos al show no había otro tema de conversación. La jornada del concierto no había otra opción: si eras de la ciudad donde tenía lugar los nervios te impedían prestar atención a un trabajo o unas clases a las que incluso no acudías; si eras de fuera, el hecho de no acudir a tus obligaciones era inevitable, pero todo el ceremonial que implicaba el viaje hasta el concierto y tu presencia en él no tenían precio.

Ahora todo ha cambiado. Creo recordar que el pasado año ya no disfrutamos en España ninguna visita internacional y este año va a suceder lo mismo. Muchas ofertas como las de antaño no hay, pero que eventos como el Ozzfest pasen de largo nuestro país en su visita europea -Alice Cooper, Bon Jovi y demás han conseguido que sea algo que últimamente sucede con regularidad- es bastante lamentable. Mientras tanto nos conformaremos con los festivales para satisfacer nuestra hambre -aunque no nuestra alma-, festivales en los que en muy pocas ocasiones podemos presenciar un show verdaderamente espectacular (nosotros sólo somos capaces de recordar a unos increíbles Motörhead hace años en Menorock, aunque cada uno tendrá su particular excepción). Veremos pues lo que nos depara el presente perido estival, aunque eso sí, seguiremos echando de menos el sabor de ese rock de una noche de verano.

 

UN PLAN CASI PERFECTO

Había miles de bandas en el país que no encontraban la mínima ayuda para que su trabajo fuera reconocido, pero el objetivo no era apoyar el arte y mucho menos, que la voz de aquellos que utilizan la música para mostrar su sentimientos fuera escuchada. Es más, el objetivo era bien distinto.

El plan era perfecto. Buscar allí donde no se tenía un apoyo, donde la gente era incapaz de creer el mensaje vacuo y propagandístico de que todo iba bien, porque la muestra de cómo van realmente las cosas estaba delante de sus narices. De allí sacaron a una inocente niña, representativa para su desgracia de unos valores que ellos desprecian, para hacerle vivir un prefabricado cuento de la Cenicienta filtrado por todos los valores de la amoralidad occidental. Y vendieron a un país cada día más alienado que la convertían en una artista...

Le quitaron sus canciones, sus coplas, y las sustituyeron por la más rancia muestra de la música popular de su país; cambiaron su físico, porque su imagen no era la que correspondía a la artista que tenía que representar a un país "tan avanzado" como el que estaba manipulándola; y finalmente pusieron en su boca una canción que, por la realidad que vivía cada día, por la educación que le habían dado sus padres, por la aridez de la tierra que pisaba, jamás habría cantado o sentido. Entonces la soltaron al ruedo...

Y la gente picó. Muchos de aquellos que no eran partícipes de aquello que "iba bien" ahora cantaban a voz en grito una "celebración"; un país entero tiró por la borda treinta años de lucha cultural para volver a vestir sus galas más "cañís"; nadie se preocupaba ya de la realidad que le rodeaba, vivían a través del más amoral cuento de hadas jamás pertrechado.

Entonces se toparon con la realidad. O deberían haberlo hecho. El plan no salió redondo y su representante, una inocente niña de la que lo poco que quedaba impedían que fuera mostrado, no convenció con el propagandístico mensaje de que la habían dotado en un triste concurso del que sólo aquellos que por desgracia viven todavía peor que nosotros, aún se preocupan. Para aquellos, los que nunca ganan nada, los que poco tienen que celebrar, fue todo un éxito. Para un país, el que había manipulado a la chiquilla, debería haber sido un motivo de vergüenza haber intentado quitar el pan a los pobres.

Sin embargo los ojos llenos de lágrimas por la derrota de la chiquilla parece que todavía empañan la visión de los alienados ciudadanos de su país. Los que jugaron con ella siguen frotándose la manos. Nadie ha alzado todavía la voz contra ellos. El método es efectivo y lo siguen aplicando. Da igual que sea convenciéndonos de que con ellos Europa viva una celebración o de que aquél que ejerza su derecho de huelga contra ellos es un irresponsable. Todo vale en un país cada vez más ignorante...

 

MÁS QUE UNA MODA

A nosotros nos sucedió mientras presenciábamos el concierto en Valencia, pero imagino que sucedería lo mismo en el resto de las ciudades. Quiet Riot entonaban Cum On Feel The Noize, el tema de Slade que ellos convirtieron en clásico, ante apenas 200 enfervorecidos espectadores. Fue tras el show cuando esa escena se convirtió en un cruce de reflexiones. En una ciudad de un millón de habitantes apenas doscientos de ellos -a penas 20 menores de 25 años- habían acudido a presenciar la visita de una banda que había marcado su huella en la historia más reciente de la música.

Uno se paraba entonces a pensar lo que habría pasado por la cabeza de un seguidor de Linkin' Park al presenciar la escena. Seguro que no habría podido evitar esbozar una sonrisa, pero lo verdaderamente gracioso es que él no participa de un fenómeno muy diferente al protagonizado por Quiet Riot. Y es que los de Kevin DuBrow también vendieron siete millones de copias de su álbum en tan sólo un año y fueron los más grandes del planeta, pero aquello pasó. Lo más gracioso es que uno no puede ni siquiera imaginar dónde estarán Linkin' Park, no ya dieciocho años después, sino tan solo cinco.

No decimos esto para desprestigiar a Linkin' Park (no es más que un simple ejemplo) sino para destacar lo fútil del éxito y al tiempo la importancia de la música, precisamente en un momento en el que todo el mundo parece más preocupado por cifras, pirateos y demás, dejando de lado lo más importante, la música. Y es que la gente sigue comprando música como un bien de entretenimiento, de consumo, no como una pieza artística que se pueda disfrutar una y otra vez. Evidentemente ése es el modus operandi de todos aquellos que compran los discos de Operación Triunfo, álbumes que dentro de un año no cabrán en las cajas de saldos y que nadie reconocerá haber poseído, pero no sólo de ellos.

Y es que, acostumbrados a mirar la paja en el ojo ajeno, no miramos que somos nosotros también los que dañamos lo que más queremos, cuando en algún momento de nuestra vida dejamos de comprar "aquél disco tan interesante de Slaughter" para comprar "el último de los Maiden", o "pasamos del de Leize para pillar el nuevo de Los Suaves que, pese a no acabar de convencerme, es de Los Suaves". Todos lo hicimos en algún momento y a algunos, los que seguimos rondando por aquí, todavía nos duele. Porque cuando ahora conseguimos el de Leize, Leize ya no están aquí para tocar.

Muchos chavales de 16 años, estaban tranquilos en su casa mientras Rudy Sarzo jugaba con su bajo mientras a penas doscientas personas gritaban Cum On Feel The Noize. Estamos seguros de que dentro de tres o cuatro años lamentarán no haber estado allí. También lo estamos de que muy pocos de los que en su momento optaron por comprar Metal Health (o Buscando, Mirando de Leize, o The Wild Life de Slaughter) lamentarán nunca haberlo hecho. Eso es lo más grande del Rock.

 

AUTARQUÍA CULTURAL

Alcanzó el nuevo single de Sentenced la segunda posición en los charts fineses y Mägo de Öz hicieron lo propio en nuestro país la pasada semana con el avance de su nuevo trabajo. Blind Guardian arrasó en las listas europeas con la salida de A Night At The Opera y España tampoco quedó al margen. Entonces, cuál es el problema. El problema es simplemente que esos hechos, habituales en el resto de Europa, suceden de tanto en cuanto en nuestro país y en cuanto pasan son silenciados. Y no son el único caso.

Scorpions tocaron ante miles de personas celebrando el aniversario de la caída del muro de Berlín en un acto que fue retransmitido en vivo por todas las televisiones europeas, excepto por la nuestra. El Rock In Rio, el festival musical más importante del mundo y que suelen liderar bandas de rock, fue también emitido por las más importantes televisiones del globo, pero aquí no pudimos verlo. Son dos ejemplos, pero podríamos recordar muchos más. ¿Qué sucede pues en nuestro país?

Es gracioso porque la autoimagen que se nos vende desde las esferas más elevadas de nuestra sociedad nos sitúa a un nivel europeo, de civilización moderna que se codea con la europea e incluso la supera a muchos niveles. Incluso desde espectros que se consideran así mismos como alternativos o portadores de la modernidad se llega a atacar otras sociedades por conservadurismo. "Los franceses, los alemanes, los daneses, padecen el problema del fascismo; los americanos actúan como si fueran los amos del mundo y se atreven incluso a censurar temas musicales, pero esas cosas no suceden aquí" es lo que se suele afirmar al tiempo que se mira a los demás por encima del hombro. Y lo más lamentable de todo es que la situación aquí es todavía peor.

La xenofobia perdura en nuestro país y crece día tras día y el que no sea capaz de verlo tiene un verdadero problema. Pero esa no es nuestra única vergüenza, porque muchos lastres de nuestro pasado franquista continúan acechándonos con el beneplácito de la mayoría. Y el de la autarquía cultural es uno de ellos. Porque con la muerte del dictador y la transición no cambió el cierre cultural hacia lo que venía de fuera. Así, mientras el resto del mundo avanza nosotros seguimos viviendo nuestra propia mentira. En EEUU censuran temas tras los atentados del 11 de septiembre, pero aquí no. Claro que no, no se pueden censurar temas que jamás han sonado en nuestro país. Y es que ¿cuándo se ha escuchado Highway To Hell en los programas de Iñaki Gabilondo o Luis Del Olmo?. Se habla del artista que alcanza el nº 1 de las listas británicas cuando es Elton John el que lo consigue, pero no se ha comunicado ninguna de las veces que Iron Maiden lo han logrado con cada uno de sus álbumes desde 1982, son grandes los cantantes de Operación Triunfo pero no es igual de grande el álbum de Blind Guardian que los lanza un puesto atrás en las listas...

Y aceptamos con gracia que nuestro país vuelva a ilusionarse con el recalcitrante festival de Eurovisión o que "Cuéntame", una serie que nos vende "lo bien que se vivía con Franco, un hombre que al fin y al cabo no era tan malo," sea líder de audiencia mientras nos lavamos la cara y la vergüenza que empapa nuestra alma, mirando la paja de la xenofobia, la censura y el fascismo en el ojo ajeno. ¿Qué será lo próximo? ¿La vuelta de la Ley De Vagos Y Maleantes? Nuestra sociedad avanza mientras tanto feliz en su ignorancia, como un burro al que se le impide mirar hacia los lados para que avance por el camino marcado, hacia el abismo.

 

FALSO PROGRESISMO

Es desde luego la noticia que resonará durante varios meses entre el público rockero del país. Y es que meter 44.000 personas en un recinto para escuchar rock en todas sus vertientes y hecho en su práctica totalidad en nuestro país era algo impensable. Lo era para su propia organización, para sus detractores y para el resto de festivales. Porque siempre que un festival al aire libre había sido multitudinario en España no había superado apenas los 30.000 espectadores. Era entonces, cuando los FIB's, Doctor Music's y demás eran utilizados por informativos de televisión y periódicos para decir que la juventud de nuestro país era "alternativa", "moderna" o cualquier otra tontería que nos hacía hervir la sangre a los que verdaderamente -por el poco caso que se nos hace- vivimos en la alternativa.

Pero ahora no. Ya el año pasado circularon por el Viña 37.000 almas y parecía que la cosa empezaba a cambiar. Algún tabloide dedicó parte de sus páginas a un evento que para muchos permanece imborrable en la memoria, pero poco más. Sin embargo lo de este año ha sido el colmo. Salvando la presencia de TVE y Telecinco, que dedicaron parte de sus informativos del fin de semana al evento -precisamente cuando los presentes no podemos dar fe de ello ni de su tratamiento-, poco hemos sabido del festival y de cómo esas más de 40.000 personas manifestamos pacíficamente y a través de la música, nuestro hartazgo de la basura que nos rodea cuando llegamos a nuestras casas y cogimos los periódicos.

Salió en El Mundo aunque no era de esperar -incluso para el tratamiento que se dio en sus suplemento La Luna a la noticia mejor que no hubiera salido-, como tampoco albergábamos esperanzas de cambiar el tratamiento que ABC, La Razón o Ernesto Sáez de Buroaga dan a las noticias que tienen que ver con el rock, si las dan. Sin embargo sí que es indignante que los "portadores del progresismo", es decir, El País, la Ser, revistas como Rolling Stone y el resto de la comparsa del Grupo Prisa nos ignore para luego vendernos la moto acerca de la modernidad o dictándonos lo que es contracultural. Con sus manos metidas en festivales que empezaron bien y que han perdido con su entrada toda la credibilidad -Espárrago y Festimad se ahogan año tras año con su gestión- estos "izquierdosos" han vuelto a darnos a todos la espalda. Es un aviso. Aquí no queremos valorar si el Viña es o no el mejor festival del país, lo que decimos es que, cuando vienen de colegas, hablándonos y vendiéndonos progresismo, metáis las manos en los bolsillos. Mientras llegan con los brazos abiertos miran de reojo vuestra cartera.

 

PRESENTACIÓN

"He oído llamarlo de diferentes maneras alrededor del mundo, pero siempre era lo mismo. Hay muchas maneras de amar, un millón de maneras. Pero sólo hay una, sólo hay una manera de hacer rock." Eso dijo Sammy Haggar hace muchos años en There's Only one Way To Rock, y algo parecido pensamos la gente que hacemos Rock Trip, el website que ahora visitas y que no es más que el resultado de muchas horas de trabajo alimentadas por el mero hecho de hacer lo que realmente nos gusta y apoyar algo en lo que creemos.

Y como lo creemos queremos transmitirlo. Porque aunque no sea lo frecuente, aquí no vamos a diferenciar entre subgéneros musicales, ni entre la música extranjera y la que se realiza dentro de nuestras fronteras. Porque el lenguaje del rock siempre ha sido el mismo y si con él está escrito un álbum, da igual que sea sueco, español o norteamericano; que suene como el más duro metal, como el punk más festivo o el rock más setentero; aquí tendrá su cabida e intentaremos que llegue hasta vosotros con toda la fidelidad que puedan transmitir nuestras palabras.

Del mismo modo trataremos que Rock Trip sea un lugar participativo en el que quepan vuestras opiniones. Así intentaremos establecer en breve un espacio en el que publicar los mails que nos enviéis y esperamos también que nos ayudéis a completar las secciones de "Enlaces" con todos aquellos grupos que veáis que no aparecen o la de "Radio" con la información de los programas que realicéis a lo largo y ancho del país.

Por otra parte os invitamos a que paséis a formar parte de nuestro Mailing List, a través del cuál podréis recibir directamente en vuestras direcciones de correo electrónico toda la información que genere el mundo del rock semana a semana. Además intentaremos tener siempre algún aliciente para los que formáis parte de él, como es el caso de las cinco invitaciones para presenciar el Viña Rock 2002 que regalaremos entre los que os apuntéis durante las próximas semanas. No obstante esperamos tener en breve muchas cosas más para vosotros.

Ahora, sólo nos cabe esperar vuestra respuesta y seguir trabajando día a día para manteneros informados y difundir el mensaje en el que creemos. Esperamos que disfrutéis de Rock Trip tanto como nosotros. Un saludo.