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GILIPOLLAS
“¡Que paren las rotativas! ¡Let Me Out de Dover ha sido elegida la mejor canción en la última gala de los Premios Ondas!” Ésa sin duda sería una las frases más repetidas ayer en las redacciones de los medios más importantes de este país, aunque seguramente luego las volvieron a poner en marcha tras considerar que no estaba bien meterse con unos colegas y abrir al día siguiente con un titulas similar a “El Grupo Prisa se cree que los españoles somos gilipollas”. Ya sabéis, hoy por mí, mañana por ti.
El caso es que esto de Dover, que parece una chorrada, es buena prueba de cómo el sistema y sus actores nos tratan a los ciudadanos de a pie. Exactamente no sé qué intereses pueden tener en el Grupo Prisa para que el nuevo álbum del grupo de las hermanas Llanos no sea un fracaso (que sí, que están en los primeros puestos de la lista de ventas, pero lo que ahí se cuenta son los álbumes que colocas en las tiendas, no los que vendes), pero desde que salió la campaña que le están haciendo es impresionante.
Yo personalmente no he escuchado Follow The City Lights, aunque la unanimidad –sólo rota por Rafa Cervera (carga con tu pena) de EP3 calificándolo como “su mejor álbum en años” (¿todos los que han guardado silencio?)- de la prensa generalista y especializada es aplastante al calificarlo como poco de jugada lamentable. Pero como han ganado el Ondas a la mejor canción, pues sí que puedo desahogarme. Porque ya escuché Let Me Out cuando quisieron meterla como sintonía del Carrusel Deportivo –ante la negativa de Pepe Domingo Castaño, lo cuál ya es el colmo- de la Ser y ya entonces me pareció una vulgaridad, además de sorprendente el hecho de que la quisieran promocionar ahí. De ese hecho hasta el premio de ayer -que otorga Radio Barcelona de la Cadena Ser- tan solo ha pasado un mes o poco más, pero ha sido tiempo suficiente para que por todos los canales del grupo mediático se le diera una cancha impresionante y que haya sido elegida la canción del año en sus premios.
Lo lamento por Dover, porque ellos sólo son culpables de haber parido –al menos- un mal tema, pero su aceptación de la jugada, de cabo a rabo, les hace partícipes de la mentira y la manipulación que vivimos constantemente en este país. ¿ Qué los Ondas son una mierda de premios? Seguro, y si no lo parecían, la estafa de este galardón a Dover se extiende al resto de premiados a partir de ya. Pero lo lamentable del asunto no es el premio, la canción o el grupo, lo verdaderamente triste es lo que decía al principio, que nos toman a los ciudadanos por gilipollas, entregando y publicitando actos de chusca manipulación cuyo fin, como en este caso, es únicamente lograr unos pequeños beneficios. Si la gente sólo tragáramos con esto y no con todo lo demás…
RESPETO
Para que nadie confunda de qué va esto, lo primero que haré será plasmar aquí mi felicitación a Fito Cabrales por el éxito que disfruta en la actualidad al frente de su encarnación como Fito & Fitipaldis. Pero no sólo por eso, sino también por su recién publicado Por La Boca Muere El Pez, que considero ahora –quizás cambie de opinión, pero no creo- el mejor de sus trabajos en solitario hasta la fecha. Además, aunque estoy seguro de que no me recordará, en nuestros encuentros, bien en la trastienda de algún concierto o en la relación artista/periodista, no puedo olvidar que su trato siempre fue especialmente cordial y cercano cuando coincidimos más a menudo, y yo no lo olvidaré. Es para mí, el mejor músico que he conocido nunca.
Digo todo esto porque ahora, cuando el éxito abraza a Fito hasta unos límites que a priori podrían resultar inimaginables, uno, en lugar de sentir alegría por ello, nota un sabor agridulce. Y no es que no me guste que el rock triunfe, sino que deseo que el rock triunfe, y lo que percibo me indica todo lo contrario. Ahora todos los medios y sus periodistas de postín se ponen a los pies de Fito y le muestran su devoción (la entrevista que le realizó Angels Barceló en la Ser hace unas semanas fue lamentable por lo empalagoso, y más teniendo en cuenta que la catalana pasa por ser la periodista que con más desprecio trata el rock en sus comentarios tangenciales), pero lo hacen omitiendo su pasado, un pasado que seguramente desconocen y que pasa por formar parte (si no liderar) la mayor banda de rock de la pasada década en nuestro país.
¿Qué periodistas son estos que pierden el culo por los Rolling Stones o Bruce Springsteen en cada una de sus visitas y al tiempo, para nombrar una banda de rock estatal, se han de remontar a Héroes del Silencio, La Frontera, Loquillo o sucedáneos? Son los que tenemos, pero que a su vez aceptamos, como si tuviéramos que conformarnos forzosamente con ellos. Unos periodistas a veces rancios de convicción –de estos hay a montones- y otras tantas rancios e ignorantes de corazón, aunque disfrazados de progres, lo que los hace aún peores. Todos ahora abrazan a Fito, pero omiten su pasado, un pasado en el que Platero y Tú llegaron a mover a tanta gente como el cantante en su última gira, con una banda que facturaba cada vez álbumes mejores y cuyo legado, sinceramente, creo que Cabrales difícilmente podrá igualar en su actual andadura.
Y ahí llega mi pena. No sé qué truncó la carrera de Platero ni me importa, es algo del pasado. Pero no puedo dejar de pensar que no sólo su música merece un respeto (y aquí se puede sustituir la de Platero por la de Barricada, Barón Rojo, Extremoduro, Marea, la de los los Sangre Azul en los que militó Carlos Raya y que ahora tampoco nadie recuerda cuando cita su biografía, etc.), sino que también lo merecemos todos los que la amamos, los que entonces asistimos a sus conciertos (cuando a penas llegábamos a un par de cientos en las capitales porque sus canciones nunca sonaban por la radio) y los que, en el caso de Fito, fuimos los primeros en comprar los discos de sus Fitipaldis, cuando todavía nadie le ponía en la radio, ni salía en los papeles; cuando él, como Platero, y como los miles y miles de sus seguidores, no éramos nadie para los que ahora le alaban. Por eso, cuando éstos le ponen un micro delante y no hay un recuerdo para Platero, su pasado o sus seguidores, algo me duele dentro. No obstante, no pierdo la esperanza.
HUELEN MAL
Cuando pasan cosas como ésta intento contenerme, frenarme antes de venir aquí corriendo a descargar mis demonios en unas líneas, pero más tarde me arrepiento porque pasan los días y los acontecimientos se suceden eclipsando los nuevos a los anteriores en una espiral de despropósitos en la que lo peor parece ser el silencio. Es como en el famoso verso que empieza “cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas guardé silencio, porque no era comunista”; al principio parece que los sucesos no van a tener consecuencias sobre ti, que se van a frenar por sí solos debido a su incoherencia, pero lo cierto es que se convierten en bolas de nieve que crecen llevándose a los inocentes como sus primeras víctimas.
Lo sucedido con Pepe Rubianes la pasada semana me lo recordó, y la noticia con que desayuno esta mañana –la transcripción de la conversación de los Trashorras (padre sufrido por lo que le ha tocado e hijo terrorista entre rejas) aceptando el soborno de un periódico para que cante la información tal como la dirección de éste la quiere manipular- me confirma una sensación nada nueva, pero sí muy inquietante: la resurrección de un sector hambriento y amante del poder absoluto dispuesto a llevarse a cualquiera -empezando con la verdad y la libertad- por delante, para hacerse con él en este país. Todo vale.
Y eso es lo peor, que es en este país, una España en la que cada uno cuida de los suyos y el verso antes citado no puede ser más cierto. Pero no por los imbéciles que contemplan el espectáculo sonriendo desde la barrera –me refiero a los que, por poner un ejemplo, sin ser miembros del PP o beneficiarios de sus enchufes (en la comunidad que yo vivo, la valenciana, hay una larga nómina de estos últimos) les ríen las gracias o se hacen eco de sus consignas, por burdas o falaces que sean a todas luces, o aunque tengan como objeto a víctimas inocentes, ya sean del atentado del 11M o de la negligencia del metro de Valencia-; sino por los que ponen ahora la voz en grito cuando la marea alcanza la orilla de un colega, como es el caso de Pepe Rubianes, pero escondían la cabeza o se hacían los sordos, con la complicidad que eso conlleva, cuando la misma confabulación de ultraderecha se llevaba por delante a Soziedad Alkoholika o boicoteaba al ViñaRock atacando a sus patrocinadores.
Es ahora cuando se hace más necesario no callarse y señalarles con el dedo por lo que son, no demostrarles ningún miedo antes de que se crezcan o estaremos perdidos. Todavía estamos a tiempo porque es obvio que son unos cobardes: se meten con Soziedad Alkoholika, con Rubianes, Leo Bassi o los seguidores de todos ellos, gente pacífica que saben que no les va a responder de un modo agresivo; pero no lo hacen en cambio con gente como el etarra Iñaki Bilbao o su entorno -¿por qué no van a boicotearle la vida a su casa o a la de sus cómplices?-, aunque quizás no sea por miedo, sino porque en el fondo la existencia de éste y los suyos es su única coartada para conseguir ignorantes adeptos.
Sea como sea, lo cierto es que no podemos callarnos y que tenemos que empezar con señalarlos sin ningún rubor. El mismo Pepe Rubianes lo hacía brillantemente en una de sus últimas obras, en la que analizaba al público de teatro y más concretamente al que iba a verle a él. Citaba con humor muchos grupos: las “señoras” que decían que Pepe era “majo, pero un poco malhablado”; los jóvenes que iban a escuchar sus “barbaridades”; ni siquiera faltaban los críticos, esos “invitados desagradecidos”; aunque había otros cuya descripción era más simple. Decía Rubianes de ellos algo así: “Y luego están los que huelen mal. ¿Nota usted señora que el que está sentado al lado de usted huele mal? ¿Así como podrido? Pues ese es un facha. ¡Si hay alguno que huela mal que se marche de aquí! ¡No queremos fachas aquí!” Pues eso.
EN VIEJAS MANOS
A mí me pilló a mitad camino y allí me quedé, en Alicante, escuchando en la radio cómo también el concierto de los Stones en El Ejido se suspendía. Sin embargo no me sentí tan herido como muchos de los seguidores cuya indignación seguimos a través de todos los medios. Era algo que tarde o temprano iba a suceder: si depositas la fe en ídolos mortales es inevitable que el tiempo acabe pasándoles factura.
Porque dejando al margen el hecho de que la afección de Jagger fuera más o menos grave y la obviedad de que para la banda hay conciertos de segunda (Valladolid, El Ejido) y citas imperdonables (su Londres natal), el declive de estas leyendas era esperado en cada una de sus anteriores visitas, que se anunciaba como posiblemente la última, hasta el punto de que su pinchazo cuádruple en nuestro país ha sido anunciado ahora con regocijo por buena parte de los medios, que tras vender la imagen de los Stones como la encarnación del rock n' roll, hacen de él la metáfora de la defunción del género.
Y por eso precisamente, pasado un tiempo, me duele menos y me siento menos identificado con la gente abatida por el pinchazo de los Stones: porque esto sólo sería una tragedia si verdaderamente hubiera muerto el rock. Pero es que precisamente este verano he podido ver a los Who, otros músicos británicos y añejos, rockeando muy fuerte, aunque llegaran a suspender dos de sus cuatros conciertos en nuestro país más que posiblemente por la escasa venta de tickets (¿quizás porque no fardas igual en el apartamento diciendo que has visto a los Stones que a los Who?). Y dentro de nada otros viejos ingleses como Iron Maiden lanzarán un nuevo álbum atrayendo para sí a nuevas hordas de jovenzuelos para demostrar que ellos sí puede que sean la mayor banda de rock de la última década (el que crea que no que cite a una banda de las grandes que gane año tras año tantos adeptos teenagers como los de Harris) para disgusto de la prensa erudita.
Pero no sólo por eso, sino porque me alegro de ver que hay más bandas bregando por hacerse un hueco a través de esta música que con cualquier otra; porque cada año salen grupos nuevos que vuelven a hacerme estremecer y me hacen sentir que el mensaje y la música que siento siguen vivos; porque de rock se publican discos por los que vale la pena pagar. Yo no puedo evitar estar con ellos, con los que van a los Who o pillan el disco de Maiden, pero especialmente me identifico con la pasión de los chavales en su local de ensayo y con aquellos que van todas las semanas a la tienda de discos para ver qué hay de nuevo en la estantería o si han bajado el precio de una disco de catálogo para añadirlo a su colección. Creo que por vivirlo así no me siento herido por el plantón de los Stones y determinadas actitudes hasta me hacen gracia (en Valladolid hubo gente que amenazó con ir al Ejido para tratar de entrar con su entrada, lo que implica no sólo su falta de respeto y solidaridad con los que iban a ir pacíficamente a ese concierto, sino que se trataba de individuos que no ha ido a un concierto en su vida).
Sí, creo que por eso no me duele. Porque mi fe desde hace tiempo no está depositada en los músicos, sino en el rock. Así que si eres uno de los que todavía está ofendido o triste por el pinchazo de los Stones tu problema tiene fácil solución, coge el dinero de la entrada y apuesta por cuatro o cinco discos de las bandas que aparecen por estas páginas; seguro que recuperarás la fe. Si no es así, creo que nunca te gustó el rock n' roll.
DE VUELTA
· No, por suerte para nosotros ningún miembro de Rock Trip viajaba en el vagón de metro que sufrió un terrible accidente el pasado mes –aproximadamente cuando hicimos la última actualización en la web- en Valencia, la ciudad en que vivimos algunos de nosotros. El motivo de nuestra desaparición fue el trabajo, que en un momento álgido nos impidió disponer de tiempo libre para hacer esto. Ahora cuando tenemos más, regresamos, y esperamos que también sigáis todos con nosotros, aunque con nuestra vida en manos de políticos como los de Valencia –ciudad y Comunidad- a veces no dependa de uno. Al menos espero que esta desgracia sirva para que fuera de aquí sepáis cómo es de verdad esta ciudad (algo que no creáis, hasta sus propios habitantes a veces no alcanzan a ver): una especie de sandía lustrosa a base de darle brillo con artificios, pero totalmente podrida por dentro.
· Ha sido un tiempo el que no hemos andado por aquí, que a buen seguro habrá brindado alguna buena noticia en lo que al rock se refiere, pero también un momento en el que todas estas banalidades quedan empañadas por tragedias como la que se está produciendo en Oriente Medio. Una tragedia que supone la última ratificación de la barbaridad que supuso hace ya más de medio siglo, arrancar por la fuerza a una gente de sus tierras, para poner a otros que decían ser sus legítimos pobladores por origen divino (aunque su antiguo país sólo existió como mucho dos siglos y desapareció aproximadamente el 130 DC). Esto, que no se lo toleraríamos a ningún grupo religioso (al que tacharíamos de inmediato de integrista), se le permitió tras la Segunda Guerra Mundial a los judíos (que desde principios de siglo ya habían ido asentándose con fuerza en la zona comprando a la armada británica las tierras que estos expropiaban por la fuerza a los palestinos) con el amparo –o por imposición- de los EEUU, y con ellos del mundo occidental. Desde entonces (esa fue la primera agresión, el punto de partida) los judíos –como seguidores de una religión- campan a sus anchas en la zona exterminando a sus vecinos de otras creencias y a los expulsados de sus territorios, tachando de terrorista a cualquiera que responda a sus ataques.
Es lo que tiene ser el amo de los medios, que uno pone el nombre que quiere a las cosas (acudiendo al ejemplo más claro de la manipulación israelí, llamar “plan de paz” a aceptar mis órdenes para acusar de “romper el plan de paz” a quien no lo haga). Y como en éste escribo yo, pues me permito el lujo de contaros que respeto por igual a todas las religiones mientras éstas respeten los valores humanos, y al igual que condeno las amenazas de muerte de los integristas musulmanes a quien ose, por poner un ejemplo, dibujar a su profeta; también condeno a los judíos que expulsan y aniquilan a un pueblo porque su dios les dice que esa tierra es suya. Es la misma barbaridad y fanatismo, y hacer la vista gorda a unos (bien individualmente o bien a través de nuestros representantes que, lo queramos o no, son los políticos) porque son ricos y occidentales, mientras a los otros se les vigila con lupa por motivos xenófobos, es algo vergonzoso y nos convierte en cómplices. Yo no quiero serlo.
· Y mientras el mundo se derrumba otros se ocupan de asuntos más triviales, como servir a sus amos. Y con ellos acabo, que es más divertido. Fue en Telemadrid, la pasada semana, donde Curri Valenzuela –¿qué currículum tiene esta mujer para ostentar semejante posición privilegiada?- utilizó la plataforma que Esperanza Aguirre le brinda en la emisora a través del programa Alto y Claro , para tratar de ensuciar el nombre de la Ministra de Cultura Carmen Calvo a raíz de unas declaraciones de la misma en que citaba a Lujuria como una de sus bandas favoritas. Y es que, según la presentadora, la ministra no sólo pecaba de aficionada al rock duro, sino que además simpatizaba con una banda que animaba a la “pedofilia” en sus letras, poniendo como ejemplo el tema Dejad Que Los Niños Se Acerque A Mí. Lamentablemente para la Valenzuela, además de proferir injurias contra la banda, también quedó como una analfabeta, pues no entendió que el mensaje de los segovianos es una clara denuncia de los casos de abuso de menores que tan a menudo se producen en el seno de la iglesia y que la institución eclesial no condena. Curri tampoco. Ella prefiere matar al mensajero, si eso sirve para que su “jefa” arañe unos votos. No obstante no creemos que Esperanza Aguirre sea de las que ampare con los impuestos de los madrileños a injuriosos analfabetos como la caduca (mental) presentadora o intente hacer de Telemadrid un medio propagandístico al más puro estilo goebbelsiano –aunque en cutre- del que Valenzuela ha hecho gala. Seguro que toma medidas en breve.
GRACIAS LORDI
Pasaban las diez y media de la noche cuando mi móvil empezó a sonar. Primero un mensaje, poco después otro… Al tercero ya me levanté, al fin y al cabo ya sabía quién era el malo de El Nombre De La Rosa. “Lordi está arrasando” decía uno; “Lordi, Lordi!!” arengaba otro, y entonces lo recordé. Lordi estaba participando en Eurovisión y seguro que iba a ganar. Por suerte, no pasaron más de unos minutos antes de que llegaran los anuncios de la película (por cierto, ¿cómo quieren en Cuatro que me haga una videoteca –que es como se llama el espacio dedicado a poner buenas películas del canal- si las interrumpen con interminables anuncios y al final no dejan ni dos segundos de los títulos de crédito? Otros hipócritas) y cambié a TVE donde Lordi ya encabezaban el ranking de más votados del patético concurso.
No obstante no era ninguna sorpresa. Lordi no son nada del otro mundo, pero sí son conocidos más o menos por toda la parroquia rockera europea. Para qué engañarnos, no pasan precisamente desapercibidos. De ese modo era fácil deducir que, motivados por la peste que supone un concurso como Eurovisión –joder- o por ser seguidores de la banda –animar-, Lordi iban a recibir a buen seguro muchos votos. ¿Y por qué ganar? Porque –como dice la abuela de un amigo-, “quieras que no, los rockeros también son personas”. Así que cómo ahora los votos se pagan, pues muchos votaron por sms a lo largo y ancho de toda Europa a la única opción que les representaba –los bobos tenían muchas más opciones-. Y así, entre risas y mensajes, Lordi se erigieron como los vencedores de la noche con su Hard Rock Hallelujah.
Fueron momentos divertidísimos, pero lo mejor fue la estupefacción de los comentaristas, durante y después del suceso. La Pecker, la que muchos años atrás en Rockopop anunció la muerte de Slash –siempre tuvo muy buenas fuentes- y ahora es la presentadora del festival de Eurovisión (y dicen que en TVE no sobra gente), tiraba de folio para argumentar las posibles causas de la cada vez más aplastante victoria de los fineses –conspiración, campaña, etc.- aunque no daba una. Eso sí, sus argumentos ocupaban el tiempo que no empleaba para comentar la lamentable participación -¿cuántas van ya?- de la representación española. Y nunca mejor dicho está eso de la representación española, porque eso es lo se envía desde aquí con mucho apoyo desde todos los medios para que luego, en un festival de mediocres, nos aclaren desde fuera lo que es: una mierda.
Así es amiguitos. Sin embargo desde ese ya histórico sábado 20 de mayo de 2006, todavía no hemos escuchado una valoración correcta y sincera de lo que pasó en ningún medio español de información general. Es más, vimos al capullo del presentador del telediario de fin de semana de TVE poner cara de compasión tras dar la noticia de la victoria de Lordi –cuando seguro que días antes animó con todo entusiasmo a Las Kepchut (por Dios, ¡qué vergüenza!)-; o también escuchamos en la SER -donde también se entrevistó sin ningún ápice de crítica a las mencionadas “artistas”- decir ayer lunes que la canción de Lordi era mala, que no se había premiado “la calidad”. Y si estos son los “progres” del resto ni hablamos. No obstante es lo bueno que tiene este país, que un día pasaría esto y veríamos cómo se lo tenían que comer. Así que seguir riendo mientras dure y tratar de sacaros de la cabeza, si podéis, eso de “Rock 'n roll angels bring thyn hard rock hallelujah”. Amén.
NUNCA MÁS
Dejemos las cosas claras para no engañar a nadie. Durante años trabajé en la organización del festival Viña Rock, concretamente en sus ediciones del 2000 al 2002, año tras el que abandoné la empresa, entre otros motivos, por lo que en ocasiones se define ambigua y amablemente en el mundillo como “diferencias musicales”. En resumidas cuentas, me pueden no gustar cosas que se hacen de puertas para adentro, pero eso sí, me gusta, me entusiasma, lo que el Viña Rock simboliza, algo de lo que –a pesar de que a alguno le pueda parecer pretencioso- me siento partícipe.
Porque pese a ser, al fin y al cabo, el negocio de una empresa privada, Viña Rock se convirtió, en un momento de su historia, en una manifestación de unos jóvenes distintos que querían una sociedad distinta, unos jóvenes que se manifestaban de modo pacífico y festivo al asistir a los conciertos de unos grupos musicales que, como ellos, no tenían eco en los grandes medios, pero sí que tenían la fuerza de la palabra.
Viña Rock no recibía ni recibe –a nivel mediático- el respaldo de nadie, pero paradójicamente eso le hizo cada vez más fuerte, pues su público nunca falla: “hay que demostrar que somos más”. Y así, año tras año se sumaban adeptos a la manifestación, hasta el punto de que a los medios cada vez les cuesta más mirar hacia otro lado: los jóvenes españoles no sólo quieren escuchar la nueva bazofia de La Oreja De Van Gogh, algunos, muchos, tienen inquietudes, quieren cambiar pacíficamente su sociedad.
Pero claro, eso molesta a otros, a los que les incomoda la paz, la democracia y la libertad. Y éstos, la pasada semana, dieron un paso. Así, diversas organizaciones reaccionarias, respaldadas por medios de tendencias dictatoriales, comenzaron a presionar a los patrocinadores del festival para que retiraran su apoyo económico argumentando que en Viña Rock va a actuar Soziedad Alkoholika, una banda que, aunque no se ha podido condenar en los tribunales españoles con el derecho que a todos nos ampara (incluso a los fascistas como ellos), ellos se empeñan en criminalizar. Esa es la excusa, el fin que todos callemos.
Y así está la situación. Coca Cola, Caja Castilla La Mancha, Ron Barceló, Cutty Sark y Jack Daniels se han acobardado ante las presiones de los grupos fascistoides y han dejado de patrocinar el festival a pesar de que una institución democrática como el Ayuntamiento de la localidad de Villarrobledo, como es lógico no se haya amedrentado ante las presiones de estos medios y organizaciones retrógradas.
Y es por eso fácil de intuir que a vosotros os suceda lo mismo que a mí. Que igual que antes acudía al Viña Rock sintiendo que manifestaba mi libertad y mis opiniones de un modo pacífico, ahora también me manifieste dejando de adquirir los productos de Coca Cola, Ron Barceló, Cutty Sark y Jack Daniels o sacando todo mi dinero de la Caja Castilla La Mancha, de empresas que se pliegan ante los caprichos de los que prefieren su tiranía a la democracia; la muerte, a la paz; el miedo, a la libertad. ¿Qué puede suponerles al año dejar de vender cocacolas a las 60.000 personas que acuden el festival, los que sin acudir se solidarizan con ellas, y los familiares de todos ellos? Eso es libertad, no comprarles nunca más.
VACUNADOS
No hay que ser muy espabilado para darse cuenta de que Dogfight y Avenged Sevenfold son dos de los grupos cuyos álbumes –salvando las distancias estilísticas, pues cada uno es de una naturaleza distinta- más me han gustado del pasado año. De los primeros puedo decir que su Sayin' And Doing es uno de los discos cuyos estribillos más he coreado durante los últimos meses. De los norteamericanos hay poco que me quede por decir. Sólo puedo reiterar que City Of Evil es para mí ya un clásico a la altura de The Number Of The Beast o Master Of Puppets . Tiene una calidad, potencia y melodía que lo hacen inmortal.
Los dos están ya a la venta –el último desde hace menos tiempo- pero no he visto a la gente enloquecer, a los punk rockers esperar con ansias el paso de Dogfight por su ciudad o a los heavies y hard rockers alzar la cabeza orgullosos por el potencial de las nuevas generaciones. No lo veo y ¿sabéis qué? Creo que sé por qué. Porque los rockeros de este país están vacunados contra la emoción. Obviamente no se debe a que el rock esté muerto, porque si no estos dos ejemplos demostrarían que no lo está y unificarían a todos los seguidores del moribundo estilo, convirtiéndose en sus nuevos dioses. Y eso no pasa. Otros, en cambio, dirán que sus propuestas se diluyen en medio de una inabarcable oferta, y su teoría irá más bien encaminada.
¿Y cómo encaja ahí lo de la vacuna? En el hecho de que la vacuna se la ponemos nosotros, los que, como yo, opinamos de música o supuestamente lo hacemos. ¿Para qué estoy aquí si no es para destacar la calidad de un artista o señalar la injustificable compra de una obra mediocre? Si nuestra labor estuviera bien hecha, el lector, dependiendo de la afinidad con su crítico de cabecera, acudiría a la tienda a hacerse con un disco o descartaría su compra, afinando su colección de un modo, si no quirúrgico, sí bastante certero. El aficionado no desperdiciaría uno solo de sus euros y los buenos vencerían. El rock tendría nuevos héroes.
¿Pero por qué no pasa eso? Porque no nos cree ni dios. Y nos lo tenemos bien merecido. Si decimos que Dogfight es un buen grupo, para acto seguido dedicar el mismo espacio a una banda de chicha y nabo -¿se dice esto también por tu tierra?- sólo por el hecho de que son colegas de un amigo, me han puesto un anuncio cuatro páginas más para allá, tengo que descubrir más grupos que la revista o la web de la competencia, o el de la discográfica no me enviará el disco que quiero si no le pongo éste de puta madre, ¿cómo coño queremos que alguien nos crea luego?¿Qué favor hacemos a Dogfight o a quien corresponda?¿Qué estamos haciendo por el rock más que matarlo poco a poco? Imagínate que un chaval que sólo tiene 15 pavos al mes se compra el disco malo en lugar del de Dogfight porque los pav@s de la foto son más guap@s. Al mes siguiente se pagará una tarifa plana, dirá que el rock apesta y los críticos aún más. La vacuna ya circula por sus venas.
El pasado mes de marzo, Rock Trip, cumplió cuatro años, y si alguna vez te hemos vacunado, te ruego que nos disculpes, porque te garantizo que no era nuestra intención. Y si mis palabras ya no te valen, pégale una escucha a Avenged Sevenfold o Dogfight. Con su CD dando vueltas en tu reproductor es imposible no recuperar la fe en el poder del rock.
HAY FUTURO
La convención nacional del PP del otro fin de semana me metió la idea en la cabeza. Ya antes de que se iniciara, desde la organización del partido se decía que se iban a tratar “los problemas que realmente importan a los ciudadanos”, sin que nadie les dijera a qué habían dedicado previamente su tiempo, siendo como parece que la labor de todo político es ésa precisamente. Pero bueno, a lo que yo iba no era a eso, sino a la consigna, al poner nombre a las acciones o las intenciones aunque finalmente el nombre poco tenga que ver con ellas.
Entendámonos, como en el PP saben que un informador no puede resumir todo lo que se va a hablar, directamente le fabrican una consigna/resumen que parece facilitarle las cosas, aunque realmente lo que están haciendo es meterle la cuña. Eso, efectivamente, no es algo que hayan inventado en el PP. Célebre y tremendamente conocido es, por poner sólo un ejemplo, el caso del “Plan de Paz” propuesto por Israel a Palestina, bautizado así con el beneplácito de la Casa Blanca, y que en el fondo en lugar de paz lo que proponía era la claudicación del pueblo palestino. Eso sí, como sucedió en su momento, no era más que una encerrona, pues si los palestinos lo aceptaban firmaban su sometimiento definitivo, mientras que si lo que repudiaban, lo que rechazaban era la “oferta de paz” israelí. Así, de cara a la opinión pública, los palestinos siempre perdían.
Yo en cambio, cuando recordé este arte propagandístico, no pensé en utilizarlo para tan horrendos fines, sino para extender el buen gusto musical que nos une a ti, querido lector, y a mí, con el rock. Habría que pensar en un eslogan que al mismo tiempo que ennobleciera nuestros gustos, vilipendiara y sometiera al resto. Sí, algo así se extendió en su día por nuestro país y todavía hoy muchos se atreven, en su ignorancia más osada, a afirmar que les gusta toda “la buena música”, termino que ante la petición de aclaración, el usuario habitual atribuye hoy a Melendi y mañana a Coti –por no remontarnos al anteayer de La Unión- para terminar delimitando que, básicamente la “buena música” es toda menos “la máquina y el heavy”.
Y así llevo ya unos días, preparando el contraataque y exprimiendo el coco en busca de una consigna de fácil asimilación que todos quieran aceptar si no quieren enfrentarse al rechazo social de quedar al margen de ella. Ya puedo verlo: Sería una consigna que, después de tantos años de marginación, acabaríamos empleando con rabia para alzarnos como la elite cultural. Con ella marginaríamos a aquellos que prefieran seguir gozando con la música escupida por unas radiofórmulas que serían cada vez más minoritarias. Incluso nos permitiríamos bromas privadas y elevaríamos a bandas como Manowar, Europe o Hammerfall al nivel de iconos máximos cuyo valor debería ser reconocido por todos. Sí, como tituló el PP su convención, “hay futuro”. Se aceptan sugerencias.
COMO UN BOMBO
La página en blanco. Vaya un tópico, el miedo a la página en blanco. Parece un convencionalismo inventado por Stephen King para que lo padezcan todos los escritores que protagonizan sus novelas. Pero no, existe, y lleva un tiempo afectándome. Y no es porque no tenga cosas agolpándose en mi cabeza, presionando insistentemente en busca de una salida, pero no consigo ordenarlas de un modo lógico en mi cerebro para que fluyan con naturalidad.
Por poner un caso. A mediados de diciembre la Ministra de Cultura Carmen Calvo entregó a Mägo de Oz un disco de oro por las ventas de Gaia II . Parece lógico porque es la “ministra heavy”, pero resulta que todo lo que tiene de heavy parece no tenerlo de cultura, o de asesores que le aconsejen que hacerse fotos con heavies está bien, pero no con los que plagan sus discos de faltas de ortografía. La noticia me conmocionó por la oportunidad desperdiciada para dotar de algo de dignidad al género (yo que sé, la ministra podía haber intervenido en un homenaje a Barricada, darle la medalla de oro al trabajo a Barón Rojo, o invitar a Audioslave o System Of A Down a la Moncloa, por ejemplo) pero se eligió la peor opción. Habría hecho el mismo favor al heavy metal darle un disco de oro a Gigatron.
Pero a lo que iba, contar todo esto me costaba un montón. Igual que lo de buena parte de la clase política de nuestro país. ¿Cómo va a tener uno la cabeza si no como un bombo cuando, al despertarse, lo primero que escucha en la radio todos los días son opiniones sobre el Estatut de Catalunya? Y lo peor es que realmente no se trata de opiniones, sino de eructos en forma de palabra. ¿Qué sino un inculto es Francisco Hernando, presidente del Tribunal Supremo, que se atreve a comparar la lengua de un pueblo con un baile regional? Y al margen de eso: ¿A mí qué más me da que se quiera llamar nación la inmensa mayoría de los catalanes? Dice la tercera acepción del diccionario de la RAE –tan válida como el resto- que una nación es el “conjunto de habitantes del mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. ¿Supone eso un peligro para España? De dolor de cabeza generalizado sí, tal como lo utilizan algunos para beneficiarse calentando el ambiente. Con un poco más de cultura a nivel general estos temas se zanjarían antes. Tome nota Ministra, por la parte que le toca
Y todo eso por no hablar de lo de Mariano Rajoy, que a estas alturas aún se sorprende de lo que muchos piensan del partido que preside, cuando los ciudadanos todavía estamos a la espera de su repulsa a las insinuaciones de alzamiento militar del destituido teniente general Mena. Eso sí, no dejamos de padecer como Vicente Martínez Pujalte contamina el ambiente haciendo chistes con los muertos, en un ejemplo que recogen discípulos aventajados como el del senador popular por Melilla Carlos Benet. La tontopolítica al poder. O mejor, a la oposición.
Y es una cosa más que no sé contar, que chirría en mi mente. Como cuando me sorprende escuchar en un programa de la radio de máxima audiencia un tema de Iron Maiden. Pero "¡Ah! ¡Es para hacer una broma!" Angels Barceló lo ponía de ejemplo de una canción que nunca podría servir de sintonía para la sección de un invitado. Lo gracioso es que el invitado, un reputado chef, dice que le gusta, que The Trooper era el himno que compartía hace años con uno de sus pinches. De nuevo la incultura. Angels, eres una inculta hija, qué quieres que te diga. Y tu estulticia, ejemplo del nivel de este país, se amontona en mi cabeza.
Pero hace un rato decidí que debía dejar a mis pensamientos salir, al menos a los malos, o a parte de ellos, aunque fuera a empujones. Y aquí están. Espero que os sienten bien. Por cierto, feliz año.
NO ENTIENDO NADA
La pasada semana un compañero del trabajo se vio, sin comerlo ni beberlo, de patitas en la calle. Bueno, realmente casi no le había dado tiempo de ser compañero de trabajo, porque todavía no había transcurrido el conocido mes de prueba que las empresas ahora se toman como margen para confirmarte en tu nuevo puesto con un contrato ligeramente más extenso (todas las facilidades para el empresario, ninguna para el empleado, que quizás abandonó un puesto más seguro en otra empresa para probar en ésta).
No cumpliría las expectativas pensaréis. Pues no precisamente. Era y es un tipo muy educado y respetuoso, y además, francamente bueno en lo suyo. No era un virtuoso, pero era lo suficientemente bueno como para ser mejor que su jefa de departamento, y a pesar de no demostrarlo y obedecer las órdenes de aquella en todo momento, ésa fue la causa de su despido. Ella, pese al respeto y obediencia que él le mostró en todo momento, ocultó al responsable último las cualidades de su trabajo y no titubeó a la hora de decir que no era digno del puesto. Ya sabéis, ser mala persona no es óbice para llegar a ser jefe de departamento. Mi compañero, con la habitual cortesía de la que hizo gala durante su breve estancia en la empresa aceptó su despido y abandonó la oficina.
¿Qué podía haber hecho si no? ¿Armarla? ¿De qué le habría servido? Su pequeña historia sucedía al tiempo que en otro punto del país centenares de terratenientes se mezclaban entre masas de agricultores para reclamar más subvenciones. Sus terrenos, además del valor que de por sí tienen, deben darles una renta extra con subvenciones a cultivos que no llegan ni a salir al mercado. Que vendieran sus terrenos a quien quiera trabajarlos, al que verdaderamente viviría de su trabajo, sería un drama. Entendámoslo, son su herencia, están acostumbrados a poseerla y ostentarla.
Y también días antes sucedía otro drama: la muerte de dos joyeros en un atraco en su comercio. Fue un verdadero drama, y sus compañeros de gremio no tardaron en salir a las calles a pedir más protección pública a sus comercios. Los que se manifestaban no eligieron, pudiendo haberlo hecho, ser panaderos. Es, claro, un trabajo que exige madrugar y que además rinde menos beneficios, de modo que se hicieron joyeros. Entendámoslo, su importante servicio social requiere que destinemos los esfuerzos de nuestra policía a vigilar en especial sus comercios.
Y qué decir de los taxistas de mi ciudad. Muchos de ellos pagaron cifras millonarias por su licencia y ahora, con la subida del gasóleo, los beneficios no son tan espectaculares como pensaban, de modo que hace un mes amenazaron con huelgas hasta conseguir que el Ayuntamiento les permitiera subir sus tarifas. Entendámoslo, sufrirían mucho si el negocio no les saliera redondo.
¿Que qué tiene que ver todo esto con lo que le sucedió a mi colega? Pues francamente no tengo ni idea. La única relación quizás sea que no entendí que él se fuera a la calle a pesar de ser un buen trabajador, y que tampoco entiendo cómo protestas como las otras suceden semana tras semana a nuestro alrededor sin que nadie parezca señalar la cara dura que tienen algunos de sus protagonistas. Cualquier día, si mi ex compañero se queda sin dinero para pagar una de las imposibles hipotecas de los pisos actuales, se planta delante del Ministerio de Vivienda a ver si se hacen cargo de la cuenta. Y lo peor es que igual se la pagan. Estamos perdidos.
HOMENAJE
Fue hace unos días, pero todavía no me he recuperado del shock. Era en Sol Música donde lo pillé ya empezado y no sé por qué aguanté viéndolo un buen rato. Se trataba de un documental sobre Los Ronaldos, imagino que el contenido en el reciente recopilatorio Guárdalo Con Amor, y contaba, a través de imágenes de archivo y declaraciones actuales de la gente que trabajó con ellos en su momento, lo "grandes" que éstos habían sido y su "enorme aportación" a la música española. Bueno, creo que sí sé porqué me quedé pegado a la pantalla, para ver si mis recuerdos eran erróneos y con lo que me contaban debía reconstruir el archivo de mi memoria.
Pero no fue así. Coque Malla "cantaba" igual de mal, las canciones seguían siendo tan mediocres como antaño, y además, las imágenes plasmaban lo que recordaba: que tampoco en su día fue para tanto. Así, no es de extrañar que el mentado Guárdalo Con Amor y la consiguiente gira de reunión de Los Ronaldos hayan constituido un sonoro batacazo. ¿Pero por qué nos hacen esto? ¿Por qué nos quieren decir que Los Ronaldos eran cojonudos? ¿Lo maravillosos que fueron los ochenta españoles? ¿La deuda que tenemos todos con Mecano?
La TVE de Caffarell recupera en la madrugada de La2 los "mejores momentos" del programa de los ochenta La Edad De Oro, el espacio que en su día mejor reflejó "la movida". Con el PP resucitaron a Hombres G. ¿Por qué ahora los sociatas nos tienen que recordar lo "buenos" que fueron los tiempos en que ellos eran jóvenes? ¿Nos merecemos esto? ¿Por qué en lugar de reescribir la historia contándonos mentira, ni unos ni otros se dedican a hacer historia? ¿Por qué no hacen un nuevo La Edad De Oro en que ni Bisbal, ni Carlos Baute, ni siquiera Juanes, por no decir El Canto Del Loco, El Sueño De Morfeo, La Oreja de Van Gogh y un larguísimo etcétera, no tengan cabida? ¿Por qué no fomentan a creadores de la calle a los que su arte les salga del alma y no de pensar en la moda del momento o los convencionalismos culturales?
Son preguntas cuya respuesta no alcanzo a comprender. Eso sí, una cosa tengo clara: la aportación artística y cultural de Los Ronaldos, Hombres G, La Unión, Comité Cisne, Almodóvar & McNamara, Tam Tam Go, Objetivo Birmania, Los Rebeldes, Gabinete Caligari, Tenesse, Duncan Dhu, Kaka de Luxe, Olé Olé, Modestia Aparte, Ciudad Jardín, Danza Invisible, La Dama se Esconde, La Guardia, Los Limones, Miguel Bosé o Mecano, por citar sólo a unos pocos, fue, es y será -a menos que suceda un milagro- pura mediocridad. Yo los vi y escuché y puedo dar fe de ello, y seguro que tú también, así que dilo siempre que alguien pregunte. Además de hacer justicia a la historia y poner tu granito de arena para que se eche un poco de tierra sobre las vergüenzas patrias, verás que a gusto te quedas.
CUESTIÓN DE HUEVOS
Antes de irme de vacaciones y olvidarme
de todo el circo del rock por una temporada aún tuve tiempo
de leer unas declaraciones que Bruce Dickinson
realizó a la revista Metal Edge en las que poco más
o menos decía que el público norteamericano era autocomplaciente,
mientras en el resto del mundo sus seguidores eran más participativos
y valoraban a Iron Maiden como un ente vivo y no como un mero espectáculo;
y que, como artista, no le agradaba ser observado como un simple
entretenimiento. Estas declaraciones me llamaron la atención
en un principio, aunque no supe por qué hasta darme cuenta
de que lo que me sorprendía era que Dickinson las realizara
justo antes de enfrentarse al público norteamericano durante
su participación en el Ozzfest.
Ahora, tras desaparecer del mapa por
una temporada, me sumerjo de nuevo en las noticias para volver a
ponerme al día de lo que ha sucedido y me encuentro con la
noticia de que Iron Maiden vieron boicoteada
su última actuación en el Ozzfest, en una esperpéntica
jugada perpetrada por la misma organizadora del festival, la popular
esposa y manager de Ozzy Osbourne, Sharon
Osbourne. Los detalles de lo sucedido son de sobra conocidos
por todos, pero en resumidas cuentas el boicot se debió a
que, según Sharon -algo que Zakk Wylde
corrobora-, Dickinson ofendió con sus comentarios, durante
los conciertos y fuera de ellos, a los estadounidenses y a los Osbourne,
por lo que ella respondió organizando el lanzamiento de huevos
a la banda durante su actuación al tiempo que les cortaba
una y otra vez el sonido.
Pero toda esta explicación no la hago para
concluir señalando el irresponsable y bochornoso comportamiento
de Sharon -que creo que junto a los dos hijos menores que tuvo con
Ozzy se ha convertido en el personaje más odioso del mundo
del rock-, sino porque me llama la atención el hecho de que,
aunque la mayoría -me refiero de nosotros- coincidamos en
despreciar el comportamiento de la Sra. Osbourne, no me extrañaría
que muchos pensaran que el vocalista se lo buscó. Yo, ya
digo, fui el primero en sorprenderme de las declaraciones de Bruce
antes de viajar a los States, pero me sorprendí por su honestidad.
Da igual que tuviera o no razón, es lo que él pensaba,
y que un artista, que un rockero diga lo que siente en una entrevista,
es algo a lo que no estamos últimamente muy habituados.
Y que porque Dickinson diga entre canción y
canción que está en contra de la intervención
bélica en Irak se afirme que el vocalista está "ofendiendo
a los americanos" es completamente ridículo. ¿No
es eso lo que manifiestan sus canciones? ¿No es eso lo que
dice la letra de War Pigs de Black Sabbath
que Ozzy cantaba día a día mientras tenía garganta?
¿No son las letras parte fundamental y hecho constitutivo
de lo que es el rock? A mí no me ofende que Sharon Osbourne
estafara al público impidiendo que disfrutara en libertad
lo que había pagado por ver; lo que me ofende es que se crea
que el público que sigue a su marido y a otros como él
es gilipollas, que le da igual que Hallowed Be Thy Name sea
una canción contra la pena de muerte o The Trooper
una mirada trágica al papel de un vulgar soldado en el frente
de batalla; ella cree que para nosotros no son más que excusas
para dar cabezazos.
Y como yo no pienso lo mismo, como para mí
hablamos de arte, aprecio las palabras de Bruce Dickinson, sus declaraciones
en el filo de la navaja, su esfuerzo en cada entrevista y en cada
concierto por demostrar la respetabilidad que merece su carrera
y su obra, todavía en líneas generales ignorada y
menospreciada por la gran mayoría de la población,
aunque a veces para ello tenga que decir cosas en las que parece
que infravalore a parte de su audiencia. Eso es valiente y es lo
que necesita el rock.
Pero, "qué pasa con las ofensas a Ozzy"
os preguntaréis. A parte de meterse con los reality shows
y la MTV no creo que dijera nada que aludiera directamente al madman
en los shows, o al menos no se ha dado a conocer ninguna cita textual
de un comentario despectivo, por lo que los insultos pueden estar
más en la mente enferma de Sharon que en la boca de Dickinson.
Sin embargo, el vocalista sí que realizó recientemente
a la revista Kerrang británica las siguientes declaraciones
en relación a cómo llevaban sus hijos el que su padre
fuera una estrella del heavy metal: "En el colegio algunos
compañeros los mirarán como si tuvieran dos cabezas,
pero mis hijos saben cuidarse muy bien. Imagino de todos modos que
les habría ido peor si su padre hubiera descabezado un murciélago
de un bocado." Sin duda, y a las pruebas me remito, no
se equivoca.
CON LA MIEL EN LOS LABIOS
A mí me
pusieron la miel en los labios ya de pequeño y ahora estoy
demasiado acostumbrado a ella para poder quitarme el vicio. Cómo
renunciar a tus discos, a la película del fin de semana,
a la salida a cenar con tu pareja, si es lo único que te
satisface de todo el círculo en el que estás metido
precisamente para mantener esos placeres.
Pienso en ello mientras todavía resuena el
eco de las bombas en el Londres olímpico, un eco que rebota
en las paredes ya castigadas de la estación de Atocha ganando
así fuerza para sacudir con más fiereza nuestro corazón.
"¿Cómo alguien puede perpetrar tal barbarie?"
me pregunto mientras escucho, intercaladas entre las informaciones
que aportan nuevos datos del suceso, las primeras opiniones de los
políticos.
Y a medida que pasan los minutos crece el posible
número de víctimas con la misma intensidad que la
insensatez con que, en muchos casos, estos políticos interpretan
los atentados. Algunos, arrastrados por la emoción del momento,
hablan de "lucha de civilizaciones", aunque pronto
son corregidos por otros colegas que no quieren aceptar que, aunque
el ataque no venga de una civilización sino de un grupo de
desalmados, sí es nuestra civilización la atacada.
Otros, los más rastreros, aprovechan la coyuntura para tratar
de sacar tajada política. Estos dicen con su manido discurso
que no hay que buscar las razones de los terroristas para cometer
actos de este tipo, que no hay buscar explicaciones a los atentados,
sino condenarlos.
"Cómo les gusta esa palabra: condenar",
pienso, y eso me lleva a la idea de que no hace falta condenarles,
sino que es posible que ya estén condenados, y que día
a día sigamos condenándoles. Condenándoles
poniéndonos medallas al decir sin sonrojo en el G8 -no estamos
como país, pero sí como cómplices- que se va
a tratar de condonar la deuda de los países pobres; una solución
que no es tal, cuando el problema está en las infranqueables
fronteras arancelarias que interponemos entre nosotros y ellos para
que no puedan vender sus productos más baratos en nuestro
mercado, para que no puedan competir y con ello, tengan la posibilidad
de ganar en alguna ocasión.
No, eso supondría que, por poner un ejemplo,
nos tragaríamos -pero no literalmente- el producto de nuestra
agricultura, porque no podría competir con sus bajos precios.
Y así llegaría el dinero de verdad a África,
con consecuencias devastadoras para nosotros. Imaginaos lo que harían
con dinero, podrían desarrollar su industria y, en el peor
de los casos, habilitar sus playas todavía vírgenes,
no como las nuestras, para llevarse a nuestros turistas y con ellos
nuestra principal fuente de ingresos.
Pienso en ello. ¿Podemos permitir eso? Su pobreza
garantiza la estabilidad de nuestro sistema, y esa estabilidad,
que podamos grabar y comprar discos, hacer y ver películas,
y hablar de todo ello en nuestro tiempo libre en la terraza de un
bar. Ayudarles de verdad supondría, irremediablemente, renunciar
a todo lo que tenemos, y yo, personalmente, estoy demasiado acostumbrado
a la miel que pusieron en mis labios para ahora renunciar a ella.
Y entonces reconozco mi culpa. Así de fácil,
así de cruel, pero así de sincero. No espero, porque
sería esperar en vano, que llegue el día en que un
mandatario occidental se enfrente, por seguir con el mismo ejemplo,
a los agricultores de su país negándoles las subvenciones
que hacen su producto competitivo, y se sincere así con su
población diciéndole que ése es el camino y
el sacrificio que todos debemos hacer para que el mundo sea mejor
para todos. Pero sí espero de esos mandatarios, que ya que
aprietan con nuestro consentimiento el cuello de muchos países
del tercer mundo para que nosotros tengamos nuestra miel, no se
escuden en ello para cometer nuevas barbaries como la de Irak que
sólo obedecen a sus oscuros intereses. Con ello encienden
la mecha de un barril que todos, mucho tiempo atrás, empezamos
a cargar de pólvora. Entiendo que muchos prefieran condenar
al tiempo que miran a otro lado, porque si se fijan, el sabor de
la miel se torna bastante más amargo.
CÓMO SER BRUCE DICKINSON
No era la primera
vez que me pasaba. Ya con trece o catorce años era mi ídolo
y quería ser como él; incluso durante un tiempo imité
sus poses y traté de emularle con muy mala fortuna en diferentes
bandas que nunca llegaron más lejos del circuito de pubs
local de mi época teenager. Sin embargo, la enorme
diferencia entre el original y la copia me frustró de tal
modo que hasta el otro día en Lorca
había olvidado lo que durante un tiempo fue mi obsesión:
quería ser Bruce Dickinson.
Quizás en mi etapa más pueril (y digo
el más porque creo no haber superado la etapa del todo) lo
que más me llamaba la atención de él era su
potencia vocal, absolutamente por encima de la práctica totalidad
de sus colegas; pero también sus pintas -era la encarnación
absoluta de cómo debía ser un heavy, con sus pantalones
prietos, sus melenas con flequillo tocapelotas y el resto de parafernalia
habitual en forma de cinturones, muñequeras o camisetas de
malla- y especialmente su capacidad de movilizar al público
como nunca había visto hacer a otro cantante o músico.
Esos eran mis argumentos y todavía me parecen
en buena parte aplastantes. El tío era lo mejor en los suyo
-¿no es eso lo que queremos todos?- aunque eso sí,
su profesión tenía el aliciente de que le permitía
ligar a mansalva. Además, el tipo imponía con sus
pintas cierto respeto, algo que también deseas cuando eres
un crío. Por eso no entiendo ahora como han cambiado los
papeles con los chavales. Antes o eras heavy, punk, hippie o algo
por el estilo, o no eras nada, y estos últimos eran los menos.
Ahora en cambio, o van por ahí de Simple
Plan por la vida, con la pinta de merluzo
y el poco respeto ajeno que ello conlleva; o les va el reaggeton
y su sueño es tunear su futuro coche, con lo que sí
les perciben con más temor, pues su escaso poder de discernimiento
les hace imprevisibles. El resto son la masa habitual, que no cambia,
pues ahí siguen los 40 Principales y similares para lanzar
referentes vacuos.
El caso es que me considero afortunado por haber tenido
un referente como Dickinson. Y el otro día volví a
sentirme orgulloso de ello. Ahí estaba Bruce, como el líder
de opinión más brutal que he visto nunca; haciendo
gritar a la gente cuando él quería y tantas veces
como él quería; manejando a una gente que en su día
le rechazó y que ahora está de nuevo a sus pies; sabiendo
que es la pieza fundamental de una banda que creyó poder
prescindir de él y tuvo que retractarse; saltando y corriendo
por el escenario y cantando mejor de lo que nunca lo ha hecho; y
compaginándolo todo con su función de locutor de un
programa semanal en la BBC y sus vuelos esporádicos como
piloto profesional. Y ahí abajo seguía yo, que lo
más cerca que estoy de cantante depende de la fila del concierto
en que me coloque, sudando, desfallecido y obedeciendo con gusto
las órdenes que un pletórico Dickinson nos lanzaba
del escenario entre sonrisas. Qué injusta es la vida, pero
gracias de todos modos.
NEGRO
Yo soy de la opinión
de que uno está predestinado. No influido en el sentido supersticioso
del asunto -no creo en la influencia de los astros, los horóscopos,
ni nada por el estilo-, sino por tu entorno, tu educación,
tu manera de adquirir tus primeras concepciones de la realidad.
Todo eso te influye y, llegado un momento, se convierte en una necesidad
a la que no puedes renunciar.
Algunos -y me refiero a los psicólogos- le
podrán dar una explicación con un breve comentario;
a otros les parecerá una niñería, algo que
no me distingue de los chavales que ahora se cortan el pelo a lo
"mullet" porque es lo que está de moda; pero cuando
recordé hace unos días el momento en que a mí
me sucedió, volvió a fascinarme, como una pieza de
mi vida sin la cual el resto no tendría sentido. Porque,
si no, ¿por qué motivo iba a ser algo fundamental
para un niño vestirse de negro?
No, no creo que fuera algo enfermizo, no me dio por
ir de gótico por la vida (a lo que no me opongo, allá
cada uno), sino que simplemente necesitaba, a los once o doce años,
llevar mi camiseta o mis pantalones negros. Quizás fuera
hasta ridículo y nadie más que yo le diera importancia,
pero en cuanto lo llevé encima sentí una paz en mi
interior que todavía recuerdo.
Luego no sé si una cosa llevó a la otra,
pero lo cierto es que antes llegó a mí el negro que
el rock, y entonces éste puso letra a lo que yo sentía.
Muchos años más tarde me enteraría de que Black
Sabbath vistieron de luto su música en contraposición
al mensaje floral de sus coetáneos; y yo, que prefería
su mensaje y el de sus discípulos, a la actitud confiada,
complaciente y pasiva de la mayoría de la música popular,
entendí que había cierta relación entre una
cosa y la otra.
No obstante, creo que con el negro quise dar la razón
a mi padre, asumir mi papel de oveja descarriada, ofrendar -al que
quisiera verlo- mi negativa hacia su modelo de sociedad y mi disponibilidad
a luchar por ello. Luego, el rock me hizo sentirme menos solo y,
a veces al contrario, mucho más fuerte. Y doy gracias a Dios
por ello, por haber tenido la suerte que muchos no tienen, de escuchar
la música que mejor acompaña mis sentimientos. A un
Dios que, por cierto, en mi capilla Sixtina particular -que nada
tiene que ver con la de Ratzinger-,
también viste de negro. Amén.
DESCANSE EN PAZ
Mientras escribo estas líneas,
la radio y la televisión no paran de hacerse eco de la noticia:
ha fallecido Joaquín Luqui. A
los no españoles eso no les dirá nada, pero a los
que somos de aquí, ya seamos mayores o pequeños, es
fácil que la nueva nos haya afectado de un modo u otro. Porque
aunque la música no fuera tu mayor pasión; aunque,
en el caso de que lo fuera, no buscaras su voz en el dial o la televisión;
cuando en nuestro país había que hablar de música
popular, siempre se le acababa preguntando a él, y todos
terminábamos, voluntaria o involuntariamente, escuchándole
y conociéndole como profesional.
Ahora el locutor acaba de fallecer y, como es habitual,
sus amigos le honran y le recuerdan. Sin embargo, como también
es frecuente en nuestro país, y más en este tipo de
ocasiones, se confunde la amistad y la calidez de la persona con
su profesionalidad. Y se enfatiza lo buena persona que era el fallecido,
lo amigo que era de sus amigos, para pasar inmediatamente a afirmar
que era el mejor en lo suyo. Lo malo, es que eso muchas veces no
es así.
Joaquín Luqui sería, no lo pongo en
duda, una excelente persona. Sólo una vez coincidí
con él en un espacio y fue amable con todos aquellos -y fueron
muchos- que se acercaron a él para pedirle autógrafos
o fotos. Eso le honra. Pero tampoco hay que poner en duda otra cosa:
que si la cultura musical en nuestro país es tan pobre, es
en parte gracias a él. Porque la trayectoria de Luqui siempre
estuvo ligada a la de la cadena 40 Principales, la principal lacra
musical de España, de la que el locutor navarro se convirtió
en orgulloso portavoz.
Él tenía un estilo propio y lo que no
sabía de música -célebres e innumerables son
sus gazapos, resultado en la mayoría de ocasiones de la ignorancia
acerca de lo que hablaba- se suplía con el dictado de la
emisora: si el sello discográfico ponía dinero, y
emisora y sello se podían lucrar a costa del pardillo de
turno, Luqui saldría y diría sin rubor que podría
ser "tres, dos o uno". Lo dijo de artistas como Modestia
Aparte, Mecano, Hombres
G o Greta y Los Garbo, y los
chavales, hipnotizados por la voz que salía de las ondas,
lo creyeron en su mayoría a pies juntillas. Así nos
fue. Y nos va.
Luqui ha fallecido y nadie habla de todo esto, de
la manipulación en la que participaba y que suponía
la realidad diaria de su trabajo, y lo entiendo. Pero me parece
inconcebible que nos cuenten en cambio lo amigo que era de los Beatles
-de cuyos célebres conciertos en España en 1965 dijo,
en dos diferentes documentales grabados con varios años de
diferencia, en una ocasión lamentar no haber podido asistir,
para en el otro decir que uno de ellos era el mejor concierto al
que había ido en su vida- o de los Rolling
Stones, algo tan cierto como válido era su criterio
musical. Ya está bien de mentiras. Digamos que Joaquin Luqui
era un buen tipo. Y que descanse en paz.
CUENTO DE INVIERNO
Para poder contarles lo que quiero,
he de empezar confesando que mi caso confirma el dicho de que detrás
de todo crítico musical -si se me permite calificarme como
tal- hay un músico frustrado. Sí, yo en mi tierna
juventud traté de emular a mis ídolos con desigual
fortuna cantando en varias formaciones. No les contaré mis
desventuras, pues no vienen ahora al caso, aunque sí que
en mi peripecia me encontré con tipos de todo pelaje y condición.
De eso hace ya muchos años y uno tiende a olvidar.
Por eso, cuando el otro día me crucé con uno de mis
ex-colegas en una cafetería, tardé en reconocerle.
Fue en un local cercano a mi lugar de trabajo, no muy formal, que
suelen frecuentar lo que un compañero y yo llamamos vividores,
aunque ellos se consideren a sí mismos como modernos bohemios.
Nuestra presencia en la cafetería es casual, aunque la parroquia
allí presente es siempre la misma, da igual la hora que sea
del día.
Por eso, al cruzarme con mi ex-colega no le reconocí,
aunque he de decir a mi favor que me lo puso difícil. Cuando
hace ya muchos años él aterrizó en el grupo
adoraba a Héroes Del Silencio
-no sé ni cómo le dejamos atravesar el umbral de la
puerta con semejante gusto-, iba siempre acompañado por una
rubia oxigenada aspirante a gogó de discoteca de barrio,
lucía un corte de pelo militar y trataba de calzar sus rancias
baladas de cosecha propia en nuestro repertorio. Sin embargo, ahora
una braga cubría su larga cabellera que, en forma de rastas,
conseguía asomarse ligeramente detrás de su oreja.
El resto lo pueden imaginar; alguna "grapa" en la ceja
y bastantes talegos en ropa nueva con aspecto viejo. Él sí
me reconoció, y me contó, con el mismo orgullo con
que antaño se atribuía falsamente la autoría
de todos nuestro temas, su participación en la organización
de una futura "rave" en la capital.
En su mirada noté cierto orgullo, como si él
hubiera logrado su objetivo en la vida, o al menos andara por el
buen camino, y yo no. Y quizá fuera así desde su punto
de vista. Entonces y ahora él quería ser aceptado,
gustar a muchas chicas, y como si del Zelig de Woody
Allen se tratara, cambiaba de opinión, gustos y pinta
para conseguir integrarse en la sociedad. Yo, con el mismo
aspecto que entonces pero más deteriorado por el paso de
los años, era a sus ojos un completo fracasado.
No obstante, a mí me dio por acordarme de los
ordenadores de la policía, en esos que utilizan para ver
cómo sería una persona tras el paso de los años.
Y pensé que quizás cogiendo una foto mía de
entonces podrían haber deducido como sería mi cara
ahora, pero dudé que pudieran haber sacado la de mi ex-colega.
Porque un ordenador, con toda su lógica, sería incapaz
de comprender la tontería que afecta al mundo, un mundo en
el que cada día intenta integrarse mi ex-colega. Una pena.
PEOR QUE TONTO
Primero fue un mensaje en el móvil
por la mañana. "Han disparado a Dimebag
Darrell de Pantera" decía
un mensaje. Después la terrible confirmación de boca
de un amigo antes de entrar a ver a Sebastian
Bach. Darrell había sido víctima
de un chiflado de esos que parecen tener Made In USA tatuado en
la nuca, que pistola en mano descargó su frustración
sobre el guitarrista y varios asistentes a un concierto de Damageplan,
la banda en la que ahora militaba.
La digestión lenta y el no conocerlo de mano
de un medio de confianza provocaron en mi que no fuera hasta la
mañana siguiente, cuando me encontré ante el periódico,
me lanzara directamente en busca de la noticia. Y fue El
Mundo, para mi desgracia, el diario que cayó en mis
manos. Porque no, no os penséis lo habitual, que sería
que nuestro país, cuya media de cultura general es tan baja
que no llega a reconocer no sólo la existencia de una banda
como Pantera -por no decir Led
Zeppelin-, hubiera simplemente ignorado que el músico
fallecido no era un cualquiera, sino una verdadera figura con su
instrumento. Lo que encontré fue algo peor.
Porque sí, los responsables de difundir información
general en nuestro país olvidaron decir -por un desconocimiento
injustificado para su profesión, especialmente en el caso
de los periodistas musicales de los medios generalistas- que Dimebag
Darrell era, junto a Zakk Wylde, posiblemente
el guitarra más innovador e influyente de la pasada década.
Lo que no era tan previsible es que esta desgracia fuera utilizada
por un periodista, respaldado por el medio en el que escribe, para
arremeter contra un estilo musical y sus seguidores.
"Los viejos rockeros morían de sobredosis.
Dimebag, de cuatro tiros. Quien a hierro toca, a hierro muere."
Así, como justificando el asesinato de Darrell por tocar
heavy metal, empezaba el artículo
que Vicente Mateu escribía para
la sección Obituario del diario El Mundo. Pero no nos debemos
molestar, simplemente es una chanza del "periodista" a
costa de la víctima de un asesinato. A partir de ella lo
que sigue es toda una muestra de estilo de cómo desprestigiar
una música -o cualquier cosa- a base de acompañar
su denominación de toda una retahíla de adjetivos
negativos, tanto a nivel semántico como fonético ("brutal",
"rabioso", "ruidoso" no fueron
adjetivos elegidos gratuitamente).
Pero los únicos que salen desprestigiados son
él y el periódico que lo ampara. Él, por ignorante
primero -no tiene ni puta idea de qué y de quién escribe-;
y por idiota segundo -porque peor que ser tonto es ser tonto y tratar
de ir de listo-. Y su periódico, primero por no tener a un
periodista lo suficientemente informado como para saber la relevancia
de la noticia y de su trágico protagonista; y segundo porque
en su lugar tiene contratado a un patán al que permite bromear
con víctimas de asesinatos como sujetos de sus chistes. Patético
y tercermundista.
REFLEXIONES EN CALIENTE
Por tercera vez, me asomo -Juan E. Tur- personalmente
a esta ventana común de los que firmamos por aquí,
para comunicar lo que se me pasa exclusivamente a mi por la cabeza.
Y lo hago porque vengo caliente, caliente de ver como sólo
poco más de un millar de personas acudimos a ver a The
Darkness en mi patética ciudad, pero sobre todo caliente
de escuchar las mismas argumentaciones baratas que muchos esgrimen
para excusar un comportamiento que no liga con la imagen que tratan
de vender por si mismos.
Estoy seguro que para la mayoría resultaré
una persona un tanto enfermiza por preocuparme de estupideces como
éstas, pero realmente son cosas que me afectan y que, además,
me parecen realmente misteriosas. Por ejemplo, ¿por qué
tengo que aguantar a tipos quejarse de que no vienen grupos a su
ciudad y cuando vienen son ellos los que no van a los conciertos?
Dicen que no van -caso del concierto de The Darkness- porque las
entradas son caras. El problema es que tampoco van a los conciertos
que son baratos porque, evidentemente, no conocen a los grupos.
Vamos que no van a ningún concierto. ¿Por qué
entonces tengo que aguantar su quejumbroso ronroneo continuo y su
autoafirmación de que son los más rockeros cuando
realmente son unos hipócritas y unos plomazos?
Y ése es sólo un espécimen. Hay otro que es
el del "erudito", el del que sí va a los conciertos,
pero se cuida de manifestar en cada ocasión la opinión
que considera que le va a resultar más favorable para dar
una imagen elevada. Es el típico tío insufrible al
que nada le parece lo suficientemente bueno, con lo que cree dar
la imagen de tipo "enterado." Paradójicamente es
el que más sandeces dice a oídos de cualquiera que
tenga un pensamiento o una opinión propia de algo, porque
la del menda se cae por su propio peso y su incoherencia. Estos
son fáciles de localizar; por ejemplo ahora mismo les oiréis
decir que el disco de Velvet Revolver
suena a grunge (algo que ya dijeron del Carnival Of Souls
de Kiss, por poner un ejemplo, cuando
ni entonces ni ahora tienen ni puta idea ni pueden explicar qué
coño es eso del grunge) o que The Darkness son un chiste.
Lo más gracioso es que, aunque pretendan todo lo contrario,
finalmente sus argumentos se acercan hasta casi encontrarse con
los de tipos como Joaquín Lucky,
y hacen más daño que bien a aquella música
que dicen amar.
Y hay muchos más. Desde el gilipollas que se congratula de
tener cientos de discografías bajadas de internet y se cree
un musicólogo, hasta el que afirma que sólo apoya
el rock en español, algo que podría convertirle en
el perfecto Ministro de Cultura si algún día Rajoy
pisa la Moncloa. Mi ciudad está plagada de gentuza del palo.
Y me revientan. Y cuando, entre unos y otros, pasan cosas como el
pinchazo del otro día en el concierto de The Darkness, por
un momento me alegro de que todos tengan finalmente su merecido,
o lo que es lo mismo, nada, aunque otros como nosotros salgamos
perdiendo. Si en tu ciudad también hay de estos, yo de ti
me andaría con cuidado.
PANORAMA REVUELTO
Está el mundillo del rock
un tanto revolucionado. A nivel internacional porque se empieza
a sentir que el rock puede ser la tabla de salvación de una
industria en horas bajas. En el nacional, porque los cimientos de
las promotoras de conciertos no parecen ser todo lo sólidos
que sería deseable.
Empezando por el final, en las últimas semanas
hemos visto como primero fallaban nuestros pronósticos respecto
al cartel del Festimad -que vuelve a
ser tan pretencioso e incoherente como de costumbre-, el Metal
Mania dejaba atrás sus ambiciones de grandeza europea
para pasar a una única jornada, y nuestro entrañable
Serie Z, al menos en su cara visible
que es su website, se encuentra en paradero desconocido.
Del Z poco podemos decir, ninguna de las conversaciones
mantenidas en los últimos meses con sus organizadores nos
hace presumir que finalmente no tenga lugar, pero el silencio que
le rodea y los sucesivos cambios que se han producido en su cartel
y fechas no suponen un buen augurio a sumar a la caída de
su web. También el silencio envolvió al Metal Mania
desde que supimos que ya estaba firmado el acuerdo para que se celebrara
en el Circuito de Cheste -semanas después de que también
supiéramos que existía tal posibilidad, aunque evidentemente
no lo hicimos público por la posibilidad de entorpecer las
negociaciones-, pero primero el fallido anuncio de la inclusión
en su cartel de Twisted Sister y el
final desenlace con el comunicado que dejaba el festival en una
sola jornada, no hace suponer un futuro al alza para la que se suponía
la apuesta más fuerte por tener un gran festival de heavy
metal en nuestro país.
El resto sigue igual. La gente del Derrame
no se ha venido abajo y este año el festival volverá
a celebrarse de 1 al 3 de julio, aunque esta vez en Pravia (Asturias),
al igual que el Lorca Rock, aunque sigue
sin dar más nombres para su cartel al margen del de Europe
(y el de unas poco atractiva Kissexy).
Lo del Medina Classic Rock no se sabe
si crecerá o seguirá como está, mientras que
el Azkena volverá a ser una especie
de Festimad pero en rockero, o lo que es lo mismo, mezclando rock
puro y duro con bandas elitistas que parecen escogidas de cara a
la galería.
Pero todavía no está todo por decir
en la mayoría de ellos, como sucede con el rock a nivel general.
Por todos lados se respira una contenida euforia que habla de vientos
de cambio, de fin de la época de sopor instituido que todavía
vivimos y que se borraría de un plumazo con un solo guitarrazo
de Slash y sus Velvet
Revolver. Puede ser, o al menos es la primera impresión
que te viene al ver el video de Slither, pero nosotros ya hemos
visto editarse decenas de discos geniales -dos de Slash sin ir más
lejos- que no han causado ningún cambio por no haberse vendido
lo suficiente.
The Darkness o Jet
ya han puesto -a nivel popular- una pica a favor de la rentabilidad
del rock, y la industria parece preparada para asaltarnos a lanzamientos
(hace poco hablábamos de los futuros lanzamientos de bandas
como Silvertide que se empiezan a promocionar
con fuerza) en cuanto la cosa empiece a funcionar. Pero para ello
debe "empezar a funcionar" y eso sí parece no haber
cambiado mucho. Ahí están discos como los de Monster
Magnet, Scorpions, Black
Label Society, Tesla o Young
Heart Attack, que, pese a su inmensa calidad, no acaban de
despegar. Cada uno pensará lo que quiera, pero a la industria
sólo hay una manera de ponerla del lado de uno.
CALENTANDO MOTORES
Si aquí usáramos
los tópicos empleados en las crónicas futbolísticas,
para hablar de los festivales que se empiezan a preparar para este
2004 diríamos sin duda que "las espadas están
en alto". Es más, en algunos casos, especialmente en
el de los más rockeros Serie
Z y Azkena,
se podría afirmar que esas espadas están haciendo
casi blanco. Esta contienda al margen, lo cierto es que unos y otros
empiezan ya a enseñar sus cartas, y nosotros, estúpidos
apasionados del rock, a preparar una agenda imposible que nos permita
perdernos los menos posibles.
El primero en poner la carne en
el asador ha sido, como siempre -beneficiado además por ser
el más tempranero-, el Viña
Rock. Y el resultado, también como
es habitual, no acabamos de saber si es espectacular o un tanto
decepcionante. Y decimos esto, no porque la reunión de nombres
no sea espectacular, que lo es, sino porque vuelve a reincidir en
su principal defecto: la reiteración. Claro, los organizadores
serán los que mejor conocerán la fórmula que
les dé el éxito económico, pero algunos que
sólo pensamos en lo musical creemos que la apuesta por nuevos
valores en el evento es menor cada año que pasa, a pesar
de que la oferta de nuevas bandas en el panorama estatal vaya en
aumento. En ediciones anteriores actuaron casi como desconocidos
grupos como Marea,
O'Funk'Illo
o La Fuga
y salieron reforzados regresando posteriormente como cabezas de
cartel. ¿Por qué entonces no se da la oportunidad,
como decimos en la sección de noticias, a bandas como Airless,
Sol Lagarto
o Doble Gota
que apuntan muy alto en sus diferentes estilos? El hecho de que
las bandas hard rockeras estatales (a excepción de los Beethoven
R. de los viejos tiempos, no recordamos
otra que haya pasado por allí) parezcan vetadas en el evento
también es un misterio. Ellos sabrán.
Tampoco veremos casi con toda seguridad a ninguna banda hard rockera
en el Festimad,
aunque eso nos extraña menos, pues su apuesta siempre ha
sido más decididamente estética -por la supuesta parte
"moderna" del rock- que estrictamente musical. Su apuesta
fuerte por ahora, una reunión de los Pixies
que les brindará el beneplácito de la prensa más
complaciente. Eso sí, viendo la coincidencia de fechas entre
el Festimad y el Rock In Rio
de Lisboa, que nadie descarte que la nueva encarnación de
Guns N' Roses
se sume a su cartel (acordaos de dónde lo habéis leído,
por si acaso). Sería sin duda el festival mediático
del año.
Porque a pesar de su empuje, sobre
todo tras el fichaje para su segunda edición de Judas
Priest, el que ha perdido un poco de fuelle
a nivel de expectación ha sido el Metal
Mania, sobre todo tras conocerse que los
británicos también actuarán en España
al margen del evento. Eso, unido sus incómodas fechas y a
la que parece una estricta política de apoyo exclusivo al
heavy metal más encorsetado -sospechamos que será
difícil ver tampoco a una sola banda de hard rock- no favorece
mucho al hecho de que reciba un gran respaldo, aunque poca falta
le hará si sigue sumando a bandas de la calidad de Anthrax
o Queensrÿche.
Ya más lejos quedan el emblemático Serie
Z y el euskaldún Azkena, imbuidos en una extraña disputa
por una parcela tan extensa como la del rock n' roll. No haremos
fuego aquí ni confesaremos nuestras simpatías por
ahora, esperando que ambos lleguen a buen puerto. La incógnita
está en Lorca y en Moncofar. ¿Habrá este año
Lorca Rock? ¿El Rock
Machina está definitivamente muerto? El Derrame
parece haber pasado, si nadie afirma lo contrario, a mejor vida
y el Espárrago se toma un descanso, al menos, hasta el 2005.
Son éstas quizás las víctimas de un negocio
que ha estado en alza en los últimos años y que alimenta
nuestros sueños de rock n' roll, aunque tras su escena parezcan
librarse batallas cruentas. Seguiremos al tanto.
UN AÑO MÁS
Se fue el 2003 y seguimos aquí.
Igual con menos regularidad que cuando el año empezó,
pero con el mismo entusiasmo cada vez que nos sentamos frente al
teclado. Por eso permitidnos que nos felicitemos esta vez a nosotros
mismos. Sí, lo cierto es que no nos parece tan difícil,
por la música de la que hablamos y con la que compartimos
nuestra pasión con vosotros, no parece que seamos de esos
que se dejan llevar por las modas, por lo que en nuestro caso esto
puede durar toda una vida.
Así, sacando horas de donde no las hay, todavía encontramos
un momento al regresar a casa después de trabajar para seguir
sacando Rock Trip
adelante. Y quizás eso, el hacer esto por puro hobby, sea
nuestro secreto. Empezamos poniendo nuestro dinero y nuestro tiempo
sin pedir nada a nadie, y seguimos del mismo modo (lo que no quita
que, si se diera el caso, aceptáramos donaciones sin más
contraprestación que la ubicación de un especio publicitario).
Mientras, otros aparecen y desaparecen (el dinero es lo que les
importa por lo que no nos apena), otros se mantienen, pocos crecen,
y otros tantos ven brillar cerca de sus cuellos el filo de la navaja.
El tiempo nos seguirá ubicando a todos en nuestro lugar.
De todos modos no nos colguemos todas las flores:
no somos los únicos que funcionamos así. Sin ir más
lejos, algunos de los escriben en Mondosonoro
(no los que mandan, seguro) también lo harán por amor
al arte. Un ejemplo sería el de Toni
Castarnado (en nuestra línea habitual de mala educación,
seguimos señalando con el dedo), encargado de hacer la crítica
del concierto que The Darkness realizaron
el pasado 15 de diciembre en Barcelona. Leído lo leído
(pincha aquí
para ver su crónica) es obvio que este tío no cobrará
un duro, porque parece que ni siquiera estuvo allí. El sentirse
cómico intelectual ("hacía mucho tiempo que no
había tanta expectación para ver a un hype de estas
características"), la osadía de poder hablar
de cosas de las que no tiene ni puta idea ("a
mediados de los ochenta The Darkness no hubiesen pasado de ser unos
simples teloneros para la mitad de los grupos de hard rock de la
época"), y el recibir palmadas en la espalda de otros
tipos tan ignorantes como él, son suficiente pago para él.
Si a eso se le suma la lista de los mejores discos
del año -es gracioso ver como en la publicación publican
noticias de todos los estilos para sacar pasta con publicidad, pero
luego en su lista sólo tienen cabida algunos- confeccionada
por los miembros de la revista (no tiene desperdicio la gratuidad
con la que hablan de rock para describir la música de determinados
grupos, como podréis comprobar pinchando aquí)
está claro que los que en ella escriben también lo
hacen para darse el gusto; como el colega Castarnado. Y si ellos
lo hacen, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros? Así
que a seguir. Que este 2004 todo nos vaya mejor.
UNA HISTORIA DE ROCK N' ROLL
Esa noche tocaban Deep Purple
en Murcia, pero si decidimos sacar nuestros culos de la triste ciudad
de Valencia y dirigirnos al sur, no fue para ver a Gillan y compañía,
sino para cumplir una promesa hecha en una noche jerezana. Allí,
en medio del paraíso del rock n' roll que suponía
el marco del Serie Z, prometimos a unos
nuevos amigos, cuya banda nos resultaba totalmente desconocida,
que cuando tocaran en directo acudiríamos a presenciarlo.
Y así es como, sin haber escuchado siquiera una tímida
nota de su música, nos chupamos los más de doscientos
kilómetros que separan nuestra ciudad de Alacant Rock City.
Del Z hasta esa noche habían tenido programado
un concierto pero había caído a última hora,
y si ahora tocaban en la sala Stereo, era porque la banda que tenía
reservada la noche les había invitado a tocar con ellos para
reforzar el cartel. Así nos lo comentaron Lockio
y Suzuki -dos grandes nombres para dos
grandes tipos-, bajista y teclista del grupo, cuando nos los encontramos
en las inmediaciones del recinto. Lo sorprendente era que esa banda,
cuyo nombre no citaremos, les emplazó a ellos a ser los últimos
en tocar porque, según lo que ellos nos contaban, "les
habríamos barrido del escenario".
Así, entre las risas y el escepticismo de rigor
y después de tomar unas cervezas, accedimos a la sala a tiempo
para ver como los primeros atacaban con discreción sus últimos
temas, momentos en los que a alguno nos cruzó por la cabeza
lo que podríamos estar viendo si nos hubiéramos desviado
a Murcia antes de entrar a Alicante. Pero entonces llegó
su momento. El escaso centenar de espectadores se agolpó
ante el escenario, sonaron las primeras notas, y allí estaban
Gang Bang 66. Con una base rítmica
sólida, una guitarra prodigiosa y un hammond que parecía
abrir grietas en el suelo para que saliera desde el mismísimo
infierno su enloquecido y carismático vocalista, se situó
ante nuestras caras el grupo estatal más imponente que habíamos
visto en muchísimo tiempo.
Backdoor Man de The Doors,
Love Removal Machine de The Cult
y un Highway Star que haría ruborizarse a los Purple
que esa noche actuaban a un puñado de kilómetros de
allí fueron los únicos temas que reconocimos de su
repertorio, pero no por ello dejamos de disfrutar de sus propias
composiciones. Su virtud, ser unos increíbles músicos
y realizar una puesta en escena demoledora; su "desgracia",
haber nacido en el perdido pueblo de Ibi en lugar de en Madrid o,
qué coño, en Memphis.
Por desgracia, pocos estábamos allí
para verlo, quizás porque los rockeros alicantinos no se
enteraron del concierto, o quizás porque el "excesivo"
precio de los tres euros de la entrada les disuadió de darles
una oportunidad. Esa es una historia que se repite todos los fines
de semana, días en los que los bares en que se repiten hasta
la saciedad los clásicos de Iron Maiden
y Metallica están abarrotados
de "rockeros" mientras el único futuro de nuestra
música se sube a las tablas de cualquier maldito escenario
ante un pequeño puñado de curiosos. Nuestra noche
tuvo a Gang Bang 66 como protagonistas (seguro que el tiempo hará
justicia a su increíble calidad), pero si os dais una vuelta
por los garitos de vuestra zona, tarde o temprano acabaréis
dando vosotros un nombre diferente a esta historia.
ROCK JUSTO
Ya lo hice una
vez y vuelvo a hacerlo de nuevo. Y es que para poner lo siguiente
hay que dar la cara. Cuando decidí poner en marcha esta web
-yo, Juan Enrique Tur-
lo hice para dar rienda suelta a mis gustos, a mi manera de entender
el rock, y compartirlos y dárselos a conocer a aquél
que estuviera interesado. Año y medio después de su
nacimiento, Rock Trip
funciona bien; lo cierto es que recibir 6.000 visitantes al mes
es algo que sólo podía soñar cuando me puse
manos a la obra. ¿Podría ganarme la vida con ello?
No lo sé. ¿Me gustaría hacerlo? Seguro. Puede
que no sea muy bueno, pero creo que esto es lo que mejor sé
hacer, y qué manera mejor de vivir, que hacerlo gracias a
lo que te gusta. Pero, ¿desvirtuaría aquello en lo
que creo para lucrarme? Quiero pensar que no, que si tuviera que
hablar bien de aquello en lo que no creo, dejaría de gustarme
lo que ahora realmente me importa.
¿A qué viene todo esto, os preguntaréis?
Pues bien, hoy recibimos un correo electrónico en cuyo texto
se comentaban muchas cosas que yo también pienso, a pesar
de que en él se citaban, con nombres y apellidos, a bastantes
"colegas". Una vez, un periodista veterano me comentó
que nunca hablara mal de un compañero en uno de mis textos,
que las cosas se podrían volver en mi contra. Pero qué
queréis que os diga. Si no lo publicara aquí me sentiría
sucio, cómplice de lo que en el texto se denuncia. De todos
no será a mí a quien tendrán que responder,
sino ante todos vosotros, a los que, al fin y al cabo todos nos
debemos.
Finalmente he de señalar que el e-mail, remitido
bajo el alias de "Rock Justo",
no ha sido firmado por su autor o autores. Nosotros se los hemos
solicitado por si querían salir de su anonimato. Pese a ello,
y leyendo lo escrito, salta a la vista que su realizador es conocedor
del "mundillo" y, más que posiblemente, forme parte
de una discográfica independiente, por lo que ha preferido
mantener su anonimato para no dañar a su empresa y a sus
artistas. Dicho todo esto, lo único que nos falta es reproducir
el texto. Sacad vosotros vuestras propias conclusiones.
DENUNCIO LA MANIPULACIÓN Y LA CORRUPCIÓN
DENTRO DEL ROCK ESPAÑOL.
Después de mucho tiempo siendo testigo de como
se desarrolla y maneja la escena de rock (rock, metal, hard rock,
etc) en este país, y de presenciar asqueado las maniobras
de manipulación de diversos medios e individuos en general,
me he visto obligado a expresar y denunciar por este medio mi pensamiento
con respecto a esto con el fin de crear conciencia entre los miles
de "fans" que, como yo, a diario nos vemos expuestos a
dicha manipulación, y si es posible cambiar algo con esto
al menos hacerles ver a "ellos" que nos damos cuenta de
su sucio juego, que no estamos ciegos y que, al estar seguro de
que no soy el único, llegará el momento en que pierdan
por completo su credibilidad (si es que les queda alguna) y se les
acabará la mina de oro que han construido gracias a los engaños
perpetrados contra la ilusión de miles de personas que aman
esta música y que lo único que desean es descubrir
y disfrutar de música de calidad.
Estoy harto de leer editoriales pseudo-furiosos de
revistas como la Heavy-Rock, Kerrang,
Metal Hammer o Rock
Hard en las cuales sus directivos se quejan constantemente
de la marginación del rock dentro del panorama nacional,
de la manipulación de los medios masivos, del gobierno y
de miles de historias, y me da rabia porque es mera propaganda para
quedar como los buenos de la historia, cuando ellos llevan a cabo
las mismas prácticas dentro del rock, de su pequeño
feudo. Denuncian que no hay grupos de calidad en los medios, que
sólo ponen a los que pagan, etc, etc. Y me pregunto yo como
son tan sinvergüenzas de escribir esas líneas sabiendo
que ellos hacen exactamente lo mismo, manipulando la escena del
rock como a ellos se les antoja. Revistas como las antes mencionadas,
y en menor medida pero de igual forma alguna que otra página
web de "profesionales" como Rafa
Basa y locutores de radio como Muniesa
o "el Pirata" son los capos
del rock. Ellos deciden qué grupo es bueno y cual no, ellos
deciden quien tendrá éxito. ¿Y en qué
basan esto? Pues nada más y nada menos que en lo mismo de
lo que se quejan: el dinero. Así es, estos "medios"
van deambulando por sellos y distribuidoras pidiendo que se les
coloque publicidad con cuotas desorbitadas e inauditas las cuales
son imposibles de pagar para la mayoría de ellos, y más
cuando el mercado discográfico está tan mal y es imposible
recuperar la inversión de esa publicidad que, en la mayoría
de los casos, no vale de nada. ¿Y todo para qué? Para
conseguir que te hagan el favor de reseñar un disco o hacer
alguna entrevista, cosa que deberían hacer, ya que se supone
que ellos son los mecenas y los conocedores y defensores del rock.
Sin embargo no es así, sólo lo hacen con los que les
pagan, vendiéndonos en muchos casos a grupos de pésima
calidad, como las nuevas estrellas del rock nacional, y, sin embargo,
dejando a un lado a muchos otros de calidad claramente superior
por no haber entrado en su juego.
Tenemos una escena de mucha calidad en estilos ajenos
a los que ellos promueven y sin embargo no hablan apenas de ello
y lo ignoran totalmente, cegando al público y cerrando así
las puertas a la calidad y a la libertad de gustos y estilos simplemente
porque a ellos no les gusta. Ejemplos: la escena de "metal
extremo" española tiene grupos de nivel internacional
y que en muchos casos tienen mucho reconocimiento en otros países,
y sin embargo aquí ni se habla de ellos. Ya se sabe que nadie
es profeta en su tierra, pero señores, esto es el colmo,
ahí tenemos a Finlandia o Suecia en donde se apoya la verdadera
calidad resultando en una cultura musical excelente y en ventas
altas de buenos grupos como Children Of Bodom,
In Flames, Soilwork,
etc. Sin embargo en España muy pocos habrán escuchado
a Avulsed, Asgaroth,
The Heretic, Numen
y muchos más; casi nunca se les reseña en condiciones
y jamás se les ve en una buena entrevista y, mucho menos,
en una portada. También tenemos dentro del hard rock a bandas
excelentes como 91 Suite, Golden
Farm, Nexx, Airless
y muchos otros que inlcuso han sido editados en Japón y otros
países con gran respuesta. ¿Y aquí qué?
Del otro lado tenemos por ejemplo a Amset,
cuidado, nombre sagrado para estos individuos, ya que gracias a
ellos, o más bien a su descabezado progenitor, se les ha
salvado el año a todos ellos, contratando toda la publicidad
posible. Quién sabe cuanto les habrán cobrado por
todas las contraportadas del año, pero seguro que les ha
salvado el pellejo a más de uno. Si la contraportada de la
Heavy-Rock vale 1600 euros al mes y la de Kerrang, 1200, haced cuentas.
También al Pirata convirtiéndose en presidente de
su sello y a los decadentes Obús.
Entre todos se han repartido el pastel y han querido engañarnos
de la forma más vil; y lo siguen intentando, en una misma
revista noticias, directo, disco, curiosidades, contraportada y
todo lo posible de dicha banda. Es ridículo cuando bandas
como las antes mencionadas y muchas más no tienen ni un mínimo
espacio teniendo mucha más calidad en todo sentido que ellos.
Pobres chavales, al final nos desquitamos con ellos que no son más
que una banda de garaje, pero es que no se puede ser tan sinvergüenza
señores; vosotros debéis vivir de la venta de vuestras
revistas informando y dando oportunidad a los verdaderos valores
de nuestro país, ¿o es que acaso ya no vendéis
nada y tenéis que usar estos sucios trucos para vender vuestros
últimos números? De ser así sería mejor
que nos dejarais en paz y os retirarais mientras aun tengáis
un poco de respeto, por vuestro bien y el de toda la comunidad rockera
española. También nos habéis intentado vender
la "vuelta a sus raíces" de Bon
Jovi con cada nuevo disco, de Metallica
lo mismo, y así miles de veces. Mariskal,
criticas a las multinacionales y luego les besas el culo poniéndoles
en tus CD´s recopilatorios que, todo hay que decirlo, deberían
prescindir de esos comentarios tan estúpidos y ridículos
que incluyes. Cómo poder escribir el último editorial
de Kerrang, que poca vergüenza: "Hablan y escriben para
los que pagan y ese es su calvario. Creen estar descubriendo constantemente
la nueva tierra prometida, y así les va,
creando ídolos de barro que se pierden con el tiempo como
luces de bengala." No se si reírme o llorar.
Gracias a Dios, aún tenemos alguna gente
con conciencia, sentido común y sinceridad que hace su trabajo
sin engaños ni intereses. A todos ellos larga vida, y a todos
los que como yo hayan visto este sucio juego, espero alguna palabra
vuestra. Y a los que no lo hayáis visto aún, abrid
los ojos y no dejéis que estos sinvergüenzas os manipulen
más.
LARGA VIDA AL SERIE Z
Tan sólo han pasado siete días y parece
que haya sido una eternidad. De todos modos, cuando revisas las
fotos que te hiciste con los colegas, con los que por allí
conociste, con alguno de tus ídolos, no puedes evitar esbozar
una sonrisa. Ya lo decía alguno de los nuestros que anduvo
por allí el año pasado, y éste lo decimos prácticamente
todos: va a ser difícil vivir algo parecido a lo vivido el
pasado fin de semana en el Serie Z.
Sí, en lo superficial poco le distingue del resto. La acampada
será para valientes, la bebida, cara, y la posibilidad de
verlo todo, prácticamente imposible. Pero eso sí,
hay bastantes cosas que lo convierten en algo único. Y es
que el Z para empezar es un festival de música, y concretamente
de Rock. Si te gusta el rock, sin complejos, sin etiquetas, no pasará
por el escenario una sola banda que te deje indiferente, a pesar
de que no la hayas escuchado antes en tu vida.
A partir de ahí empieza todo. Desde el hecho
de que los músicos disfruten tanto del festival como el público,
hasta el de que los primeros se paseen por el recinto mezclándose
con la gente de tú a tú (alguno se atrevía
incluso a pedirles bebida con la ya mítica frase "free
beer"), todo denota un espíritu diferente. Y si eso
os parece poco, el organizador del evento no presenció los
shows desde un lado del escenario ni desde el foso, sino que se
le vio en más de una ocasión encima de los hombros
de algún colega o cantando entre el público, como
un espectador más.
Efectivamente, ese exceso de pasión y riesgo
le trajo este año sus complicaciones. Cayeron bandas, sobre
todo aquellas que, como Rock City Angels
o Warrior Soul, se reunían exclusivamente
para el festival. Sin embargo, para los que amamos el rock y pensamos
que nunca veríamos a un determinado sector de grupos que
por su integridad difícilmente serán conocidas o respaldadas
por el gran público, es ese riesgo y esa pasión la
que está consiguiendo que algunos de nuestros sueños
se conviertan en realidad.
Por eso, y también por la posibilidad que nos
da el festival de encontrarnos con gente tan freak como nosotros
(ha sido un placer conocer a la gente bandas prometedoras como Gang
Bang 66, a peña tan enrollada como los "turbojugends"
burgaleses de la carpa after show, a los colegas del programa Grande
Rock de Radio Topo y reencontrarnos con Chema o Héctor
"Lagarto", o con Jorge y Vicente del Popu, por citar sólo
a algunos), no podemos más que dar las gracias a sus responsables.
Ya estamos contando los días para la próxima edición.
Larga vida al Serie Z.
UN "DURO" NEGOCIO
Se aproxima el
final del verano y con él, el de nuestra -e imaginamos que
también vuestra- peregrinación por los diferentes
festivales en busca de rock n' roll. Así somos de idiotas,
en lugar de salir de este país o perdernos en alguno de sus
parajes más recónditos, veraneamos en casa y asomamos
la cabeza sólo para subir al coche y, tras una buena dosis
de carretera, aterrizar en un recinto vallado con la intención
de disfrutar de una nueva dosis de la música que más
nos gusta. Y ahora -con permiso del Azkena
y del Serie Z-,
ya de vuelta a casa, uno no sabe bien qué balance hacer de
lo vivido.
Si a cualquiera de tus colegas le dijeras que este
verano has visto a Iron Maiden, a Motörhead,
a Steve Vai o a Scorpions,
te diría a buen seguro que eres un afortunado. Y por una
parte no dejaría de tener razón, pero al mismo tiempo
no es esa la sensación que a nosotros nos ha quedado en el
cuerpo. Realmente todavía queda por ver -faltan, como decíamos,
el Z y el Azkena-, pero los que se presentaban como los festivales
del verano (si bien no por su contenido, sí por la promoción
recibida en la prensa "especializada") nos han dejado
un sabor de boca que, si no es malo, sí que es al menos un
tanto alarmante.
Y es que en ellos, aunque de maneras bien distintas
y con diferentes resultados, se ha hecho palpable una vez más
el hecho de que lo que importa para los organizadores es que salgan
bien las cuentas, y que la música, sea cuál fuere,
es sólo un pretexto para multiplicar los dividendos que el
público proporciona. ¿Cómo si no se entiende
que la misma empresa que organiza el Viña
Rock pueda por un espectáculo similar, en este caso
el festival Metal Manía, pedir
al público tres veces lo que cuesta la entrada del anterior?
¿Por qué en uno se concentran más de sesenta
grupos en sólo dos jornadas y en el otro una veintena de
bandas se reparten en tres días? Y que nos llamen pejilleros,
pero tras debatirlo bastante, pensamos que la mayoría de
la gente concluiría que, de todo el cartel, quizás
la mitad de bandas merecían la pena mientras el resto eran
más de lo mismo. No obstante, la jugada les salió
redonda y pocas voces disonantes se han escuchado entre nuestros
"colegas".
Peor lo han pasado los organizadores del Lorca
Rock. Sin acobardarse ante el gigante que suponía
este año el Metal Manía (actitud que ha sentenciado
a muerte a propuestas como el Rock Machina, que despareció
del mapa este año sin más explicaciones) sus organizadores
tuvieron la habilidad de encontrar para su cartel a unas estrellas
que la gente deseaba ver, unos Scorpions cuya presencia habría
justificado la sustitución del medio cartel mediocre de su
máximo competidor. Sin embargo, a pesar de juntarlos con
otra triade de grupos ligeramente menos atractivos, su organización
no se conformó con realizar un gran evento de una sola jornada,
sino que tuvo la genial idea de combinar el metal y el rock de corte
clásico con un puñado de bandas de punk y rock urbano.
O lo que es lo mismo, trató de mezclar el agua con el aceite.
Y de ese modo se configuró un cartel de tres días
que, bien mirado, no había por donde cogerlo. Los peor parados
fueron los amantes del rock estatal, ya que para
ellos fueron las horas de calor insufrible, mientras que los que
optaron por el rock duro de este cartel tuvieron que permanecer
tres jornadas para ver a los pocos grupos que les atraían.
El resultado de la ecuación, por desgracia para su organización,
no fue el deseado, y la asistencia no superó en ninguna jornada
los cinco mil asistentes.
¿Quiere decir eso que la gente no picó
en su propuesta mientras que sí que aceptó la del
Metal Mania? Queremos pensar que no, que realmente unos y otros
están forzando a la gallina de los huevos de oro -o sea,
nuestra paciencia y el límite de nuestros bolsillos- y que,
si bien ésta no aguantó el envite de los dos festivales,
es más que posible que, como no cambien las cosas, la gallina
decida otro año irse a Milán. Que se lo vayan pensando.
ROCKEROS POR
UN DÍA
"Esto suena a lata." Esas más o menos
fueron las palabras que pronunció Iñaki
Gabilondo cuando, obligado por la circunstancia de que Metallica
ocupaba el segundo puesto en la lista de ventas de la AFYVE, se
vio obligado a que el tema St. Anger sonara en su programa
Hoy Por Hoy, en lo que constituye para muchos de nosotros
(no todos) el acto más rockero que han generado los de San
Francisco -involuntariamente, claro está- en muchos años.
Este imborrable y cómico momento, que más de uno esperábamos
desde tiempo atrás, ha sido sólo uno de las decenas
que estos últimos meses hemos presenciado con estupefacción
en este también cómico país.
Un país que se ha vestido de rockero por unos
días debido a la visita de los Stones
y Bruce Springsteen pero que sigue igual
de monolítico que siempre. Ya lo decía el Editorial
de la edición valenciana del Mondosonoro:
en los últimos meses han salido -de los medios- rockeros
de debajo de las piedras, pero rockeros para los que ir a ver a
Springsteen es un acto de rebeldía mientras que asistir a
uno de Marilyn Manson es digno de chanza
en sus informativos.
Pero no hay que cebarse en los pobres Gabilondo, Buruaga
y compañía, pobres hombres necesitados de poner un
poco de sal en su vida. Peor es lo de Fernando
Martín, un tipo al que no sabemos cómo le dejan
pisar la redacción de El País,
un periódico que se ceba con Tamayo
y Sáenz y que parece emplear
los mismos chanchulleos para contratar a algunos
de sus redactores. Porque si no, no entendemos como se explica que
un tipo con una ignorancia musical tan manifiesta como el tal Martín
firma críticas de conciertos. El caso más reciente
de su flagrante incompetencia fue su crónica del concierto
de Metallica en Madrid, una crítica en la que el plumilla
de medio pelo cometía errores para justificar sus argumentos
(afirmaba por ejemplo que In Flames
es un grupo de "metal progresivo" sólo para poder
añadir después que "el metal no es un estilo
que destaque precisamente por progresar") sólo antes
de llamar "energúmenos" a todos los que asistieron
al show. Vamos, digno del Pullitzer.
Pero es la historia de nunca acabar. El último
fenómeno es de las pobres Las Niñas,
un grupo de cuya valía nunca dudaremos pero que ahora suenan
a todas horas en la Cadena Ser. Como
en su tema Ojú hablan de Gescartera,
el Prestige, "la guerra" y
demás, y al parecer los tontos de TVE
les han vetado la canción (si es que hay algunos a los que
en seguida se les ve el plumero, aunque otros se empeñen
en afirmar que aquí no hay censura), pues en la citada radio
les ha faltado tiempo para pincharlas y entrevistarlas a todas horas.
Ahora resultará que todos son unos modernos y les gusta el
hip hop, la fusión o como queráis llamarlo. Y eso
pasa tan sólo unos meses después de que, tras preguntar
Gemma Nierga a Rodríguez
Zapatero cuál era el último disco que había
comprado y éste le respondiera que el último disco
de Mägo de Öz para su hija,
todos en el programa creyeran que le había comprado la banda
sonora de la película. Esperemos que la cosa no pare. A falta
de otra cosa, nosotros nos seguiremos muriendo de la risa.
TIEMPOS OSCUROS
Corren, como dicen unos colegas,
tiempos oscuros. A priori nada ha cambiado. Así a bote pronto
podemos recordar que el Viña
Rock volvió a arrasar hace unos
días (no, esta vez desgraciadamente no estuvimos allí)
y no lo vimos reflejado en los "mass media"; los peperos
siguen tratando de hacer la vida imposible a Soziedad
Alkoholika y a Su
Ta Gar (con el beneplácito de fascistas
recalcitrantes y trasnochados como Alfonso
Ussía)... Aunque hay señales
de que esto se está poniendo peor. Que Hombres
G lancen un nuevo disco sólo puede
significar una cosa: el regreso a las cavernas.
Alguno se lo tomará a cachondeo, pero cosas
como esa acojonan. ¿Os imagináis que vendieran más
de mil copias? Eso supondría que nuestro país no ha
avanzado nada en los últimos veinte años. Pero eso
no es todo. Ahí tenemos a La Loca María
versioneando La Vida Sigue Igual de Julio
Iglesias. Que gente con propuestas como esas se atreva a
asomar su cabeza sólo tiene una lectura, que vivimos en una
sociedad idiota. ¿No lo creéis? Hace unas semanas
que no nos asomábamos por aquí y es que es bastante
triste y deprimente ponerse a escribir para hablar de cosas vergonzosas
que suceden a nuestro alrededor o denunciar obviedades, pero luego
los acontecimientos nos obligan de nuevo a hacerlo.
Estas líneas se configuran mientras escuchamos
en la radio los resultados de las elecciones autonómicas
y municipales, justo en el momento en el que José
María Aznar (como otros personajes célebres
como Franco, Mussolini,
Castro,
Stalin* o Hitler, por citar sólo
algunos ejemplos que gustaban de realizar este tipo de actos con
asiduidad) se asomaba al balcón de la sede de su partido
en la calle Génova para darse un baño de masas ante
miles de personas pertrechadas de los signos que a él más
le gustan: las banderas de su partido y las de España, constitucionalistas
y no (las del pollo, ya se sabe, no le desagradan).
Después de chapapotes, de asesinatos fuera
de nuestras fronteras, y de demostraciones de autoridad absolutistas
-y de muestras de desprecio a todo el que piense diferente a ellos-
dentro de ellas, el Partido Popular
vuelve a "ganar" las elecciones. Y va entre comillas porque
han perdido fuerza, pero ni una décima parte de la que deberían
haber perdido después de tanta desfachatez. Ni ellos, que
ni tenían preparada la fiesta que celebraron en Génova,
se esperaban el resultado. Pero que nadie se confunda, eso no significa
que aquí queríamos que ganara el PSOE,
ni mucho menos, sólo que lo lógico, lo razonable,
es que el PP hubiera casi desaparecido del mapa. "No me llames
iluso", que dice aquél. Lo gracioso es que la gente
de por aquí se burle de los argentinos cuando votan a Ménem.
Al que se ría habría que abofetearle.
Tiempos oscuros, sí señor. Son los que
corren y parece que seguirán corriendo bastante tiempo. Al
final conseguirán que nos alienemos. Pero bueno, si sólo
podemos contentarnos con el opio del pueblo, lo haremos. Al menos
el fin de semana nos dejó algo bueno. ¿Qué
no sabéis con quién jugamos este año? Está
claro. Bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi, Real!!!!!!
*Fidel Castro y Stalin han sido añadidos a
la lista de amantes de los baños de masas propagandísticos
para evitar herir susceptibilidades. De todos modos, el que quiera,
puede seguir sin entenderlo.
GRACIAS
Esta vez no encontraréis aquí una de
nuestras habituales y sanas descargas de ira, y no es que no haya
motivos para tenerla. Lo que sucede es que esta semana se cumple
un año desde que empezamos esta aventura que se llama Rock
Trip, y, aunque no nos guste hablar de nosotros mismos, tampoco
queremos pasar la oportunidad de agradeceros el apoyo que vosotros,
los que nos visitáis con mayor o menos frecuencia, nos habéis
brindado.
Y es que, al igual que nuestros editoriales, Rock
Trip nació de un arrebato incontenible, el de hablar de la
música que nos gusta del modo que creíamos apropiado.
Teníamos que hacerlo y, luego, el tiempo diría. Queríamos
hablar del rock desde su perspectiva más épica y romántica,
un aspecto que creíamos que en la mayor parte del periodismo
musical especializado de nuestro país -que no en todo- se
había perdido. Del mismo modo, no queríamos discriminar
estilos. Evidentemente, como a todo el mundo, algunos nos gustan
más que otros, pero pensábamos que separar a Platero
Y Tú de Tesla, a Slayer
de Hellacopters, o a éstos de
Iron Maiden, no sólo hace gala
de una visión errónea del rock contemporáneo,
sino que ejerce en él un daño irreparable, inflingido
además -en la mayoría de los casos- por los mismos
que se vanaglorian de defenderlo. Finalmente, la consigna final,
era plasmar todo ello desde un punto de vista serio, que no pusiera
en duda la inteligencia del lector, y al tiempo directo, huyendo
de parecer pretenciosos.
Que lo hayamos conseguido, en mayor o menor medida, es algo que
nosotros no podemos juzgar, aunque estamos seguros de que el camino
no está del todo recorrido. Sin embargo, son vuestras visitas
anónimas, vuestros mails, y el percibir vuestra presencia
día a día, lo que nos anima a seguir. Por eso os queremos
dar las gracias. Por aguantar nuestros errores, por compartir nuestras
pasiones, por hacernos sentir que no somos los únicos que
entendemos el Rock de esta manera. Hace ahora un año de aquel
primer arrebato y esperamos que el espíritu de aquel momento,
y también vuestro apoyo, nos sigan acompañando. Que
siga el viaje.
NUEVOS FASCISTAS
Anónimos inocentes asesinados,
dinero de por medio, líderes políticos que gobiernan
a espaldas de su pueblo, disolución de manifestaciones pacíficas
a golpe de porra y pelota de goma, fotos para la historia... de
la vergüenza. Todo tiene un tufillo podrido de algo que parecía
propio del pasado, pero que aflora ahora por capricho de tres o
cuatro estúpidos con ansias de inmortalidad. Personajes cuyo
escaso intelecto les impidió sin duda destacar por virtudes
propias, pero cuya ambición les condujo a trepar hasta lo
más alto, a buen seguro, arrollando y engañando a
su paso. Características todas que les relacionan con los
fascistas más célebres de la historia: estúpidos
y sanguinarios.
"Decid la verdad, sigue habiéndolos, y ahora mandan
los alumnos de aquél dictador," decían Reincidentes
hace unos años en su tema Gracias Por Venir, en una clara
alusión que no cabe explicar. Y aunque sospechamos que la
mayoría de nosotros lo teníamos claro ya entonces,
ahora esos fascistas se han quitado definitivamente la careta para
que no le quepa una duda a nadie, riéndose de todos nosotros,
los que le votaron y los que no, cada vez que se reúnen en
el parlamento.
Pocas horas después de que una fila de ninots con la cara
de José María Aznar
y vestidos de soldado nazi saludando con la mano alzada a su fuhrer,
ardieran en el infierno de llamas de una falla; de que la gente
gritara "no a la guerra" mientras sonaba el himno nacional
durante la cremà de la falla de la plaza del Ayuntamiento
de Valencia -algo que trató TVE
de silenciar con escaso éxito durante su retransmisión
del evento-; el fuego inocente y festivo de una fiesta se convirtió
a miles de kilómetros en el fuego de la barbarie.
Las bombas arrasan ahora el suelo de Irak en una guerra
que no se puede ganar. Sí, derrocarán a Sadam, se
harán con su petróleo, pondrán al gobierno
que les venga en gana... pero las guerras no se ganan ya en el campo
de batalla. La gente sin esperanza nos enseñó hace
ya tiempo (con más o menos motivos) que había nuevos
métodos de morir matando. Y para esa guerra nuestros gobiernos
no están preparados. De todos modos, cuando un agredido decida
de nuevo sacrificar su vida para acabar con un puñado de
las de los demás, ellos, los fascistas que nos gobiernan
dentro y fuera de nuestras fronteras. ya tendrán lo que querían:
su poder, su petróleo, su foto y su nombre en las páginas
más macabras de la historia. La sangre de las víctimas,
como ahora, no salpicará la fachada de sus casas.
UN VISTAZO GENERAL
"¿No puedo hablar aquí? A ver si
no voy a poder hablar aquí. Ale a la mierda, joder. Estoy
hablando con el ministro y no con ustedes. Ustedes están
habituados a hablar siempre porque ustedes han controlado el poder
toda la vida. Y ahora les fastidia que vengamos aquí las
gentes que hemos estado torturadas y censuradas por la dictadura.
Eso es lo que les jode a ustedes. Ésa es la verdad. Ale a
la mierda." Qué grandes palabras proferidas el pasado
miércoles 5 por José Antonio
Labordeta, parlamentario por la CHA en el congreso, a los
miembros del Partido Popular que le interrumpían en su turno
de la palabra. Eso es rock n' roll. Y nos sirve de excusa para escribir
de nuevo algunas líneas por aquí después de
unas cuantas semanas.
A parte de esta muestra de realidad, el resto ha sido
surrealista. La guerra ha eclipsado a todo lo demás, y no
es para menos. Al margen, lo más importante de lo sucedido
ya en el terreno musical, ha sido la presentación del cartel
del Viña y el goteo de grupos
en el Derrame, Festimad
y Serie Z, siendo en estos dos últimos
donde hemos encontrado las sorpresas más gratificantes. En
lo negativo, la peor noticia fue la tragedia sucedida durante el
último show de Great White. No
obstante, en los States ya ha habido gente que ha buscado la gracia
a la noticia. La mítica compañía norteamericana
T-Shirthell ha sacado ya su camiseta conmemorando el evento (la
podéis ver pinchando aquí).
El texto que figura en una especie de portada de periódico
dice así: "Trangedy ensues as 80's metal band Great
White loses every single one of its 97 fans" (la traducción
sería "Como resultado de una tragedia la banda de metal
de los 80 Great White pierde a cada uno de sus 97 seguidores").
Bromas al margen, a más de uno se nos han revuelto las tripas
pensando en la cantidad de conciertos con pirotecnia que hemos visto
en salas mal acondicionadas.
Pero la vida sigue. Llega el buen tiempo y con él
los conciertos. Estas fechas son un goteo constante de confirmaciones
y todos cruzamos los dedos para que caiga por aquí el gordo.
De momento, como decíamos, ya se han empezado a confirmar
los carteles de los diferentes festivales. Y la reacción
ante los más destacados a nivel de convocatoria en nuestro
país como podrían ser el Viña y el Derrame,
ha sido bastante fría. Quizás porque se han repetido
bastantes nombres en los carteles y faltan algunas nuevas bandas
que merecen darse a conocer mayoritariamente en este tipo de eventos.
Esperaremos resultados y deseamos éxito, aunque, ya se sabe,
si no se renueva gradualmente el material, a todo le llega su fecha
de caducidad.
ALGO DIGNO DE SER DESCRITO
Hemos dejado pasar unos días
en los que hemos meditado la conveniencia o no de hablar de ello,
porque, ya sabéis, en estos momentos cualquier manifestación
sensata, por lógica que sea, puede ser tachada de demagógica.
De todas las maneras hemos concluido que no podíamos pasar
esto por alto. Y es que nosotros también estuvimos allí,
y fue algo digno de ser descrito.
Sólo el hecho de salir del portal de casa un
sábado por la tarde y ver tu calle en la periferia de la
ciudad plagada de gente te hizo sentir que algo estaba sucediendo.
Como te dijo un amigo, vestías de un modo discreto, porque
como él afirma "no debe parecer a los reacios a tu causa
que la protesta sea tu profesión." De todos modos ese
día hubiera dado igual que hubieras salido desnudo. El metro
estaba imposible, con la gente llenando los andenes de tal modo
que lo normal hubieran sido las avalanchas y los enfrentamientos,
pero en su lugar reinaba la camaradería y el respeto. Era
algo increíble, la gente hablaba en voz alta y se sonreía
con complicidad cuando escuchaba un diálogo con el que coincidía,
se cruzaban miradas constantemente, incluso las que nunca en otra
situación se hubieran encontrado. La ciudad latía
al mismo ritmo, como nunca antes habías sentido.
Después la comunión fue total.
"Punkies talegueros" andaban hombro con hombro con matrimonios
de la tercera edad, universitarios y obreros caminaban juntos, y
los políticos no podían más que tomar el tercer
plano al que les relegaba el pueblo. Da igual que no se pudiera
avanzar, que hubiera algunos -los menos- que sólo estuvieran
preocupados por salir bien en la foto, que las cosas finalmente
pudieran no suceder del modo que impone la lógica. Lo importante
fue expresarse; sentir la libertad en común como nunca antes
la habías sentido. Tu voz, que en muchas otras ocasiones
se había perdido en la inmensidad, se hizo esta vez oír.
Y se hizo oír de tal modo, que ahora sobran las palabras.
Simplemente cabe decir que valió la pena.
UN APLAUSO PARA EL CINE ESPAÑOL
Era sábado por la noche, pero en lugar del
tedio y la caspa habitual del programa de José
Luis Moreno TVE se convirtió en un medio libre por
primera vez en mucho tiempo. Los funcionarios de la televisión
pública, con el guión en sus manos desde hace un par
de semanas, no pusieron ninguna traba a su emisión, y así,
lo que tan sólo debía ser una burda copia de la ceremonia
de los Oscars a la española, se convirtió en la única
muestra que se ha visto en el ente público, del malestar
que vive el pueblo español y la diferencia de pareceres que
le distancia de sus gobernantes.
Tachados por el hecho de manifestar libremente sus ideas contrarias
a las del gobierno (y mucho más razonables y lógicas
que las de éste) de deslealtad respecto al mismo -algo de
lo que si quieren pueden tacharnos también a nosotros- por
la Ministra de Cultura Pilar Del Castillo,
los actores aprovecharon la oportunidad que se les brindaba de aparecer
en vivo y en directo en la televisión portavoz del gobierno
para manifestar sus ideas y también las nuestras. No fue
algo premeditado, aunque sólo el balance final de los films
galardonados brindaba el mismo resultado: daba igual que la factura
de Los Lunes Al Sol fuera o no mejor que la del resto, los
académicos premiaron la película que habla de uno
de los peores dramas que vive nuestro país cuando este vuelve
a aflorar con fuerza, pese a que el yugo censor de los grandes medios
de comunicación lo quiera ignorar.
Ya una semana antes el gremio teatral se había sumado a la
repulsa de la guerra acordando que se leería un texto contra
la guerra al final de cada representación que se hiciera
en el país, pero nada se ha sabido de una actitud similar
por parte del gremio de la música. Claro está, éste
no existe como tal. Lolita, ganadora
del Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación decía
textualmente en la trastienda de la ceremonia que "a ver cuándo
las galas de premios de la música aprendían de las
de cine", e imaginamos que no lo decía porque debían
de premiarla a ella, sino porque en el mundo del cine existe un
sentido de seriedad y compromiso, inexistentes en el mundo de la
música.
Sí, pasado mañana saldrá Ramoncín
-no es por fijación, sino porque siempre tiene un micro en
la boca-, Ana Belén o Alex
Ubago, manifestándose en el mismo sentido que los
actores, que la mayor parte de la sociedad, pero para nosotros no
sólo ya será tarde, sino que no tendrá el mismo
sentido. Porque mientras en el mundo del cine o el teatro coexisten
las comedias con los dramas y los sainetes con los temas de realidad
social, para al final todos actores, directores y demás,
tener la misma voz; en el mundo de la música de este país,
los que cantan de temas banales no se codean con los que cantan
de temas sociales, y consienten los primeros la discriminación
de los segundos, y recogen unos premios obtenidos con el silencio
y la tibieza, a pesar de disponer también ellos de muchos
minutos en los medios públicos y privados. Ahora se apuntarán
al carro y los medios les reirán la gracia, pero no será,
ni mucho menos, lo mismo. Quede aquí nuestro aplauso, por
todo, para el cine español.
EL CIRCO
Pasó el 30 de enero, Día Mundial De
La Paz, sin que tuviéramos noticias de ella. Todos los años
se celebra la misma fecha, aunque ayer ningún noticiario
se hiciera eco de dicha festividad y sí de la carta que nuestro
Presidente cofirmó junto a algunos de sus colegas explicando
el porqué de la alineación de nuestro país
con la política exterior de los EEUU en su contienda contra
Irak. "Peace Sells, But Who's Buying?" que decían
Megadeth en uno de sus más celebrados
temas. Por nuestros lares no encontramos manifestaciones de ese
tipo, aunque nos distraemos viendo cómo personajes disfrutan
sus últimas horas de poderío tratando de pasar a la
historia del modo que sea, aunque fuera con su cabeza muy cerca
del trasero de George Bush Junior. Sin
embargo y por mucho que les pese, su cara no aparece ni en las caricaturas
críticas que los propios norteamericanos hacen para denunciar
la estupidez de la contienda (valga ésta
como ejemplo de las muchas que podemos encontrar en la genial www.toostupidtobepresident.com)
Aquí nos divertimos con otras cosas. Se acaba Operación
Triunfo II y cuando la cosa se normaliza y pasa por antena
sin pena ni gloria (en muchas comunidades autónomas aunque
no en toda España la serie CSI
supera en audiencia al engendro musical) irrumpe Arnaldo
Otegui afirmando que Ainoa, la
ganadora del concursito, ha sido elegida a dedo por el mismo gobierno
por su condición euskaldún para que los vascos apoyen
a España en Eurovisión. Los medios de comunicación,
que por prescripción gubernamental (sean privados o públicos)
ya no deben hablar del chapapote ni de la guerra, señalan
a Otegui como el enemigo público número 1 (parecía
cosa de ciencia ficción ver como los contertulios de Protagonistas
de Onda Cero editorializaban indignados
acerca de estas declaraciones en lugar de hablar de problemas verdaderamente
importantes). Evidentemente Otegui se equivocó. Se equivocó
al pensar que los ciudadanos somos estúpidos: Sólo
recordando como el pasado año se eligió la sandez
de Europe Is Living A Celebration como tema representante
de los valores patrios y la vinculación de OT al ente gubernamental
-todo un NODO
de nuestros días- habría bastado.
Nuestro país es un circo, un circo en el que
la mayoría de espectadores no se quejan por no recibir nada
a cambio de lo que les ha costado la entrada, un circo en el que
incluso algunos aplauden a payasos que no hacen nada de gracia.
Pese a todo ello dicen que España es uno de los países
europeos que menos respaldan la guerra de Irak. Lo que seguimos
sin entender es como un 24% de la población está a
favor de que muera gente. Lo que estaría bien es que, si
el fatídico día llegase, ese 24% estuviera en primera
línea de frente. Lo malo es que una bomba no discrimina a
nadie, algo que, pese a las pruebas recientes, no parecen entender.
TENER AMIGOS PARA ESTO
Decía el Señor Lobo en una de las escenas
más celebradas de Pulp Fiction que no había llegado
el momento de "chuparnos las pollas." Pues bien, si la
película se hubiera hecho en España lo que tendría
gracia o sería chocante sería que hubiera dicho algo
como "seamos éticos", porque por estos lares eso
no abunda y sí el mamoneo al que recientemente hacía
alusión Rosendo en su último
trabajo. Aquí la norma es el peloteo, el enchufismo, el hoy
te doy yo y tú me das mañana.
Los "famosos" Premios
Amigo que la AFYVE (asociación
Fonográfica y Discográfica Española) entregó
esta semana en su sexta edición es la prueba más palpable
de ello. El despropósito de tales galardones no es sólo
mayúsculo por su misma naturaleza, sino que resulta mas bochornoso
por el eco que reciben en los medios de comunicación. Partiendo
del hecho de que son las mismas discográficas las que proponen
sus artistas, uno se hace a la idea de que poco tiene que ver la
calidad a la hora de salir victorioso, pues si una multinacional
propone sólo uno de sus artistas para una categoría
primará sin duda al que quiera comercializar independientemente
de su calidad. Así pues el objetivo es mercantilista, por
lo que la categoría no debía ser "Mejor Álbum",
sino "Álbum Más Vendible." No obstante,
y aquí seguimos con una de las principales lacras de nuestro
país, los periodistas elegidos (críticos eruditos
y miembros destacados de la prensa cultural y de entretenimiento)
reciben una lista que no hay por donde cogerla y, en lugar de devolver
el sobre a su destinatario empleando el mismo modo en que devolveremos
al gobierno sus cartas explicando la catástrofe del Prestige,
marcan cruz aquí y cruz allá una quinela para estúpidos.
El resultado final es evidentemente lamentable. Para
empezar el listado se divide en dos bloques, Españoles y
Latinos. ¿Cuáles son los artistas latinos? ¿Los
que cantan en lenguas derivadas del latín o aquellos cuyas
fotos podemos visitar en las páginas eróticas de Internet?
Al disparate se suma que, a excepción del flamenco (aquí
somos muy nuestros, sólo falta la zarzuela), ningún
estilo musical se diferencia. ¿Debemos juzgar a Rosendo con
el mismo rasero que a David Bisbal y
Alex Ubago? ¿A Barricada
con el mismo que a Las Ketchup o El
Canto Del Loco? Imaginamos que no, pero motivos y argumentos
como estos no se les pasan por la cabeza no sólo a los organizadores
de los premios sino tampoco a la pléyade de periodistas baratos
que año tras año votan los ridículos galardones
y luego se hacen eco de ellos.
El colmo del cuento es que son tan burros los organizadores
del evento que, preparando la lista de los candidatos se les pasa
por alto la lista de candidatos que presentaba Virgin
y los artistas de estos quedan fuera de la patraña. ¿Y
qué sucede? Pues en lugar de menospreciar los premios Virgin
decide impugnarlos y ruega que se repitan, pues sus Amarales
y sucedáneos han quedado fuera del timo, noticia de la que
nuestros amigos de los mass media se hacen eco con gran indignación.
Eso, evidentemente, sólo pasa en nuestro país. No
hace falta nombrar a los ganadores de la farsa aquí porque
son los de siempre, y tampoco hace falta recordaros que cualquier
país occidental considera a estilos como el rock o el hip
hop en sus diferentes premios. Pero ya sabéis como es España.
Será de ahí de donde viene lo de "tener 'Amigos'
para esto"...
MÚSICA
BAJO EL FUEL
Se fue el 2002 y lo que en él sucedió
ha quedado cubierto por un negro velo. Prueba de ello son vuestras
numerosas respuestas coincidentes en señalar la catástrofe
del Prestige (en muchos casos acompañadas de nombres de politicastros
de nuestro país) como lo peor sucedido en los últimos
doce meses. Y la verdad, para qué negarlo, así fue.
Destacar cualquier otra anécdota al margen de ello resulta
banal, pero nuestras lágrimas no pueden empañar lo
que aquí nos concierne, que es la música. Y en lo
musical el 2002 ha sido bastante intenso.
El 2002 ha sido el año de Operación
Triunfo, que la única alegría que nos brindó
fue la derrota estrepitosa de Rosa en
Eurovisión (cuántos cantamos aquella noche con júbilo
por primera y única vez el Europe Is Living A Celebration
tras conocer la noticia). También fue, hasta lo del Prestige,
el año en que los más conservadores salieron del armario
con la camisa azul (y nueva) tratando de restaurar la censura persiguiendo
a grupos como Soziedad Alkoholika o
Narco. Claro, si eran capaces de silenciar
sin rubor toda una huelga general eran capaces de todo.
Pero también vivimos grandes cosas. Nació
el Serie Z, creció el Viña
Rock y se consagraron el Lorca Rock
y el Rock Machina, dejando claro una
vez más cuál era la audiencia consciente y fiel a
una música. En tan solo doce meses Manowar
bajaban al infierno para remontar de nuevo hacia su particular olimpo
mientras bandas como Dream Theater o
The Hellacopters demostraban con sus
nuevas obras que están un poco más allá del
resto, que para ellos esto del rock es algo muy sencillo. Mientras,
en una reducida península del hemisferio norte, legiones
de guerreros sustituían a sus reyes por nuevos guerreros
como Warcry, Airless
o Centinela, al tiempo que otros
lloraban la pérdida de unos Platero
y Tú -que no aguantaban como grupo el ritmo trepidante
de colegas veteranos como Rosendo o
Barricada-, con los ojos puestos en
promesas como Rip KC o Sol
Lagarto. El mundo entero lloraba también las pérdidas
de John Entwistle, Randy
Castillo, Joe Strummer, Dee
Dee Ramone, Paul Samson, Robbin
Crosby o nuestro Fernando Murua.
Cada uno tendrá su propia versión de
lo sucedido. Lo único cierto es que el fuel todavía
baña nuestras playas y que hay 110.000 parados más
que el pasado año. Si eres un afortunado mañana volverás
a ir al trabajo a soportar a tu jefe y a algún compañero
que no podrá separar la lengua de su culo, convivirás
con tu pareja o irás en busca de ella, tendrás tus
tiras y aflojas con la familia... pero la música no dejará
de acompañarte. El 2003 ya ha empezado y nosotros, si queréis,
seguiremos aquí para contároslo.
CON LAS BOTAS
PUESTAS
Al contrario de lo que muchos pensarán, la
culpa de lo que pasa en este país no es de la derecha. No
nos equivoquemos, cada uno tiene derecho de hacer lo que quiera
y si uno prefiere velar por sus propios intereses y los de los suyos,
en lugar de buscar un bienestar general que reduzca el límite
que podría alcanzar su comodidad, es libre de optar por esa
opción. El verdadero problema que tenemos nosotros es que
nadie respalda nuestra opción.
Esto, que puede parecer una enmarañada reflexión,
reflota en nuestras cabezas a partir de nuevo de una pequeña
anécdota, la suspensión en Telecinco
del programa Caiga Quien Caiga. ¿Esta
es la alternativa mediática al resto de canales televisivos
conservadores? ¿Quitar el único programa que repartía
caña y hacía mínimamente pensar de la televisión
estatal? "Habrá que eliminarlos porque estos también
dan palos al PSOE" pensaría
la lúcida mente de alguno de los jerifaltes de la cadena,
interesada en este momento en hacerle la corte al partido político
que nos venden como única alternativa de los conservadores
"cazadores" de la derecha. Y al igual que en el campo
de la política en el que intentan instaurar el bipartidismo,
en el campo mediático sólo nos dan dos opciones: ver
televisión conservadora o conservadora disfrazada de progre.
Porque eso es Telecinco, un canal desde la pasada
semana ya totalmente en manos del neofascista Berlusconi
que disfraza de progresismo un menú hecho con los mismos
ingredientes que sus colegas. Y de un tiempo a esta parte no es
ni eso. "Si en TVE hay Operación
Triunfo nosotros engendramos Popstars,
y como en El Informal se empiezan a
pasar de ácidos, lo quitamos y metemos de nuevo Gran
Hermano y rellenamos el resto de la parrilla de casquería
y programas para "maquinolos" como A
Tu Lado y Crónicas Marcianas,
que para programas prestigiosos ya tenemos a María
Teresa Campos" pensarían. Pues me parece que
no les va a funcionar el invento. Sí, igual muchos maquinolos
y marujas que seríen con sus Crónicas
Marranas y su nuevo Bazofia Original
acabarán votando sociata, pero sabemos de muchos que, al
igual que no sintonizaban Antena 3 en
sus televisores, van a acabar haciendo lo mismo con su canal. Caiga
Quién Caiga se fueron igual que llegaron, repartiendo y además
tocando Rock N' Roll (Aqualung, The Boys Are Back In Town
o Smoke On The Water fueron algunos de los temas que el Reverendo
y compañía tocaron entre sus últimos reportajes),
una música y una actitud no muy bien vistas en este mediocre
país. Para empezar, el próxima 25 de diciembre hay
mucha gente que en señal de protesta no piensa poner Telecinco,
aunque nuestro deseo para el próximo año es que, si
las cosas no empiezan a cambiar, no pongamos ningún canal.
UNA ÚLTIMA GOTA DE HUMOR (NEGRO)
Hace unas semanas nos encontramos con este anuncio
(pincha en el enlace
para verlo) del canal musical de cable Sol
Música. Otros que tal. En el anuncio en cuestión
los publicistas van de graciositos y crean un comic cuya historia
narra que nuestro país se ve afectado por la amenaza de un
"Supervillano Thrash-Heavy Metal" que nos atormenta con
su música y planea destruir su canal. Sin embargo ahí
aparecen Fangoria en plan superhéroes
y acaban con él. Según reza el anuncio "ni nada
ni nadie podrá impedir que la buena música -imaginamos
que encarnada en Fangoria- llegue a los hogares". Si nosotros
fuéramos de graciosos (ya sabéis, podríamos
empezar diciendo que Alaska no podría
jamás levantar del suelo su culo gordo para ser superhéroe
o que no podrían tampoco volar en sus tablas porque resbalarían
de ellas con el aceite que pierde su mediocre música, por
poner tan solo dos ejemplos) nos tacharían de cualquier cosa.
Por eso no diremos más que una cosa: Si alguno de vosotros
planea apuntarse a un canal digital de televisión, que lo
haga en uno en el que el canal musical sea VH1
(ahí sí que hacen buenos programas y ponen rock) y
no en el que esté la bazofia de Sol Música. Ya veréis
qué gracia les hace, nos vamos a reír todos mucho...
CUANDO SUBE LA
MAREA
Ahora estamos todos compungidos por la catástrofe.
Nosotros mismo no parábamos de ver rondar la idea de escribir
sobre ello en este Editorial, porque nada había más
importante que mostrar nuestra indignación y nuestra solidaridad
con todos aquellos afectados por el vertido petrolífero del
Prestige en las costas gallegas, tanto
con aquellos que han visto sus trabajos y tranquilidad sesgadas
por la desgracia como con aquellos que sufrimos y sufriremos con
una de las lacras que está dejando nuestra sociedad en letal
herencia a las generaciones futuras. Queríamos mostrarlo
con sobriedad, sin acudir al tópico o la ira, pero es un
suceso de los que te hace gritar a la tele, insultar a gente que
no te puede ni quiere escuchar. Y eso dejó muda esta sección
durante semanas.
Ahora, cuando las manchas negras todavía salpican
los inmaculados y caros trajes de nuestros gobernantes y riegan
irremediablemente las costas de la península contaminando
el patrimonio de todos, asomamos tímidamente nuestra palabra
y no para hablar mucho más del tema. Si lo hacemos sólo
es para lanzar un mensaje: el de no olvidar. Ahora, como apuntábamos,
la indignación es generalizada, pero eso no durará
eternamente. Y no lo decimos para incidir en la idea de que se borrarán
primero las manchas de los trajes antes mencionados que las de las
nuestras costas, sino para que pongamos lo que esté en nuestras
manos para que nuestra indignación nos acompañe, que
sirva de motor de reacción constante, al igual que ahora
ha servido para que muchos pusieran sus propias manos en la labor
de una limpieza interminable.
Porque cuando para los medios, los políticos o la solidaridad
oportunista no sea rentable hablar del chapapote (es odioso ver
como la prensa emplea palabras para focalizar temas sin ni siquiera
definirlas, como si la audiencia fuera imbécil), el problema
seguirá ahí, y si no tiene el nombre del Prestige*
tendrá otro, al igual que una vez liberada Safiya
Hussaini nos encontramos con el caso de Amina
Lawal** para el que ni siquiera se han recogido un tercio
de las firmas condenatorias obtenidas en el anterior. El morbo de
la noticia, la jugada que se podía sacar de ella, ya se explotó
por parte de los de siempre, pero nunca debería ser pasada
por alto por nosotros. Son sólo dos ejemplos, pero sirven
para que nos demos cuenta de que no podemos reaccionar sólo
cuando sube la marea. Si lo hacemos siempre acabaremos, al menos,
mojándonos los pies.
* Puedes firmar una carta
manifestando tu indignación por la catástrofe del
Prestige en este enlace
de WWF/Adena.
** Puedes manifestar tu repulsa hacia
la lapidación de Amina Lawal en este enlace
de Amnistía Internacional.
EL ROMANTICISMO
QUE SE PERDIÓ
Surgía en el foro
la idea y las declaraciones de Slash
para MTV.com que recogemos en la sección de noticias
han despertado nuestra reflexión. Decía Slash que
Axl sólo necesitaba una serie
de factores en un contexto para armarla (como hizo suspendiendo
el primer concierto de la gira nortemericana de Guns
N' Roses). Con su acción, los Gunners -sí,
no son los de antes, pero muy pocas cosas son como eran antes- volvieron
a aparecer en todos los informativos alrededor del mundo. Muchos
lo verán como una niñería, se tachará
de desfasado, pero a nosotros nos gustó, porque resulta difícil
recordar cuando fue la última vez que una banda de rock apareció
en un telediario.
Y eso es destacable, porque aunque parezca una tontería,
hay muchos nuevos seguidores del rock que ya no lo entienden como
lo hacemos nosotros. Los mayores crecieron escuchando a muchos músicos
hablar de lo que sucedía a su alrededor, pero los nuevos
ídolos, la nueva imagen que se vende como músico de
rock, está muy alejado de aquello. Los más jóvenes,
admiradores de bandas como Stratovarius,
Rhapsody, Hammerfall,
no los verán nunca vetados en determinados países
por sus ideas o su temática como en su momento lo fueron
Iron Maiden; los seguidores de The
Hellacopters o Gluecifer, no
verán a sus ídolos armándola en televisión
como nuestros mayores vieron a los Stones;
o los de Boikot o Reincidentes
no sufrirán los linchamientos policiales que en su día
sufrieron asistentes a conciertos de Barón
Rojo o Barricada. De Limp
Bizkit y demás es mejor no hablar...
Y es que siempre podremos decir que los medios generalistas
no nos prestan atención, pero también debemos afirmar
que cuando nuestros artistas tienen la oportunidad, por pequeña
que sea, de expresar sus ideas al margen de la música no
lo hacen como antaño. Desde luego el factor de que la vertiente
metálica haya derivado hacia temáticas fantásticas
no favorece en absoluto la comunicación entre los músicos
y los fans, pues no les une más que su pasión por
unos mundos ficticios pero no un ideario moral o ético, por
lo que cualquier mente conservadora puede disfrutar de buena parte
de la música facturada por las nuevas bandas de heavy metal
(célebre es la reproducción de letras de Tierra
Santa o Avalanch en websites
de temática neonazi como ejemplo de los "valores patrios").
Sin embargo en lo que respecta a bandas de rock estatal,
la cosa no le va a la zaga. Sí, existe una temática
letrística más comprometida, pero la serie de tópicos
que manifiestan en entrevistas, huyendo del compromiso, de decir
su propia opinión sin temer a las consecuencias, cumpliendo
sólo con lo que el público espera escuchar de ellos,
ha hecho perder la sorpresa, la confianza, la admiración.
Y lo mismo sucede con las bandas de rock n' roll. Nunca hemos escuchado
a Nicke Royale de The Hellacopters -por
citar un ejemplo al que profesamos la mayor admiración- decir
una palabra por encima de la otra. El romanticismo se perdió.
Ejemplos contrarios siempre hay. Ahora mismo en nuestro
país podemos ver a Marea como
una de las bandas que se expresan con mayor libertad, saliéndose
-aunque ligeramente- de los marcos establecidos por las bandas del
estilo; o a unos Backyard Babies a los
que es difícil controlar delante de una grabadora; pero son
los menos. Algo ha cambiado en el mundo del Rock para que ya no
sea como antaño y muy posiblemente se deba a este factor.
Algunos no lo han vivido nunca y otros estamos a punto de olvidar
que el rock no sólo hablaba en las pistas de un CD o en los
surcos de un vinilo. El rock era más, era poder identificarte
en las palabras o en los actos de una persona que podía ser
como tú pero que había obtenido la celebridad a partir
de la música, y la empleaba para decir públicamente
lo mismo que tú pensabas. Ahora, eso no está bien
visto, ya no existen las estrellas del rock, porque las que lo son
no deben comportarse como tal. Eso es al parecer lo que marcan los
nuevos tiempos y muchos pensarán que es mejor así.
Nosotros no.
LLAMAR A LAS
COSAS POR SU NOMBRE
Si esto fuera un espacio dedicado a la crítica
tendríamos que decir que Manowar
realizaron ayer un buen concierto; que con un montaje de luces espectacular
y un sonido excepcional los norteamericanos actuaron en Valencia
(ahí es donde hemos podido verlos dentro de su gira española)
y convencieron al millar de seguidores que se acercó a verlos
a la sala Repvblicca de que son los "Reyes del Metal"
-como se autodenominan- con un concierto de 90 minutos en el que
desgranaron con precisión y contundencia buena parte de sus
clásicos entre el delirio colectivo de un público
entregado. Así es, eso deberíamos decir si esto fuera
una crítica; pero no lo es.
Esto es una sección de opinión y Manowar
vuelven a ser sus tangenciales protagonistas después de que
protagonizaran el pasado verano un Editorial titulado El Gran
Timo Del Rock N' Roll. Y fue quizás por aquel texto por
lo que algún amigo nuestro, devoto de los Kings Of Metal
nos buscó por la sala para echarnos en cara nuestra falta
de fe. Allí estábamos, con ellos y muchos más,
disfrutando (aquí no nos avergonzamos por ello pues nunca
hemos dicho que no lo hiciéramos) de los viejos y no tan
viejos clásicos de Manowar. Pero eso no nos condujo ni mucho
menos al entusiasmo, porque la cosa no fue para tanto.
Y es que detrás de ese espectacular show se
esconde de nuevo lo peor del rock n' roll. Para empezar, aquí
el que más y el que menos ha disfrutado de conciertos de
más de dos horas, y el que los neoyorquinos desplegaron fue
de hora y media; pero claro, acostumbrados durante años a
verlos en shows cortos plagados de sandeces y poca música,
algunos creían presenciar ayer una aparición milagrosa,
una especie de resurrección. Pero en absoluto fue así,
Manowar han tenido que hacer dos últimas giras flojas por
la península y un concierto lamentable este verano para hacer
el mínimo que se exige a una banda: tocar. Y eso hicieron,
no más; apelando además durante su show a aquellos
que les creyeron cuando en medio de su bochornoso concierto del
festival de Lorca anunciaron que su próxima gira sería
espectacular. Vamos a ver, ¿tenemos que admirarles por ello?
¿Qué pasa con toda la gente que ha pagado sus entradas
durante los últimos años esperando ver un concierto
y que poco a poco ha ido dejando de creer en la banda? ¿Son
unos falsos como los llamarían Manowar? No, aquí los
únicos estafadores son Manowar, que ayer (sin demasiados
esfuerzos, no nos engañemos) hicieron lo que se espera de
una banda con nueve álbumes de estudio comprados religiosamente
por sus seguidores, y que, a buen seguro, volverán a dormirse
en los laureles con la fama recuperada hasta que de nuevo vean peligrar
sus ingresos por tanta tontería.
Nosotros, desde luego, no pondríamos la mano
en el fuego por ellos. Pero que nadie se equivoque, esto no es una
fijación; tampoco la pondríamos por músicos
punks declarados -cuyos nombres no vamos a citar- que luego no abandonan
sus trabajos paralelos ni siquiera el día de huelga general;
ni tampoco por discográficas que argumentan que parte de
lo que cuesta un CD está destinado a su promoción
cuando nuestros discos no reciben publicidad alguna y no por ello
valen más baratos. Y es que una cosa es disfrutar de un concierto,
seguir a un artista o coleccionar música, y otra bien distinta
es no llamar a las cosas por su nombre.
PALABRAS HUECAS
Un Editorial es una columna de opinión que,
aunque suele acabar escribiéndola una sola persona, acostumbra
a englobar el parecer de todo el equipo de la publicación
en la que aparece. Sin embargo, en esta ocasión no será
así, y no porque mis compeñeros no compartan mi opinión
-algo que yo, Juan Enrique Tur, desconozco -, sino que para ser
explicada requiere mi experiencia personal. Y viene a cuento por
la noticia que aparecía en Manerasdevivir.com,
el portal dedicado al rock estatal que cientos de veces os hemos
recomendado desde aquí por su dedicación y gusto a
la hora de transmitir lo que sucede en el mundo del rock hecho aquí.
La noticia decía así: "Un día como hoy
del 2001 aparecía en el Evasión
(suplemento de El Correo Español del
Pueblo Vasco) una entrevista a Mojinos
Escozíos (la hemos visto hoy). El personaje que la
realiza se llama Josu Olarte y abre
el asunto con esto: '[...]Historietas en clave de jevilón
rock calimochero con letras como la lija y un humor grueso y cazurro
que se solaza en la escatología y el sexo bruto. Todo muy
al gusto de la España menos sutil, que se ríe con
El Jueves, Los
Morancos y Torrente o que disfruta,
litrona en mano, en el Viña Rock
[...]'". Los comentarios acerca del periodista en cuestión
sobran por evidentes. Y es que no hace falta que te gusten Mojinos
Escozíos (a mi personalmente me desagradan), ni ser heavy,
ni asistir al Viña Rock, ni disfrutar semanalmente de El
Jueves, para mostrar tu repulsa hacia un texto tan despectivo como
desconocedor de las realidades de las que habla.
No obstante esto no parece patrimonio exclusivo del
tal Olarte. Sin ir muy lejos un servidor, antes de trabajar en Rock
Trip, hizo muchas cosas, entre ellas escribir en un diario
de gran tirada de la ciudad de Valencia. Entre las anécdotas
que recuerdo de mi estancia allí me viene a la memoria la
de un redactor de cuyo nombre no quiero acordarme que, dedicado
a la crítica de "Pop/Rock" (qué gran definición),
pedía a toda prisa por la redacción un recopilatorio
de Van Morrison, al que no había
escuchado en su vida. Tres días después de hacerse
con él escribía en la crítica de su concierto
frases del estilo de "Van Morrison nos hizo por momentos recordar
los tiempos de tal o cuál disco" en lugar de confesarse
con el lector y expresar lo que el músico verdaderamente
realizó. Menos alejada en el tiempo se centra la anécdota
de su otro compinche en el asunto musical para el mismo tabloide
que, en una sección de entrevistas titulada Vis a Vis, fingía
una entrevista con Backyard Babies.
Evidentemente el tipo se las daba de haber hablado con Dregen,
su guitarrista, y como tal cobraría a fin de mes, aunque
lamentablemente, al copiar las respuestas de internet o cualquier
otro lado, no se dio cuenta de que el artículo tenía
al menos cinco años de antigüedad y que las respuestas
que otorgaba al músico nada tenían que ver con la
realidad actual de la banda.
Para ellos lo importante es la palabrería barata,
ir de listos y encontrar la complicidad de otros ignorantes que
también se las dan de sabios, mientras que para el periódico
lo fundamental parece ser llenar las páginas. Lo que a un
amante de la música -y aquí me refiero a la música
en general- le molesta es que ésta reciba ese trato. Si para
escribir de cine los periódicos y revistas se cuidan de no
colocar a cualquier pintamonas sin más referencia que ser
hijo de fulanito o de menganita (y digo cine por no hablar de la
sección "Nacional"), porqué para hablar
de música vale cualquier indocumentado. ¿Es eso lo
que la mayoría de los medios desean para una parte tan importante
de la realidad cultural? Yo siempre lo dije, "quiero ser periodista
para que no haya otro de los que hay". Por suerte hay gente
con ilusión y pasión como los artífices de
Manerasdevivir, o periodistas que se la juegan infiltrando de tapado
músicas que se salen del dictado del pensamiento único
en sus programas de radio de cobertura nacional, e incluso raros
casos (pero que muy raros) de periodistas que saben de lo que hablan
y se sinceran con su público, sin estridencias, con respeto.
DIOS SALVE A LA RED
Ya hemos hablado de pirateo en anteriores ocasiones
y nuestro punto de vista lo conocéis. El rock no sufre por
el pirateo, es más, quizás disfruta gracias a las
nuevas tecnologías de una segunda juventud. Evidentemente
algunos de los responsables de la industria y de pequeñas
independientes no coincidirán del todo con la anterior afirmación
y tendrán razón. Ésta sería del todo
cierta si los rockeros fueran responsables y se dieran cuanta de
que las que más sufren son las compañías independientes,
porque el comprador, si baraja entre dos opciones de compra, apuesta
muchas veces empujado por la inconsciencia por el artista de más
renombre que, regularmente, pertenece a una gran compañía.
No obstante es innegable que la red ha puesto la música
al alcance de todos y que aquí no existen monopolios que
valgan, pues el sistema es lo más democrático que
existe hasta la fecha. Nadie podrá dictarte tus gustos porque
podrás acceder a tu propia opción e incluso, como
intentamos hacer nosotros, apoyarla libre y abiertamente. De ese
modo, mientras la gran mentira pierde (quién va a pagar 15
euros por un disco del que sólo le gusta un tema, sabiendo
además que éste estará pasado de moda en apenas
unas semanas) la verdadera música como cultura, sea del género
que sea, gana.
Prueba de ello es la reaparición en las tiendas
de discos de álbumes que habían desaparecido literalmente
del mapa y que son ahora redescubiertos por nuevas generaciones
mediante el poderoso arma de Internet. Evidentemente, muchos de
los que bajan estos mp3 no acudirán a las tiendas, pero muchos
otros no podremos resistir la oportunidad de rastrearlas en busca
del único trabajo de McQueen Street
o el debut de Sleeze Beez que descubrimos
a partir de una página web y bajamos en uno de los numerosos
programas P2P.
Pero no es sólo eso. Las páginas y sus
foros aglutinan a seguidores que se conocen y comparten sus gustos
y discusiones y los programas P2P te permiten disfrutar de videos
descatalogados desde tiempo atrás, de actuaciones televisivas
míticas sólo accesibles a través de un pirateo
que sí lucraba económicamente al pirata. Así
ves por primera vez en directo a Cinderella
o consigues aquel video que marcó tu juventud cuando Headbangers
Ball era la referencia del metal televisivo en la MTV.
Todo eso no tiene precio y seguiremos dejando el ordenador
encendido noche y día para conseguir los preciados videos,
quedaremos y discutiremos a través de los foros, o es más,
chequearemos los álbumes, eso sí, antes de ir a comprarlos.
Incluso, desde la más pura legalidad, cualquiera podrá
bajarse temas desde secciones legales de descarga como la que nosotros
abrimos la pasada semana. Mientras, el hijo del Fary
seguirá denunciando la piratería, creyendo absurdamente
que su álbum, sin ella, habría vendido más
de un puñado de copias.
UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA
Escribir sobre
música sin restringirse necesariamente a ella es difícil.
Por eso este espacio del Editorial permanece a veces transmitiendo
el mismo texto durante semanas. Sin embargo, en ocasiones, una pequeña
anécdota revuelve nuestra ya de por sí agitada cabeza
y hace que las palabras fluyan rápidas -y por ello muchas
veces trastabilladas- con la intención de transmitir una
idea o un conjunto de ellas. La última ha sucedido esta misma
tarde.
Escuchábamos La Ventana
(el espacio radiofónico vespertino de la cadena Ser
presentado y dirigido por Gemma Nierga)
que, salvando el manifiesto servilismo de la gran empresa a la que
pertenece, supone un pequeño oasis cultural en el monótono
paisaje mediático estatal. En esas estábamos cuando
de repente irrumpen Estopa
en el programa. No habrá que señalar que los catalanes
no son santos de nuestra devoción pero, para que negarlo,
merced a algunas referencias en sus letras y otras tantas declaraciones
discordantes al pensamiento único vertidas por sus dos componentes,
han conseguido en ocasiones hacernos sonreír y ganarse un
poco nuestra simpatía. No obstante no hacía mucha
falta ser fanático de la banda para pegar la oreja a la radio,
porque no llevaban dos minutos en antena cuando ya estaban arremetiendo
contra todo y contra todos.
Desde Escrivá de Balaguer
a Operación Triunfo todos pasaron
por la piedra en menos de diez minutos. Llegó un momento
en que, atacando al bodrio musical perpetrado en Televisión
Española y a sus participantes, las piedras que lanzaban
caían en su propio tejado. No son unos lumbreras, y ellos
son los primeros conscientes de ello, y parece ser precisamente
eso lo que hacía que les diera igual atacar indirectamente
a parte de su público llamándolos borregos (como denominaban
a los seguidores de Operación Triunfo) o hablar medio en
serio medio en broma de su afición a las drogas blandas.
En un momento armaron una gorda y no se cortaban a la hora de decir
que, si bien el rollo blandengue de Operación Triunfo, no
era un invento del Gobierno, sí le venía a éste
de puta madre tanto soserío. Evidentemente Aznar
no llevaría a su hija y a su yerno a un concierto de estos
tipos.
La lastima es que muchos de sus seguidores no las
pillen al vuelo, no lleguen más allá. Estopa no son
rockeros, pero lo de esta tarde nos gustaría vérselo
hacer a alguno de los nuestros. Evidentemente no tenemos a nadie
en este momento (Rosendo quizá
sea la excepción) al que le dejen ponerse delante de un micro
en la Ser o en similares. Mientras, la legendaria rojeras Ana
Belén pone su cara para vender el destrozado y vergonzoso
Madrid de Álvarez del Manzano,
porque, ya se sabe, el color de la camisa se lava con dinero. Y
también llaman cantautor a Álex
Ubago, cuando ese término estaba reservado antaño
a los que componían las letras que cantaban pero al mismo
tiempo manifestaban unas ideas de progreso o cambio, no sensiblerías
vacuas como las de éste. Nosotros miramos desde un lado.
Pero, aunque parezca que no, la cosa también va con nosotros.
UN CURSO MÁS
Empieza una nueva temporada para Rock
Trip. Apenas llevamos seis meses funcionando y ya hemos superado
un lento y árido verano para enfrentarnos de nuevo al desenfreno
del ritmo habitual. Con la sensación del estudiante que,
después de años de empollar, retoma una carrera universitaria
a la que parece no ver el final, nosotros empezamos nuestro particular
curso.
Como el que se encuentra con el profesor que le tiene manía,
nosotros tendremos que bregar con aquellos que nos entorpecen a
la hora de haceros llegar la información, eso sí,
siempre sin hacerles la pelota. Tropezaremos en este mundo del rock
con aquellos que viven de él y no por él como el estudiante
que tiene que sortear una asignatura que no tiene sentido, y deberemos
ponernos las pilas para estar al tanto de todo lo que sucede, de
cada cambio, para que no nos quede ninguna asignatura pendiente.
No obstante también volveremos a reencontranos
con todos los amigos que hicimos el curso pasado (la gente de Maneras
de Vivir, En
Los Límites De La Realidad, Rock
Estatal y muchos medios y grupos más que harían
la lista imposible de citar) y con la esperanza de conocer a mucha
gente más en un aula que cada día se hace más
grande. Igualmente, aunque la cosa se ponga por momentos difícil,
seguiremos luchando con la fe de saber que estamos estudiando la
carrera correcta.
Por eso seguiremos aquí. Por todos vosotros
a los que os hemos ido encontrando por unos pasillos en los que
nos habéis transmitido ánimos, y por todos los que
todavía encontraremos, seguiremos aquí. Si os apetece
nos encontramos en el bar y hablamos de música un rato. Hasta
ahora.
FENÓMENOS EXTRAÑOS
En Valencia -donde se realiza este website- suceden
fenómenos extraños y uno no sabe
bien si en el resto de España o Sudamérica ocurre
lo mismo. Un ejemplo de estos sucesos que resume perfectamente al
resto está teniendo curso en este mismo momento. Todo empezó
la pasada semana cuando se celebró en Alaquás la octava
edición del FRA, un festival gratuito que responde al nombre
de Festival de Rock de Alaquás aunque más de la mitad
de grupos que integran su cartel nada tengan que ver con el rock.
Pero bueno, a caballo regalado... Así que hacia allí
nos dirigimos para presenciar las actuaciones de la Jon
Spencer Blues Explotion y The (International)
Noise Conspiracy. Para la ocasión casi diez mil personas
se reunieron en el recinto del parque La Sequieta donde el evento
tenía lugar.
Y sucedió lo que esperábamos. Valencia,
una ciudad en la que no se celebra un concierto de rock que
congregue a más de dos millares de espectadores desde hace
un lustro, lleva al festival a casi diez mil personas. Allí,
entre todas ellas, podías distinguir sin problemas a cientos
de individuos que has ido conociendo durante años vagando
por los bares de tu ciudad. Allí se mostraban devotos entusiastas
de ambas formaciones y lucían su cuidada imagen de nuevo
rockero mientras mostraban una irónica cara de asombro por
coincidir en el concierto contigo. Aunque la cara asombrada debería
ser la tuya al ver como, tras asistir únicamente tres centenares
de personas a ver apenas cuatro meses antes a la Rollins
Band o otros tantos a ver a Gluecifer
un año atrás, ahora eran casi diez mil los que acudían
a la llamada de grupos similares. Efectivamente, de todos ellos
podríamos eliminar a la mitad que estaban
exclusivamente por la fiesta, pero la masa compuesta por nuestros
"amigos" constituía la otra mitad. A ellos les
habías escuchado a lo largo de los años criticar la
"mediocridad" de la música que escuchas y allí
estaban ahora, más papistas que el Papa, en un concierto
de rock. Eso sí, "estos grupos no son como los que tu
oyes" argumentan con la misma facilidad que afirman que no
asistieron a ver a la Rollins Band "porque era un domingo"
o a Gluecifer "porque era caro".
Lo cierto es que ellos no han escuchado la música
que tú escuchas, ni tan siquiera a los grupos
que han ido a ver esa noche, pero a estos sí que los respetan
porque han leído que son buenos en cualquier revista barata
(o gratuita, como el concierto). Están allí para desfilar,
para mostrar su entereza como rockeros de pura cepa e intercambiar
palmaditas en la espalda con otros de su especie. Conclusiones forzadas
diría alguno de los lectores que se irritaron por nuestros
últimos Editoriales. Lo cierto es que un fin de semana después,
Diamond Dogs tocaban
en Alicante y allí nos dirigimos de nuevo. Esta vez el concierto
no era gratuito pero casi (entre la entrada y el viaje nos gastaríamos
24€), pero ninguno de ellos viajó hasta la capital del
Benacantil a ver a los suecos. No obstante, aunque ellos no estuvieran,
poco cambiaron las cosas. En Alicante, quizás afectados por
el mismo fenómeno, sólo dos centenares de personas
pagaron los seis euros de la entrada al show. Mucha imagen se veía
entre la escasa concurrencia pero cuando las notas empezaron a sonar
a penas dos decenas conocíamos los temas. Lo gracioso es
que, cuando los Diamond arremetieron con una desconocida versión
-al menos nosotros la desconocíamos- anunciada desde
el escenario por Stevie Classon la audiencia
se alborotó. Y la gracia no reside en
que la gente bailara el tema, sino en el hecho de que cuando la
banda regresó en los bises para tocar Dead Flowers
y Route 66 de los Rolling Stones
-aunque esta vez no las presentaran porque los
Rolling no necesitan presentación- fuéramos de nuevo
los mismos veinte de antes las que las corearan.
Uno no sabe ya qué hacer, si darles las
gracias por ir a figurar a un concierto permitiéndonos a
los que somos sus verdaderos seguidores poder
a su vez presenciar la visita de unas bandas que por desgracia todavía
no tiene una gran audiencia, o darles un capón por ser tan
lamentablemente falsos y cretinos (bailar o cantar algo que desconoces
para ir de listo es la imbecilidad más grande del mundo).
¿A quién quieren engañar? Realmente a nosotros
no, aunque quizá su conciencia sea tan limitada como para
no darse cuenta y viven tranquilos en su mentira. Quizá somos
nosotros los que, como dice la canción de Backyard
Babies resumiendo bastante bien el tema
"somos demasiado duros para hacer amigos". Lo cierto es
que la semana que viene, cuando los mismos Backyard Babies visiten
Valencia y el concierto no sea gratuito, uno cree que serán
de nuevo unos pocos centenares los que se acercarán al show.
Decíamos al principio que estos eran fenómenos extraños,
pero lo cierto es que tienen una explicación bastante sencilla.
¿Sucede lo mismo en vuestra ciudad?
UNA ETERNA POLÉMICA ZANJADA
Hace más o menos 35 años se produjo
lo que los historiadores han venido a denominar la revolución
hippie. En aquel movimiento el rock jugó un importante papel
como aglutinador de ideas y de masas y, para los que sacaron provecho
del golpe de efecto de aquella "revolución", ese
factor no fue pasado por alto. Una pequeña parte de todos
aquellos jóvenes, sobre todo en los EEUU, accedió
entonces a las grandes empresas y a partir de ahí
fue subiendo en la escala de poder. Bill Clinton,
no lo olvidemos, fumaba porros sin tragarse el humo y, si hiciera
falta, hasta el mismísimo José
María Aznar afirmaría que él corrió
delante de los grises.
Dejando esto último de lado y volviendo
a aquella época, los pocos privilegiados que se
despojaron de sus prendas multicolores para abrazarse a sus nuevos
empleos lo dijeron por primera vez: "el rock ha muerto".
Fue entonces cuando la frase sonó por primera vez. No eran
tontos los chicos, la música había hecho que muchos
otros lucharan por ellos y una vez que habían accedido al
poder contra el que supuestamente combatían, lo mejor era
deshacerse de ella. Así se las apañaron desde entonces
para que se hablara de sus dorada revolución y del rock como
algo que nunca volvería a producirse del mismo modo. Es más
cuando se habló de rock, siempre con su permiso desde aquel
momento, nunca fue del rock como se entendía antes de su
llegada al poder, sino de cualquier cosa que no afectara
su actual estatus y el de los suyos, ya fuera un Bob
Dylan descafeinado desde 1970 o unos U2
más mediáticos que efectivos. Para todos aquellos
que siguieron haciendo rock persiguiendo un nuevo cambio se inventaron
otras palabras, subgéneros que para nada servían antes
ni deberían servir después pues
el rock siempre había sido un todo. Así se habló
de "heavy metal", de "glam", de "punk",
de "hip hop", de "hardcore"... Cualquier denominación
era buena excepto la que le correspondía a esa música,
un "rock" que se había convertido ya en una palabra
de prestigio.
Viene esto a cuento por el pequeño
revuelo que ha causado nuestro anterior Editorial (consultar abajo
en "anteriores") y la vuelta de la eterna discusión
sobre lo que es el rock. Que quede claro que desde aquí no
afirmamos que el que no escucha rock es un niño de papá
ni que por el mero hecho de escucharlo se puede dejar de ser un
cretino. El rock no es un título que otorgue al que lo disfrute
ningún privilegio. Eso sí, a uno le puede gustar comer
hamburguesas en Mc Donalds y no por ello ha de decir que se trate
de un restaurante de cinco tenedores. Del mismo modo a uno
le pueden gustar Björk o Muse,
pero eso no supone que sean rock. Nosotros conocemos a un gran número
de personas encantadoras que disfrutan de esa música sin
complejos -no tienen por qué tenerlos-
y nunca les hemos escuchado decir que lo que escuchan es rock. Sin
embargo, sigue habiendo gente dispuesta a perpetuar la discusión.
"Integrados" que (temerosos quizá de serlo, de
haber bebido demasiado de los medios del sistema e investigado muy
poco por su cuenta) siguen haciéndole el juego al sistema,
utilizando sus nombres, sus géneros, denominaciones, para
los demás, mientras se guardan de que el rock cobije sus
gustos tutelados desde arriba.
Son esos, los que dicen ser
abiertos, tolerantes, al mismo tiempo que dicen que "Supergrass
tocan rock pero Iron Maiden hacen heavy", los que perpetúan
la polémica. Y son por lo general más fáciles
de ver, pues buscan la confrontación allá donde no
la hay con tal de reafirmar algo que ni ellos acaban de creer. Desde
aquí una vez más, nuestro respeto a todos los músicos
sea cual sea el género que practiquen, ya que se tratará
de cultura al fin y al cabo. Eso sí, que nadie se engañe,
mientras Rock Trip sea un website de rock (sólo dejará
de serlo cuando deje de existir) sólo de él se escribirá
aquí. El resto de grupos y artistas ya tendrán su
cabida en la televisión, la radio o dónde sea,
y allí, que Joaquín Lucky
les llame como quiera.
SOMOS MENOS
Parece que siempre le estemos dando vueltas al
mismo tema y seguro que a algunos les parecerá incluso
que le damos más importancia de la que tiene. No obstante
el martilleo constante de la misma idea bien merece nuestra respuesta,
por pequeña que sea, ya que si renunciamos a la réplica
la mentira acabará convirtiéndose en verdad.
Decía Màxim
Huerta, el presentador que ha buscado Telecinco
para presentar entre semana sus informativos veraniegos -quede aquí
manifestada nuestra sorpresa ante la elección de este maniquí
por la cadena privada cuando se trata del más impersonal
imitador del ruín Ernesto Sáenz
de Buruaga, líder del conservador canal de la competencia-,
que el Festival Internacional de Benicàssim
reunió este año a "35.000 personas,
convirtiéndose en el festival que más público
congregaba en el Estado". Su afirmación, a todas luces
falsa como todos sabéis, se revistió del disfraz de
la verdad que proporciona la caja tonta y se confirmó en
los diferentes medios (radios, periódicos, etc.) que, como
cada año, cubrieron el evento con gran despliegue.
Ese es un ejemplo más de la
imagen que se quiere dar de los jóvenes de este país.
Da igual que su perfil no coincida con el de ni siquiera la mitad
de las personas comprendidas entre los 16 y los 35 años,
ellos tienen el beneplácito del sistema y de sus medios,
y con ellos, de la sociedad en general. Nosotros, aunque las cifras
digan lo contrario, somos menos. Somos menos los que no nos gastamos
120 euros en unos pantalones; los que decimos las cosas como las
sentimos en lugar de disfrazarnos de lo que no somos; los que trabajamos
si es necesario antes que poner la mano para que nos la llenen nuestros
padres; los que vamos a cines, teatros, museos o conciertos por
el hecho de que nos gustan y no para que se vea que estamos allí.
Nosotros, los menos, vamos a festivales
o a conciertos para cantar las canciones que sentimos, que hablan
de nosotros, no vamos a comprar ropa, ni a ponernos piercings o
tatuajes, algo que hacemos cuando nos viene en gana; nosotros compramos
discos que nos acompañarán eternamente y llenamos
cada concierto que viene a nuestra ciudad; y no necesitamos que
nadie ponga la palabra "cultura" delante de la música
que nos gusta porque sabemos que en el rock hay un peso que nadie
nos puede quitar. Nosotros, no obstante, somos los que protagonizamos
las imágenes de la noticias del botellón; los que
tenemos unas abuelas que creen que tomamos éxtasis aunque
por lo que nos gusta seamos precisamente los que menos lo consumamos,
los que son calificados en los medios al mismo nivel que los nazis,
todo en una clara campaña de desprestigio.
Dicen que somos los menos, y aunque
no fuera así, no nos ven con miedo. Porque creen que son
su hijos, aquellos a los que les dan 900 euros para que pasen un
fin de semana en Benicàssim, los que ocuparán el poder
que ahora ellos ostentan. Nosotros no acabamos de creerlo así,
pero por ahora ellos tienen la palabra y se la creen. La respuesta
sigue estando en nuestra mano.
DE INTEGRISMO, TÓPICOS Y
OTRAS LACRAS DEL ROCK
Con la resaca habitual que resta en tu cuerpo tras
haber sacado de él más de lo que podías durante
dos intensos días, uno se sienta delante del ordenador para
tratar de hilvanar las ideas que rondaron a trompicones por
su mente durante las 48 horas del pasado festival Rock
Machina. Sin embargo estas no tienen que ver
con lo musical del evento, con lo tácitamente ofrecido por
el festival, para eso ya habrá espacio en un posterior reportaje.
Las ideas que se cruzan por nuestra cabeza tienen más bien
que ver con lo que el ambiente nos transmitió.
Una sonrisa se esboza en nuestro
rostro cuando recordamos los cientos de anécdotas vividas
en el festival y en sus prolegómenos o las caras de los amigos
reencontrados después de meses de ausencia. Realmente lo
hemos pasado muy bien un año más en Moncofa. El festival
ha consolidado lo ofrecido en su pasada edición y en lo musical,
incluso podríamos decir que se ha mejorado. Sin embargo,
buena parte de lo vivido no te invita precisamente al optimismo
en lo que al rock se refiere. Para empezar, la asistencia, de alrededor
de diez mil personas aseguró la continuidad del festival,
aunque la presencia de artistas como Angra,
Savatage, Suicidal
Tendecies o Bruce Dickinson no
sirvieron para incrementarla.
Algo extraño sucede. ¿De quién
es la culpa de que el público que acude con asiduidad a ver
a Biohazard o Soulfly
en Valencia no acudiera a ver a Suicidal Tendencies
(una banda que las rebasa sobradamente en calidad) en el Rock Machina?
¿Cómo un evento al que acuden músicos de la
talla de Bruce Dickinson, Duff McKagan
con sus Loaded o Savatage no recibe
el mismo tratamiento en los medios que otros festivales? Ambas preguntas
tendrían fácil respuesta: por un lado, buena parte
la gente que acude a ver a Biohazard o Soulfly lo hacen por formar
parte de una moda, sin saber en la mayoría de los casos que
estos músicos son deudores de la música de Suicidal
Tendencies, conocidos sobradamente por la gente del rock y cuyo
trabajo con toda seguridad nunca será igualado por el resto;
por otro, la respuesta sería similar a su predecesora, los
medios de comunicación no reaccionan a lo que no les venga
ya digerido y es menos llamativo un festival contracultural al que
acuden diez mil personas que otro lleno a reventar por pintamonas
que guiarán el futuro de nuestro país.
No obstante echar las culpas
a los demás es muy fácil y aunque ambas respuestas
escondan una parte de verdad, el problema de la actual situación
del rock no reside siempre en los demás. Así, haciendo
un poco de autocrítica y basándose en las mismas preguntas
bien podríamos llegar a otra conclusión. Para empezar
no se reconocerá la calidad de Bruce Dickinson o Duff McKagan
-gente que individualmente ha aportado y conseguido en la música
más que todo el cartel del Festival
Internacional de Benicàssim junto (sí, con
The Cure, Belle
& Sebastián, Radiohead y
los 176 grupos restantes incluídos)- mientras estos compartan
cartel con Sodom y la gente
que acuda al festival meta a unos y otros en el mismo saco. La autocrítica
es necesaria y si el público aplaude la comparecencia de
unos mediocres Sodom sólo por el hecho de llevar el pelo
largo -aunque su música y su concierto sean mediocres- no
debe extrañarse de que luego no presten al rock ninguna atención
o el mínimo respeto. Lo mismo sucede cuando uno lee complacido
en el libreto del festival frases del tipo "al loro con"
o "son flipantes" en lo que, más que un lenguaje
especializado, parece una falta de confianza en el nivel intelectual
del lector.
Demasiadas preguntas y respuestas
para dos días de fiesta. Nosotros lo pasamos realmente bien
en el Rock Machina. Sí, todavía es un festival de
serie B, pero un futuro con varios escenarios a los que se unirían
el incremento sustancial de los atractivos que ya vamos percibiendo
cada año podrán llevarlo sin duda a la primera fila.
Sin embargo, bajo toda esa diversión sigue quedando en nosotros
ese poso. Hay gente, rockeros, a los que les gusta que el rock sea
un gueto, sentirse especiales por el hecho de escucharlo y que nadie
les entienda. Nosotros creemos en su mensaje -evidentemente, si
se trata de buena música- y creemos que todo cambiaría
si nosotros mismos miráramos para adentro y, quitándole
de encima los tópicos marginales y los integrismos, simplemente
apoyando lo bueno viniera de donde viniera y apartando lo malo por
muy bien disfrazado que se nos vendiera, consiguiéramos
darlo a conocer a los demás. Quizás así cambiasen
las cosas.
EL GRAN TIMO DEL ROCK N' ROLL
Corrían las cinco y media de
la tarde y un tercio de los aproximadamente 15.000 asistentes a
la quinta edición del Lorca Rock
todavía permanecía fuera del antiguo cuartel de la
Guardia Civil de la localidad murciana. Intentaban acceder al paradójico
recinto (para un concierto de rock) mientras una Doro
entonaba un All We Are que sonaba en esta ocasión
gracioso, pues buena parte de su público -la que se encontraba
en la calle- no podía decir que su letra fuera completamente
cierta en ese preciso instante. Fue ese el único pero a poner
a la organización de un evento que crece de una manera espectacular.
Bebida barata, un buen cartel y buena gente, para disfrutar de una
noche de verano que se antojaba impresionante.
Con unos Mägo de Oz
a punto de irrumpir en escena accedemos por fin al recinto y nos
damos cuenta de la que hay montada. Desde luego
habrá que cambiar de ubicación, allí no cabe
ya ni un alfiler y el espacio no está acondicionado para
albergar a tal gentío. Y sin tiempo a ubicarte los madrileños
empiezan el asalto. Saben que tocan ante la parte más exigente
de sus aficionados y plagan su set list de sus piezas más
contundentes. Y, aunque buena parte de los seguidores que les auparon
a su actual posición les dan ahora la espalda, salvan la
papeleta con creces. No era ése su día pero habían
aguantado el chaparrón de salir a plena luz del día
y siendo unos meros invitados a una fiesta que tenía otros
anfitriones.
Tras un largo parón Kai
Hansen y los suyos hacen acto de presencia en el inmenso
escenario. Con ellos cambia la historia, aunque
se hayan prodigado en los últimos años por las salas
hispanas, nadie deja pasar la oportunidad de disfrutar una vez más
de los temas del padrino del metal alemán. Desbordando simpatía
y buen hacer Gamma Ray convencen
a propios (la mayoría) y extraños y dejan el pabellón
bien alto hasta su visita otoñal. No obstante tampoco
eran ellos las estrellas del festival. Ahora era cuando llegaba
el momento de la verdad.
Si tuviéramos que hacer una apreciación,
dos terceras partes del respetable esperaban con impaciencia la
salida de Manowar, mientras que Slayer
habían llenado de sus fanáticos a un tercio del aforo.
Pero eso poco parece importar e Tom Araya
y los suyos. Ellos son unos profesionales y poco cambiaría
su actitud si pasaran a ejercer de teloneros de Julio
Iglesias. Sobrios, aplastantes, impresionantes,
Slayer descargaron todo su armamento pesado, desde Mandatory
Suicide hasta Angel Of Death, pasando por Chemical
Warfare. Y no se largaron de allí a pesar de que algún
cretino se atreviera a lanzar una botella que impactó en
la cara de Araya o que sufrieran el maltrato de los técnicos
de iluminación durante toda su actuación. ¿Alguien
estaba interesado en joderles la actuación? Es posible que
sí, pero desde luego no pudieron hacerlo.
Fue tras su salida cuando empezó el show.
Una hora de tuvieron Manowar esperando a sus
seguidores para terminar de ultimar todos los detalles de su actuación.
Unos Manowar que se habían negado a dejarse fotografiar por
esos mismos seguidores que se agolpaban a las puertas de su hotel
y cuyos líderes se habían negado a ser entrevistados
por la prensa (excepto, claro está, los de siempre). De ese
modo, con todos los mismos del mundo, Manowar se presentaron por
fin en escena.
Cinco años habían
pasado desde que tuviste la última oportunidad de ver a Manowar
en tu país. Tus recuerdos de aquel concierto no son positivos
pero renuncias a fiarte de ellos, sin embargo al minuto y medio
de actuación se agolpan de nuevo en tu mente. ¿Estos
son los "Reyes del Metal"? En nuestra vida habíamos
visto algo más patético subido a un escenario. Más
preocupados de sonar alto que de sonar bien, Eric
Adams y los suyos posaron más que los cientos de músicos
que han criticado toda su vida en setenta minutos de actuación
de los que las canciones apenas supusieron treinta y cinco. Canciones
mal tocadas por un batería al que parece
faltarle riego, un bajista que da más vueltas que una bailarina
de ballet y un cantante gesticulante y con las facultades
vocales más menguadas que nunca. Si a ello le sumas solos
ridículos (para que Joey DeMaio
sea el mejor bajista del mundo tendría que desaparecer buena
parte de la población del globo), parlamentos patéticos
y, lo peor de todo, un solo de castañuelas, no es de extrañar
que la gente te señale por la calle riéndose al identificarte
con semejante pandilla de tarados.
Qué queréis que
os digamos, nosotros también hemos disfrutado de sus discos,
pero hasta los mismísimos Beatles
dejaron de tocar en directo el día que se dieron
cuenta de lo mal que sonaban. A ellos les sobraba toda la honestidad
que les falta a estos cuatro tipejos a los que imaginamos descojonarse
en el camerino mientras cuatro gatos seguían aplaudiéndoles
entre el gentío que abandonaba el recinto con un mal
sabor de boca que el festival no merecía. The
Bon Scott Band cerraron el evento pero pocos quedaban
con ánimo de verles después del show de unos Manowar
que, visto lo visto, dejan en ridículo el documental The
Great Rock'n'Roll Swindle de los Pistols.
Si hay un gran timo del rock n' roll, ese es Manowar. Sin duda.
UN SÁBADO CUALQUIERA
Ayer te acostaste tarde y buena parte de la bebida
que disfrutaste mientras veías con tus amigos viejas cintas
en el vídeo es ahora un eco no deseado aunque inevitable.
En las cintas Barricada arrasaban (más
que tocaban) con toda naturalidad ante cientos de miles de personas
en el concierto homenaje a Tierno Galván
que se retransmitía desde la televisión pública.
Su viuda saludaba a los rockeros que su marido había sabido
tratar con respeto desde su alcaldía, y no pasaba nada. Segundos
después la cinta regresaba a Tocata
con Obús como protagonistas,
para dar paso después a unos Poison
desparramando en el mismo espacio los temas de Look What The
Cat Dragg In, el álbum que revolucionaba el mercado estadounidense
ese mismo año; entonces llegábamos a Rockopop
y regresaban de nuevo Barricada...
No sabes por qué, quizás por el calor,
pero no aguantabas más en la cama y te has levantado relativamente
pronto. Las 13:00 horas de un sábado ya con resaca. De la
cama al sillón y, de nuevo con el mando en la mano, al televisor.
Música Sí se llama ahora
el programa musical del fin de semana, pero por mucho que estés
delante de él no hay ningún vestigio de rock. Amaral,
Bunbury, Juanes,
Bisbal... pero ni rastro de Korn,
Manowar, Hamlet
o cualquiera de los álbumes de rock que ocupan tus días.
Ni rastro de la realidad. Nada parecido a lo que viste anoche y
viviste años atrás. Para más INRI, en un descanso
del programa anuncian un programa, la gala de bienvenida al verano.
¿Los artistas? Cómo no, los mismos. Necesitas una
dosis de realidad...
Por suerte la encuentras y después de media
hora de entretenimiento inteligente acabas convencido de que Homer
sería el mejor presidente para tu país. Más
aún cuando, sin cambiar de canal, ves como la noticia que
abre el informativo es la siguiente: "Chenoa
recibe amenazas de radicales tras anunciarse que su actuación
sustituirá la de un conjunto abertzale en las fiestas de
Vitoria". Con gesto compungido Pedro Piqueras
da la noticia, al tiempo que anuncia que el grupo abertzale es Su
Ta Gar. Según sus palabras, todos los españoles
deben mostrarse ofendidos por el hecho, aunque en la noticia ninguna
fuente confirma que la cantante haya recibido tales amenazas, sólo
que el concierto se ha suspendido. ¿Se supone que te tienes
que molestar porque a tus colegas euskaldunes les priven en sus
fiestas de ver al que posiblemente es el mejor grupo de metal del
Estado para sustituirlo por una pedorra cantamañanas que
por sí misma debería ver que aceptando ir allí
está ofendiendo a un pueblo? Si aún te dijeran que
Su Ta Gar han sido sustituidos por Oskorri
para darle un aire más popular a la fiesta, como haciéndola
para todos los públicos, sí que te sorprendería
que la gente se molestara o pudiera increparlos, pero así,
lo que te da la noticia es asco.
Cambias de canal, dormitas. De repente un sonido
familiar te devuelve a la realidad. La televisión escupe
un anuncio de Informe Semanal, el que
fuera el mejor y más independiente programa de la televisión
estatal, anunciando con Hombres G como
música de fondo, el siguiente reportaje: "Esta semana
un concierto en Madrid con Mikel Erentxun,
Los Secretos, Enrique
Urrutia y Hombres G rememoró la década dorada
del pop español. Con su ayuda recordaremos aquellos maravillosos
años". Eso ya es el colmo. La más clara muestra
del retraso cultural de nuestro país en los ochenta recuperada
para gloria del pensamiento único. Un pensamiento que quiere
desligarse de sus ancestros fascistas pero que reivindica toda la
mediocridad que anule cualquier avance progresista que se haya generado
entre la elipsis comprendida entre la dictadura de sus padres y
su actual gobierno, ya sea en la música o en cualquier otra
faceta de nuestra realidad. No lo aguantas más, tras comer
a desgana, intentas volver a dormir aunque te resultará difícil.
Ha sido hoy, pero sucede lo mismo un sábado cualquiera...
EXAMENES FINALES
Con el Dime de Reincidentes
cerrábamos nuestro último Editorial. Y todavía
seguimos dándole vueltas al tema en la cabeza. Ni las frases
de la canción, ni las que llenan estas páginas, son
verdades absolutas, pero mucho de lo que dicen es cierto. Viene
esto a cuento por las fechas en las que estamos y en cómo
la canción, y sobre todo la frase "estudiar, pa que
sirve", ha rondado nuestra cabeza cuando hemos visto durante
estas últimas semanas a algún amigo destrozado por
lo exámenes. La canción, cantada a grito pelado en
decenas de conciertos o en la soledad de tu habitación, acudía
a nuestra cabeza con la misma facilidad que nuestros recuerdos de
estudiantes.
Para qué sirve. Pues efectivamente, no podemos
decir que no sirva para nada. Gracias a los estudios amigos nuestros
se convirtieron en profesores de escuela o esclavizados en un periódico;
acabaron trabajando en lo que querían. Pero lo cierto es
que por cada uno de ellos que está trabajando en aquello
que estudió, conoces a diez que no lo hacen. Ingenieros trabajando
en restaurantes de comida rápida, abogados doblando ropa
en tiendas de moda, licenciados durmiendo en el Metro de Madrid...
La frontera es mínima. ¿Para qué sirve estudiar?
Si sólo pudiéramos dar una respuesta, ésta
sería clara: para distraer la atención.
Nuestra sociedad, empeñada en el triunfo,
se ha empecinado en menospreciar el trabajo, fomentando la competencia
y vendiendo la imagen de que el estudiante universitario, cuando
finalice su carrera, triunfará (véase trabajar poco
y ganar mucho). Lamentablemente la realidad nos ha demostrado lo
contrario y no sólo un titulado universitario de los miles
que aparecen cada año en nuestro país acaba trabajando
casi siempre en un empleo ajeno a sus estudios, sino que también,
si acaba haciéndolo, en muchos otros casos su remuneración
es inferior a la de un trabajador no cualificado (atención
a la terminología: ¿"No cualificado" para
qué?, estará cualificado para lo que trabaja, supongo).
Pero como suele suceder con la realidad, muy pocos le prestan atención.
Así nuestros padres se empeñan en
que estudiemos y hay plazas universitarias para todos. Y es que
el fin es tener a la gente distraída. Mientras los jóvenes
estudien no estarán en la cola del paro y además sus
padres estarán satisfechos porque aquello que en sus tiempos
no estaba al alcance de cualquiera ahora si lo está disfrutando
su hijo. Mientras, las carreras no enseñan lo que el alumno
necesitará saber cuando entre en el terreno profesional,
y se llenan de asignaturas que no serán más que difíciles
trámites para que la obtención del título no
sea tan asequible en la misma proporción en que se alejan
del modelo platónico de lo que debía ser la Universidad.
Al mismo tiempo, una persona deja de adquirir un conocimiento práctico
en un estudio de formación profesional desprestigiado por
nuestra sociedad pero que, posiblemente, pudiera abrirle muchas
más puertas.
Las caras de muchos amigos estudiantes durante
estos días, reflejan el desánimo, el agotamiento.
Las de muchos de los que estudiaron, y que antes mencionábamos
alejados del trabajo con el que soñaron, sólo reflejan
frustración. ¿Hasta cuándo durará esta
mentira? Uno recuerda cómo una profesora universitaria dando
una asignatura inútil (tan inútil como la docente
que nunca había ejercido la profesión que enseñaba)
le dijo una vez en su clase que allí se iba a aprender, que
el que hubiera acudido allí únicamente para obtener
el título que le permitiera trabajar debería avergonzarse.
El resto de sus compañeros callaron y bajaron la cabeza...
MÚSICA PARA UNA HUELGA
Ya en 1982 Los
Suaves lo decían claro en Sin Empleo. Su letra
era dramática y sin embargo las cosas por aquél entonces,
andaban mejor que ahora. Es cierto que en aquél año
el número de desempleados era mayor que ahora aunque ligeramente
-hay que recordar que desde el año de Naranjito hasta el
99 esta no bajó del 15,6%- pero por aquel entonces no existían
mil trabas para formar parte de las listas de parados, con lo cuál
la cifra real de estos en aquella época sería, con
las normativas actuales, muy inferior a la presente.
Lo que sí ha cambiado desde
entonces hasta ahora es el modo de tratar las cosas. Lo que antes
Los Suaves reflejaban como un dramático diálogo empresario
trabajador ("Del despacho baja el amo, dice: 'Hijos míos,
no hay trabajo. No hay pedidos, tengo que cerrar, nada os oculto,
me vienen a embargar mañana'") ahora ha mutado en una
relación en la que el diálogo no existe y el equilibrio
de balances macroeconómicos justifica lo injustificable (véase
el cierre de la fábrica de Fontaneda en Aguilar de Campoó).
Pero eso no es lo único que
ha cambiado. El 20 de junio de 1985 se realizaba la primera huelga
general de la Democracia para protestar contra un recorte en las
pensiones de jubilación y la delicada situación de
la Seguridad Social, aunque serían las dos que le seguirían
las que alcanzaran las más altas cotas de participación.
El 14 de diciembre de 1988 los ciudadanos dejaban las calles vacías
para protestar contra la Ley de Empleo Juvenil y el contrato basura
y el 27 de enero de 1994 millones de ciudadanos salían a
la calle para protestar por el abaratamiento del despido, la congelación
salarial en la enseñanza pública y la congelación
en la oferta pública de empleo. Evidentemente (y lamentablemente)
el gobierno no dio un paso atrás en unas reformas que todavía
sufrimos.
Entonces cambió el partido
en el gobierno y con él cambiaron los métodos. Todas
las promesas preelectorales cayeron -como era de esperar- en el
saco del olvido y pasamos de estar mal gobernados por un partido
político a estar mal gobernados por una agencia de marketing.
Todas las medidas tomadas en años anteriores y que propiciaron
la realización de huelgas generales siguieron en pie y sólo
se realizó una reforma laboral para empeorar la situación
del trabajador (presente o futuro) en detrimento del empresario.
La huelga no se hizo esperar materializándose el pasado día
20 de este mismo mes.
Pero nuestro país esta ahora
mucho más atontado. ¿Cómo se puede entender
que si uno se manifiesta en años anteriores contra unas medidas,
cuando estas se empeoran, no salga de nuevo a manifestarse y en
mayor número? Los que hacemos Rock Trip, que no es más
que un modesto medio musical, no podemos callarnos lo que hemos
visto y escuchado durante las últimas semanas. ¿Cómo
se puede equiparar el derecho a huelga con el derecho a trabajar
como se ha pregonado desde los medios de comunicación (de
derechas) de nuestro país? Eso sólo sería equiparable
si el que se manifiesta un día de huelga general no perdiera
su salario de esa jornada; en el caso que nos ocupa el único
que pierde sus derechos es el manifestante, no el que va a trabajar.
Y es más, entrando ya en el terreno ético ¿cómo
un trabajador llano puede convencerse a sí mismo de que no
acude a la huelga porque pierde ese salario de un día para
alimentar a su familia? ¿No sería más lógico
gastar ese salario de un día por el bien común en
el que se incluye el de su familia por el resto de sus días?
Las tonterías que se han llegado
a oír estos días previos y posteriores a la huelga
han sido impresionantes (el tratamiento informativo sesgado dado
por Antena 3, RTVE,
Onda Cero, El Mundo,
ABC y La Razón
-más si cabe cuando ellos mismo apoyaron huelgas generales
anteriores- no tiene nombre) y sólo son posibles en una país
como el nuestro en el que la política se toma como un partido
de fútbol: 'yo soy de este equipo y -aunque juegue fatal-
somos los mejores'. Así de idiotizada camina España,
más pendiente de once tipos pegando patadas a un balón
que de su realidad social que, al igual que su equipo de fútbol,
sigue siendo mediocre y se derrumbará tarde o temprano.
Desde Rock Trip nuestro aplauso a
todos los ciudadanos que se solidarizaron con su pueblo el pasado
20 J (y el 19 en el caso de los periodistas que, sobre todo en los
medios antes mencionados, se atrevieron a plantar cara a sus conservadores
jefes) manifestándose a lo largo y ancho del país.
Nuestra determinación no será tan drástica
como la del parado de Sin Empleo ("La madre calla, abre
el gas, ojos secos, se sienta a su lado. Es el fin, todo ha acabado.
Os miráis con espanto. La máquina callada, los puños
apretados, pensando... pensando"). Si a lo que pasa nuestro
alrededor hubiera que ponerle música y letra quizás
la del Dime de Reincidentes sería
la más apropiada: "Estudiar pa que sirve, trabajar es
imposible, protestar es de otro tiempo que pasó. Eres victima
de un suicidio, del silencio colectivo, el luchar es otra idea que
fracasó. Tanta pasividad..."
SHOW BUSINESS
Que nadie lo dude, la música
es un negocio. Lo es para las discográficas, para los músicos
y para todos aquellos que les rodean, y el rock no queda al margen.
A pocos o ningún músico conoceréis que no reciba
-o al menos desee hacerlo- lo mismo que invierte en hacer su música,
y aunque sean menos los que lo confiesen, el sueño de todos
ellos es un reconocimiento musical indisolublemente unido al éxito
económico. No supone para nosotros eso ningún problema.
Ellos llenan de música nuestras vidas y en muchas ocasiones
nos hacen partícipes de sus sueños, de la ilusión
de participar, en el caso del rock, de la lucha por una causa común.
Viene esto a cuento por varios motivos:
el primero, el hecho de la salida de Backyard
Babies del Festival Serie Z para
participar en el Festival Espárrago;
el segundo, el tan cacareado Día Sin Música. La caída
de los Babies en el Serie Z ha vuelto a demostrar hasta que punto
el rock no es ajeno al negocio. No obstante el asunto tiene una
fácil explicación. El modesto organizativamente Serie
Z Festival -lo realiza una pequeña promotora privada- irrumpía
en el circuito festivalero de nuestro país realizando un
cartel basado en la calidad, la coherencia y el amor por la música,
pero lo hacía en el terreno que hasta ese momento ocupaba
el Festival Espárrago, un evento hecho a fuerza de talonario
por un grupo empresarial (Prisa) y de
una calidad sólo avalada por la maquinaria mediática
de sus organizadores. El peligro pues para estos últimos
era que el Serie Z les pisara el terreno en su mismo campo. La solución,
levantarles a uno de sus grupos estrella a fuerza de uno de sus
contratos de exclusividad acompañados de un cheque lleno
de ceros. Evidentemente la compañía de management
de la banda aceptó el contrato y los Babies pasaron a engrosar
el esperpéntico cartel del Espárrago. La organización
de este festival con su contrato de exclusividad (una práctica
muy habitual entre nuestros festivales y promotores que les obliga
a pujar muy alto por los grupos para que sólo actúen
donde ellos les indican) acababa de contribuir a que nuestro país
sea uno de los que más pagan a los artistas internacionales.
El otro hecho que nos lleva a centrar
en el negocio musical el tema de nuestro Editorial es el Día
Sin Música. Suenan Diamond Dogs
en nuestros altavoces mientras escribimos estas líneas la
mañana del martes 11 de junio, fecha elegida para que los
medios se solidaricen con el Día Sin Música, evento
perpetrado a medias por SGAE y las multinacionales
de nuestro país para denunciar la piratería y el hecho
de que mucha gente compre CD's pirateados antes que los originales.
Las radios y televisiones no emitirán entre las 12 y las
14 horas de hoy la música que suelen poner en sus programas
en ese fragmento horario para dar voz a los actos que protagonizarán
Rosana, La Unión,
Miguel Ríos, Niña
Pastori, Clara Montes, Sergio
Dalma, Javi Cantero, Carlos
Jean, María Jiménez
y María Dolores Pradera entre
otros para dar fulgor a tan señalada jornada.
Lo que estos no saben es lo mismo
que no saben por ejemplo los organizadores del Espárrago.
Y es que a nosotros no nos engañan, que lo que ellos ven
exclusivamente como negocio es para nosotros un sentimiento. Así
podrán llevar a los Babies -ya los veremos otro día-
o a Iggy Pop, porque un evento protagonizado
por Bunbury, Amaral
o Antonio Orozco poco puede tener de
interés para un rockero (y menos el mismo día que
actúan Slayer y Manowar
a poco más de 300 km.). Lo que no saben tampoco es que el
pueblo en general no es tan tonto como se creen. Por eso la gente
ahora, después de ver como lo que esas multinacionales fabrican
cada temporada son productos de consumo rápido y calidad
escasa que acaban a los cuatro meses en las cajas de saldos de los
hipermercados por 3 €, han decidido comprarlos directamente
a ese precio en el top manta, total en cuatro días no los
van a querer para nada. Lo que les sucede ahora, la causa de los
problemas de SGAE y multinacionales es la propia política
que han aplicado durante años de apoyar la mediocridad y
ejercer el colegueo. Nosotros, mientras, seguimos escuchando a Diamond
Dogs, algo que nunca oímos sonar por radio o televisión.
Si todos los días fueran el Día Sin Música,
personalmente, nos daría igual.
EL VERANO NO ES LO QUE ERA
Todavía no es verano pero estas fechas,
la subida de las temperaturas, el sol en el cielo hasta bien entrada
la tarde, consiguen llevar a tu memoria tardes inolvidables. Y es
que los meses de mayo y junio eran sinónimo de la llegada
de las más importantes bandas internacionales. Fue por estas
fechas cuando AC/DC llenaban el Palau
Sant Jordi y Las Ventas hasta reventar en cinco shows históricos,
cuando Guns N' Roses hacían que
el rock reinara también en nuestro país, cuando Metallica,
todavía como unos "Four Horsemen," no se desprendían
del negro en sus vestiduras por mucho calor que hiciera, o cuando
Bon Jovi empezaban a hacer sonar las
notas de Livin' On A Prayer en el Estadio Olímpico
de Barcelona cuando desparecía el último rayo de sol.
Algunos dirán que ahora sucede lo mismo,
pero no es así. Un único concierto de Red
Hot Chili Peppers en todo un verano es un verbena comparado
con la visita de las que por entonces eran las bandas más
punteras del mundo. La entrada, comprada muchos meses antes de presenciar
la actuación era un preciado tesoro para aquellos que se
aventuraron a hacerse con ella nada más salir a la venta,
y los días previos al show no había otro tema de conversación.
La jornada del concierto no había otra opción: si
eras de la ciudad donde tenía lugar los nervios te impedían
prestar atención a un trabajo o unas clases a las que incluso
no acudías; si eras de fuera, el hecho de no acudir a tus
obligaciones era inevitable, pero todo el ceremonial que implicaba
el viaje hasta el concierto y tu presencia en él no tenían
precio.
Ahora todo ha cambiado. Creo recordar que el pasado
año ya no disfrutamos en España ninguna visita internacional
y este año va a suceder lo mismo. Muchas ofertas como las
de antaño no hay, pero que eventos como el Ozzfest pasen
de largo nuestro país en su visita europea -Alice
Cooper, Bon Jovi y demás han conseguido que sea algo
que últimamente sucede con regularidad- es bastante lamentable.
Mientras tanto nos conformaremos con los festivales para satisfacer
nuestra hambre -aunque no nuestra alma-, festivales en los que en
muy pocas ocasiones podemos presenciar un show verdaderamente espectacular
(nosotros sólo somos capaces de recordar a unos increíbles
Motörhead hace años en Menorock,
aunque cada uno tendrá su particular excepción). Veremos
pues lo que nos depara el presente perido estival, aunque eso sí,
seguiremos echando de menos el sabor de ese rock de una noche de
verano.
UN PLAN CASI PERFECTO
Había miles de bandas en el
país que no encontraban la mínima ayuda para que su
trabajo fuera reconocido, pero el objetivo no era apoyar el arte
y mucho menos, que la voz de aquellos que utilizan la música
para mostrar su sentimientos fuera escuchada. Es más, el
objetivo era bien distinto.
El plan era perfecto. Buscar allí donde
no se tenía un apoyo, donde la gente era incapaz de creer
el mensaje vacuo y propagandístico de que todo iba bien,
porque la muestra de cómo van realmente las cosas estaba
delante de sus narices. De allí sacaron a una inocente niña,
representativa para su desgracia de unos valores que ellos desprecian,
para hacerle vivir un prefabricado cuento de la Cenicienta filtrado
por todos los valores de la amoralidad occidental. Y vendieron a
un país cada día más alienado que la convertían
en una artista...
Le quitaron sus canciones, sus coplas, y las sustituyeron
por la más rancia muestra de la música popular de
su país; cambiaron su físico, porque su imagen no
era la que correspondía a la artista que tenía que
representar a un país "tan avanzado" como el que
estaba manipulándola; y finalmente pusieron en su boca una
canción que, por la realidad que vivía cada día,
por la educación que le habían dado sus padres, por
la aridez de la tierra que pisaba, jamás habría cantado
o sentido. Entonces la soltaron al ruedo...
Y la gente picó. Muchos de aquellos que
no eran partícipes de aquello que "iba bien" ahora
cantaban a voz en grito una "celebración"; un país
entero tiró por la borda treinta años de lucha cultural
para volver a vestir sus galas más "cañís";
nadie se preocupaba ya de la realidad que le rodeaba, vivían
a través del más amoral cuento de hadas jamás
pertrechado.
Entonces se toparon con la realidad. O deberían
haberlo hecho. El plan no salió redondo y su representante,
una inocente niña de la que lo poco que quedaba impedían
que fuera mostrado, no convenció con el propagandístico
mensaje de que la habían dotado en un triste concurso del
que sólo aquellos que por desgracia viven todavía
peor que nosotros, aún se preocupan. Para aquellos, los que
nunca ganan nada, los que poco tienen que celebrar, fue todo un
éxito. Para un país, el que había manipulado
a la chiquilla, debería haber sido un motivo de vergüenza
haber intentado quitar el pan a los pobres.
Sin embargo los ojos llenos de lágrimas
por la derrota de la chiquilla parece que todavía empañan
la visión de los alienados ciudadanos de su país.
Los que jugaron con ella siguen frotándose la manos. Nadie
ha alzado todavía la voz contra ellos. El método es
efectivo y lo siguen aplicando. Da igual que sea convenciéndonos
de que con ellos Europa viva una celebración o de que aquél
que ejerza su derecho de huelga contra ellos es un irresponsable.
Todo vale en un país cada vez más ignorante...
MÁS QUE UNA MODA
A nosotros nos sucedió mientras
presenciábamos el concierto en Valencia, pero imagino que
sucedería lo mismo en el resto de las ciudades. Quiet
Riot entonaban Cum On Feel The Noize, el tema de Slade
que ellos convirtieron en clásico, ante apenas 200 enfervorecidos
espectadores. Fue tras el show cuando esa escena se convirtió
en un cruce de reflexiones. En una ciudad de un millón de
habitantes apenas doscientos de ellos -a penas 20 menores de 25
años- habían acudido a presenciar la visita de una
banda que había marcado su huella en la historia más
reciente de la música.
Uno se paraba entonces a pensar lo que habría
pasado por la cabeza de un seguidor de Linkin'
Park al presenciar la escena. Seguro que no habría
podido evitar esbozar una sonrisa, pero lo verdaderamente gracioso
es que él no participa de un fenómeno muy diferente
al protagonizado por Quiet Riot. Y es que los de Kevin DuBrow también
vendieron siete millones de copias de su álbum en tan sólo
un año y fueron los más grandes del planeta, pero
aquello pasó. Lo más gracioso es que uno no puede
ni siquiera imaginar dónde estarán Linkin' Park, no
ya dieciocho años después, sino tan solo cinco.
No decimos esto para desprestigiar a Linkin' Park
(no es más que un simple ejemplo) sino para destacar lo fútil
del éxito y al tiempo la importancia de la música,
precisamente en un momento en el que todo el mundo parece más
preocupado por cifras, pirateos y demás, dejando de lado
lo más importante, la música. Y es que la gente sigue
comprando música como un bien de entretenimiento, de consumo,
no como una pieza artística que se pueda disfrutar una y
otra vez. Evidentemente ése es el modus operandi de todos
aquellos que compran los discos de Operación
Triunfo, álbumes que dentro de un año no cabrán
en las cajas de saldos y que nadie reconocerá haber poseído,
pero no sólo de ellos.
Y es que, acostumbrados a mirar la paja en el ojo
ajeno, no miramos que somos nosotros también los que dañamos
lo que más queremos, cuando en algún momento de nuestra
vida dejamos de comprar "aquél disco tan interesante
de Slaughter" para comprar "el
último de los Maiden", o
"pasamos del de Leize para pillar
el nuevo de Los Suaves que, pese a no
acabar de convencerme, es de Los Suaves". Todos lo hicimos
en algún momento y a algunos, los que seguimos rondando por
aquí, todavía nos duele. Porque cuando ahora conseguimos
el de Leize, Leize ya no están aquí para tocar.
Muchos chavales de 16 años, estaban tranquilos
en su casa mientras Rudy Sarzo jugaba con su bajo mientras a penas
doscientas personas gritaban Cum On Feel The Noize. Estamos
seguros de que dentro de tres o cuatro años lamentarán
no haber estado allí. También lo estamos de que muy
pocos de los que en su momento optaron por comprar Metal Health
(o Buscando, Mirando de Leize, o The Wild Life de
Slaughter) lamentarán nunca haberlo hecho. Eso es lo más
grande del Rock.
AUTARQUÍA CULTURAL
Alcanzó el nuevo single de Sentenced
la segunda posición en los charts fineses y Mägo
de Öz hicieron lo propio en nuestro país la pasada
semana con el avance de su nuevo trabajo. Blind
Guardian arrasó en las listas europeas con la salida
de A Night At The Opera y España tampoco quedó
al margen. Entonces, cuál es el problema. El problema es
simplemente que esos hechos, habituales en el resto de Europa, suceden
de tanto en cuanto en nuestro país y en cuanto pasan son
silenciados. Y no son el único caso.
Scorpions tocaron ante
miles de personas celebrando el aniversario de la caída del
muro de Berlín en un acto que fue retransmitido en vivo por
todas las televisiones europeas, excepto por la nuestra. El Rock
In Rio, el festival musical más importante del mundo
y que suelen liderar bandas de rock, fue también emitido
por las más importantes televisiones del globo, pero aquí
no pudimos verlo. Son dos ejemplos, pero podríamos recordar
muchos más. ¿Qué sucede pues en nuestro país?
Es gracioso porque la autoimagen que se nos vende desde las esferas
más elevadas de nuestra sociedad nos sitúa a un nivel
europeo, de civilización moderna que se codea con la europea
e incluso la supera a muchos niveles. Incluso desde espectros que
se consideran así mismos como alternativos o portadores de
la modernidad se llega a atacar otras sociedades por conservadurismo.
"Los franceses, los alemanes, los daneses, padecen el problema
del fascismo; los americanos actúan como si fueran los amos
del mundo y se atreven incluso a censurar temas musicales, pero
esas cosas no suceden aquí" es lo que se suele afirmar
al tiempo que se mira a los demás por encima del hombro.
Y lo más lamentable de todo es que la situación aquí
es todavía peor.
La xenofobia perdura en nuestro país y crece
día tras día y el que no sea capaz de verlo tiene
un verdadero problema. Pero esa no es nuestra única vergüenza,
porque muchos lastres de nuestro pasado franquista continúan
acechándonos con el beneplácito de la mayoría.
Y el de la autarquía cultural es uno de ellos. Porque con
la muerte del dictador y la transición no cambió el
cierre cultural hacia lo que venía de fuera. Así,
mientras el resto del mundo avanza nosotros seguimos viviendo nuestra
propia mentira. En EEUU censuran temas tras los atentados del 11
de septiembre, pero aquí no. Claro que no, no se pueden censurar
temas que jamás han sonado en nuestro país. Y es que
¿cuándo se ha escuchado Highway To Hell en
los programas de Iñaki Gabilondo
o Luis Del Olmo?. Se habla del artista
que alcanza el nº 1 de las listas británicas cuando
es Elton John el que lo consigue, pero
no se ha comunicado ninguna de las veces que Iron
Maiden lo han logrado con cada uno de sus álbumes
desde 1982, son grandes los cantantes de Operación
Triunfo pero no es igual de grande el álbum de Blind
Guardian que los lanza un puesto atrás en las listas...
Y aceptamos con gracia que nuestro país
vuelva a ilusionarse con el recalcitrante festival de Eurovisión
o que "Cuéntame", una
serie que nos vende "lo bien que se vivía con Franco,
un hombre que al fin y al cabo no era tan malo," sea líder
de audiencia mientras nos lavamos la cara y la vergüenza que
empapa nuestra alma, mirando la paja de la xenofobia, la censura
y el fascismo en el ojo ajeno. ¿Qué será lo
próximo? ¿La vuelta de la Ley De Vagos Y Maleantes?
Nuestra sociedad avanza mientras tanto feliz en su ignorancia, como
un burro al que se le impide mirar hacia los lados para que avance
por el camino marcado, hacia el abismo.
FALSO PROGRESISMO
Es desde luego la noticia que resonará
durante varios meses entre el público rockero del país.
Y es que meter 44.000 personas en un recinto para escuchar rock
en todas sus vertientes y hecho en su práctica totalidad
en nuestro país era algo impensable. Lo era para su propia
organización, para sus detractores y para el resto de festivales.
Porque siempre que un festival al aire libre había sido multitudinario
en España no había superado apenas los 30.000 espectadores.
Era entonces, cuando los FIB's, Doctor
Music's y demás eran utilizados por informativos de
televisión y periódicos para decir que la juventud
de nuestro país era "alternativa", "moderna"
o cualquier otra tontería que nos hacía hervir la
sangre a los que verdaderamente -por el poco caso que se nos hace-
vivimos en la alternativa.
Pero ahora no. Ya el año
pasado circularon por el Viña
37.000 almas y parecía que la cosa empezaba a cambiar. Algún
tabloide dedicó parte de sus páginas a un evento que
para muchos permanece imborrable en la memoria, pero poco más.
Sin embargo lo de este año ha sido el colmo. Salvando la
presencia de TVE
y Telecinco,
que dedicaron parte de sus informativos del fin de semana al evento
-precisamente cuando los presentes no podemos dar fe de ello ni
de su tratamiento-, poco hemos sabido del festival y de cómo
esas más de 40.000 personas manifestamos pacíficamente
y a través de la música, nuestro hartazgo de la basura
que nos rodea cuando llegamos a nuestras casas y cogimos los periódicos.
Salió en El Mundo aunque no era
de esperar -incluso para el tratamiento que se dio en sus suplemento
La Luna a la noticia mejor que no hubiera salido-, como tampoco
albergábamos esperanzas de cambiar el tratamiento que ABC,
La Razón o Ernesto
Sáez de Buroaga dan a las noticias que tienen que
ver con el rock, si las dan. Sin embargo sí que es indignante
que los "portadores del progresismo", es decir, El
País, la Ser, revistas
como Rolling Stone y el resto de la
comparsa del Grupo Prisa nos ignore
para luego vendernos la moto acerca de la modernidad o dictándonos
lo que es contracultural. Con sus manos metidas en festivales que
empezaron bien y que han perdido con su entrada toda la credibilidad
-Espárrago y Festimad
se ahogan año tras año con su gestión- estos
"izquierdosos" han vuelto a darnos a todos la espalda.
Es un aviso. Aquí no queremos valorar si el Viña es
o no el mejor festival del país, lo que decimos es que, cuando
vienen de colegas, hablándonos y vendiéndonos progresismo,
metáis las manos en los bolsillos. Mientras llegan con los
brazos abiertos miran de reojo vuestra cartera.
PRESENTACIÓN
"He oído llamarlo de diferentes maneras alrededor del
mundo, pero siempre era lo mismo. Hay muchas maneras de amar, un
millón de maneras. Pero sólo hay una, sólo
hay una manera de hacer rock." Eso dijo Sammy
Haggar hace muchos años en There's Only one Way
To Rock, y algo parecido pensamos la gente que hacemos Rock
Trip, el website que ahora visitas y que no es más
que el resultado de muchas horas de trabajo alimentadas por el mero
hecho de hacer lo que realmente nos gusta y apoyar algo en lo que
creemos.
Y como lo creemos queremos transmitirlo. Porque aunque no sea lo
frecuente, aquí no vamos a diferenciar entre subgéneros
musicales, ni entre la música extranjera y la que se realiza
dentro de nuestras fronteras. Porque el lenguaje del rock siempre
ha sido el mismo y si con él está escrito un álbum,
da igual que sea sueco, español o norteamericano; que suene
como el más duro metal, como el punk más festivo o
el rock más setentero; aquí tendrá su cabida
e intentaremos que llegue hasta vosotros con toda la fidelidad que
puedan transmitir nuestras palabras.
Del mismo modo trataremos que Rock Trip sea un lugar participativo
en el que quepan vuestras opiniones. Así intentaremos establecer
en breve un espacio en el que publicar los mails que nos enviéis
y esperamos también que nos ayudéis a completar las
secciones de "Enlaces" con todos aquellos grupos que veáis
que no aparecen o la de "Radio" con la información
de los programas que realicéis a lo largo y ancho del país.
Por otra parte os invitamos a que paséis a formar parte
de nuestro Mailing List, a través del cuál podréis
recibir directamente en vuestras direcciones de correo electrónico
toda la información que genere el mundo del rock semana a
semana. Además intentaremos tener siempre algún aliciente
para los que formáis parte de él, como es el caso
de las cinco invitaciones para presenciar el Viña Rock 2002
que regalaremos entre los que os apuntéis durante las próximas
semanas. No obstante esperamos tener en breve muchas cosas más
para vosotros.
Ahora, sólo nos cabe esperar vuestra respuesta y seguir
trabajando día a día para manteneros informados y
difundir el mensaje en el que creemos. Esperamos que disfrutéis
de Rock Trip tanto como nosotros. Un saludo.
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