|
AVENGED SEVENFOLD + BULLETS AND OCTANE
Milán (Italia). Rainbow. 28 febrero 2006
Texto y fotos: Juan E. Tur
Cuando nos enteramos de que Avenged Sevenfold venían a Europa a presentar oficialmente –ya habían venido, aunque de modo accidental, a actuar a algún festival el pasado verano- City Of Evil no lo dudamos un instante: teníamos que acudir a una de las fechas. Hacía años que un disco no nos dejaba tan impresionados. Y además de una banda tan joven. Daba igual pues que no pasaran por nuestro país, algo nos decía que cualquier cita de esta gira sería histórica. Así pues, hicimos el petate y pusimos rumbo a Milán para presenciar el primer asalto.
Ya en la sala todo seguía apuntando a algo importante. La Rainbow era un local relativamente pequeño y poca gente se había congregado a sus puertas desde horas antes del inicio del show –allí tampoco se había editado el disco oficialmente, por lo que el boca a oreja e internet hicieron de carta de presentación de la banda-, pero los que allí estaban eran todos muy jóvenes y prácticamente el 100% de ellos iban ataviados con los motivos del grupo y maquillados/disfrazados como sus miembros. Es cierto, yo personalmente no lo veo muy estético, más bien al contrario, pero ver cómo los más jóvenes empatizaban de nuevo, posiblemente sin saberlo, con una banda de heavy metal, me resultaba ciertamente agradable.
Así pues nos adentramos en la Rainbow para encontrarnos con un nuevo detalle a agradecer a Avenged Sevenfold, que no es otro que hacerse acompañar durante toda la gira, de una banda que consideran prometedora y a la que ofrecen todas las facilidades para mostrarse ante su público; vamnos, como sucedía en los ochenta en un comportamiento que provocó la ascensión imparable de bandas y, consiguientemente, del género. Los elegidos fueron Bullets And Octane y cabe señalar que la decisión fue totalmente acertada. Lo suyo no tenía mucho que ver con la música de A7X, pero tenían un gran nexo en común, la calidad musical y la juventud. Liderados por un espectacular Gene Louis, Bullets And Octane realizaron un aplastante show de rudo sleaze rock en el que desplegaron en apenas 35 minutos los temas que compondrán su inminente In The Mouth Of The Young, que en los States editará RCA. Su concierto fue directo y aplastante, ya aunque el personal no conocía los temas quedó francamente impresionado por su energía. Les seguiremos la pista muy de cerca.
Y tras su partida llegó el momento tan esperado. En disco son magistrales, parecen saber donde se mueven en lo que al negocio se refiere y quedaba comprobar cómo se lo montaban en directo. Y tras una potente intro, apenas diez minutos sobre las 9 de la noche, Avenged Sevenfold irrumpían en escena a los compases de Chapter Tour . La ejecución del tema –desde el foso- sonaba perfecta, aunque desde la cercanía también se apreciaban unos rostros –a excepción del de Matt Shadows oculto tras sus rayban- ausentes, demasiado distantes y fríos. Quizás fuera debido al toque gótico que distingue a la banda, pensaba mientras disfrutaba de un arranque que continuaría de inmediato con Beast And The Harlotte y el delirio de los congregados –unas 600 personas- ante semejante temazo. Pero la banda no se detuvo ahí y empalmo con la siguiente Burn It Down, de nuevo aplastante, y finalmente con la breve Waking The Fallen . Sí, sus caras seguían frías a pesar del entusiasmo del personal, pero el inicio había sido ciertamente avasallador.
Sin embargo, la segunda nota de preocupación llegó cuando empezaron a sonar los compases de Walk de Pantera, que A7X ejecutaron a la perfección. Y no fue porque no disfrutáramos de la versión – que Shadows cantó con una facilidad envidiable, a pesar del timbre rasgado- sino porque el hecho de que a esas alturas de concierto ya se desmarcaran con una versión, además tan previsible -tras la tiste muerte de Dimebag Darrell- como ésta, olía un poco mal. Y lamentablemente nuestras predicciones se convirtieron en realidad. A partir de ésta la banda intercaló el mediotiempo I Won't See You Tonight, y Trashed And Scattered, antes de finalizar con Unholy Confesions y abandonar por primera vez el escenario.
Los temas, efectivamente, se ejecutaban a la perfección por parte de la banda, que además se movía por escena en una perfecta y espectacular coreografía, pero sus miembros seguían pareciendo ausentes y la cosa no cambió con su regreso y la interpretación de la épica Strength Of The World, de nuevo brutal, pero ya con cierto mal rollo o escalofrío flotando en el ambiente propiciado por la inesperada y rápida primera salida. Así, la brutal Bat Country sólo fue un oasis de potencia y adrenalina antes de encontrarnos con la triste realidad de que en una escasa hora se había acabado lo que se daba. Tras anunciar su próxima visita a la ciudad abriendo para Metallica –imaginamos que en el marco del Gods Of Metal- Shadows y los suyos abandonaron definitivamente el escenario.
Así pues, Avenged Sevenfold nos dejaron con la incertidumbre. ¿ Qué pensar? ¿ Qué fue fruto del jet lag? ¿La frialdad y los nervios propios de enfrentarse a la primera cita? ¿Algún problema que desconocemos? ¿O simplemente que debían fallar en algo y las ganas de trabajar en directo son su punto débil? Espero sinceramente que la respuesta afirmativa no sea a esta última pregunta, porque si bien Avenged Sevenfold ya han demostrado poder facturar un álbum como los de los grandes, ningún gran nombre –AC/DC, Led Zeppelin, Iron Maiden, Guns N' Roses, Metallica, y un largo etcétera- se ha forjado sin actuar cada noche al menos dos horas sobre un escenario. Dicho queda.
ADLER'S APPETITE + GIPSY PISTOLEROS
Valencia. Sala Cormorán. 18 enero 2006.
Texto: Juan E. Tur. Fotos: Jesús Ruipérez (www.jesusruiperez.com)
Hubo un tiempo en que el rock, si no reinaba, sí que estaba al alcance del gran público con más facilidad. Así era en todo el mundo occidental y también en Valencia, donde esto se compaginaba con la ruta del bacalao y el resto de morralla de la época. Eran otros tiempos, poco antes de que los poderes fácticos se integraran para sí a la supuesta inteligentsia y consiguieran que ésta repudiara el rock n'roll y nosotros a ella. Entonces el rock dejó de tener su espacio, por mínimo que fuera, en las discotecas y pubs para todos los públicos y nos sumimos en el agujero negro que aquí todavía atravesamos (fuera hay síntomas de cambio, pero aquí la “cultura” todavía funciona de un modo autárquico).
Por eso el concierto de Adler's Appetite el pasado miércoles en Valencia Shit City fue tan emocionante. No obstante no se antojaba así la velada en un principio, pues creo que la mayoría de los que nos congregamos en la sala Cormorán -antiguo Roxy y por tanto viejo feudo de rockeros hasta mediados de la pasada década- lo hicimos llamados por el hecho de cumplir con el primer concierto de hard rock puro y duro celebrado en la ciudad en mucho tiempo. Había que demostrar, a quien quisiera escuchar, que había un público dispuesto a responder a la llamada.
Así aproximadamente cinco centenares de espectadores (con edades comprendidas básicamente entre los 26 y lo 45 años) acudieron a la cita con la banda de Steven Addler; y los más “afortunados” de ellos, con el tiempo suficiente para ver lo malos que eran sus teloneros Gipsy Pistoleros, banda de hard rock cutre que nadie se explica como se sumó al cartel en la mayoría de sus fechas por nuestro país. Su lamentable actuación alimentó por un momento la posibilidad de que el experimento de Adler sólo fuera lo que es en parte: una manera del ex-gunner de hacer caja extra interpretando unos temas en cuya gestación participó
Con esa sensación asistimos a la salida de Adler's Appetite al escenario y al inicio del show con It's So Easy, y la primera impresión al ver a la banda no hizo sino refrendarla. ¿Cómo si no uno se queda al ver a un envejecido Adler acompañado de una banda en la que el miembro más importante –Chip Znuff- parece más el nuevo miembro de Village People que aun peligroso hardrocker del extrarradio de Sunset Boulevard? Pero amigos, si la música tiene poderes mágicos, a la que esa noche se rendía homenaje aún los tiene más.
Sólo tuvieron que sonar los primeros compases de Nightrain –después de que con el primer tema nos diéramos cuenta de que nos encontrábamos ante músicos de categoría- para que la adrenalina empezara a fluir. El resto es historia. A la cuarta canción como mucho ya estábamos todos entregados a las fieles e intensas interpretaciones de My Michelle, Sweet Child O'Mine o Mr. Brownstone, a las que se sumaron en esta ocasión las más sorprendentes versiones de Knocking On Heaven's Door de Bob Dylan y Mama Kin de Aerosmith, pasadas ambas por el filtro estilístico de Guns N' Roses. Así entre himno e himno –pocos discos como Appetite For Destruction contienen tantos temas inmortales como canciones en su interior- la noche avanzó dejando únicamente en el tintero You're Crazy, Anything Goes y I Think About You, y sumando Civil War, que Adler grabó para la segunda entrega de Use Your Illusion ; aunque yo me di particularmente por satisfecho con el hecho de que tocaran la genial Rocket Queen .
Finalmente, una versión trepidante del Sin City de AC/DC (que he escuchado versioneada en numerosas ocasiones pero nunca con tanta intensidad como en ésta) puso el cierre al núcleo principal de la actuación, antes de que Adler y compañía regresaran al escenario para alcanzar el delirio colectivo con sendas interpretaciones aplastantes de Welcome To The Jungle y Paradise City, ya con el pogo frente al escenario en su última y definitiva efervescencia.
Tras ellas la banda se retiró definitivamente y Adler se acercó al borde del escenario para despedirse por última vez de los fans más aguerridos. Y nosotros nos quedamos allí, por un momento, saboreando todavía las sensaciones finales de la noche. Cómo lo que había empezado de un modo estrambótico, se había convertido, merced a la mezcla de la música, el contexto en que sonó y la gente que allí nos reunimos (porque estaban todos los que son) y cómo lo vivimos, en algo verdaderamente especial. No en el homenaje a Guns N' Roses que anunciaba el evento, sino a una manera de entender y vivir el rock n' roll.
PD: Desde Rock Trip queremos agradecer encarecidamente a Jesús Ruipérez la cesión de sus fotos para ilustrar esta crónica. Os emplazamos, para ver más fotos de este y otros conciertos, a visitar su espacio web en www.jesusruiperez.com BARRICADA
Villarreal. Salatal. 22 octubre 2005
Texto y fotos: Juan E. Tur
Ya pasa más de una hora de la medianoche y
aquí estamos, en Salatal de Villarreal, esperando la salida
al escenario de Barricada. El ambiente es excepcional en la sala,
estrenada en marzo del pasado año y con todo lo necesario
para consolidarse en el circuito estatal, empezando por un aforo
considerable -a ojo diría que unas 800 personas- y un público
que lo llena, al menos este sábado. Por lo pronto han traído
a los navarros, que no recuerdo que hayan pasado por Valencia capital
a presentar su último y brillante Hombre Mate Hombre,
cuya gira imagino ya dando sus últimos coletazos, lo que
justifica plenamente el viaje hasta la localidad castellonense.
Antes de que Barricada pisen el escenario pasarían
por él Ron De Kanya aunque, ante el evidente retraso en la
hora del inicio del show, la expedición valenciana decidimos,
pasadas las once de la noche, viajar a Onda donde hemos oído
que tocan Obús gratis, a ver si pillamos al Fortu haciendo
el pino. Pero no hay suerte; quince kilómetros para allí
y en el recinto todavía no han empezado los teloneros. Se
ve que la costumbre de realizar los conciertos a altas horas de
la noche es costumbre en la zona. De modo que nos metemos, tras
un tentempié, de nuevo en el coche hacia Villarreal, y ya
dentro de la Salatal contemplamos los últimos compases del
show de los locales Ron de Kanya, que ejecutan con la complicidad
de los presentes un punk de corte social, en la línea del
que está tan arraigado en la zona.
Y
como decía, pasada la una de la mañana, el telón
se abre y las estrellas de la noche toman el escenario. Sin trampa
ni cartón, con las luces a sus espaldas y un público
entusiasta al frente, Boni, El Drogas, Alfredo e Ibi, salen a por
todas, como si el de esa noche fuera el concierto más importante
de sus vidas. Y no lo digo por cumplir -no sé por qué
debería hacerlo-, sino porque es lo que perciben mis ojos,
ubicados afortunadamente muy cerca del escenario. Desde allí
veo Ibi, pegándole fuerte y con mucha eficacia a los parches,
completamente integrado. Pero me llama más la atención
Boni, centrado como siempre en su guitarra, rehuyendo el contacto
ocular con el público y supliendo esa timidez con una intensidad
brutal. Y también Alfredo, espectacular, derrochando simpatía
a raudales, repartiendo púas en mano, y agradeciendo con
su enorme sonrisa la calidez con que se reciben cada uno de los
temas que él canta. Y, cómo no, un Drogas que ejerce
con presunta torpeza -pues parece un papel bien aprendido- de genial
maestro de ceremonias, de cómplice perfecto de cada uno de
los espectadores a los que nos hipnotiza con su genial interpretación.
Y
los temas, mezclando nuevos con clásicos, conforman un repertorio
sobresaliente. De su última entrega suenan Sofokao
y Sean Bienvenidos, mientras de su predecesor lo hacen El
Trompo, Como Yo A Ti y la tremenda Con Un Par, que creo
recordar que no entró en el repertorio de su propia gira.
Y luego la lista de clásicos es interminable. Haciendo memoria
puedo recordar al menos Barrio Conflictivo, Acción Directa,
Víctima, En La Silla Eléctrica, Campo Amargo, Objetivo
A Rendir, Tentando A La Suerte, La Hora Del Carnaval, Noche En La
Ciudad, Ocupación, Písale, Animal Caliente, Todos
Mirando, Bajo Control, No Sé Que Hacer Contigo, Esta Noche
No Es Para Andar Por Esas Calles, Oveja Negra o Rojo,
aunque seguro que me dejo tres o cuatro. Y eso sin contar el remate
con No Hay Tregua y En Blanco Y Negro. Vamos, más
de dos horas de rock que nos dejan, cerca de las cuatro de la mañana,
completamente exhaustos.
Decía El Drogas entre canción y canción
a poco de comenzar el show, que ya estaba mayor para esto, aunque
los hechos dijeron otra cosa. Barricada son una leyenda, pero son,
de las pocas leyendas que ha dado el rock hispano y siguen en pie,
la que está más viva. Con conciertos como el de Villarreal
siguen agrandando su leyenda, aunque por desgracia, en lugar de
ser cada vez más aclamados como es propio de bandas de su
calado en cualquier país civilizado, en el nuestro cada vez
seamos menos los que estemos ahí para contarlo.
THE
HELLACOPTERS + THE DOITS
Barcelona. Sala Apolo. 23 septiembre
2005
Texto y fotos: Juan E. Tur
Al finalizar el concierto me decía un amigo
muy curtido en esto del rock, que para su gusto a los Hellacopters
les falta algo, quizás chispa, para terminar de convencerle,
que eran algo que él ya había visto. Claro que no
decíamos lo mismo las tres decenas de colegas llegados desde
Valencia para la ocasión -habría más en el
Apolo pero no nos conocemos todos- ni las caras de satisfacción
de la mayoría de la concurrencia tras un show que sólo
se puede calificar de aplastante.
Pero antes de que éste tuviera lugar, los más
avispados no perdieron la oportunidad de ver a The Doits -banda
sueca a la que han apadrinado los 'Copters no solo permitiéndoles
abrir para ellos, sino también con un reciente split- que
a las intempestivas 20:15 salieron a calentar el escenario para
las estrellas. Y lo cierto es que lo calentaron y mucho. Suponemos
-porque no lo habíamos escuchado antes- que en los largos
-no por pesados, sino por poco habituales- tres cuartos de hora
en que se prolongó su actuación desgranaron los temas
de su debut This Is Rocket Science. Canciones rockeras y
muy pegadizas, en la onda de sus mentores, que ejecutaron con solvencia
y gozando de un excelente sonido mientras Robert Dahlqvist y Nicke
Anderson observaban desde el anfiteatro. El concierto fue "in
crescendo" hasta concluir con la gente aplaudiendo con sincera
admiración -como pocas veces he visto- ante el despliegue
de rock and roll. Una banda a seguir.
También
puntuales salieron a escena The Hellacopters. Con el icono de la
portada de By The Grace Of God como telón de fondo
y un público totalmente entregado que llenaba el reducido
aforo del Apolo frente a ellos, los suecos pusieron la directa -como
siempre- desde el inicio con Before The Fall, el tema que
abre su reciente Rock And Roll Is Dead. Y no sé si
porque el disco no está cosechando las críticas o
las ventas que la banda esperaba o porque Royale y los suyos cuando
'presentan' un disco lo presentan, lo cierto es que, excepto tres
o cuatro temas, su nueva obra sonó casi al completo. Así
pues, los fans de la vieja guardia -si todavía los hay entre
su público- no disfrutarían igual que el resto de
un repertorio que cada vez debe menos al punk que al rock and roll.
Al menos Monkeyboy, Everything Is On TV, Bring
It On Home, Leave It Alone, Time Got No Time To Wait For Me
y el nuevo single I'm In The Band, sonaron también
-ganado enteros en vivo- de su último trabajo; dejando a
penas sitio entre ellas para que el dúo Royale y Strings
repartiera, guitarras en ristre, los riffs de, entre otras, No
Song Unheard, By The Grace Of God, Soulseller, Move Right Out Of
Here, It's Good But It Just Ain't Right y unas Carry Me Home
y Toys And Flavours que, por derecho propio y por el entusiasta
recibimiento del público, constituyen dos de los puntos álgidos
del show.
Si a ello se le suma que en esta ocasión los
Hellacopters alargaron un poco más de su habitual hora y
pico su show con dos bises, y estuvieron igual de contundentes escénicamente
que de costumbre -algunos dicen que hacen posturitas, yo soy de
la opinión de que los que tienen pinta de no disfrutar en
escena pueden quedarse en casa- poco más se puede pedir.
Dos versiones, una espectacular del Rock And Roll Is Dead
de The Rubinoos y otra del Kick Out The Jams de MC5 -con
un soso Nicke Borg de los Backyard Babies como invitado- fueron
las guindas para un show sencillamente espectacular. En parte mi
amigo tenía razón. ¿Son The Hellacopters originales?
No. ¿Hacen algo nuevo? Obviamente no. Sencillamente lo que
hacen es necesario. Lo sentimos cuando entonaron el -en sus voces-
irónico estribillo "Rock And Roll is dead, but we don't
care". Creen que su papel no es salvar el rock, sino simplemente
divertirnos. Sin embargo por lo visto parece que su futuro esté
en sus manos. El rock estará muerto (sino seríamos
más de tres millares de personas en España las que
iríamos a conciertos como éste), pero es de justicia
decir que The Hellacopters lo tocan ahora mismo mejor que nadie.
 |