EL ROCK EN EL CINE (I):
"SIEMPRE LOCOS" y "CASI FAMOSOS",
DOS MIRADAS DIFERENTES DEL ROCK 70's

PPese a ser el movimiento contracultural más importante de la segunda mitad del siglo XX, el cine nunca ha prestado mucha atención al rock. El matrimonio entre ambos nunca ha proporcionado grandes frutos y, en el caso de darlos, nunca han sido muy bien recibidos por un gran público, en la mayoría de los casos ajeno a este movimiento social. No obstante, esta relación se ha dado en ocasiones, bien de modo accidental o tangencial o tratando el tema de lleno. Para iniciar esta serie de reportajes que irán apareciendo ocasionalmente en Rock Trip para mostrar el tratamiento del rock en el mundo del celuloide hemos decidido tomar dos películas de reciente factura que han tomado el rock de los setenta como eje de sus argumentos. Siempre Locos y Casi Famosos son sus títulos y, como veremos, sus resultados fueron desiguales tanto a nivel de repercusión, como de tratamiento del fenómeno que nos interesa: el rock.

Reportaje: Juan E. Tur

Cuando Brian Gibson (que ya había rodado Tina, el biopic sobre la azarosa vida de Tina Turner) se implicó en el proyecto de dirigir Siempre Locos (Still Crazy, 1999) a finales de los noventa, lo hizo quizá imbuido por el reciente fenómeno de las reuniones de bandas de los setenta. Los mal llamados dinosaurios de aquella época, las bandas que habían revolucionado la música tras el sueño incumplido de la revolución de los sesenta, reunían por aquel entonces sus formaciones originales (caso de Kiss) o simplemente se juntaban después de casi dos décadas separados (de estos hay cientos de ejemplos). Partiendo de esa idea y tomando el inicio del film los tintes del cine social británico, Gibson planteaba como un grupo llamado Strange Fruit, que rozó las mieles del éxito a principios de los setenta para disolverse por la falta de compenetración de sus miembros, se reunía ahora forzado por la carestía económica de sus miembros (uno de los cuales es reponedor de maquinas de condones en Ibiza) y la oportuna llamada de los organizadores de un festival de la época empeñados en celebrar el aniversario del evento repitiéndolo con las mismas bandas que actuaron en él años atrás.

Partiendo de esta premisa Gibson nos lleva de gira con una banda de cincuentones enemistados y, a través de flahbacks, vamos conociendo las raíces de sus problemas y su misterioso pasado. El enfoque del film es de comedia con ligeros tintes románticos, aunque Gibson y sus guionistas dan buena cuenta de su conocimiento de la realidad actual de estos rockeros. Prueba de ello es el guiño a Ritchie Blackmore establecido en la relación entre el personaje de Ray Simms (interpretado por Bill Nighy), vocalista de la banda, y su actual esposa, una mujer mucho más joven que él que trata de convencerle de que la música que realizaba con Strange Fruit era patética y lo que debe hacer es tocar para ella. Siempre Locos reúne en su metraje todos los tópicos de la época (adicción a las drogas, la dureza de las giras) pero además retrata fielmente lo que ha supuesto para muchas bandas su regreso a hacer lo que realmente les gusta en medio de la incomprensión y el pasotismo de las nuevas generaciones. No obstante el film es plenamente disfrutable y los momentos musicales, sobre todo en el fragmento de la interpretación de All Over The World logrando por primera vez el reconocimiento del público, pueden llegar incluso a emocionarte. Buena parte de este resultado se debe a su magnífica banda sonora, en la que son los mismos protagonistas del film los cantantes de la mayoría de los temas. Sumando a ello la perfecta interpretación de un plantel de actores prácticamente desconocidos para el público no británico (a excepción de los siempre brillantes Stephen Rea y Billy Conolly), nos encontramos con que Siempre Locos supone una película plenamente disfrutable que pasó por las pantallas de nuestro país -injustamente- sin pena ni gloria, a pesar de haber sido nominada a la Mejor Película en la sección de comedia y Mejor Banda Sonora en la edición 1999 de los Globos de Oro.

Sí que obtuvo el Globo de Oro a la Mejor Película (y también a la Mejor Actriz Secundaria) Casi Famosos (Almost Famous, 2000), una película que vería la luz en las pantallas un año después del estreno de Siempre Locos, aunque al contrario que la anterior esta sí fue precedida a bombo y platillo por una inmensa campaña publicitaria. Casi Famosos era la primera película que Cameron Crowe dirigía tras el éxito de Jerry Maguire y, empujado quizás por el hecho de haber inmortalizado en un biopic la figura del manager deportivo protagonista de su anterior film, decidió inmortalizarse a sí mismo en esta. Y es que Casi Famosos se inspira directamente en la infancia de su director, un teenager Cameron Crowe amante del rock de finales de los sesenta y principios de los setenta cuya tozudez le sirvió para llegar a realizar un reportaje de gira de los primeros Led Zeppelin para la revista Rolling Stone. Sin embargo, no sabemos bien si por humildad o para permitirse las licencias que se tomó en el film, el protagonista de la película pasaría a llamarse William Miller y la banda a la que seguiría unos ficticios Stillwater.

A partir de entonces todo el film se basa en unos personajes de ficción que quieren servir de retrato para una época, la de inicios de los setenta (Crowe sitúa la acción en 1973) en la que el rock reinaba en el mundo. Sin embargo, la ficción absorbe por completo la trama y Cameron mezcla en ella sus vivencias con la visión sesgada de la época que nos vende ahora el pensamiento único. La película, como sucedía en Siempre Locos, recurre de nuevo a los tópicos pero haciendo de ellos un fortín. El autobús es de nuevo protagonista y también lo son las drogas, pero ambos aspectos son tomados aquí desde un punto de vista idealista. Prueba de ello es el papel de la groupie Penny Lane (interpretada por Kate Hudson), que aparece aquí retratada como una mártir de su amor, para, al final de la película, oponer su personaje al de las groupies "actuales", tratadas como mujeres en busca de sexo fácil. Así, en la película de Cameron, las drogas que tomaban sus ídolos están justificadas y también el rol machista de los músicos de los sesenta respecto a sus groupies, en pos de un final tan dulzón como el resto de la película, y más moralizante si cabe, con nuestro protagonista volviendo al redil del hogar materno (del cuál no debería haberse separado nunca) y el grupo disuelto por la maligna finalidad de su música y métodos. Si a ello le sumamos una banda sonora que supone una colección de canciones de la época, pero para nada de la escena que se quiere representar (las bandas rockeras grandes de entonces eran Led Zeppelin, Black Sabbath, Deep Purple, The Faces o Steppenwolf y no se cruzaban, ni lo deseaban, con los Beach Boys o Simon & Garfunkel) y la imagen de una banda rockera admirando a músicos a los que realmente se enfrentaban, nos damos buena cuenta de que el film es más bien una reescritura de la historia más que el reflejo de unos tiempos que daban la espalda a una realidad que todavía vivimos.

De la comparativa entre ambos films extraeríamos una clara visión del tratamiento del rock en el celuloide. Mientras en la menor parte de los casos se trata de reflejar el fenómeno rockero con sus virtudes y sus miserias (como sería en el caso de Siempre Locos), cuando la gran industria del entertainment se acerca al tema es para llevar a los seguidores del rock hacia su terreno (como sucede en el despliegue de Casi Famosos). Es evidente que los inicios de los setenta fueron una época grandiosa para el rock, una década en la que éste se reinventó para servir de instrumento de denuncia, y eso es muy difícil de borrar. Las majors han tratado siempre de ignorar esta etapa y han reivindicado fenómenos de otro tipo (54, Velvet Goldmine, etc.) para acercarse al rock de un modo despectivo o, como en el caso de Casi Famosos, transformándolo en una divertida moda juvenil del pasado. Sólo hay que ver las caras de los intérpretes de ambos films. Mientras en el de Cameron Crowe parece que estemos asistiendo a un desfile de modelos, en el de Gibson vemos a unos tipos feos de jóvenes y peores de viejos. como en la vida misma; mientras en Casi Famosos nos encontramos a filósofos y aventureros, en Siempre Locos nos encontramos con personas humildes trabajando por un sueño. Detrás de estos últimos está más cerca la verdadera naturaleza del rock.

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