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SERIE
Z:
ES SÓLO ROCK N' ROLL, PERO ME GUSTA
Después de varios
meses de espera por fin llegó el día Z
el día
del Festival Serie Z. Muchos días y noches de cuenta atrás
para ver, principalmente, a dos bandas grandes entre las grandes:
Hanoi Rocks y Dictators. Es cierto que otras muchas de las que integraban
el cartel (19 en total sin contar las de la fiesta de presentación
del festival) resultaban interesantes, pero la posibilidad de verlas
de gira en otros puntos de España reducía las expectativas.
Reportaje: Iván Labarta
Concebido
por y para gloria de punk rockers, el Festival Serie Z (el Z en
adelante) resultó sin embargo un evento de rock'n'roll cañero
sin más. Pienso que clasificar a Hanoi Rocks como una banda
de punk rock es tan inexacto como decir que lo es de heavy metal
me gustan y punto. Precisamente Dictators, en propias palabras de
Andy Shernoff -su alma- nunca han sido clasificables en ninguna
etiqueta y eso es lo que les llevó a no alcanzar nunca el
reconocimiento que siempre merecieron, "no somos auténtico
punk y tampoco somos realmente heavy metal, simplemente incorporamos
esos elementos a un sonido que creo que es único y original",
como me decía en una entrevista que le hice en 1999. Más
injusto es aún si cabe meter en el saco punk rocker a bandas
que durante las dos noches del festival sonaron más a AC/DC
o a los Skynyrd que ellos mismos. Sin dudarlo ni un instante, diría
que el Z puede convertirse en el festival de rock más importante
de la geografía española, y hablamos de ROCK con letras
mayúsculas, no de pop, indy o de esos festivales-saco en
los que cabe todo. Posiblemente no consiga reunir nunca tanto público
como otros, pero crecerá en tamaño y prestigio si
se pone el empeño necesario y seguirá reclamando nuestra
peregrinación anual a Jerez de la Frontera.
El Z incluía, por supuesto,
zona de acampada, interminables horas de música y mordedura
de polvo (por el suelo del recinto). No voy a ser yo quien adule
o critique los aciertos o desaciertos de la organización
ya que al contar con acreditación de prensa me incluía
en un grupo de privilegiados con acceso a determinadas infraestructuras,
aunque también se me negaba el acceso a otras (¿por
qué no se me permitió fotografiar a los Hanoi cuando
según la responsable de prensa contaba con la acreditación
oportuna?), pero sí sería deseable que en futuras
ediciones se subsanasen algunos aspectos. Por mi estáis disculpados,
ánimo y a por el segundo Z.
A
poco más de las 3 de la tarde comenzaron ambos días
los conciertos. El primero de ellos abrieron los españoles
Sol Lagarto y Ultracuerpos
y continuaron Speedbuggy USA, The
Revolvers y Backdraft. Todos
ellos con un patrón muy rocanrolero. El turno de noche continuaba
con los Sewergrooves y Five
Horse Johnson. A mitad del set de estos últimos fue
precisamente donde nos incorporamos y es por tanto de los primeros
que os puedo hablar de primera mano. Mi impresión fue la
de estar ante un grupo de rock setentero sin más, con sonido
bastante ácido y pantanoso heredero de Lynyrd Skynyrd, Zeppelin
o ZZTop con toques de blues duro, y que cumplía todos los
clichés que os podéis imaginar. Sonaron muy potentes
y destacaría la recreación instrumental, harmónica
incluida, con la que cerraron su actuación. Tras una justa
espera (hay que reconocer que los horarios se cumplieron casi a
rajatabla) arrollaron el escenario Nashville
Pussy, triunfadores de la noche para los más punk
rockers, aunque para otros fueran los majestuosos Hanoi Rocks, como
se ha leído en los foros que circulan por la red: sana diversidad
de opiniones. Sin duda lo de los Nashville fue derroche sonoro y
escenográfico, dedicando casi la totalidad de la actuación
a escupir con rabia temas de su reciente album Say Something
Nasty más algún otro anterior, y coreadas versiones
de The Age Of Pamparius de Turbonegro.y Shot Down In Flames
de AC/DC. Precisamente a éstos adeudan gran parte de su bagaje,
como quedó patente no sólo por su sonido sino por
la escenografía de la "señora" Ruyter, casi
un clon de Angus. También demostró saber hacer otras
cosas como dar placer a una botella de cerveza empuñada por
Blaine. Se echaba de menos a Corey Parks, que si bien no era añorada
en lo musical sí que lo fue en lo estético-sexual,
donde daba el callo a la perfección. Me quedaría con
Keep On Fuckin', el festivo y eficiente tema que bautiza
su actual gira, o con el cierre de Go Motherfucker Go, dedicado
a las bandas amigas que compartían escenario y durante el
cual se les cortó el sonido, a lo que no hicieron ni caso
y siguieron actuando, dando una lección de profesionalidad.
En definitiva, un buen y entretenido show que es de lo que se trata.
Y
tras la simplicidad aplastante de Nashville Pussy la complejidad
perfecta de los esperados Hanoi Rocks,
uno de los motivos que nos llevaron a hacer 800 kilómetros
aunque luego descubrimos otros y variados. Creo que sobran presentaciones
y que su nombre lo dice casi todo; toda la esencia del glam sobre
un escenario, como anunciaba el pie de micro envuelto en plumas
que esperaba a Mr. Michael Monroe. Es cierto que no es la formación
original y que se trata básicamente de la banda acompañante
de éste junto al otro medio cerebro y embrión de la
banda, Andy McCoy, pero la magia estaba allí 17 años
después. El set se hizo más corto de lo que fue y
aunque sonaron casi todos los temas que debían hacerlo, faltó
el imprescindible Boulevard Of Broken Dreams
los rumores
apuntaban a que habían venido por un caché inferior
al habitual y ya se sabe que en esos casos pasan estas cosas. Aún
así nos pusieron los pelos de punta las melodías clásicas
y emotivas de Don't You Ever Leave Me (¡qué
concentración de sentimientos en un solo de guitarra!), Malibu
Beach Nightmare (con una introducción a ritmo de swing)
o Motorvatin'. Fueron una maquinaria perfecta, engranada
y compacta. Las guitarras de McCoy rozaron la perfección
y sonaron potentes como nunca hubiera pensado, especialmente en
Tragedy y Until I Get You, y junto a otros temas legendarios
y entre cambio y cambio de vestuario lleno de lentejuelas, purpurina,
estrellas y terciopelo, sonaron las dos joyas del single de su regreso,
People Like Me y Lucky. La fiesta colectiva llegó,
como no podía ser de otra forma, con Up Around The Bend,
coreada hasta por el más punk rocker, y cerraron de forma
un tanto fría, y sin despedirse, con Million Miles Away
y es que a pesar de que Michael Monroe derrochó actitud sobre
el escenario -y si no que se lo pregunten a los pipas que llevaba
locos levantando micros y desenredando cables- le faltó calor
con el público. ¿Tendrían algo que ver los
estupefacientes?. Espero que fuera más cariñoso con
la rubia que le acompañaba. No sé si serían
las maneras de la estrella que estuvo a punto de ser, o el subidón
que en el backstage se decía que llevaba, pero tampoco compareció
en la rueda de prensa. De todos modos fue un sueño hecho
realidad. Alucinante.
El segundo día parecía
tener un mayor reclamo, como pudo apreciarse en el ligero incremento
del número de asistentes, y tras las bandas nacionales Nuggets,
Señor No y PPM
llegaron Raging Slab, los Bellrays
y los Southern Culture On The Skids
(o SCOTS), a todos los cuales nos perdimos. Y es que la noche no
perdona, no se puede estar a las duras y a las maduras y os aseguro
que la noche del viernes fue bastante madura. Lamento no haber podido
ver a los Bellrays, de los que se decían
maravillas, sobre todo del feeling de la cantante, ni a los SCOTS,
una especie de hillbillies de los que sólo sus pintas (un
gordo granjero americano, una especie de Forest Gump y una muñeca
de peluca plateada) transmiten pura diversión. De Raging
Slab se ha comentado que no estuvieron a la altura de lo
que se esperaba de ellos, pero es que después de haber engullido
unos hongos (lo sabemos de buena tinta) cualquiera lo está
(teníais que ver cómo iba de zumbado el cantante por
el backstage
era un auténtico ser flotante). Sí
que tuvimos ocasión de ver una mísera parte de la
actuación de los Nomads, aunque
suficiente para corear el 16 Forever, y algo más de
los Diamond Dogs, que a estas alturas
ya todo el mundo debe saber que es la banda paralela de Anders Linstrom
(Boba Fett, teclista de los Hellacopters) encargado aquí
de la guitarra, y que respondieron a lo que se esperaba de ellos.
Evidentemente no han inventado nada, a estas alturas recrear a los
Rolling Stones o a los Faces ya lo han hecho muchos otros, pero
pocos con esa elegancia y maestría que les hacen brillar
con luz propia. También alguno de sus miembros acabó
con luz propia a juzgar por sus andanzas tras el escenario acompañado
por alguna que otra botella de Rioja en mano y a palo seco. Presentaron
su nuevo trabajo Too Much Is Always Better Than Not Enough
y del mismo sonaron varios temas entre los que destaco Charity
Song o el single Sad To Say I'm Sorry, al cual estoy
absolutamente enganchado. Sencillamente magistral.
La
noche se había calentado definitivamente, nosotros también,
y llegaba el turno de los supermamones. En uno de los foros electrónicos
que antes ya comentaba he leído algunas opiniones sobre cómo
la influencia del heavy metal puede destrozar un gran grupo, los
Supersuckers en este caso, llegando
a convertirlos en lo peor del festival. ¿Será eso
precisamente lo que hace que a mi cada vez me gusten más?.
Arrancaron, por supuesto, con Evil Powers Of Rock'n'Roll
y tras él una sucesión de frenéticos trallazos
aderezados con potentes riffs, como en I Want The Drugs o
Get It On de Turbonegro, que culminaron con Born With
A Tail. Apenas dieron tregua y cuando lo hicieron fue para versionear
a Thin Lizzy y su Cowboy Song, una de las canciones con más
sentimiento jamás escritas, y si bien es difícil de
superarla Eddie Spaghetti y los suyos estuvieron bordeando el límite.
Es cierto que han endurecido su sonido, quedando especialmente patente
en el directo, pero la amalgama de ese sonido metálico junto
al poso de country y punk que les queda no permite catalogarlos
más que como un grupo de rock poderoso, como a casi todos
los que por aquí desfilaron.
Y
si de poder hay que hablar por fin llegó el momento. Una
insultante exhibición del mismo es lo que hicieron The
Dictators
simplemente llegaron y vencieron. El primer
escalofrío que recorrió mi cuerpo fue incluso antes
de que siquiera hubieran pisado el escenario, en el camino que separaba
los camerinos de éste, todos los allí presentes incluidos
músicos de otras bandas, les dedicaron una ovación
increíble: entre gritos de ánimo y aplausos los cuatro
dictadores se disponían a conquistar Jerez y os aseguro que
lo hicieron. Es cierto que el público estaba entregado incluso
antes de sonar la primera nota, pero eso lo han ganado a pulso,
nadie ha regalado nada a los Dictators. Salieron a saludar antes
de colgarse los instrumentos al ritmo de un I Stand Tall
en formato de melodía pregrabada que anunciaba el show. A
partir de ahí un arranque demoledor con New York New York
y Haircut And An Attitude, de la época en que fueron
Manitoba's Wild Kingdom, les lanzó a lo más alto de
la noche. Precisamente la formación que aquí estaba
era la que encarnó esa gran banda, Handsome Dick Manitoba,
Andy Shernoff, Ross The Boss y J.P. Thunderbolt, ya que Scott "Top
Ten" Kempner acaba de dejarles. En cuanto a sonido creo que
no eché en falta su presencia, si bien siempre dos guitarras
permiten más mati cesque
una sola, pero debía haber estado allí. Aún
así Ross hizo su trabajo a la perfección, sacando
a relucir sus años de militancia metalera en Manowar: poses
de héroe de la guitarra y solos auténticamente heavys,
en especial el protagonizado únicamente con la compañía
de Andy en el que recrearon Highway To Hell de AC/DC y Iron
Man de Black Sabbath ("metal all time" nos decía
Ross en el backstage). Nada se puede reprochar a su set, sonó
todo lo que tenía que sonar sin faltar nada, repasaron su
último trabajo con temas imprescindibles como Avenue A,
Who Will Save Rock'n'Roll, Pussy And Money o What's Up With
That, con voces a cargo de Andy, y eligieron los básicos
de su discografía de los 70 como Faster And Louder, Stay
With Me, The Minnesota Strip, Two Tub Man, The Next Big Thing
¿sigo?. En el apartado de versiones, aunque ya casi consagrados
como clásicos propios Blitzkrieg Bop, Sonic Reducer
y California Sun. ¿Se puede pedir más? Si,
The Party Starts Now de Wild Kingdom. "Nosotros somos
los Dictadores" gritaba Manitoba mientras seguían descargando
uno y otro tema, conjugando antiguos y nuevos y consiguiendo que
sonaran en tan perfecta armonía como pocas bandas lo hacen,
y es que hay que tener presente que a algunos de esos temas les separaban
más de 25 años. Rotundamente los Dictators fueron
un fin de fiesta más que perfecto.
El Serie Z ha sido sin duda
el broche y el cierre del verano, y tras él la vuelta a la
rutina
pero siempre albergaremos la esperanza de poder volver
a Jerez el año próximo. Los momentos y emociones allí
vividos han supuesto en algunos casos un antes y un después,
y una parte de nosotros (nuestros pensamientos todos) sigue allí.
Sugiero que vuelvan los Dictators, no creo que a ninguno de los
que allí estuvo les importe verlos todos lo años
¿y qué tal Social Distortion, Hellacopters, Steve
Jones, Faster Pussycat o L.A. Guns?. Gracias por la fiesta. Nos
vemos en la segunda edición del Z.

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